El genocidio del caudillo Innombrable

De las 203,000 muertes que registra la image de entrada, puede decirse que aproximadamente 171,900 son responsabilidad del actual Presidente de Estados Unidos y de sus secuaces Republicanos. ¿Por qué? ¿De dónde sale este estimado?

Un ejemplo: Alemania, en el continente del cual vino a Estados Unidos el Covid-19, tiene–gracias a la seriedad, responsabilidad y humanidad de su esfuerzo social y gubernamental ante la pandemia–una cifra de contagio de 0.31% de la población. Estados Unidos tiene una cifra de contagio 6 veces y media mayor, 2.12% de la población–hasta la fecha. La tasa de mortalidad de los contagiados en Alemania ha sido ligeramente más alta, 3.5%, versus 2.9% en Estados Unidos.

Tomando estos datos en consideración, si el gobierno de Estados Unidos hubiera aplicado políticas como las que se aplicaron en Alemania (una sociedad democrática, abierta, y también con numerosos inmigrantes recientes), el número de casos en los Estados Unidos estaría más cercano a 1 millón de personas que a los 7 millones hasta ahora reportados, por lo que la mortalidad en Estados Unidos sería más cercana a 30 mil personas que a 203 mil.

De ahí el cálculo de que 171,900 seres humanos hubieran sobrevivido la pandemia–hasta la fecha. Y hay que repetir “hasta la fecha”, porque mientras que Alemania ha logrado reducir la tasa de contagio drásticamente, en Estados Unidos continúa reportándose un promedio de casi 40,000 casos al día.

De hecho, los científicos temen que el número de casos por día aumente en las próximas semanas y meses, porque se acerca la época de frío, y porque el actual Presidente continúa incitando a sus seguidores a no obedecer los consejos de sus propios funcionarios médicos, quienes imploran a la población que use máscaras médicas y distancia social.

En lugar de respaldarlos, el actual Presidente los contradice en público, y va de mítin a mítin aglomerando a sus fanáticos en espacios abiertos y cerrados, donde se burla insistentemente de las recomendaciones de la ciencia, se mofa de las restricciones que esta indica para prevenir un empeoramiento de la tragedia.

Los fieles seguidores del caudillo deliran y aplauden. Muchos llegan a negar que exista el virus que luego salen a esparcir por el país.

Genocidio: no sé qué palabra podría describir mejor esta mortandad causada desde el poder, por el poder, y para el poder.

Una pregunta, dos, si me perdonan

Por ejemplo, yo pediría que Violeta Granera, Felix Maradiaga, Jose Pallais, Medardo Mairena, y muchos otros compatriotas de la UNAB o de la Coalición [si es que todavía existe la Coalición], y sus publicistas en ciertos medios de prensa, explicaran por qué siguen trabajando para que “criminales de lesa humanidad” presidan las elecciones que supuestamente van a quitarles el poder y traer justicia a Nicaragua, es decir, llevarlos– a los “criminales de lesa humanidad”– a la cárcel.

Que me expliquen también por qué esas elecciones con “criminales de lesa humanidad” son las que la “comunidad internacional” [¿la OEA es todavía “comunidad internacional”?] quiere.

Y si no, si no es así, que me expliquen por qué Daniel Ortega y Rosario Murillo (siguiendo la lógica) no serían ya considerados “criminales de lesa humanidad”, por lo cual obviamente ya no sería “absurdo pensar que… puedan organizar elecciones libres y justas”.

Yo creo que es legítimo, estimados compatriotas, sin que ustedes se sientan insultados o irrespetados–me perdonan, no es mi intención– pedirles que expliquen esto. Es que no entiendo la lógica. Por más que trato. Les pido, por tanto, una respuesta lógica, no un discurso que esperen agradable a los oídos de un opositor.

Y, pidiendo de antemano perdón por el abuso de su tiempo, también quisiera que me explicaran –si acaso la OEA es todavía parte de la “comunidad internacional”– cómo es que todos ustedes aún hablan de elecciones que hasta donde entiendo serían presididas por “criminales de lesa humanidad”. Mi pregunta es motivada por las declaraciones de uno de los líderes de la “comunidad internacional”, el Sr. Luis Almagro, sobre el proceso electoral que ocurre en un Estado similar al de Nicaragua–de hecho, el Estado-padrino-del-Padrino de Nicaragua, el Estado de Venezuela.

Don Luis, que siempre nos trae las buenas y las sabias instrucciones de la “comunidad internacional”, ha dicho lo siguiente:

<<Es también absurdo decir que aquellos que participan en las elecciones pueden llegar a ser considerados como oposición fragmentada, el colaboracionismo con la dictadura los hace parte de la dictadura, no de la oposición».

Todo esto, queridos compatriotas, me deja perplejo. Con todo respeto les solicito que “aclaren los nublados”, si tienen a bien.

Agradecido,

Ciudadano X

Para la dictadura y sus colaboracionistas electoreros, los presos políticos son simples fichas de cambio.

Para Ortega y sus colaboracionistas electoreros, liberar presos políticos es “parte del juego”. Un juego cruel, juego de prestidigitadores que piensan que la mano que pacta con Ortega es más rápida que la vista del pueblo; que ellos, por ser los mandamases de la hacienda ensangrentada, pueden engañarnos fácilmente.

Parece que hay que recordarles que no somos tan tontos como imaginan desde la prepotencia de su poder y la comodidad de sus privilegios. Así que los retamos: si dicen querer elecciones libres bajo la tiranía, que la liberación de los presos ocurra YA, y que sea PARTE de un MÍNIMO de condiciones, no su totalidad.

¿Por qué? Porque de lo contrario liberar reos políticos será sencillamente parte de la coreografía del fraude: poco antes de las elecciones, Ortega los dejará ir, cuando ya esté seguro de que todo está en marcha y de que no necesita retenerlos; cuando el beneficio de soltarlos para legitimar la farsa electoral sea mayor.

Ahí estarán, listos a aplaudir al tirano, los colaboracionistas electoreros, que imitando torpemente un gesto solemne dirán en cualquier hotel de lujo que “es un paso necesario, pero falta más; de todos modos, el gobierno (“el señor Presidente” como algunos de ellos le llaman) ha dado muestras de que hay voluntad política; esto hace posible que sigamos avanzando hacia las elecciones“. El coro de “la comunidad internacional”, junto al solista Almagro, confirmará que “los nicaragüenses dan muestra de madurez política al escoger la vía civilizada de las elecciones; hemos pedido al gobierno de Nicaragua que facilite esta salida, y creo que vamos progresando en ese sentido.

Mientras tanto, la dictadura no dejará de intimidar y de matar. De vez en cuando, los colaboracionistas electoreros harán su pantomima de protesta en papel, alzarán débilmente el puño, sin arrugar sus camisas de blanco inmaculado, y pedirán a la gente paciencia; les dirán “mejor protesten con el voto“. De esta manera, todo quedará como el experimento controlado que las clases en el poder quieren. Al amparo de esta cortina de humo se repartirán una vez más la hacienda. Tras la gaza se verán las manchas de sangre de la gente que quiso tener fe, que creyó que era posible de esta manera, que los colaboracionistas electoreros eran honestos patriotas. Una vez más, una vez más, la muerte de unos y la viveza de otros.

Porque si en verdad quisieran elecciones libres, si en verdad fuera posible realizar elecciones libres ANTES de derrocar al clan genocida, la dictadura tendría que, NO SOLO LIBERAR A LOS PRESOS POLÍTICOS YA, sino permitir MOVILIZACIÓN SIN REPRESIÓN YA, PERIODISMO SIN INTIMIDACIÓN YA, DESARME DE PARAMILITARES YA, ALTO AL TERRORISMO FISCAL YA, ALTO A LA COMPLICIDAD DEL EJÉRCITO EN LA REPRESIÓN YA, ALTO A LOS SECUESTROS DE OPOSITORES YA.

Todo esto, para la dictadura, sería SUICIDIO YA, porque:

¿Alguien duda lo que le ocurriría al clan FSLN–a ellos y a sus cómplices en la falsa oposición–si decidieran cumplir estas demandas?

¿Cuánto durarían en el poder?

¿Por qué insisten tan desesperadamente los colaboracionistas electoreros en promover la estrategia de Ortega?

Algún día, cuando haya JUSTICIA y ESTADO DE DERECHO, lo sabremos. Y si hay justicia, habrá juicios, y habrá verdad, y habrá castigo.

Nicas por Biden [por la democracia, por los derechos humanos, por Nicaragua]

Quiero invitar a los nicaragüenses, especialmente a los que pueden votar en los Estados Unidos de América, a unirse a la iniciativa Nicas por Biden [https://www.facebook.com/nicas4biden, @nicas4biden].

Yo lo he hecho:

1) Por la democracia en Estados Unidos. Puedo, y pueden, recitar todos los males y pecados de la sociedad estadounidense, las fallas colectivas de millones de personas a través de generaciones, los crímenes e injusticias. Puedo, y pueden, hacer lo mismo ahí donde haya seres humanos viviendo en sociedad. Pero la experiencia enseña que el orden democrático al menos mantiene con vida la esperanza de un mundo mejor. Yo pienso que nos da más que eso: el orden democrático nos ha dado instrumentos y ha creado espacios desde los que ha sido posible construir un mundo menos brutal. Y por supuesto, nos quita la excusa de que es “otro”–el dictador– el que hace mal las cosas. La responsabilidad en democracia es nuestra, ya que tenemos la potestad de influir sobre el destino de la sociedad sin arriesgarlo todo, como bajo una dictadura. No podemos perder esa potestad, y por eso debemos cumplir nuestra responsabilidad. Hay que impedir que un movimiento anti-racional que nace del miedo y del odio destruya lo que por democracia tienen 330,000,000 de seres humanos. Hay que preservarlo para construir algo mejor. El lema de la campaña de Biden es adecuado: “Build Back Better“, “Reconstruir, pero mejor.”

2) Por la salud, por la vida de 330,000,000 de seres humanos de todos los orígenes nacionales y étnicos, de todos los mestizajes, de todas las ideologías, todas las sexualidades y todos los tintes de nuestra hermosa diversidad humana. El régimen actual de Estados Unidos se comporta de manera similar al de Ortega-Murillo en cuanto a la pandemia del coronavirus: saben–lo han sabido desde enero–cuán peligroso y contagioso es el virus, y continúan alentando a la población al contagio. No solo ridiculizan el uso de las máscaras, sino que obstaculizan las recomendaciones científicas de masificar las pruebas y establecer un sistema de rastreo para contener la epidemia. De hecho, el actual Presidente caricaturiza como cobardes y traidores a la patria a quienes llevan máscara en aglomeraciones, y aglomera, él mismo, a sus partidarios.¡¿Cómo puede un nicaragüense que condena estas prácticas criminales en Nicaragua apoyarlas en Estados Unidos?!

3) Por la democracia en el mundo. En un mundo que a veces deprime, la reflexión indica que esta consternación es, irónicamente, motivo de esperanza: ocurre porque sabemos que el mundo puede ser mejor, que podemos hacer más para que sea más amable, bondadoso, y sostenible. Pero no podemos perder el terreno ganado, no podemos ceder espacio al empuje de sistemas más absolutistas de poder que violen los derechos humanos con mayor impunidad estructural y sin derecho a la contestación, como los anclados en el poder internacional de China y Rusia. Que un demagogo neofascista se adueñe del poder y destruya las instituciones democráticas en Estados Unidos es viento tras las velas para esos regímenes autoritarios, y para los fascistas europeos que por años han intentado hacer lo suyo en el viejo continente.

4) Por la democracia en Nicaragua y en América Latina. Quedemos claros: los problemas de Nicaragua son responsabilidad de los nicaragüenses, los problemas de Venezuela son responsabilidad de los venezolanos. Cada quien es primer responsable de su hogar. Este es el orden necesario de las cosas. Porque si los problemas de Nicaragua, por ejemplo, no los resuelven los nicaragüenses, la solución para Nicaragua será un engaño; será incompleta, y será sesgada a favor de intereses foráneos o de minorías con conexiones internacionales. Lo mismo aplica a los venezolanos, y a los cubanos. Sin embargo, el mundo es una red global, y necesitamos los unos de los otros. Necesitamos y dependemos los unos de los otros. Y en esa relación, es evidente el peso de Estados Unidos. Por eso, necesitamos no solo un gobierno estadounidense claramente democrático, sin arreglos sospechosos con la tiranía de Putin que amadrina al dictador Maduro. También necesitamos ser capaces de llevar al gobierno estadounidense nuestros reclamos y preocupaciones, y para eso hay que establecer comunicación y lazos de apoyo mutuo con la probable administración Biden/Harris. Ya dan señales de escucharnos, y las señales contrastan con la indiferencia del actual Presidente. Irónicamente, esta indiferencia, por el momento, ha sido un modesto positivo para los demócratas nicaragüenses, porque la política contra Ortega ha quedado en manos de grupos del Departamento de Estado que adversan al régimen nicaragüense. Pero en una segunda administración, que dejaría al actual Presidente de Estados Unidos en libertad para desplegar sin pudor su alianza con Putin, no sería de extrañar una “reconciliación” con Maduro y Ortega. Para el actual Presidente, y a sus ojos, sería un precio muy bajo que pagar a su aliado ruso el entregarle dos “países de mierda” como él gusta de repetir (la expresión inglesa es más fuerte y despectiva, mucho más escatológica, literalmente: “países del hueco del culo”).

5) Por los inmigrantes, por nuestros inmigrantes, por los exilados, nuestros exilados, que huyen en busca de asilo político, para que sean tratados con la humanidad que la ley internacional reclama. Yo he sido personalmente testigo de la humillación y el terror al que personas y familias que huyen del orteguismo son sometidos por el actual gobierno de Estados Unidos. Sé de niños nicaragüenses encerrados en jaulas, separados de sus madres, tan pequeños que cuando una traductora voluntaria les pregunta “¿cómo se llama tu mamá?” su respuesta no puede ser más que “mama“. Sé de padres de familia obligados a esperar una audiencia de deportación por un año, caminando todo el tiempo con un grillete electrónico en el tobillo, como criminales. He visto llorar a una joven también apresada por un grillete electrónico en el tobillo: escapó de Nicaragua tras la caída de los tranques, pidió refugio en Estados Unidos; habían iniciado contra ella trámites de deportación. Y todos sabemos del caso de Valesca Alemán, y de tantos otros que han sido devueltos a lo que el candidato Biden llama con justicia “la garra tiránica de Ortega“. La administración actual no solo es hostil a los inmigrantes que llama “ilegales”, sino que maltrata a quienes buscan, al amparo de la ley internacional, asilo político y se presentan al puesto fronterizo. En la legislación internacional, no son “ilegales”. Y no son “violadores, mulas del narcotráfico” como repite el actual Presidente, quien el 10 de Septiembre volvió a gritar a sus partidarios que Biden/Harris “quieren anegar tu vecindario con refugiados“. Este es el mismo individuo que sonrió satisfecho cuando, al preguntar a sus seguidores “¿qué hacemos con todos estos inmigrantes?”, estos respondieron “shoot them!” (“¡dispárenles!“).

6) Por los derechos humanos. ¿Hace falta explicar más? (Hay más, mucho más, en la columna de deudas de la actual administración.)

Unámonos todos a defender la esperanza. Y el que pueda votar para evitar un colapso de la democracia, que lo haga.

Esto no es ya asunto de “ser” Demócrata, o “ser” Republicano. Esto es asunto de ser humano, de ser decente, de ser pensante y ser compasivo.

Y de no lamentarnos cuando ya sea demasiado tarde, como advierten estos versos inolvidables del sermón de Martin Niemöller que luego poetizara Bertold Brecht:

“Cuando, finalmente, vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.”

Confesión

Lo confesaba a una querida amiga (“confesión” parece la palabra justa en este caso) que siento como que he descubierto algo que extrañamente ya creía conocer: la maldad. Eso después de haber pasado mucho tiempo confundido, pensando “es que no saben”, cuando en realidad son, sencillamente, defensores del mal.

De lo contrario, no tendría uno que estarles narrando lo que sus ojos ven, como cualquiera que quiera ver ve: la crueldad de un lado y el sufrimiento incalculable del otro.

Quieren justificar tortura y asesinato. Así de simple. Si no fuera porque la indignación no deja y porque las lucecitas de la esperanza absurdamente no se apagan, valdría para hundirse en una depresión paralizante.

No se hagan ilusiones los defensores del mal: algo haremos con esas lucecitas que alumbran el camino de la indignación.

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