El fantasma del orteguismo sin (o con) Ortega, la crisis de la Coalición, y el grito de “auxilio” de sus políticos

12 de agosto de 2020

El político Félix Maradiaga ha publicado en sus redes una breve nota, una especie de circular, sobre la reunión que—nos dice—sostuvo junto a otros políticos con el Subsecretario de Estado de EEUU para América Latina, el Sr. Michael Kozak.

Antes de entrar en detalle, aclaro que no me refiero a Félix como “político”, a secas, con ánimo de insultar. Ya sabemos que en la patria esa palabra últimamente no suena muy bien.  Tampoco— y tengo que aclararlo para no ser yo parte de la tradición de descalificación injusta de nuestro país—quiero que se interprete lo que pregunto y digo en esta nota como un intento de destrucción moral del ciudadano privado, un ser humano de nombre Félix Maradiaga, ni de los demás aludidos. Pero la justicia, y estos días hasta las necesidades de supervivencia de la sociedad, requiere que se hable claro acerca de la conducta pública de los actores políticos. En este caso, es imposible evadir la obligación de referirse a la conducta y postura de Maradiaga, y de otros a quienes no puedo referirme por nombre, porque no fueron mencionados por nombre en la arriba mencionada circular. 

Empecemos, pues, por esto: no estoy claro en nombre de quién nos informa, ni a quién representa en transcendentales reuniones durante las cuales aparentemente se discute el futuro de mi país.  Hago extensiva mi perplejidad al resto de los participantes en estas conversaciones, que afectan la vida de millones de personas cuya aquiescencia parecen asumir, sí o sí. Debo confesar que, en medio de tanto movimiento de silla, cambios, coaliciones, rompimientos, vuelta a coalescencias, nuevos rompimientos, vueltas a empezar, me he perdido.

En todo caso, compatriotas, parece que tenemos representantes en negociaciones. Y esta es la primera noticia que habría que comentar, pero debo—con resignación—pasar a otra. Ya sabemos que en Nicaragua el asunto de la “representación” es algo caprichoso, y no tengo, como un ciudadano X, incidencia alguna en el asunto. Más bien me queda la impresión de que Félix Maradiaga cree actuar con impecable etiqueta democrática y generosidad al contarnos lo que han hecho en nombre nuestro, las decisiones que han tomado para redirigir la vida de más de 6 millones de personas, contando a los que están en el territorio nacional y a los que han sido forzados al exilio y al destierro. 

Maratón y calvario

Pasemos, pues, a algo que—si se pudiera medir el escándalo en cansancio—sería algo así como un maratón de Boston de la tragedia nicaragüense. Lo resumo aquí de la manera más concisa que puedo: todavía humea la imagen de la Sangre de Cristo, acaban de vapulear al padre Edwin Román, acosan a la joven lideresa independiente Zayda Hernández una vez más, los presos políticos siguen presos, y los secuestradores siguen secuestrando; más y más voces se unen al clamor popular de que los políticos, si dicen representarnos, y si quieren mañana ser líderes en la democracia, deben luchar por ella, comprometerse en una campaña de Noviolencia para erradicar la tiranía y evitar la guerra.  Que las verdaderas alternativas son sumisión, lucha Noviolenta, o guerra, y que mientras esté Ortega en el poder no podrá haber reformas, se ha escuchado decir recientemente a figuras que difícilmente pueden ser tachadas de “radicales”, como Humberto Belli y monseñor Abelardo Mata.

Todavía humea la imagen de la Sangre de Cristo… un atentado que simboliza, como todos entendemos, la imposibilidad, política y moral, de pactar y convivir con Ortega y sus sicarios…

¿Y qué nos dice la circular, una vez más? ¿Qué propuesta trae?: “Seguimos apostando por una salida electoral”.  Es decir: ignoraremos el clamor popular, nos haremos de la vista gorda ante la saña del régimen, iremos hacia la meta de Ortega (“elecciones en el 2021”), legitimaremos por tanto a un clan genocida, al que daremos un barniz de legalidad, y garantizaremos que sus crímenes queden impunes, porque a nadie con dos dedos de frente puede ocurrírsele que Ortega acepte “elecciones libres” si sabe que al final va a perder y tendrá que someterse a la justicia.  

No hay cantinfleo que pueda oscurecer esto, que por ser tan claro se refleja en el rechazo—cada vez más cercano a desprecio—de la inmensa mayoría de la población nicaragüense hacia las propuestas de la Coalición.  Y digo cantinfleo con cierto remordimiento, porque quizás irrespete el genio creativo de Cantinflas; el enrevesado de la circular no luce nada fresco, es más bien una rutina que perdió desde hace mucho todo el brillo y el filo que pudo haber tenido: “no podemos ir a elecciones en estas circunstancias… sólo si se dan las reformas y condiciones necesarias.”

¿Será posible que nuestros ‘representantes’ sean los únicos que no entiendan que “las circunstancias” no son temporales, o tienen la misma “temporalidad” que el régimen; que “las circunstancias” persistirán mientras persista la dictadura del FSLN? ¿Será posible?

La crisis del proyecto electorero de la Coalición

Aunque parecen no respetar nuestra inteligencia, demostremos respeto hacia la suya. ¿Cómo? pasando por alto la obviamente falsa explicación que nos dan, e investigando sus verdaderas motivaciones.

Para esto no hay que escarbar mucho. El proyecto de “elecciones con Ortega” atraviesa una crisis evidente, por varias poderosas razones.   Una es la renuencia del pueblo nicaragüense a creer la fantasía electorera.  Otra es la negativa de la dictadura a permitir el más mínimo espacio de expresión ciudadana—el clan FSLN está tan claro como nosotros de que no hay empate posible en esta lucha; de que los intereses del pueblo y los de su pandilla son absolutamente irreconciliables, y que una “elección con Ortega y bajo Ortega” no soluciona nada. Finalmente, los políticos de la Coalición empiezan a pagar un precio por su torpeza “unitarista”. Al dejar entrar, en caballo de Troya, a los partidos zancudos, han hecho posible que el PLC y otros grupos comiencen a dictar reglas y condiciones, sometiendo de facto a la Coalición a los dictados del régimen (no olvidemos: ¡el PLC es parte del gobierno!), y hundiéndola aún mas ante los ojos de la población.

Una vez más, una vez más, ¿cuándo aprenderemos?

¿Y cómo responden a la crisis los políticos de la Coalición? ¿Se dirigen al pueblo, se acercan al pueblo, se preguntan, con el pueblo cómo organizar la lucha Noviolenta para erradicar la dictadura? No faltaría más. Ingenuo sería el sueño. No es así como estamos acostumbrados a actuar en la cultura política nicaragüense, en la vieja cultura, la que domina los círculos palaciegos, la que actúa—dice—en nombre de Abril, pero nada tiene que ver con el espíritu igualitario y democrático y transparente de aquella fecha.

¿Cómo, entonces? Van y ponen la queja al poder extranjero por el cual se sienten (o son, no puedo afirmarlo ni negarlo) apadrinados. Lo que sigue es lo esperable: el poder extranjero—que es, en realidad, un burócrata o un político de otro Estado—se “pone de acuerdo con los nicaragüenses” que son, en realidad, un grupo que opera de espaldas a la población, y cercano a grupos minoritarios de poder local, y buscan cómo, una vez más, imponer una “solución”, que para ellos luce bien sobre el papel, que menea las aguas lo menos posible, y que por tanto es del agrado de quienes en mi pobre país tienen como más alta prioridad hacer que las aguas regresen a la quietud. Aunque estén sucias. Aunque estén llenas de sangre. Aunque de aquí a un tiempo el proyecto de orteguismo sin Ortega—que podría también terminar siendo con Ortega—desemboque una vez más en violencia armada. Aunque en el entretanto se pierdan vidas, se marchiten los presos en las cárceles, se seque más el potencial de riquezas materiales y espirituales de la patria. Hermanos, nunca ha sido más relevante esto: #NiPerdónNiOlvido.

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