Attonitus

10 de septiembre de 2019

Leí ayer dos comentarios que me dejaron, uno reflexionando, el otro atónito. Para mí es casi imposible usar esta última palabra, tan respetablemente sonora, cuando se trata de mi terruño.  Así que aprovecho. Después de todo, “atónito”, del latín attonitus, significa, según la RAE, “pasmado o espantado de un objeto o suceso raro.”  El espanto en Nicaragua es el horror, pero ya no es suceso raro; más bien, lo raro es lo normal, lo absurdo es lo cotidiano, y hasta termina volviéndose aceptable, de tanto repetirse; como habíase vuelto aceptable que la mafia del poder económico paseara su concubinato con el poder político a plena luz, por todas las calles, y hasta tuviera la sombrilla de un cardenal para abrigarse.

Así que empiezo por el segundo comentario, el que me deja attonitus porque, damas y caballeros, ya cuando uno piensa que lo ha visto todo, que el cinismo de los cínicos lo ha vuelto a uno cínico, o que al menos lo ha vacunado contra el golpe moral del espanto, viene un soplo de viento frío desde las cavernas del poder y lo despierta: siempre hay más cinismo del que un pobre ciudadano puede imaginarse.

Tanto rodeo para tomar aliento, para poder contar, sin ahogarse uno, lo que ya todos saben pero que hay que recontar y repetir, como ejemplo de la historia que se vive, hasta que quede grabado en el misterio de la conciencia; antes de que los mismos cínicos que producen la anécdota la borren; antes de que la eliminen del manuscrito tergiversado de la Historia que ellos mismos producen para seguir engañando y manipulando y así preservar su dominio sobre la hacienda.

El buen ejército

Por estos vericuetos llegamos al editorial que firma el Sr. Humberto Belli, miembro del consejo editorial de La Prensa, el diario que apenas hace unos días aceptó hacer publicidad al ejército de la tiranía orteguista, señalado ¡por ellos mismos! de complicidad genocida.  Dicho sea de paso, múltiples reportes de derechos humanos contienen evidencia, y en varios casos, conclusiones contundentes, de la culpabilidad del cuerpo armado. 

¿Qué dice el Sr. Belli? Resumo: se comete una “injusticia con el ejército” (precisamente ese es el título del artículo; respiren profundo), al creer que el Ejército “se ha plegado al orteguismo”.  Por el contrario, dice Belli—quien, les recuerdo, fue “arrestado” hace unos meses, con tiempo apenas suficiente para posar y hacer la V de la victoria, antes de ser “liberado”—que el Ejército ha hecho un gran esfuerzo para mantenerse “neutral” en el conflicto político.  Y ahora les presento el diamante en el fondo de la mina: dice Belli que los “injustos” que acusan al Ejército de no desarmar a las fuerzas paramilitares de la dictadura muestran un “menosprecio ingenuo de las implicaciones que hubiese tenido tratar de desarmar por su cuenta a los matones armados por Ortega. ¿No hubiese causado esto graves choques armados?”

Dejemos de un lado la evidencia que el Sr. Belli conoce perfectamente, como conoce todo el que quiera conocer–porque es pública–de la relación entre los paramilitares y el Ejército. Prestemos atención a lo que es verdaderamente cruel y escandaloso, la fuente del attonitus en el artículo publicado en La Prensa.  Según la lógica del Sr. Belli, es preferible que “los matones armados por Ortega” asesinen a ciudadanos inermes, manifestantes pacíficos, niños y familias en las calles y casas del país, a que el Ejército “neutral” sostenga “graves choques armados” con los paramilitares. 

El mal mayor, queda implícito, no es que el Estado mate civiles, sino que el Estado se desgarre al interior.  Es decir, la prioridad no es que el Ejército cumpla su función y desarme a los matones, sino que no se enfrente a ellos, que evite “graves choques armados”.  Sería bueno—me imagino que sería muy “cristiano”—que nadie tuviera que morir así, pero si alguien tiene que morir, que sea el ciudadano de la calle. Todo por la estabilidad del reino. 

¿No recuerda esto a los esfuerzos y malabares que actualmente empeñan a las élites en una marcha desesperada hacia el pacto con Ortega, a legitimar a Ortega en “elecciones”, a cooptar como puedan a quienes puedan, dentro y fuera del país, a sofocar como puedan la movilización independiente de los ciudadanos? Se trata del mismo desprecio a los derechos de las personas de carne y hueso que habitan más allá del mundo de las élites, desprecio a la vida de los nicaragüenses; desprecio que apenas disimulan, y que—quizás por torpeza literaria—aflora como la piel detrás de una camisa gastada en el discurso de gente como Belli y otros representantes del establishment. No exagero. El léxico que incluye “puchitos” e “insignificantes” viene del fondo sucio del alma del Poder.

Elecciones versus referendo

Por eso vale la pena pensar y repensar con sumo cuidado—en esto se va la vida del país, el presente y el futuro de millones de ciudadanos—las opciones que como “únicas” las élites colocan en el presunto menú de soluciones.  La principal, por supuesto, es la de la “vía electoral”, que envuelven delicadamente en el papel dorado de “vía cívica”.  Al respecto, el Sr. Israel Lewites Cornejo ha escrito el siguiente comentario, al cual me refería al inicio de esta nota: “El derrocamiento de la dictadura podría ocurrir en medio de un sangriento alzamiento popular. Eso es algo que las personas sensatas deseamos evitar y por eso vemos en un referéndum y/o en las elecciones oportunidades para que orteguismo recapacite y deje de obstruir el paso de Nicaragua hacia la libertad. La mayoría de ustedes dirá: “Israel, no seas ingenuo, esos criminales no van a abandonar el poder por las buenas”. Y si, temo que tienen razón. Pero aún así debemos agotar hasta la última opción cívica … aunque ya no nos quedan muchas”.

Comparto el deseo de que Nicaragua se democratice sin que haya guerra; comparto incluso el escepticismo generalizado de que una guerra pueda democratizar a Nicaragua; quisiera que fuera realista esperar que la sensatez prevaleciera, pero no tengo razón alguna para creer posible que “el orteguismo recapacite”.  El breve comentario que quisiera hacer a la reflexión angustiosa y bien intencionada del Sr. Lewites es este: creo que la propuesta de elecciones, en las que el FSLN controlado por Ortega-Murillo, y probablemente la propia pareja genocida, competirían, no es “opción cívica”; creo que el referendo lo es.

No es cívico permitir que criminales de lesa humanidad queden legitimados como actores de un proceso democrático.  Ni es cívico que esos criminales retengan, independientemente del resultado electoral, las armas, los espías, los recursos financieros (mal habidos, claro) que les han permitido secuestrar un país entero y cometer crímenes indecibles.  Tampoco es cívico que reciban, como recibirán, inmunidad parlamentaria, puestos en los gobiernos, salarios y pensiones pagados por las víctimas.  Ni que tengan sus jueces, diputados (el mismo Ortega, de perder, sería diputado si la obsesión “constitucionalista” triunfara), y por supuesto, sus soldados.  No olvidemos que esos soldados fueron fieles al “comandante” durante los dieciséis años de gobiernos conservaliberales a partir de 1990.

Yo no creo que pueda democratizarse el país por esta ruta, y temo que cientos, o miles, sean asesinados si se intenta.  Pero tengo que aceptarlo: nada es imposible en este mundo. Ya ven que no es imposible, desde la página editorial de La Prensa, regañar al pueblo por ser “injusto con el Ejército”. ¿Qué diría Pedro Joaquín Chamorro?   

En cualquier caso, la opción del referendo me parece más limpia, no solo por razones éticas, sino prácticas, como un primer paso para que el NO de la ciudadanía al continuismo dictatorial se exprese en lenguaje que–de poder realizarse un proceso medianamente legítimo–es indiscutible e indisputable, el de los votos. 

Sería apenas un principio, y habría que llegar a ese principio a través de la lucha, porque ni al FSLN ni a las élites aliadas, o que buscan, a lo sumo, un divorcio amistoso, les interesa un camino que pudiera llevar a cambios fundamentales en la organización del poder económico y político en Nicaragua. A ellos les bastaría con que la Presidencia tuviese otro nombre, un nuevo René Schick para la versión aún más siniestra de Somoza que oprime el país actualmente. Un cambio para que nada cambie. 

Y que nadie se atreva a ser injusto con el Ejército.

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La casa de tres pisos

Un día, odian la casa del vecino, y la queman.

Hacen su rito mientras arden los cuerpos.

Una luz temblorosa
muerde las paredes,
las garras de la esfinge escapan.

Muere la criatura de sal en su intestino.

No será para ella que se escriba. Eso puedo jurarlo:
no será para ella que se escriba.

No habrá rastro de sal en el incendio. Más bien hambre de tiempo, de su abrazo, de su cuna.

La herida es la ventana abierta y aromas cotidianos.

La herida es la hoja verde, la casa de tres pisos, los niños que nacen y renacen,
los sueños que cuelgan de las nubes como nidos.

Elogio de la desconfianza

6 de septiembre de 2019

Al político, como al negociante, le interesa que los clientes confíen en él. Al ciudadano, que no debe ser cliente, porque es el propietario de la sociedad, le conviene desconfiar del político, someterlo a un examen riguroso, y darle poco poder, porque al final no se puede confiar sin límites en nadie.

Recordemos, porque es cierto, que “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Lo sabemos de sobra: hay que desconfiar, y por eso hay que luchar por un sistema que disperse el poder, que dé poco poder a cada uno, y que filtre rigurosamente a quienes se les dé, limitado y por poco tiempo.

Necesitamos, por tanto, instituciones construidas sobre la base de la desconfianza en la ambición humana. Que nos una la convicción de que el bien colectivo requiere que no permitamos a nadie, por más bueno que parezca, acumular poder. Unámonos en ese espíritu vigilante y responsable para mantener la codicia bajo control y permitir que la libertad florezca.

La diáspora y los nuevos aspirantes a zancudos

21 de agosto de 2019

Algo que ‘tiene locos’ a los oportunistas del pactismo-eleccionismo es que no pueden controlar a la diáspora.

La inmensa mayoría de esta no busca–porque no necesita– puestos, prebendas y privilegios. Si se involucra, es por algo que los oportunistas no entienden: un sentimiento de lealtad y afecto al pedacito de tierra donde están los ancestros. Por eso el brazo largo del clientelismo criollo no los alcanza.

En otros tiempos esa libertad hubiera sido acompañada de una total nulidad. El ninguneo tradicional de las élites del poder funcionaría. Ya no. Gracias a las comunicaciones modernas, no pueden, por más que traten de hacerlo, silenciar las voces y las voluntades de los cientos de miles de nicaragüenses en el exterior. Ni taparles los ojos, ni nublarles la conciencia.

La diáspora, nueva y vieja, observa con atención, participa en esfuerzos políticos y humanitarios, juzga a todos los personajes de la fauna politiquera, y espera el momento de contribuir a que se haga justicia.

Ese momento llegará. Más les vale a los nuevos zancudos ser prudentes; no vaya a ser que se les queme el pan en la puerta del horno…

EN SERIO, en mayúsculas.

21 de agosto de 2019

Yo tengo que insistir, porque la realidad sigue siendo tan cruda hoy como fue ayer…

Bueno, siempre hay cambios cuya importancia no puede descartarse. Reporto tres.

Un video de campaña de Juan Sebastián Chamorro en bicicleta. Que queden tranquilos los futuros electores, que el hombre tiene aguante, o para que me entienda doña Rosario, “Juan Sebastián Chamourrou has aguantei”.

En segundo lugar, un “por cierto”, para los que pensaban que Sus Majestades Católicas gastaban mucho dinero en protección: ¡qué alivio saber que el único carro blindado del que disponen es Cristo!

Finalmente, un “dicho sea de paso”: necesita cuidar su yob el Marqués de Mequetrefía, Señor de los Pequeños Guisantes, Embajador de Sus Majestades, ya que hemos descubierto lo bien que espik el inglich la Reina, detrás del tranque in jer municipio.

Todo lo cual, con todo lo demás que ocurre en la tierra de polos invertidos, de ríos que dan marcha atrás, de torturadores que llaman “hijueputa” al torturado, y de paramilitares que no son paramilitares más bien son ciudadanos armados que se defienden más bien son policías voluntarios más bien son el pueblo que junto a Cristo defiende a nuestro prudente comandante…me mueve a preguntar otra vez, una vez más, de nuevo, seriamente:

¿EN SERIO?

¿En serio?

20 de agosto de 2019

Mi comentario antipático del día–y digo antipático no porque yo quiera ofender– a alguien que dice estar confiado que la dictadura se acaba a más tardar el 22 de noviembre DE ¡2021!, y que “entregan el poder’ el ¡10 de enero del 2022! ¿En serio?

¿En serio?

Esta narrativa alucinante es de una ingenuidad tal, que si yo fuera Ortega estaría feliz, feliz, feliz de leerla. Y debe estarlo, como deben estar sus socios del gran capital.

Pero yo insisto: Es incomprensible que esta sea la posición que va asumiendo la Alianza Cívica, y que muchos adoptan porque les han dicho que “es esto o la guerra”.

Y es especialmente impresionante porque se dice en AGOSTO DE 2019, ¡más de DOS años antes de que la “profecía” se cumpla!, sin mencionar que ocurre 14 meses después de que comenzó un genocidio, y que ocurre en un país sometido al imperio de paramilitares, con más de 70,000 exilados, sin libertad alguna y sin que la dictadura dé ninguna señal de que va a permitirla, y además con una “oposición” cuyos líderes son los mismos que construyeron las dos dictaduras del FSLN. Es como una obra del teatro del absurdo. Solo es vagamente explicable como la racionalización de lo que parece ser la única decisión firme de los grandes empresarios y de la Alianza Cívica: no enfrentarse a Ortega.

La racionalización, en sí, rebasa, sin embargo, las fronteras de lo racional. ¿Qué piensan, los que creen estas cosas, que el FSLN va a estar haciendo durante 26 meses? ¿Será que esperan que Ortega, tan devoto, se entregue a Cristo? ¿Será que la Chayo volverá a escribir poesía y a cuidar a sus nietos? ¿Será que Laureano se irá a Italia, a cumplir su sueño operático? ¿Será que los paramilitares van a construir un hogar de retiro, y que la cúpula del FSLN va a dedicarse a construir un partido democrático, y a preparar una elección justa, libre y sin violencia? ¿Será que los grandes empresarios van a abandonar voluntariamente los privilegios que les ha concedido Ortega? ¿Será que el país va a olvidar, como si fueran nada y fueran nadie, durante 26 meses, a todos los muertos? ¿Será que los exilados volverán, sin problemas, a estudiar, trabajar e involucrarse cívicamente en paz, sin ser perseguidos?

¡¡¿Qué disparates son estos, ¡Dios mío!?!! ¡¡¿Alguien puede, razonablemente, esperar que el mundo del horror que vive Nicaragua se transforme tan mágicamente en placidez?!!  Esta visión es casi como una creencia supersticiosa, un capricho de la imaginación a prueba de lógica y de evidencia.

Lo malo es que es una creencia costosísima, trágica.

“Traigo división”

19 de agosto de 2019

A ver si les gusta esto a los que (en público, no en privado) aplauden a Monseñor Báez, y que al mismo tiempo gritan histéricos “¡Unidad, Unidad, Divisionista, Divisionista!” para ahogar con sus chillidos otras voces, para que solo se escuchen las suyas, para que solo sus intereses cuenten, para disfrazar su mezquindad.

Quiénes son, en el fondo, se descubre así: dedican gran parte de su tiempo y esfuerzo a criticar la crítica, a inventar las mil y una razones por las que hay que regresar al silencio y a la obediencia, y dejar que sus amigos de las élites decidan todo.

¿Eso es ser libertario? ¿Eso es ser demócrata? Eso es ser lobo con piel de oveja. No es ser amigo de la democracia. No es ‘estar del lado del pueblo’. No es “unidad contra la dictadura”. Más bien es la trampa de autoritarios expertos que se disfrazan con las máscaras de moda, las del antiorteguismo, para seguir cerca del poder. Las visten con toda la naturalidad de quien está acostumbrado al baile de disfraces. Y sonríen. Su vida es una interminable gala. Un bacanal de lobos que tiene un rastro de sangre.

Para vivir en libertad–no en el cautiverio ordenado de carceleros amables que imaginan para Nicaragua– debemos hacer precisamente lo contrario: que se oigan las voces de todos, todo el tiempo; que se escuchen todas las opiniones y todas las críticas sin que nadie sea bozal para nadie.

Habrá, por supuesto, opiniones idiotas al lado de opiniones sensatas; opiniones basadas en datos y lógica al lado de opiniones que flotan sin raíz racional; opiniones honestas al lado de opiniones tendenciosas. Pero hay que permitirlas todas, ¡hay que animarlas todas! Hay que alentar a todos a que abran su mente y su alma y su corazón y griten su verdad.

Tiene que correr el agua del río o el río se muere. No porque haya basuras en el agua debe uno detenerlo, estancarlo; estancar las aguas es matar el río, llevarlo a la pudrición de toda la vida que alberga. Esto es lo que quieren, esto es lo que necesitan, los que constantemente critican la crítica, y reaccionan alarmados ante ella, como si el exceso de crítica o su excesiva dureza fuera el problema nacional, y no la falta de libertad. No han entendido mucho del nuevo mundo, al que ven con aprehensión; ven la crítica como si fuese un puñal o una daga, un instrumento que mata, y que por tanto habría que controlar.

Falso. No se detengan. No callen. Exprésense. Aduéñense de su país, su mundo, su libertad. La crítica es asunto diario, permanente y sin censura en las sociedades más libres.

No se detengan. Lo que no logra aplastar la bota fascista del soldado y el mazo de un juez venal, que no lo supriman voces impostadas, cantos de sirena. Más bien recuerden el pasaje de la biblia que Monseñor Silvio Báez menciona: “¿creen que estoy para poner paz sobre la tierra?”. “Les aseguro que no”, dice Jesús, “más bien traigo división”.

No puede ser de otra manera, no puede haber unidad entre la buena semilla y la cizaña. Hay que saber distinguir una de la otra. Hay que cuidarse de los lobos vestidos de ovejas que nos piden ignorar que una es enemiga de la otra, que le roba su espacio y su sustento.

Tómese a diario, sin miedo

18 de agosto de 2019

El infierno que se vive hoy en Nicaragua no es nuevo. ¿Por qué algunos creen que lo es? Porque ha habido un esfuerzo consciente y continuado para que el país viva en la mentira. Para olvidar lo que el FSLN fue en el poder desde el primer día, desde el fraude de 1979, la traición más costosa de la historia de nuestro país.

Unos han hecho ese esfuerzo porque había que “reconciliarse” (lo hicieron “muy bien”, y quieren darnos otra vez la misma medicina falsa).

Otros, los sandinistas –mis disculpas a Sandino y a todos los Sandinos que conozco en la provincia, pero no se trata aquí solo de “orteguistas”– lo hicieron porque había que persuadir a las nuevas generaciones de que su tiempo anterior en el poder habría sido un paraíso de no ser por los perversos de la “derecha” y del “imperialismo”.

Y otros– los “intelectuales sandinistas”–porque fueron propagandistas entusiastas y beneficiarios de un régimen tiránico, y no les conviene, para propósitos de imagen pública (dentro, y sobre todo fuera, donde reciben premios y aplausos) que se hable de los crímenes del gobierno al que sirvieron.

¿Ya vieron el poder de la mentira? La mentira ha mantenido al monstruo con vida durante cuarenta años.

¿Por qué no probamos el poder de la verdad? Es una medicina amarga, pero dicen que funciona en pacientes de buena voluntad.

Tómese a diario, sin miedo. Hasta la vista mejora. Al principio sentirá que las bacterias de la mentira lanzan un contraataque. Pero son, al fin de cuentas, bacterias, y hay cura. Tómese a diario, sin miedo.

De este lado de las barricadas

12 de agosto de 2019

Apenas desciende la marea emocional del intercambio, queda mi ánimo atrapado en la tristeza, como si un mar trajera, desde el pasado, restos de un naufragio, y los abandonara en la playa sin esperanza.  Pero una vez más, se cruza en mi camino un texto que pareciera cortado a la medida, escrito para hacerme sonreír y restañar mi espíritu: “Y si queremos pelear / hay muchos enemigos / al otro lado de las barricadas…”.  Estimado lector: si estás preguntándote a qué viene tanta divagación lírica, gracias por tu paciencia; te prometo que hay método en esta locura.

Gracias también al infortunado Maiakovski, autor del texto citado, porque me ha dicho dónde comenzar: aquí, de este lado de “las barricadas”.  Hablo de democracia, de libertad, de respeto a los derechos humanos.  Hablo de que es muy fácil culpar de su ausencia a quienes están “al otro lado”, y olvidar que estuvieron antes ‘de este lado’.  La cuestión clave no es si la tiranía orteguista va a desaparecer (lo hará, sin duda, es ley de vida). Más bien, debemos preguntar: ¿cómo hacemos para que quienes rebasen las barricadas no se den vuelta y apunten (su nuevo poder) contra el pueblo que los sigue?  

Benditas sean la desconfianza y la duda

Por eso aconsejo apasionadamente a los más jóvenes, quienes se han echado a tuto la responsabilidad de enderezar un país que lleva siglos a la deriva: desconfíen del poder, del ajeno y del propio; no hay que inventar escuela filosófica, basta con recordar la sentencia de Acton: “el poder corrompe”. 

Desconfíen de todos, establezcan únicamente acuerdos verificables, en los que cada uno ceda lo mínimo.  Desconfíen especialmente de aquellos a quienes ustedes admiran y aparentan ser buenos, valientes o inteligentes.  Nadie lo es tanto como para entregarle las llaves del destino. Desconfíen, ojo al cristo por la libertad, de las personas que han participado en la vida pública de Nicaragua en generaciones anteriores.  ¿No es evidente que dejaron un rastro de destrucción a su paso? Hagan la cuenta de los muertos, los presos, los exilados, de la miseria injustificable–porque hoy Nicaragua tiene una economía que produce un quinto de la de Costa Rica, y hace unas cuantas décadas estaba a la par.  Pregúntense quiénes han sido responsables de esta tragedia. 

Es vital que descorran el velo que para su conveniencia han tirado sobre la historia, desde las distintas esferas del poder, gente que no intenta perderlo, ahí donde lo tienen, y busca recuperarlo si se les ha disminuido.

Un feudo, un oasis

Jóvenes rebeldes de hoy: no permitan que los viejos lobos del poder los engañen.  ¡Y no esperen que luzcan como lobos!  Hay que esculcar la piel de las ovejas que se acercan con astucia al rebaño.  Muchas de ellas ya caminan entre la manada, emiten los mismos balidos, y empujan para colocarse al frente.  No les conviene a ustedes, ni a Nicaragua, ni a la causa del bien y de la libertad, pasar por alto la trayectoria de quienes participan, con ambición evidente de liderazgo, en la vida pública del país.  Y no se trata de negarles su derecho ciudadano a involucrarse en la vida política: simplemente no es prudente darles espacio cerca del poder, para prevenir desmanes, para hacer posible la construcción de una sociedad democrática y próspera.

Y a los mayores, o a quienes han dedicado mayor curiosidad a la historia: digamos la verdad, al margen de preferencias ideológicas, lealtades personales o sociales, y aspiraciones financieras.  Esto es muy fácil decirlo, especialmente porque es lo que el pueblo quiere escuchar, pero es muy difícil de practicar.  El cáncer del poder tiene un tumor, el orteguismo, pero está presente en todo el cuerpo social.  Está incluso en nuestras propias mentes: muchas veces nuestra actuación refleja es autoritaria, porque no hemos ejercitado el músculo de la libertad, tanto como hace falta, en doscientos años.

Y así se cuela -buenas o malas intenciones de por medio- la manía censora, supresora, y la tolerancia de la exclusión en todos los ámbitos de la sociedad, y hace muy difícil que construyamos instituciones gobernadas por reglas y espíritu de inclusión. Más fácil construimos un feudo que un oasis.

El asunto PEN

Por eso he insistido en el tema, para algunos quizás arcano, de la actuación del PEN Internacional/ Nicaragua en meses recientes.  Que parezca alejado de las trágicas urgencias del momento no quiere decir que lo esté. Ya he dicho antes que el tumor tiene nombre, pero la enfermedad afecta al cuerpo entero de la sociedad.  El PEN de Nicaragua es sencillamente un ámbito más en el cual se desarrolla la vida de los nicaragüenses, la filial doméstica de una organización mundial de escritores por la libertad de expresión. 

Como tal, tiene el doble reto de enfrentar al poder abusivo de otros, y expurgar del ejercicio del propio el chingaste autoritario de nuestra tradición. No es fácil, pero hay que hacerlo. No basta proclamar en abstracto las bondades de la democracia ni la maldad de la dictadura. Hay que enfrentarse a los hechos, luchar contra los obstáculos que estorban el camino a la libertad en todos los frentes, incluidos los gremios.  El PEN Internacional/ Nicaragua es parte del mío, y por eso es mi derecho y mi deber contribuir para que ayude a la transformación que los demócratas deseamos en Nicaragua.

Desafortunadamente, creo que estamos fallando. Yo mismo intenté, aprovechando mi condición de miembro del PEN en Estados Unidos, involucrar a este más activamente en el caso de Nicaragua.  Recibí en Miami, el año pasado, la visita de un delegado del PEN, filial de Nueva York, y descubrí que muy poco sabían de la enorme tragedia de nuestro país.  Ofrecieron programar eventos a favor de Nicaragua en 2019, y enviaron una carta a un grupo de abogados internacionales de derechos humanos, en la que añadieron, a petición mía, los nombres de algunos de nuestros escritores perseguidos.  No pude hacer más, porque no quise irrespetar a las autoridades del PEN de Nicaragua arrogándome una representación que no me corresponde, y no pude conseguir una respuesta vigorosa y ágil de nuestra junta directiva. Debo aclarar que solo comuniqué mis esfuerzos y solicité asistencia a nuestra presidenta.  Ignoro si ella transmitió la información a los demás miembros. 

Más recientemente, se han producido dos hechos que aumentan mi inquietud, la cual he expresado de manera respetuosa y—tratándose de asuntos de incumbencia social—públicamente.  Uno es el ya conocido acto de censura del Sr. Mario Arana, vocero de la Alianza Cívica, al bloquear de sus redes a la Revista Abril por su inconformidad ante ciertas opiniones publicadas en la revista.  Pedimos al PEN Nicaragua que se pronunciara a favor de la libertad de información, que creímos violada, y en cuestión de horas teníamos respuesta: la presidenta del PEN nos comunicaba que más bien apoyarían, como política oficial de nuestra organización, el derecho del Sr. Arana a bloquearnos.  Demás está decir que estoy en desacuerdo con dicha decisión. He publicado mis razones. Otros escritores, inclusive miembros del PEN, lo han hecho también. Remito al lector a lo ya publicado si desea conocer los detalles, aunque sí quiero recalcar que la respuesta se produjo a una velocidad notable, y que el Sr. Arana disertó días después, auspiciado por el PEN Internacional / Nicaragua, sobre la importancia de las libertades democráticas en el desarrollo económico. Si no me equivoco, esto podría considerarse una ironía.

El segundo incidente es más grave.  Se trata, en mi opinión, de una doble falta.  Como ya es sabido, bajo presión de la dictadura la Universidad Americana canceló la ceremonia de graduación de sus nuevos profesionales, para impedir que estos ejercieran su derecho a la libre expresión y dedicaran el acto a la memoria de una compañera asesinada por el régimen.  Yo solicité en la página del PEN Internacional/ Nicaragua que nos pronunciáramos como gremio en contra de tal violación.  Mi entrada nunca fue aprobada por los administradores de la página.  Insistí el 30 de Julio, en carta pública, y luego el 9 de agosto, de la misma manera.  Apenas ayer recibí comunicación, primero privada, luego pública, de la presidenta del PEN Internacional/ Nicaragua. 

A la comunicación pública me referiré primero, aunque las implicaciones de la carta privada son quizás más alarmantes. En todo caso la carta pública es digna de preocupación. 

De inicio, una falsedad: “no se te contestó la carta anterior porque pensamos que ya habíamos aclarado como directiva nuestras consideraciones sobre el ámbito de acción de PEN”.  No fue sino hasta ayer, transcurridos catorce días, que se produjo un intento de explicar por qué mi entrada en la página del PEN Internacional/ Nicaragua ha sido ignorada o censurada. 

Acto seguido, el primer intento de descalificación, que rebaja indignamente la calidad del debate civilizado: “nos preocupó…las intenciones tuyas de seguir cuestionando a la organización”.

Luego, la minimización del evento acerca del cual solicité que nos pronunciáramos: “pedías a PEN que se pronunciara porque a un grupo de estudiantes de la UAM les habían negado su libertad de expresión al no permitirles dedicar su promoción a Rayneia Gabrielle Da Costa Lima”. 

“Un grupo de estudiantes de la UAM”

¿Hay que aclarar que no se trataba de la demanda específica de “un grupo de estudiantes de la UAM”, sino de un evento de altísimo simbolismo e impacto noticioso directamente relacionado con la agresión autoritaria de la dictadura orteguista, y la respuesta rebelde, libertaria, de nuestros jóvenes?  Esto parece haberlo entendido todo el mundo, menos el PEN Internacional/ Nicaragua.

¿Cómo es posible que sea precisamente la organización de escritores y poetas la que invalide el enorme significado de suprimir la voz y la palabra de los universitarios? ¿Cómo es posible que se desestime, sin que medie siquiera cortesía profesional, la solicitud de un miembro de la organización para por lo menos—aunque no debería hacer falta–discutir qué postura adoptar?

No quiero entrar en una revisión extensa de la carta constitutiva del PEN (su Constitución), pero aseguro al lector que no hay en ella (¡por supuesto!) nada que justifique no defender la libertad de expresión de los estudiantes.  Tampoco veo cómo hacerlo pueda poner “en riesgo el trabajo del PEN”. Y me parece inverosímil la explicación que atribuye nuestro quietismo a que “En Nicaragua PEN es una organización pequeña. Sólo tenemos una persona que trabaja de manera fija. Todos los demás somos voluntarios.”

¿Cuántos escritores, en una organización de escritores, hacen falta para componer uno o dos párrafos en defensa de la libertad, especialmente ante hechos de gran simbolismo como el de la UAM?

El infierno son los otros

No es mi intención someter a nadie al terror de una crítica injusta ni a un ataque infundado, a la implacable mirada, al infierno que pueden ser los otros.  No se trata de destrucción personal, sino de aprendizaje y construcción institucional. Por eso, si algo me ha impactado es la indignación en la respuesta privada de la presidenta del PEN Internacional/ Nicaragua.  Como mis actos son guiados por la buena voluntad, y porque aspiro más que a nada a que alcancemos una sociedad de altos estándares intelectuales y morales, me abstengo de publicar dicho escrito. 

Sin embargo–lo digo aunque me apena–debo recordar a la señora presidenta que solicitar a una institución gremial, a la que uno pertenece, que actúe de cierta manera—que uno, errada o correctamente, cree apropiada—no es un acto de traición; que pedir que la organización responda a sus miembros, y se pronuncie a favor de una causa que uno entiende es su razón de ser no equivale a “armar una tormenta en una taza de te”; y, sobre todo, que el debate entre personas pensantes y de bien no tiene como propósito que “rueden cabezas”.

¿Por qué es tan difícil entender esto entre nosotros? Esta interrogante es la que me ha obligado, por el fuero de mi conciencia y a costa de mi tranquilidad, a hacer los comentarios que dejo en este artículo.  Termino con un cierto amargo regusto: me queda claro lo extendido de nuestro mal, nuestra incapacidad de lidiar de manera tolerante y constructiva con la crítica, nuestra tendencia a sentirnos soberanos de un feudo antes que reconocernos ciudadanos de una república. 

Pero no hay vida si no hay esperanza. Los jóvenes que hoy cuestionan, critican, protestan, sospechan y dudan, son vida para Nicaragua, son el renacer de la nación, son la vida misma de nuestros tercos sueños.  Por eso los exhorto, una vez más: estén alertas; la escuela de las dictaduras ha dejado hábitos muy malos entre los mayores.  Muchos de ellos han sido en el pasado entusiastas colaboradores de esas dictaduras, y están aún activos, caminan al lado de ustedes, pero representan el pasado, representan exactamente lo que ustedes quieren reemplazar–aunque estén de este lado de las barricadas.

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