La diáspora y los nuevos aspirantes a zancudos

21 de agosto de 2019

Algo que ‘tiene locos’ a los oportunistas del pactismo-eleccionismo es que no pueden controlar a la diáspora.

La inmensa mayoría de esta no busca–porque no necesita– puestos, prebendas y privilegios. Si se involucra, es por algo que los oportunistas no entienden: un sentimiento de lealtad y afecto al pedacito de tierra donde están los ancestros. Por eso el brazo largo del clientelismo criollo no los alcanza.

En otros tiempos esa libertad hubiera sido acompañada de una total nulidad. El ninguneo tradicional de las élites del poder funcionaría. Ya no. Gracias a las comunicaciones modernas, no pueden, por más que traten de hacerlo, silenciar las voces y las voluntades de los cientos de miles de nicaragüenses en el exterior. Ni taparles los ojos, ni nublarles la conciencia.

La diáspora, nueva y vieja, observa con atención, participa en esfuerzos políticos y humanitarios, juzga a todos los personajes de la fauna politiquera, y espera el momento de contribuir a que se haga justicia.

Ese momento llegará. Más les vale a los nuevos zancudos ser prudentes; no vaya a ser que se les queme el pan en la puerta del horno…

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EN SERIO, en mayúsculas.

21 de agosto de 2019

Yo tengo que insistir, porque la realidad sigue siendo tan cruda hoy como fue ayer…

Bueno, siempre hay cambios cuya importancia no puede descartarse. Reporto tres.

Un video de campaña de Juan Sebastián Chamorro en bicicleta. Que queden tranquilos los futuros electores, que el hombre tiene aguante, o para que me entienda doña Rosario, “Juan Sebastián Chamourrou has aguantei”.

En segundo lugar, un “por cierto”, para los que pensaban que Sus Majestades Católicas gastaban mucho dinero en protección: ¡qué alivio saber que el único carro blindado del que disponen es Cristo!

Finalmente, un “dicho sea de paso”: necesita cuidar su yob el Marqués de Mequetrefía, Señor de los Pequeños Guisantes, Embajador de Sus Majestades, ya que hemos descubierto lo bien que espik el inglich la Reina, detrás del tranque in jer municipio.

Todo lo cual, con todo lo demás que ocurre en la tierra de polos invertidos, de ríos que dan marcha atrás, de torturadores que llaman “hijueputa” al torturado, y de paramilitares que no son paramilitares más bien son ciudadanos armados que se defienden más bien son policías voluntarios más bien son el pueblo que junto a Cristo defiende a nuestro prudente comandante…me mueve a preguntar otra vez, una vez más, de nuevo, seriamente:

¿EN SERIO?

¿En serio?

20 de agosto de 2019

Mi comentario antipático del día–y digo antipático no porque yo quiera ofender– a alguien que dice estar confiado que la dictadura se acaba a más tardar el 22 de noviembre DE ¡2021!, y que “entregan el poder’ el ¡10 de enero del 2022! ¿En serio?

¿En serio?

Esta narrativa alucinante es de una ingenuidad tal, que si yo fuera Ortega estaría feliz, feliz, feliz de leerla. Y debe estarlo, como deben estar sus socios del gran capital.

Pero yo insisto: Es incomprensible que esta sea la posición que va asumiendo la Alianza Cívica, y que muchos adoptan porque les han dicho que “es esto o la guerra”.

Y es especialmente impresionante porque se dice en AGOSTO DE 2019, ¡más de DOS años antes de que la “profecía” se cumpla!, sin mencionar que ocurre 14 meses después de que comenzó un genocidio, y que ocurre en un país sometido al imperio de paramilitares, con más de 70,000 exilados, sin libertad alguna y sin que la dictadura dé ninguna señal de que va a permitirla, y además con una “oposición” cuyos líderes son los mismos que construyeron las dos dictaduras del FSLN. Es como una obra del teatro del absurdo. Solo es vagamente explicable como la racionalización de lo que parece ser la única decisión firme de los grandes empresarios y de la Alianza Cívica: no enfrentarse a Ortega.

La racionalización, en sí, rebasa, sin embargo, las fronteras de lo racional. ¿Qué piensan, los que creen estas cosas, que el FSLN va a estar haciendo durante 26 meses? ¿Será que esperan que Ortega, tan devoto, se entregue a Cristo? ¿Será que la Chayo volverá a escribir poesía y a cuidar a sus nietos? ¿Será que Laureano se irá a Italia, a cumplir su sueño operático? ¿Será que los paramilitares van a construir un hogar de retiro, y que la cúpula del FSLN va a dedicarse a construir un partido democrático, y a preparar una elección justa, libre y sin violencia? ¿Será que los grandes empresarios van a abandonar voluntariamente los privilegios que les ha concedido Ortega? ¿Será que el país va a olvidar, como si fueran nada y fueran nadie, durante 26 meses, a todos los muertos? ¿Será que los exilados volverán, sin problemas, a estudiar, trabajar e involucrarse cívicamente en paz, sin ser perseguidos?

¡¡¿Qué disparates son estos, ¡Dios mío!?!! ¡¡¿Alguien puede, razonablemente, esperar que el mundo del horror que vive Nicaragua se transforme tan mágicamente en placidez?!!  Esta visión es casi como una creencia supersticiosa, un capricho de la imaginación a prueba de lógica y de evidencia.

Lo malo es que es una creencia costosísima, trágica.

“Traigo división”

19 de agosto de 2019

A ver si les gusta esto a los que (en público, no en privado) aplauden a Monseñor Báez, y que al mismo tiempo gritan histéricos “¡Unidad, Unidad, Divisionista, Divisionista!” para ahogar con sus chillidos otras voces, para que solo se escuchen las suyas, para que solo sus intereses cuenten, para disfrazar su mezquindad.

Quiénes son, en el fondo, se descubre así: dedican gran parte de su tiempo y esfuerzo a criticar la crítica, a inventar las mil y una razones por las que hay que regresar al silencio y a la obediencia, y dejar que sus amigos de las élites decidan todo.

¿Eso es ser libertario? ¿Eso es ser demócrata? Eso es ser lobo con piel de oveja. No es ser amigo de la democracia. No es ‘estar del lado del pueblo’. No es “unidad contra la dictadura”. Más bien es la trampa de autoritarios expertos que se disfrazan con las máscaras de moda, las del antiorteguismo, para seguir cerca del poder. Las visten con toda la naturalidad de quien está acostumbrado al baile de disfraces. Y sonríen. Su vida es una interminable gala. Un bacanal de lobos que tiene un rastro de sangre.

Para vivir en libertad–no en el cautiverio ordenado de carceleros amables que imaginan para Nicaragua– debemos hacer precisamente lo contrario: que se oigan las voces de todos, todo el tiempo; que se escuchen todas las opiniones y todas las críticas sin que nadie sea bozal para nadie.

Habrá, por supuesto, opiniones idiotas al lado de opiniones sensatas; opiniones basadas en datos y lógica al lado de opiniones que flotan sin raíz racional; opiniones honestas al lado de opiniones tendenciosas. Pero hay que permitirlas todas, ¡hay que animarlas todas! Hay que alentar a todos a que abran su mente y su alma y su corazón y griten su verdad.

Tiene que correr el agua del río o el río se muere. No porque haya basuras en el agua debe uno detenerlo, estancarlo; estancar las aguas es matar el río, llevarlo a la pudrición de toda la vida que alberga. Esto es lo que quieren, esto es lo que necesitan, los que constantemente critican la crítica, y reaccionan alarmados ante ella, como si el exceso de crítica o su excesiva dureza fuera el problema nacional, y no la falta de libertad. No han entendido mucho del nuevo mundo, al que ven con aprehensión; ven la crítica como si fuese un puñal o una daga, un instrumento que mata, y que por tanto habría que controlar.

Falso. No se detengan. No callen. Exprésense. Aduéñense de su país, su mundo, su libertad. La crítica es asunto diario, permanente y sin censura en las sociedades más libres.

No se detengan. Lo que no logra aplastar la bota fascista del soldado y el mazo de un juez venal, que no lo supriman voces impostadas, cantos de sirena. Más bien recuerden el pasaje de la biblia que Monseñor Silvio Báez menciona: “¿creen que estoy para poner paz sobre la tierra?”. “Les aseguro que no”, dice Jesús, “más bien traigo división”.

No puede ser de otra manera, no puede haber unidad entre la buena semilla y la cizaña. Hay que saber distinguir una de la otra. Hay que cuidarse de los lobos vestidos de ovejas que nos piden ignorar que una es enemiga de la otra, que le roba su espacio y su sustento.

Tómese a diario, sin miedo

18 de agosto de 2019

El infierno que se vive hoy en Nicaragua no es nuevo. ¿Por qué algunos creen que lo es? Porque ha habido un esfuerzo consciente y continuado para que el país viva en la mentira. Para olvidar lo que el FSLN fue en el poder desde el primer día, desde el fraude de 1979, la traición más costosa de la historia de nuestro país.

Unos han hecho ese esfuerzo porque había que “reconciliarse” (lo hicieron “muy bien”, y quieren darnos otra vez la misma medicina falsa).

Otros, los sandinistas –mis disculpas a Sandino y a todos los Sandinos que conozco en la provincia, pero no se trata aquí solo de “orteguistas”– lo hicieron porque había que persuadir a las nuevas generaciones de que su tiempo anterior en el poder habría sido un paraíso de no ser por los perversos de la “derecha” y del “imperialismo”.

Y otros– los “intelectuales sandinistas”–porque fueron propagandistas entusiastas y beneficiarios de un régimen tiránico, y no les conviene, para propósitos de imagen pública (dentro, y sobre todo fuera, donde reciben premios y aplausos) que se hable de los crímenes del gobierno al que sirvieron.

¿Ya vieron el poder de la mentira? La mentira ha mantenido al monstruo con vida durante cuarenta años.

¿Por qué no probamos el poder de la verdad? Es una medicina amarga, pero dicen que funciona en pacientes de buena voluntad.

Tómese a diario, sin miedo. Hasta la vista mejora. Al principio sentirá que las bacterias de la mentira lanzan un contraataque. Pero son, al fin de cuentas, bacterias, y hay cura. Tómese a diario, sin miedo.

De este lado de las barricadas

12 de agosto de 2019

Apenas desciende la marea emocional del intercambio, queda mi ánimo atrapado en la tristeza, como si un mar trajera, desde el pasado, restos de un naufragio, y los abandonara en la playa sin esperanza.  Pero una vez más, se cruza en mi camino un texto que pareciera cortado a la medida, escrito para hacerme sonreír y restañar mi espíritu: “Y si queremos pelear / hay muchos enemigos / al otro lado de las barricadas…”.  Estimado lector: si estás preguntándote a qué viene tanta divagación lírica, gracias por tu paciencia; te prometo que hay método en esta locura.

Gracias también al infortunado Maiakovski, autor del texto citado, porque me ha dicho dónde comenzar: aquí, de este lado de “las barricadas”.  Hablo de democracia, de libertad, de respeto a los derechos humanos.  Hablo de que es muy fácil culpar de su ausencia a quienes están “al otro lado”, y olvidar que estuvieron antes ‘de este lado’.  La cuestión clave no es si la tiranía orteguista va a desaparecer (lo hará, sin duda, es ley de vida). Más bien, debemos preguntar: ¿cómo hacemos para que quienes rebasen las barricadas no se den vuelta y apunten (su nuevo poder) contra el pueblo que los sigue?  

Benditas sean la desconfianza y la duda

Por eso aconsejo apasionadamente a los más jóvenes, quienes se han echado a tuto la responsabilidad de enderezar un país que lleva siglos a la deriva: desconfíen del poder, del ajeno y del propio; no hay que inventar escuela filosófica, basta con recordar la sentencia de Acton: “el poder corrompe”. 

Desconfíen de todos, establezcan únicamente acuerdos verificables, en los que cada uno ceda lo mínimo.  Desconfíen especialmente de aquellos a quienes ustedes admiran y aparentan ser buenos, valientes o inteligentes.  Nadie lo es tanto como para entregarle las llaves del destino. Desconfíen, ojo al cristo por la libertad, de las personas que han participado en la vida pública de Nicaragua en generaciones anteriores.  ¿No es evidente que dejaron un rastro de destrucción a su paso? Hagan la cuenta de los muertos, los presos, los exilados, de la miseria injustificable–porque hoy Nicaragua tiene una economía que produce un quinto de la de Costa Rica, y hace unas cuantas décadas estaba a la par.  Pregúntense quiénes han sido responsables de esta tragedia. 

Es vital que descorran el velo que para su conveniencia han tirado sobre la historia, desde las distintas esferas del poder, gente que no intenta perderlo, ahí donde lo tienen, y busca recuperarlo si se les ha disminuido.

Un feudo, un oasis

Jóvenes rebeldes de hoy: no permitan que los viejos lobos del poder los engañen.  ¡Y no esperen que luzcan como lobos!  Hay que esculcar la piel de las ovejas que se acercan con astucia al rebaño.  Muchas de ellas ya caminan entre la manada, emiten los mismos balidos, y empujan para colocarse al frente.  No les conviene a ustedes, ni a Nicaragua, ni a la causa del bien y de la libertad, pasar por alto la trayectoria de quienes participan, con ambición evidente de liderazgo, en la vida pública del país.  Y no se trata de negarles su derecho ciudadano a involucrarse en la vida política: simplemente no es prudente darles espacio cerca del poder, para prevenir desmanes, para hacer posible la construcción de una sociedad democrática y próspera.

Y a los mayores, o a quienes han dedicado mayor curiosidad a la historia: digamos la verdad, al margen de preferencias ideológicas, lealtades personales o sociales, y aspiraciones financieras.  Esto es muy fácil decirlo, especialmente porque es lo que el pueblo quiere escuchar, pero es muy difícil de practicar.  El cáncer del poder tiene un tumor, el orteguismo, pero está presente en todo el cuerpo social.  Está incluso en nuestras propias mentes: muchas veces nuestra actuación refleja es autoritaria, porque no hemos ejercitado el músculo de la libertad, tanto como hace falta, en doscientos años.

Y así se cuela -buenas o malas intenciones de por medio- la manía censora, supresora, y la tolerancia de la exclusión en todos los ámbitos de la sociedad, y hace muy difícil que construyamos instituciones gobernadas por reglas y espíritu de inclusión. Más fácil construimos un feudo que un oasis.

El asunto PEN

Por eso he insistido en el tema, para algunos quizás arcano, de la actuación del PEN Internacional/ Nicaragua en meses recientes.  Que parezca alejado de las trágicas urgencias del momento no quiere decir que lo esté. Ya he dicho antes que el tumor tiene nombre, pero la enfermedad afecta al cuerpo entero de la sociedad.  El PEN de Nicaragua es sencillamente un ámbito más en el cual se desarrolla la vida de los nicaragüenses, la filial doméstica de una organización mundial de escritores por la libertad de expresión. 

Como tal, tiene el doble reto de enfrentar al poder abusivo de otros, y expurgar del ejercicio del propio el chingaste autoritario de nuestra tradición. No es fácil, pero hay que hacerlo. No basta proclamar en abstracto las bondades de la democracia ni la maldad de la dictadura. Hay que enfrentarse a los hechos, luchar contra los obstáculos que estorban el camino a la libertad en todos los frentes, incluidos los gremios.  El PEN Internacional/ Nicaragua es parte del mío, y por eso es mi derecho y mi deber contribuir para que ayude a la transformación que los demócratas deseamos en Nicaragua.

Desafortunadamente, creo que estamos fallando. Yo mismo intenté, aprovechando mi condición de miembro del PEN en Estados Unidos, involucrar a este más activamente en el caso de Nicaragua.  Recibí en Miami, el año pasado, la visita de un delegado del PEN, filial de Nueva York, y descubrí que muy poco sabían de la enorme tragedia de nuestro país.  Ofrecieron programar eventos a favor de Nicaragua en 2019, y enviaron una carta a un grupo de abogados internacionales de derechos humanos, en la que añadieron, a petición mía, los nombres de algunos de nuestros escritores perseguidos.  No pude hacer más, porque no quise irrespetar a las autoridades del PEN de Nicaragua arrogándome una representación que no me corresponde, y no pude conseguir una respuesta vigorosa y ágil de nuestra junta directiva. Debo aclarar que solo comuniqué mis esfuerzos y solicité asistencia a nuestra presidenta.  Ignoro si ella transmitió la información a los demás miembros. 

Más recientemente, se han producido dos hechos que aumentan mi inquietud, la cual he expresado de manera respetuosa y—tratándose de asuntos de incumbencia social—públicamente.  Uno es el ya conocido acto de censura del Sr. Mario Arana, vocero de la Alianza Cívica, al bloquear de sus redes a la Revista Abril por su inconformidad ante ciertas opiniones publicadas en la revista.  Pedimos al PEN Nicaragua que se pronunciara a favor de la libertad de información, que creímos violada, y en cuestión de horas teníamos respuesta: la presidenta del PEN nos comunicaba que más bien apoyarían, como política oficial de nuestra organización, el derecho del Sr. Arana a bloquearnos.  Demás está decir que estoy en desacuerdo con dicha decisión. He publicado mis razones. Otros escritores, inclusive miembros del PEN, lo han hecho también. Remito al lector a lo ya publicado si desea conocer los detalles, aunque sí quiero recalcar que la respuesta se produjo a una velocidad notable, y que el Sr. Arana disertó días después, auspiciado por el PEN Internacional / Nicaragua, sobre la importancia de las libertades democráticas en el desarrollo económico. Si no me equivoco, esto podría considerarse una ironía.

El segundo incidente es más grave.  Se trata, en mi opinión, de una doble falta.  Como ya es sabido, bajo presión de la dictadura la Universidad Americana canceló la ceremonia de graduación de sus nuevos profesionales, para impedir que estos ejercieran su derecho a la libre expresión y dedicaran el acto a la memoria de una compañera asesinada por el régimen.  Yo solicité en la página del PEN Internacional/ Nicaragua que nos pronunciáramos como gremio en contra de tal violación.  Mi entrada nunca fue aprobada por los administradores de la página.  Insistí el 30 de Julio, en carta pública, y luego el 9 de agosto, de la misma manera.  Apenas ayer recibí comunicación, primero privada, luego pública, de la presidenta del PEN Internacional/ Nicaragua. 

A la comunicación pública me referiré primero, aunque las implicaciones de la carta privada son quizás más alarmantes. En todo caso la carta pública es digna de preocupación. 

De inicio, una falsedad: “no se te contestó la carta anterior porque pensamos que ya habíamos aclarado como directiva nuestras consideraciones sobre el ámbito de acción de PEN”.  No fue sino hasta ayer, transcurridos catorce días, que se produjo un intento de explicar por qué mi entrada en la página del PEN Internacional/ Nicaragua ha sido ignorada o censurada. 

Acto seguido, el primer intento de descalificación, que rebaja indignamente la calidad del debate civilizado: “nos preocupó…las intenciones tuyas de seguir cuestionando a la organización”.

Luego, la minimización del evento acerca del cual solicité que nos pronunciáramos: “pedías a PEN que se pronunciara porque a un grupo de estudiantes de la UAM les habían negado su libertad de expresión al no permitirles dedicar su promoción a Rayneia Gabrielle Da Costa Lima”. 

“Un grupo de estudiantes de la UAM”

¿Hay que aclarar que no se trataba de la demanda específica de “un grupo de estudiantes de la UAM”, sino de un evento de altísimo simbolismo e impacto noticioso directamente relacionado con la agresión autoritaria de la dictadura orteguista, y la respuesta rebelde, libertaria, de nuestros jóvenes?  Esto parece haberlo entendido todo el mundo, menos el PEN Internacional/ Nicaragua.

¿Cómo es posible que sea precisamente la organización de escritores y poetas la que invalide el enorme significado de suprimir la voz y la palabra de los universitarios? ¿Cómo es posible que se desestime, sin que medie siquiera cortesía profesional, la solicitud de un miembro de la organización para por lo menos—aunque no debería hacer falta–discutir qué postura adoptar?

No quiero entrar en una revisión extensa de la carta constitutiva del PEN (su Constitución), pero aseguro al lector que no hay en ella (¡por supuesto!) nada que justifique no defender la libertad de expresión de los estudiantes.  Tampoco veo cómo hacerlo pueda poner “en riesgo el trabajo del PEN”. Y me parece inverosímil la explicación que atribuye nuestro quietismo a que “En Nicaragua PEN es una organización pequeña. Sólo tenemos una persona que trabaja de manera fija. Todos los demás somos voluntarios.”

¿Cuántos escritores, en una organización de escritores, hacen falta para componer uno o dos párrafos en defensa de la libertad, especialmente ante hechos de gran simbolismo como el de la UAM?

El infierno son los otros

No es mi intención someter a nadie al terror de una crítica injusta ni a un ataque infundado, a la implacable mirada, al infierno que pueden ser los otros.  No se trata de destrucción personal, sino de aprendizaje y construcción institucional. Por eso, si algo me ha impactado es la indignación en la respuesta privada de la presidenta del PEN Internacional/ Nicaragua.  Como mis actos son guiados por la buena voluntad, y porque aspiro más que a nada a que alcancemos una sociedad de altos estándares intelectuales y morales, me abstengo de publicar dicho escrito. 

Sin embargo–lo digo aunque me apena–debo recordar a la señora presidenta que solicitar a una institución gremial, a la que uno pertenece, que actúe de cierta manera—que uno, errada o correctamente, cree apropiada—no es un acto de traición; que pedir que la organización responda a sus miembros, y se pronuncie a favor de una causa que uno entiende es su razón de ser no equivale a “armar una tormenta en una taza de te”; y, sobre todo, que el debate entre personas pensantes y de bien no tiene como propósito que “rueden cabezas”.

¿Por qué es tan difícil entender esto entre nosotros? Esta interrogante es la que me ha obligado, por el fuero de mi conciencia y a costa de mi tranquilidad, a hacer los comentarios que dejo en este artículo.  Termino con un cierto amargo regusto: me queda claro lo extendido de nuestro mal, nuestra incapacidad de lidiar de manera tolerante y constructiva con la crítica, nuestra tendencia a sentirnos soberanos de un feudo antes que reconocernos ciudadanos de una república. 

Pero no hay vida si no hay esperanza. Los jóvenes que hoy cuestionan, critican, protestan, sospechan y dudan, son vida para Nicaragua, son el renacer de la nación, son la vida misma de nuestros tercos sueños.  Por eso los exhorto, una vez más: estén alertas; la escuela de las dictaduras ha dejado hábitos muy malos entre los mayores.  Muchos de ellos han sido en el pasado entusiastas colaboradores de esas dictaduras, y están aún activos, caminan al lado de ustedes, pero representan el pasado, representan exactamente lo que ustedes quieren reemplazar–aunque estén de este lado de las barricadas.

Valentía y valores democráticos; verdad y publicidad.

7 de agosto de 2019

A falta de propuestas, y ante el espejo de su propia inoperancia, los propagandistas de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia han ido en busca de… una campaña publicitaria.  Sería interesante conocer el objetivo oficial del proyecto: si rehacer su imagen, limpiarla, o sencillamente mantenerla viva en la mente de los nicaragüenses, a pesar de no estarlo mucho en la otra realidad, la de un campo de concentración llamado Nicaragua.  Y es que de momento no hay, formalmente al menos, “diálogo” con el régimen; hay un hiato en el drama, producto de uno de esos tropezones que el miedo y la vanidad del tirano causan en el escenario.  La Alianza aprovecha la pausa, no para esbozar rutas alternativas al derrocamiento de la dictadura—ese nunca fue su propósito–sino para promocionarse a sí misma.  La forma en que lo hacen es, hay que decirlo, lastimosa y matrera, pero digna de examen. 

“La Alianza me representa”

La campaña consiste en presentar las fotos de varios excarcelados, como el líder campesino Medardo Mairena, el joven Edwin Carcache y uno que otro miembro de la Alianza—como la abogada laboral Sandra Ramos–junto a la leyenda “La Alianza me representa, por…”. 

Nadie puede culpar al publicista de vestir al cliente con sus mejores ropas: las sonrisas de personas que gozan de respeto entre partes muy considerables de la población.  Lo que sí es evidente es el ardid: ni Medardo Mairena, ni Edwin Carcache, ni Sandra Ramos, ocupan posiciones de poder en la Alianza.  Es más, parece ser que el líder campesino iba a ser excluido del grupo inicial, pero ingresó al encuentro con el tirano en mayo de 2018 gracias a la intervención casi fortuita de un grupo de estudiantes.  Luego, estuvo en prisión, como Carcache, el tiempo que duró el conversatorio Alianza-Ortega.  

Vale la pena recordar quiénes son los negociadores ‘titulares’ del grupo: Mario Arana, Chano Aguerri, José Pallais, Juan Sebastián Chamorro, Carlos Tünnermann, y Max Jerez.  Ellos han sido la cara y la voz de la Alianza todos estos meses.  ¿Por qué han quedado excluidos del material propagandístico, hasta la fecha, algunos de ellos? No creo que sea difícil responder.  Imagínese usted el afiche: “La Alianza me representa, por Chano Aguerri”.  Es decir, se trata de ocultar el rostro de Aguerri y otros miembros, muy desprestigiados, detrás de las máscaras frescas de figuras más limpias. 

“Carlos Pellas me representa”

Surge entonces una pregunta: ¿Puede en justicia decirse que Medardo, Edwin, e incluso Sandra, “representan” a la Alianza verdaderamente? Es decir, ¿han tenido el poder de decisión? ¿Pueden atribuírsele a ellos las decisiones tomadas en los últimos 12 meses?  Y una siguiente pregunta, mucho más importante–la pregunta política fundamental: ¿representa la Alianza genuinamente al movimiento democrático nacido de la rebelión de Abril?

Pienso que la respuesta a la primera interrogante es claramente “no”.  Las voces que sobresalen en la Alianza son aquellas asociadas al viejo pacto entre el gran capital y la dictadura: Aguerri, Arana, Chamorro.  Y si estas son las voces, la mente y el corazón de la Alianza contienen otras identidades: las del grupo de acaudalados propietarios que en junio decidieron reunirse con su socio de El Carmen y reiniciar la búsqueda de un “aterrizaje suave” para las élites.  En otras palabras, la táctica de mercadeo de la Alianza sería más honesta si el afiche leyera “La Alianza me representa, por Carlos Pellas”.  La respuesta de la segunda pregunta también es “no”.

“Medardo me representa”

Nada de esto quita legitimidad al sentimiento de quienes se consideran representados, por ejemplo, por Medardo Mairena. El problema es la manipulación de esos sentimientos por intereses que distan mucho de ser los de la lucha democrática.  Me atrevo a decir, a salvo como estoy de las presiones económicas de los magnates, y de la necesidad de aplauso o puesto público (nunca he tenido ni lo último ni lo primero y creo poder sobrevivir sin ambos), que en lugar de “distan mucho de ser los de la lucha democrática” una descripción más exacta sería así de brutal: los intereses que hegemonizan la Alianza, los del gran capital, han sido (de esto no puede caber duda), y siguen siendo, parte del sistema dictatorial en Nicaragua. No, Ortega no es “el único enemigo”. Si lo fuera, probablemente ya hubiera sido derrocado, con la ayuda del gran capital.

Una lección importante

Aclaro: a mis ojos no necesariamente se diluye, por aceptar que sus imágenes aparezcan en la campaña publicitaria, la legitimidad de los excarcelados, ni la de Sandra Ramos.  Ellos tienen derecho a su propio juicio ético y a su propio cálculo político.  

Pero nosotros, como ciudadanos, tenemos el mismo derecho.  Y en estos momentos críticos, practicar ese derecho con absoluta honestidad es imperativo.

En ese espíritu, propongo que extraigamos la siguiente lección: a nadie debe dársele, en virtud de su heroísmo, o por haber sufrido cárcel, un salvoconducto que lo proteja de la crítica.  La apuesta de los publicistas de la Alianza es exactamente la contraria: al escoger a Medardo Mairena y Edwin Carcache para su propaganda, demuestran creer que los nicaragüenses seguimos atascados en un sistema de valores en el cual la valentía y el sacrificio otorgan una licencia especial.  Grave error.  Por más que la valentía y el sacrificio sean dignos de respeto, la madurez de nuestro juicio es lo único que nos puede proteger del desastre autoritario.  Inglaterra no hizo dictador a Churchill, ni España a Felipe González; Washington no fue rey.  La fe ciega como premio al coraje es un elemento del caudillismo.  No más.  Y que no se olvide: Daniel Ortega estuvo preso siete años. 

Epílogo: desayuno en las redes

De madrugada garabateé este galimatías, y esperaba solo desalojar, comas aquí, puntos allá, los errores más atroces.  Pero levantarse estos días a descubrir el mundo en las redes sociales es encontrar prueba de todo, para bien y para mal.  Un ejercicio que siempre me hace recordar la frase de Borges: “todo encuentro casual es una cita”.  En este caso, una cita textual: “Qué lindo Medardo.  Lo que él diga y ordene estoy seguro que el pueblo y yo lo haremos”. 

Muy mal vamos si esa mentalidad pervive.  Esta es la fe ciega como premio al coraje de que hablé en la madrugada.  Si está todavía aquí, no ha amanecido totalmente.  Porque es muy fácil maldecir e insultar a la pareja genocida y sus adláteres.  [¿Vieron qué fácil?] En general es muy fácil criticar al enemigo.  Lo difícil es evitar que la simpatía que siembra un hombre bueno, o un líder valiente, germine en adulación, para que no sea autoritaria su cosecha.  No se le hace un favor a la sociedad con ningún “Dirección Nacional ordene”—aunque la Dirección esté integrada por nueve ángeles, y no nueve forajidos.  El poder corrompe; hay que mantenerlo a raya y bajo el fuego de la crítica desde muy temprano.  ¿Quieren que Medardo siga siendo, para evocar el lenguaje del trino, “lindo”? Pues no lo alcen sobre un pedestal, no lo adulen, no hagan las cosas porque él “dice y ordena”.  Consideren con el debido respeto sus propuestas, si piensan que su conducta lo hace digno de ser escuchado.  Óiganlo, si quieren, si creen en su buena intención, con más cuidado que a otros. Pero ayuden a la causa que él defiende, la de la democracia, y hablen con libertad, sin miedo a disentir, a pensar, a criticar, a criticarlo todo, todo el tiempo, de frente y sin mojigaterías, con la mayor honestidad y de la forma más inteligente, informada y perseverante que puedan.

Los escritores y el poder (El caso del PEN Internacional/Nicaragua)

30 de julio de 2019

El apoyo de Gioconda Belli, presidenta del PEN Internacional/Nicaragua, al vocero de la Alianza Cívica Mario Arana, es a la vez preocupante y aleccionador.  Su negativa a respaldar a miembros de la organización que preside ante la postura intolerante de uno de los más visibles personajes públicos de este momento fue prácticamente refleja: un NO rotundo, acompañado inmediatamente de descalificación de los quejosos; posteriormente, una carta producida y distribuida con celeridad inusitada.  Y para rematar—nunca falta la ironía en Nicaragua–una invitación al Sr. Arana para que diserte sobre la importancia de las libertades públicas en el desarrollo económico.  En ningún momento invitó la Sra. Belli a debatir cuál sería la posición adecuada de una institución que nació precisamente para preservar los espacios de debate.

Esto habla de vacío institucional y escasez de pensamiento democrático al interior del PEN Internacional/Nicaragua–males que la sociedad en su conjunto padece y paga con sangre en nuestros días.  Así como Ortega ve todo el territorio nacional como su feudo, existen, dispersos en el cuerpo de la nación, mil feudos.  “El PEN es de la Gioconda” me dice un escritor.  “Esa mujer descarada”, me dice otro, comentando la respuesta de la presidenta del grupo.  “Francisco Larios tiene sobrada razón” escribe un tercero en un mensaje, cuya copia me enviaron, dirigido a otro representante de la Alianza, el Dr. Carlos Tünnerman Bernheim.  La respuesta del Dr. Tünnerman es, en sí, digna de triste comentario.  Educada, pero autoritariamente, el buen señor pasa la página con un sencillo e inverosímil decreto: “Mario Arana no es vocero de la Alianza Cívica”.  Ajá.

Un detalle importante es que todas estas críticas se hacen generalmente en silencio.  Aún cuando los escritores expresan su inconformidad por escrito, lo hacen privadamente. Yo respeto absolutamente, por lealtad y por cariño, su voluntad, pero me interrogo angustiosamente acerca de qué motiva su aprensión.

Y es que pareciera ser este un caso estudio de la genética antiliberal del poder en Nicaragua.  Imagínense, en la filial de una organización mundial de escritores dedicados a la libertad de expresión, ¡que exista un mecanismo–misterioso para mí, lo confieso—que induzca a miembros a inhibir su propia libertad de expresión!  ¡Díganme ustedes si esto no da razón a la gente que desconfía del cambio en Nicaragua, “porque todos son iguales”!  Yo, cuando comenzó esta crisis, tenía la impresión de que muchos de mis compatriotas se habían vuelto paranoicos, porque en las sombras veían fantasmas de un MRS manipulador, de partidos zancudos, de pactos y políticos conspiradores por todos lados.  ¿Será que tenían razón? 

Lo cierto es que existe también la conciencia crítica, y existen quienes pueden darse el lujo que ejercerla pareciera ser en Nicaragua.  A ellos me dirijo: la democratización de la patria, si va a ocurrir, no consiste únicamente en arrancar el tumor del orteguismo; hay que erradicar de todo el cuerpo social el cáncer de la mentalidad autoritaria.  Por eso el caso del PEN Internacional/Nicaragua no es una disputa trivial, ni mucho menos personal.  ¡Por supuesto que el conflicto mayor en este momento es con Ortega! pero no es Ortega, como quieren hacernos pensar los políticos de las élites tradicionales, “el único enemigo”.  Eso es querer distraernos del verdadero objetivo, que es la democratización permanente y estructural del país. Por ese objetivo la lucha es en mil terrenos; no solo en la política nacional, sino en nuestras propias mentes, en nuestros hogares, nuestros barrios, nuestros gremios, etcétera.

En el camino hacia ese objetivo, organizaciones como el PEN tienen el rol que tiene la conciencia: luz de la ética deben ser en medio de tanta incertidumbre, de tanta corrupción, y de todo el estiércol que el pasado amontona como un tranque fétido entre nuestra voluntad y nuestros sueños.  Por eso es crucial que la asociación no se convierta, por las opiniones particulares, preferencias ideológicas o simpatías personales del actual liderazgo, en apéndice o agencia de propaganda de ninguna instancia de poder, llámese Gobierno de Nicaragua, Mario Arana, o Alianza Cívica; llámese como se llame. 

“¡Dejá de andar jodiendo!” (El país murillizado y Chespirito)

27 de julio de 2019

Es el país de las trágicas maravillas:

–Sale libre el paramilitar que asesina a una estudiante; entra a cárcel la abogada defensora de un secuestrado político; la acusan… ¡de haberse defendido de acoso sexual!

–El Jefe del Ejército de Nicaragua, que ha apañado (más bien, como la evidencia indica, participado) en un genocidio contra su propio pueblo, lloriquea ante las cámaras de televisión por los ataques horribles que recibe en las redes sociales; no es justo, pero promete mantenerse firme, defendiendo la constitución; uno no puede menos que conmoverse;

–Llamar a los ciudadanos a la calle, a poner el pecho ante la represión orteguista, es razonable, pero pedirles a los poderosos que se sumen a la lucha es “locura”. Es que los empresarios todavía “no están ahí” dice Juan Sebastián Chamorro, uno de sus voceros; claro, hay que entender que un divorcio toma tiempo;

–La Policía Nacional desfila con banderas del FSLN, baila en honor al caudillo. Matar por un mísero salario, bailar por un mísero bono. Su droga es la migaja de poder, la pertenencia a una banda—o a una compañía de danzas;

–Empiezan algunas voces (Humberto Belli, por ejemplo, en La Prensa) a sugerir que quizás Aminta Granera sea más víctima que cómplice. Triste para ella, pero su entrada al club de los “rehabilitables” se complica cuando el tirano la envía a la calle el día del “Repliegue” con la misión de echarle rosas y besos al bus de turismo donde él viaja—o marcha, dicen ellos—con su adorable consorte;

–El vocero de la Alianza “Cívica” [repito: “¡vocero!”] bloquea en su cuenta a ciudadanos y medios cuando siente que lo “ofenden” las opiniones políticas contrarias. En respuesta, Gioconda Belli, presidenta del PEN Internacional/Nicaragua, asociación de defensores de la libertad de expresión, premia el despliegue de intolerancia del vocero con un púlpito para predicar sobre… “la importancia de las libertades”; criticar esta ironía atroz es convertirse uno en “violador de la libertad de expresión”;

Es el país del chayido, el hogar de la frase “¡Dejá de andar jodiendo!” y las múltiples variazioni que con deleite entonan frente a cualquier disidencia las élites prepotentes de Nicaragua –desde el orteguismo hasta la Alianza Cívica, pasando por el mar de camaleones y zorros que son la fauna del fracaso.

Una de esas variazioni es el contundente “sabemos lo que hacemos” del vocero de marras, Mario Arana.  Por cierto, si en verdad “saben lo que hacen”, pues entonces la situación en la que se halla Nicaragua debe ser parte de su plan. De lo contrario, quizás a lo mejor no “sepan tanto”. ¿O será que “todo está fríamente calculado”? Lo sospeché desde un principio.

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