El escupitajo de la Coalición en tu cara [los partidos zancudos en la Coalición]


Di que vienes de allá, de un mundo raro…”
José Alfredo Jiménez

Una amiga personal, amiga de Nicaragua, y amiga de la democracia, pregunta cómo es eso de que en mi país haya políticos y “partidos” cómplices de la dictadura a los que la llamada Coalición Nacional no solo acepta en su seno, sino que coloca en los niveles más altos de la dirección “opositora”. Están, para que quede claro, en el gobierno y en la oposición. Son parte, a la vez, de la dictadura y de quienes dicen luchar contra la dictadura. Son parte de lo que los nicaragüenses llamamos, resignadamente, “la realidad”.

Mi amiga, como podrán imaginarse, no entiende semejante disparate de circo. En su terruño las fronteras de la racionalidad están más claras que en la casi inexplicable Nicaragua. El suyo no es un mundo ni de lejos perfecto, pero casi es, comparado con mi tierra, “un mundo raro” –y lo digo pensando en José Alfredo Jiménez.

Así que me mueve el cariño a explicarle que en Nicaragua los polos no solo están invertidos, sino amalgamados, fundidos en uno solo. Es el país donde la oposición oficial reúne a: expropiadores y expropiados; “compensados” y “piñateros” (gorrones expertos, querida amiga, atracadores de la propiedad pública que se llevan a sus casas un ‘bono’ que ellos mismos aprueban por su infatigable servicio a la revolución); derechas oligárquicas y feroces “antiimperialistas” dedicados a tiempo completo a mendigar la ayuda del imperio; antiguos represores de uniforme que se dicen indignados ante el autoritarismo orteguista mientras con alto penacho censuran a quienes disienten de ellos; “demócratas” que cierran las puertas al pensamiento libre; “empresarios” que limitan la libre empresa, que han inventado poco o nada y viven de la herencia y del privilegio que cultivan a través del “consenso” con el poder político; “patriotas” que gastan más tiempo en embajadas y capitales extranjeras que en los barrios y campos de su país. Es, querida amiga, una fauna de colección, sin olvidar que poseemos las más variadas y astutas especies de camaleones.

Por ejemplo, el PLC, recién integrado al liderazgo de la Coalición Nacional. Esta organización [con vergüenza ajena te revelo que las siglas “L” y “C” significan “liberal” y “constitucionalista“] es el “partido” de Arnoldo Alemán, el expresidente acusado de corrupción que pactó con Ortega su “libertad” a cambio de cambiar las leyes electorales para que este pudiera “ganar” las elecciones sin segunda ronda con solo 35% del voto. Ya te imaginarás la popularidad de que goza el señor, y el prestigio que acarrea su empresa política, de la cual se reporta que tiene actualmente más de 270 personas con altos cargos en la administración pública, incluyendo a su hija, quien es Contralora, cargo que (reír para no llorar) se encarga en teoría de impedir la malversación del erario. El PLC tiene además magistrado ‘propio’ en la Corte Suprema de “Justicia”, delegados en ministerios y departamentos y otros puestos de confite. En el pacto entre Ortega y Alemán, a este último le corresponde hacer la finta de oposición; a cambio, Ortega hace posible que Alemán mantenga control sobre su ejército de sumisos “liberales”. ¿Cómo? Vamos de regreso a la cifra: 270 o más individuos; Alemán los nombra, Ortega firma el cheque, los nicaragüenses ponen el lomo tributario, y para complementar lo hacen también, sin saberlo, la gente que paga impuestos en países que donan o prestan dinero al honorable gobierno de Nicaragua. Algo de tu honrado sudor hay en el almuerzo del clan “liberal”, querida amiga.

¡Ah! Se me quedaban sin píxels [o “en el tintero” como decían antes los caballeros respetables], un par de detalles. Uno es que la esposa de Alemán tiene un curul en la grotescamente decorativa Asamblea Nacional, que los nicas llaman con toda justicia “la chanchera“. El otro es que una escolta oficial pasea por las calles de Managua al señor marido de la señora diputada (y ahora lideresa en la Coalición).

Te digo, querida amiga, que cuando el barroco y el surrealismo se mezclan en el trópico nacen estos adefesios.

No se sabe si es el calor o la humedad. Es un misterio que no sabemos si ubicar en el atavismo de nuestras borrosas tradiciones o atribuir a la deformación del entendimiento que viene de tantos choques en tan poco tiempo. Lo cierto es que se siente todo como un escupitajo en la cara, si uno no es –perdón por el retruécano– descarado.

Porque lo que la Coalición Nacional nos quiere hacer tragar es eso, un escupitajo de sangre: vestir a los verdugos como liberadores, premiarlos como si fuesen gente de comportamiento ejemplar, darles el timón de una lucha que arrancaron al pueblo con ayuda de la represión militar del régimen que ellos mismos crearon. Encima de todo, quieren que los aplaudamos. Y si no los aplaudimos, entonces–en el giro más esperpéntico de este cuento de horror– nos califican de quinta columna de la dictadura.

Exactamente, querida amiga, la dictadura a la que pertenecen sus socios en la directiva de la Coalición; la misma dictadura que les ha dado a muchos de ellos, en sus dos encarnaciones, la buena vida.

Recuerdo aquí lo que escribió cierto pensador: que buena vida no es lo mismo que vida buena. Y acabo en esta nota de esperanza: siempre habrá “chorros y maquiavelos“, como dice el tango, pero siempre habrá gente que quiera el bien, que no quiera buena vida a expensas de vida buena, que no sacrifique a los demás por su ganancia. Y, sobre todo, que se involucre en la búsqueda colectiva de la verdad, que es acción. Con estos hay que estar, no con los que escupen indecentemente a la cara de un pueblo que ya ha sacrificado inútilmente bastante, demasiado, demasiado. Demasiado.

#NoALaFarsaElectoral #NoALaDictadura #NoALaImpunidad #Democracia

El espejo sin fondo de la tiranía chayista

“Sé que no me creerán como a espejo sin fondo
que el movimiento clava tu vórtice de armadas
donde momentos miles primeros segundos en roca a pique
ya me esperaban en ti girando.”
José Coronel Urtecho

Recuerdo haber leído de muchacho, en el poema de José Coronel Urtecho Hipótesis de tu cuerpo, un verso que no “entendí” pero quedó para siempre grabado en mi memoria: “se que no me creerán como espejo sin fondo”… Y bueno, tarde o temprano uno “descubre” realidades que la poesía intuye en el misterio…

Pienso esto [pensamientos que revolotean en desorden] al ver lo insólito, inverosímil, del escenario que la pareja genocida (los candidatos considerados “aceptables” por la dizque opositora Coalición “Nacional”) ha preparado para celebrar el fatídico día en que el FSLN expropió la causa de la libertad en Nicaragua.

Aquí lo tienen, aquí tienen el capricho desenfrenado, el coqueteo con los extremos de la superstición, el juego de adictos que habitan un mundo paralelo, un universo fantástico cuyos códigos imponen a la sociedad como un despliegue más de fuerza; es como decirle a la gente, con toda la prepotencia de un emperador megalómano y vengativo: “Creen en Dios? Pues yo les traigo el diablo, adórenlo.”

Esta vez no hablo de Groucho: “¡uníos!” [Por arriba de todas las banderas, la de los derechos humanos]

2 de julio de 2020

Cuando Marx habló, hace ya caminando a dos siglos, de la lucha que él avizoraba como internacional, y de los luchadores como agentes conscientes de cambio, la globalización era ya una realidad que rebasaba los límites de todos los imperios del pasado, que siempre fueron constreñidos por el desarrollo tecnológico a ámbitos regionales. Y aunque se trataba de una expansión dependiente de la rapiña, el alemán no se equivocó (la intuición es un arma poderosa de los grandes pensadores) en que acarrearía consecuencias insólitas para la historia humana: en adelante, la lucha por el progreso social, para ser exitosa, tendría que ser transnacional, como el sistema que empezaba a desplegarse.

Nosotros, numerosas generaciones después, vivimos en un mundo mucho más integrado, mucho más “un mundo”; la globalización, con todo y su dimensión depredadora –inclinación humana de todos los tiempos (el artificio leninista de atribuirla al capitalismo es falacia de agitador)—dio un salto cualitativo que la hace excepcional: nunca como antes hubo, en tan amplias zonas del planeta, tanto potencial para que, de víctimas impotentes, pasen los seres humanos a ser eficaces rebeldes; que de sumisión forzosa se pase a luchar por ciudadanía; y que quienes no controlan grandes ejércitos o grandes fortunas crucen las fronteras que el Poder erige para encorralarlos. El Poder, ya se sabe, hace puertas y puentes para sí, pero guarda celosamente los cupos.  El capital y los amos de la política se mueven con salvoconducto por cualquier latitud, pero traban las entradas al ciudadano común, y en muchos casos impiden, no solo que salga de su redil, sino que a su redil entren los recursos que necesita para levantar cabeza.

Por eso, quienes no queremos un dictador a la carta, un tirano de repuesto, o un imperio en lugar de otro, sino modernidad democrática y comunidad internacional, no tenemos más camino–y nunca ha habido un mejor camino– que abrir los ojos y darnos cuenta de que nuestras luchas, que inevitablemente son locales, regionales y nacionales, son también universales, porque tienen en común el ser luchas por los derechos humanos.

Así se enlaza la rebeldía de un indígena mapuche, de un opositor nicaragüense o cubano, de un disidente chino o ruso; la de un manifestante de Black Lives Matter; la de todas las minorías que sufren abuso a manos del Poder, cualquiera que sea la fuente de tal vulnerabilidad: económica, ideológica, religiosa, sexual, etcétera; y la de las grandes mayorías expropiadas del derecho a decidir por una minoría opresora.

Construcciones.

Estoy convencido de que este es el camino, independientemente de cuán certeros sean los cuestionamientos filosóficos postmodernos sobre “la verdad”: izar por encima de todas las banderas la bandera de los derechos humanos.  De hecho, no tengo problema en conceder, si en algo importa, que esta verdad pueda ser una construcción. Ninguno; desde que acepto que humanidad es en sí una construcción, y no veo que pueda haber construcción más beneficiosa para la humanidad que la de los derechos humanos.

De lo contrario nos devorará el desaliento, o quedaremos para siempre empantanados en esos pleitos pendulares de las llamadas “izquierdas” y “derechas” tercermundistas, que para rematar no son ni siquiera la más gris sombra de sus supuestos referentes en la matriz europea de la cultura occidental; en esta última, un tira y encoge de luchas y de pensamiento libre, a través de varios siglos, ha abierto un amplio espacio social-democrático en el que cabe mucho, en el que puede moverse un péndulo que no mata.

El Innombrable clon, y el infierno

Junio 22 de 2020

No es del todo exagerado afirmar que el discurso del Innombrable en Tulsa, Oklahoma, el pasado 20 de junio, podría haber sido escrito para (o por) Mussolini o, más precisamente, Hitler. Esta no es una afirmación hecha a la ligera, con intención propagandística, sino porque el tono y la estructura del discurso es la misma: la partitura del Innombrable es esencialmente un plagio de sus maestros.

El tema que los enlaza es la venganza: el padre de la patria apela al sentimiento de derrota de sus seguidores, revuelve las aguas estancadas de su desesperanza, administra el odio como medicina, y les señala un blanco. Y para que el sentimiento de derrota no los lleve al derrotismo, a creer que ganar es imposible, el redentor fascista apela al orgullo tribal; de esa manera el nacionalismo los ayuda a sublimar su sufrimiento, a hacerlos sentir que no son una banda de “fracasados” (palabra que el Innombrable se deleita en escupir a sus críticos), sino que representan, de hecho, a la nación gloriosa que despierta, a su última línea de defensa; y al ser “la nación”, los “auténticos Americans”, los “true Americans“, poseen la herencia legítima, la fuerza y el fuego para expulsar al opresor, que–por supuesto– tiene un perfil “extranjero”, representa una otredad hostil e inferior, pero maligna y matrera.

La otredad hostil, la extranjería del enemigo es un elemento esencial en la Cruzada que dirige el redentor fascista. No es ningún accidente que el discurso del Innombrable, aparte de la afirmación ostentosa de su autoridad patriarcal, y de un victimismo nacional lastimero, sea una recitación de supuestos enemigos que comparten entre ellos el pecado de la diferencia.

El sueño del Innombrable: repetir la historia trágica de la deportación masiva e indiscriminada de gente de origen mayoritariamente mexicano, llevada a cabo en 1954 bajo el increíble nombre oficial de “Operación Espalda Mojada”, en referencia despectiva a los migrantes que cruzaban el río Grande, frontera entre Estados Unidos y México. Así los transportaban, enjaulados como animales.

En particular, es notorio–por eso me espanta la idea de “Hispanos (o Latinos) por El Innombrable”–que, para este caudillo, el criminal que invade una casa a media noche, en el ejemplo terrorífico con que agita a sus seguidores, sea un hombre; dicho así, en español, en castellano, en medio de una perorata en deficiente inglés. Y por si alguien se inclinara a asumir que se trata de un guiño esnob, el Innombrable regresa a la palabra, no quiere dejar duda, le recuerda a su audiencia que la ha dicho a propósito. “Criminal” y “latino”, una vez más, revueltos, convertidos en sinónimos. De igual manera “mexicano” vibra en el oído de sus fieles con la misma amplitud de onda que “violador, y “narcotraficante”: en el habla del Innombrable, hispano e inmigrante aparecen solo como pandillero y violador de la ley; los únicos hispanos a quienes da cabida en sus diatribas de odio significan la corrupción, el fraude al erario y al sistema electoral; pero, sobre todo, significan peligro para el ciudadano.

Hay que añadir que, en la dialéctica del Innombrable, “ciudadano” es [¿casi?] una categoría étnica. En ese sentido, la perorata de Tulsa, Oklahoma, este pasado 20 de junio del año de la Pandemia fue simplemente más de lo mismo. Y no solo por la referencia al hombre, ese individuo que por su maldad habría de ser llamado hombre en español, en castellano. Hubo más. Hubo, por ejemplo, la mención de los gangs salvadoreños. “¡Animals!”, grita, y luego, en medio del coro de cólera de sus partidarios, la burla, con gestos de idiotez, a Nancy Pelosi, la lideresa de la Cámara de Representantes. Esta habría cometido la imperdonable, o más bien incomprensible transgresión, a ojos del caudillo, de insistir que todos los miembros de la sociedad, incluso los criminales, son “seres humanos”.

Pero la demonización de hispanos e inmigrantes, la conversión de seres de carne y hueso en el equivalente Siglo XXI del judío en el medioevo antisemita, no podría completarse sin extender el hilo de la maldad un poco más allá, hasta quienes aparentan inocencia, como los marranos de Castilla aparentaban cristianismo.

El primer asalto contra estos peligrosos herejes fue dirigido a la congresista neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez, la mujer más joven electa al congreso estadounidense en toda su historia. Con gran trabajo y mucha intención, el caudillo logra abrir las vocales al máximo, fuera del rango del idioma, para que sus seguidores se enteren de lo fundamental: AlexAAndrriAA OOcAAsiOO COOrrtEEZ es…bueno…hispana. ¿Y qué quiere AlexAAndrriAA OOcAAsiOO COOrrtEEZ? “Dejar sin trabajo a todos los trabajadores de la industria del petróleo”, “la gente buena de Texas, Oklahoma y North Dakota”, ya que AlexAAndrriAA OOcAAsiOO COOrrtEEZ aconseja al candidato Demócrata (en realidad, habría que decir simplemente, “candidato demócrata”) invertir en fuentes de energía no contaminantes. Sobre esto habrá que comentar también, porque en el discurso del Innombrable, esas fuentes de energía se reducen a “máquinas que matan pájaros”, una referencia obvia, de un simplismo cavernario, a la producción eólica de electricidad. Pero, por el momento, sigamos el hilo de la maldad que deja el Innombrable a sus seguidores, y lleguemos a destino: sus enemigos, dice, se empeñan en gastar millones de dólares para proveer cuidados médicos a “los ilegales”. El caudillo no entiende de necesidades humanas, solo de privilegios en disputa: Esos privilegios son nuestros, ellos vienen a arrebatárnoslos.

Pobrecito país que era yo

La diatriba racista y xenófoba, aunque plena de odio contra los hispanos, se extiende a otras geografías: el Coronavirus es “el virus chino”, insiste; Alemania “debe” a Estados Unidos un billón de dólares (“a trillion”) en concepto de “defensa”. Esto último se trata, por supuesto, de una falsedad, pero es un elemento central de la narrativa de victimización a manos del mundo–“tantos países, plañe el Innombrable—han estafado a los Estados Unidos”…

De como prevenir un Apocalipsis

Luego, mientras la imagen del país sangra y flamea en las mentes de sus seguidores [una nación excepcional bajo ataque, socavada desde dentro por invasores hispanos, oportunistas negros quejosos por capricho, necesitados de “dominación”, y por la infiltración musulmana], el Innombrable procede a describir el Apocalipsis, la muerte del país, la muerte de la mítica “America” que sería inevitable en su ausencia. El mismísimo Hieronymus Bosch, pintor de tormentos infernales, envidiaría lo barroco del detalle: Estados Unidos sin el Innombrable, convertido en una Somalia dominada por señores de la guerra; exactamente–nos dice–lo que trama la diputada de origen somalí Ilhan Omar, otra joven congresista, otro blanco frecuente del caudillo, por razones ya evidentes: Ilhan Omar es mujer, es musulmana, es culta, es exitosa, y es morena.

¿Cómo evitar esta maldición? La respuesta es simple: los ciudadanos precisan escoger entre él –su redentor–y la muerte. Nadie, solo él, puede salvar al país verdadero, a los auténticos “Americans” de la debacle.

El infierno son los otros, es la frase que se cuela en mi mente después de escuchar tanto disparate perverso. Tiene algún sentido, porque, al final, estamos encerrados con ellos, y esto lo podemos decir ambos bandos. Ellos, bajo el embrujo conspiranoico de un clon de los fascistas del siglo XX; nosotros, porque tendremos que lidiar con la herencia del clon, si es que evitamos que destruya la democracia. Hay demasiado en todo esto que recuerda, trágicamente, a la realidad de un país amado–por hoy– en la distancia.

Pastora, Ortega, y la “salida electoral” [¿Quién invita a cenar al genocida?]

18 de junio de 2020

Este video, que circula en las redes sin firma, pero es claramente auténtico, documenta la transmisión de órdenes de genocidio por parte de Daniel Ortega, y da algunos detalles de cómo dicho genocidio se organizó. Es evidencia que debe ser usada en el juicio del tirano y de todos sus cómplices.

Es también evidencia que los políticos de oposición no pueden ignorar: no tienen derecho, ni permiso de la ciudadanía, ni la ciudadanía puede otorgar tal permiso. Cualquier político que continúe hablando de elecciones, con o sin reformas, en las cuales se permita la participación de gente incriminada en este video, o sus designados, es cómplice de obstruir la justicia, de dejar en la impunidad crímenes de lesa humanidad que están ampliamente documentados.

Que la Alianza Cívica, CxL, PLC, y otros [¿Cuál es, a fin de cuentas, en blanco y negro, sin evasivas, la posición de la UNAB?] sigan buscando elecciones para “derrotar” a Ortega es sencillamente un crimen encima de otro crimen. La mancha de sangre cubre a todos los que participen en ese proceso. No se equivoca un colega cuando observa que la meta de Ortega, desde el inicio de la crisis, fue ir a elecciones en 2021, y que esa es ahora una meta que comparte con los políticos de las organizaciones arriba mencionadas.

Un crimen sobre otro crimen.

Imagine el lector que alguien se mete por la fuerza a su casa, mata a su familia, y usted lo invita a cenar. Esa invitación a cenar es la que tercamente quieren imponernos, y hay que exigir que la retiren a las figuras públicas que dicen representarnos, y que llevan a gobiernos extranjeros el mensaje de que todos queremos invitar a cenar al asesino. Hay que reclamarlo a los que aparecen como figuras de liderazgo público en la Coalición Nacional, por ejemplo, como Juan Sebastián Chamorro, quien insólitamente dice que no hay que “demonizar” las elecciones, como Félix Maradiaga, y otros [menciono a estos dos en particular porque fueron el rostro del lanzamiento de la Coalición], que parecen dejar siempre un resquicio para el aterrizaje suave electoral en medio de la denuncia en apariencia inflexible contra el régimen, al responder que “en este momento no hay condiciones“. Señores: ¿ustedes creen que es asunto de “condiciones”, permitir que un genocida participe como cualquier ciudadano en una competencia por el poder?

Hay que deshacer esa doblez sin mucho protocolo: no es que “en este momento no hayancondiciones, es que NO SER responsable de un genocidio es CONDICIÓN ELEMENTAL para poder participar en una elección democrática. Eso asumiendo–temerariamente, ingenuamente, o cínicamente, escoja el lector–que pueda organizarse una elección democrática bajo la tiranía más despiadada de América Latina, que practica ahora un nuevo genocidio: la guerra biológica contra el pueblo de Nicaragua.

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