"Después desaforamos" [Mentiras perversas, ingenuidad peligrosa]

Ciudadano X

21 de enero de 2020

Un argumento de quienes proponen ir a elecciones con Ortega es que “después lo desaforamos” (a lo mejor entonces sea el “diputado Ortega”) y “después hacemos justicia”.

Un lector lo resume así: “Con la mayoría en la Nueva Asamblea se puede desaforar a los criminales y procesarlos.”

Me parece que eso NUNCA ocurriría, por 3 razones.

1. Si hay pacto para elecciones, habrá pacto para después; conociendo nuestra absoluta carencia de hábitos institucionales, no es paranoia asumir que los políticos establecerán acuerdos que les garanticen cuotas de poder. La “Nueva Asamblea” sería una “nueva repartición”. ¿Lo duda? ¿Le parece imposible? Revise la historia de Nicaragua en los últimos 100 años.

2. La historia de Nicaragua también enseña–vean, si no creen, lo que pasó después de 1990; vean, de hecho, cómo fue construyendo su camino a la presidencia Daniel Ortega– que las coaliciones parlamentarias “reformadoras” no…

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"Después desaforamos" [Mentiras perversas, ingenuidad peligrosa]

21 de enero de 2020

Un argumento de quienes proponen ir a elecciones con Ortega es que “después lo desaforamos” (a lo mejor entonces sea el “diputado Ortega”) y “después hacemos justicia”.

Un lector lo resume así: “Con la mayoría en la Nueva Asamblea se puede desaforar a los criminales y procesarlos.”

Me parece que eso NUNCA ocurriría, por 3 razones.

1. Si hay pacto para elecciones, habrá pacto para después; conociendo nuestra absoluta carencia de hábitos institucionales, no es paranoia asumir que los políticos establecerán acuerdos que les garanticen cuotas de poder. La “Nueva Asamblea” sería una “nueva repartición”. ¿Lo duda? ¿Le parece imposible? Revise la historia de Nicaragua en los últimos 100 años.

2. La historia de Nicaragua también enseña–vean, si no creen, lo que pasó después de 1990; vean, de hecho, cómo fue construyendo su camino a la presidencia Daniel Ortega– que las coaliciones parlamentarias “reformadoras” no sobreviven a los golpes de dinero e intimidación de los poderes fácticos: habrá algunos–o muchos– que entrarán a la “Nueva Asamblea” como antisandinistas, como reformadores democráticos, y terminarán abandonando la causa; la historia sugiere que su “unidad” se desintegrará tan pronto como empiecen las amenazas, y sobre todo, los “cañonazos” financieros.

3. El FSLN conservaría TODO, hasta los paramilitares; en la nueva “Nueva Era” sus sicarios se encargarían de asesinar a quienes “agarren la vara” y exijan que se profundicen los cambios y que se haga justicia. ¿Lo duda? ¿Le parece imposible? Revise la historia de Nicaragua en los últimos 30 años.

Nada de esto quita el sueño a los ambiciosos que se empecinan a ir a elecciones con Ortega. O son privilegiados, y quieren conservar sus privilegios, o quieren serlo: se sueñan en la vida de los burócratas y políticos que a partir de 1990 asumieron embajadas, ministerios, altos cargos, y con ellos las prebendas que desde pequeñas a grandes satisficieron su mediocridad material y moral.

¿Izquierda versus derecha? [Diagnóstico y tratamiento para la enfermedad de Nicaragua]

20 de enero de 2020

Yo alerto contra el peligro de identificar el problema de Nicaragua como de “izquierda versus derecha”.

Primero, porque es un diagnóstico errado: el FSLN es una banda criminal que desde el poder estableció a partir del 2007 un arreglo de corte típicamente fascista con el gran capital. Es decir, un esquema de derecha con fuerzas de derecha.

Segundo–y esto es lo que verdaderamente importa–porque un diagnóstico errado puede llevar a un tratamiento ineficaz, y hasta dañino: corremos el riesgo de hacernos un mal a nosotros mismos, ya que si “la izquierda” fuera el problema, entonces “la derecha” sería la solución.

¡Pero hay tiranía en “la derecha” también… OJO!

El diagnóstico correcto es “dictadura versus democracia”. Es un problema de poder, y por tanto, la medicina, el tratamiento, no es “darle el poder a la derecha”, sino dispersar el poder, limitarlo, ponerlo bajo control ciudadano.

El candidato Pedrarias Dávila

19 de enero de 2020

Políticos: ¡pongan su nombre junto a sus propuestas!

Por ejemplo, que Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro asuman con su nombre y apellido la política de su partido, Coalición Nacional:

“COMETER UN GENOCIDIO NO DESCALIFICA A NINGÚN CANDIDATO”.

¿Es mucho pedir?

Que no digan que no están de acuerdo con esa política, porque si no lo están tienen dos opciones: (1) abandonar el partido; (2) cambiar la política del partido.

Si dicen que no pueden cambiar la política del partido y se quedan, entonces, es una de dos: o no creen que sea tan importante el tema, lo cual quiere decir que, en efecto, están de acuerdo con que “COMETER UN GENOCIDIO NO DESCALIFICA A NINGÚN CANDIDATO”; o, ponen otros intereses políticos por encima de lo que creen, en cuyo caso habrá que preguntarse cuáles son esos intereses, y sobre todo cuáles son sus verdaderos principios.

Porque cometer un genocidio, ser un criminal de lesa humanidad, es un descalificador universal.

Aunque parece que nuestros políticos están dispuestos a convertir a Nicaragua en una excepción.

En Nicaragua, es “mate hoy, y pague nunca”.

¿Ese es el cambio, “la nueva manera de hacer política” que prometen?

Dicen “no más Pedrarias Dávila“, pero si Pedrarias viviera, bajo la política de la Coalición Nacional, el padre atávico de nuestras tiranías podría ser candidato, y sus sicarios podrían esperar, si acaso algún día los juzgaran, “penas inferiores a las normales”, como dice el prominente coalicionista José Pallais.

¿Van a decir ahora que este reclamo es “radical”, “divisionista”, “extremista”? ¿O, como les ha dado por insinuar, “sapo”?

¿Van a ignorarlo, a seguir su camino con la sordera que da la ilusión y el sueño de poder?

¿Van a ignorar a los “minúsculos” que exigen que el genocidio no sea recompensado en Nicaragua?

¿Van a aceptar a Pedrarias Dávila (o a un títere suyo, da igual) en sus soñadas “elecciones”?

Preguntas de vida o muerte para los políticos que quieren ir a elecciones con Ortega. [Los ciudadanos tenemos derecho a respuestas claras]

17 de enero de 2020

Cuando uno critica el camino desastroso de la Alianza/ /UNAB (¿o ahora se llaman Gran Coalición Celeste, GCC?), muchos de sus partidarios, gente de buena voluntad que simplemente está desesperada por que acabe la pesadilla, lanza la pregunta que los manipuladores políticos han plantado: ¿Si no es por elecciones, cómo vamos a salir de la dictadura?

Es una pregunta legítima, sin duda; de hecho hay muchas personas discutiendo y trabajando para darle respuesta, con la meta de derrocar a la dictadura.

Pero la meta de la Alianza/ /UNAB/Gran Coalición (¿con CxL, PLC, PC?) NO ES derrocar a la dictadura, es ir a elecciones con y bajo la dictadura. De esa manera, arguyen, “salimos de la dictadura”.

¿Han explicado cómo? No.

¿Deben hacerlo? Por supuesto.

Si la propuesta de los políticos es ir a elecciones con Ortega, bajo la dictadura de Ortega, bajo las reglas de Ortega (porque ya han explicado que hay que ir “con o sin reformas”), entonces, si son honestos, deben explicar el cómo, participando en elecciones con Ortega (legitimándolo de paso, porque aparentemente cometer un genocidio no descalifica a nadie como candidato) harían que acabara la dictadura de Ortega.

Para empezar, tienen que explicar cómo es que vamos a tener elecciones libres, sin intimidación, en las cuales los cientos de miles de exilados políticos puedan ejercer sus derechos ciudadanos (¿o ya no cuentan, cuentan solo para enviar dinero y hacer propaganda?), y cómo se logrará que los nicaragüenses dentro del país puedan hacer campaña, manifestarse, reunirse, y todo lo que es norma en cualquier elección democrática.

Después, queda una pregunta aún más difícil de responder: ¿Cómo es el proceso en el cual, al perder las elecciones (si las pierde, si acepta que ha perdido) Ortega dejaría el poder real, es decir, sus paramilitares, su mal habido e inmenso poder económico, su red de espías, sus CPCs, su control del Ejército y de la Policía? Expliquen, si son honestos, ¡cómo es que esto ocurriría!, y explíquennos por qué, si no ocurrió en 1990, cuando Ortega fue tomado por sorpresa y tenía menos recursos que hoy en día, va a ocurrir de aquí a 24 meses. Y no olviden la promesa de Tomás Borge después de que Ortega regresó al poder: “todo puede pasar, menos que el Frente Sandinista deje el poder”.

¿Van a decirnos, señores de la GC, Sr. Félix Maradiaga, Sr. José Pallais, Sr. Mario Arana, Sr. Juan Sebastián Chamorro, Sra. Azalhea Solís, etc. etc. que estas no son preguntas legítimas?

¿Por qué no las responden con claridad?

¿Quieren que nos unamos todos, que nos unamos a ustedes en esta estrategia? Pues, ¡contesten! ¡Convenzan a la ciudadanía con argumentos e información veraz!

¿No tenemos, los ciudadanos, derecho a que al menos lo intenten? ¿A que hablen claro, sin escudarse en “mercadeo”, en “algo grande viene”, en “ahora somos celestes”, o en acusaciones infames de “divisionista”, o “sapo”?

¿O, es que quieren que los sigamos ciegamente, como borregos, como masas que siguen a caudillos?

¿Esa es la idea que tienen de democracia?

¿Elecciones con el FSLN: farsa de mafias?

12 de enero de 2020

Hay una gran incongruencia (si inocente o intencional, no sé) en el discurso anti Ortega y anti FSLN en Nicaragua. Trato de describirla aquí, en pocas palabras.

Se dice –creo que correctamente– que el FSLN es una banda criminal, cuya motivación es el crimen, y cuyo método es el crimen.

¿De acuerdo?

Si se está de acuerdo, entonces no puede aceptarse la participación del FSLN en elecciones legítimas, y cualquier “elección” con el FSLN en la boleta se convierte en una farsa de mafias. No es que el FSLN no pueda, con la ayuda de cómplices zancudos, escenificar una “elección”. Es que tal “elección” se convierte en una farsa de mafias, es ilegítima.

Y no es tampoco que deba “prohibirse”, o “ilegalizarse” al FSLN. Prohibidas están todas las bandas criminales; todas las bandas criminales están fuera de la ley; todas las mafias son ilegales.

El asunto es más sencillo, se trata de un corolario que cae por su propio peso: una contienda electoral es para que los ciudadanos decidan entre partidos políticos, no entre bandas criminales, ni entre criminales.

A nadie se le ocurrió, que yo sepa, que cuando Pablo Escobar asolaba Colombia en sus guerras de carteles y contra el gobierno, había que hacer una elección para que la gente decidiera entre él, los capos del Cartel de Cali o el Cartel del Valle, y el gobierno.

Las elecciones son para que resolvamos de manera pacífica las desavenencias ciudadanas sobre programas políticos o ideológicos. No son para decidir qué criminal se queda con qué parte del botín.

¿Me van a decir ahora que para los ciudadanos el FSLN es “un partido político legítimo con el cual tenemos desavenencias de programa o ideológicas”?

¿Cuál de las dos versiones creen ustedes?

No pueden ser las dos.

La lógica es inescapable.

Breve comentario sobre la renuncia de Masaya a un puesto en el Consejo Político de la UNAB.

11 de enero de 2019

La renuncia del candidato de Masaya al puesto de miembro del Consejo Político al que según las reglas electorales tenía derecho, es una ‘salida’ política que utiliza los códigos culturales para (1) criticar la corrupción del proceso (2) aceptar la imposición del resultado corrupto, que se ve como inevitable.

La UNAB debería avergonzarse, no alegrarse, de la bofetada que reciben.
Es un político diciendo a los manipuladores algo que no se acostumbra en Nicaragua: “no me muero por un puesto, hagan lo que quieran con él, ya sé que lo harán”.

A nivel individual, es sin duda una conducta honorable.

Socialmente, pone en evidencia la falta de institucionalidad, la incapacidad que hemos desarrollado de no seguir las reglas, aunque las acordemos nosotros mismos.

Caos y autoritarismo: dos caras de la misma moneda.

No es la “unidad”, ni la “separación”: es la desconfianza (el fracaso de la Alianza Cívica y de la UNAB)

8 de enero de 2019

¿Representan la UNAB y la Alianza Cívica al pueblo democrático nicaragüense?  En sentido estricto, científico, no sabemos. Aunque es mucho menos arriesgado afirmar que la Alianza Cívica no representa la diversidad de intereses de los nicaragüenses, porque lo que impera ahí, a todas luces, es el interés de la minoría que controla el poder económico. Y aunque el respetado movimiento campesino que lidera Medardo Mairena forme parte de la Alianza, su participación carece de protagonismo, de entusiasmo, y se caracteriza por la insistencia de que los campesinos son autónomos y están en contra del “aterrizaje suave” que la Alianza persigue.

En cuanto a la UNAB: el perfil de–por ejemplo–su Consejo Político, está diseñado para parecerse un poco más al de la sociedad, al incluir organizaciones que presuntamente están conectadas con grupos sociales “populares” y “regionales”. Sin embargo, la mayoría de la población no conoce a estas organizaciones o a sus dirigentes, que nunca –esto sí se sabe—tuvieron huella visible en el ámbito político. Por el contrario, una corriente de escepticismo y sospecha baña al conglomerado de oenegés y pequeños grupos políticos constitutivos de la UNAB, justa o injustamente, con conocimiento de causa o no. Y cabe añadir que los campesinos—incómodos miembros oficiales de la Alianza Cívica—apenas esconden su desconfianza de la UNAB, y han rechazado múltiples intentos de estos por atraerlos.

Estando así las cosas, tanto la Alianza Cívica como la UNAB buscan para sí la representatividad popular de una manera indirecta, publicitaria: reclamando la bandera de la insurrección cívica de abril de 2018, convertida en fuente potencial de legitimidad para cualquier fuerza opositora, al punto de que si alguien lograra persuadir a la población de que encarna el espíritu de la insurrección y sus metas, probablemente adquiriría un estatus hegemónico en la oposición.

Hoy por hoy, ni la Alianza Cívica ni la UNAB han conseguido ganar esa batalla en las mentes y en los corazones de los nicaragüenses.  La aseveración de Monseñor Silvio Báez, a quien muchos consideran líder espiritual (o más ampliamente, ideológico) de la rebelión, lo resume así: “no existen liderazgos confiables en Nicaragua”. 

Valentina (In Memoriam)

7 de enero de 2020

Terminaba de escribir este texto, que por respeto a nuestras tradiciones funerales dejé reposar, cuando recibí la foto de una joven que, de espalda a la cámara, contemplaba el letrero de protesta que ella misma–me dicen–había pintado sobre un muro de Managua.

El mensaje de la pinta: “patria libre para vivir”.

Qué cruel una sociedad en la que el joven que quiere libertad y quiere vida se siente forzado (lean a Valentina, piensen en nuestra historia reciente) a sacrificar una para obtener la otra.

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Valentina (In Memoriam)

Leo la noticia del suicidio de Valentina, Valentina Gutiérrez Blandón, una joven rebelde, de las atrincheradas de la UNAN. No la conocí en persona. Leo el texto en que dejó su despedida. Nunca he leído un testimonio que me conmoviera más.

Entre otras cosas, dice:

“No quiero saber nada de reunioncitas de salón con discursos melosos; la moralidad performática de ese juego político se reduce a espejos del ego y anhelos de poder. Solo eso queda. No estoy obligada a envejecer siendo otra espectadora más del canibalismo, sobreviviendo a punta de esperanzas infantiles, como si yo no supiera ya que todo es cuestión de dinero, que el dinero pudre, y que al final las cúpulas más podridas son siempre las que deciden.”

Yo, que todavía sueño, sé que lo hago a pesar de que ella tiene razón.

Valentina cita a Camus. El Camus de Sísifo, el personaje mitológico condenado por los dioses a empujar una roca hacia la cima hasta que, alcanzada esta, la roca rueda de regreso a la base de la montaña, desde donde Sísifo tiene que empujarla otra vez hacia arriba.

Así hasta la eternidad. Así, en el tiempo, y en la distancia; como la distancia que separa el sueño de Abril de la comedia de batallas (“espejos del ego y anhelos de poder”, dice Valentina) que coreografían los políticos de mi país. Van, estos héroes de paja, de salón en salón, de unidad a alianza, de alianza a separación, para preparar entonces una “gran coalición“; van de “grandes avances en la lucha” a oscuras realidades y secretos; de hablar de libertad a intentar acallar a todo el que no esté de acuerdo con ellos; de apagar la voz que pedía la renuncia del tirano a encender el quejido suplicante que implora al tirano una casilla electoral a cualquier costo.

Y todo el tiempo esputando sus “discursos melosos”.

Creo que nunca ha habido una situación como la actual en Nicaragua, una distancia tan grande entre lo que piensa y siente la gente de a pie, la que vive y sufre la impotencia y la pobreza, y lo que piensan y sienten los políticos opositores. Por algo estos quieren que solo midamos la distancia que separa al pueblo de la dictadura: para que olvidemos cuán lejos están ellos, la supuesta oposición, de representarnos.

Esa distancia es un vacío que hace al país intrínsecamente inestable.

Porque tarde o temprano habrá quienes lo ocupen, quienes lo llenen.

En nuestra historia los vacíos se han llenado de violencia.

A eso nos está llevando el fracaso de los que han reclamado para sí la bandera de Abril, sin tener o hacer méritos, sin respetar la memoria de quienes dieron su hogar, su carrera, su libertad personal y hasta su vida por una causa necesaria y noble. Para estos no serán los ministerios y las grandes convenciones. No conocerán el mundo del lujo y de los viajes, de los salones alfombrados y llenos de luces y cristales. No recibirán grants de ningún gobierno extranjero; sus madres los llorarán hasta el final de sus días; sus hijos tendrán que atravesar la niñez en desamparo.

Y los políticos, como siempre, hablarán de los muertos como hablan de Dios, como si de un amuleto se tratara.

Que la voz de Valentina sople sobre ellos como una condena.

Que los demás podamos convertir en patria libre para vivir el inmenso dolor y el indescriptible coraje de Valentina.



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