Sobre una propuesta de exorcismo para Nicaragua

Me llega rebotando desde la oscuridad salpicada de luces de las redes sociales una propuesta de un cierto sacerdote que hace un tiempo parece que propuso algo que el titular llama “un exorcismo magno” para Nicaragua.

No soy ducho en la materia. Con todo y mi crianza, y que me interesa sobremanera el estudio de la religión, no paso de algunas encíclicas católicas, de textos que me fueron administrados académicamente por intérpretes de los escolásticos; de Spinoza, y de un cierto filósofo español que últimamente me ayuda a navegar las espumosas aguas de la Ética, entre el Caribdis del caos y el Escila de la opresión dogmática. Más que eso, poco. Tampoco soy muy dado a supersticiones, aunque mi índole, proclive a ciertas manías, escoja las que ayudan al optimismo. Un buen mito es como una peliculita de final feliz: no hace daño a nadie.

De tal manera que cuando vi la noticia del preocupado exorcista me atreví a empuñar el sarcasmo, fiel amigo, siempre dispuesto a ensartarse a carcajadas en la piel de una realidad que mata. Defensa propia.

Hubo quienes no entendieron. Pensaron que era un regreso reflejo, irreflexivo, a ciertas creencias, o peor aún, a la desesperanza, decir que a estas alturas de la tragedia de mi país yo estaría dispuesto a probar de todo. Por eso, para recuperar algún margen de maniobra en mi defensa, corrijo: ya estoy casi dispuesto a casi probar de casi todo, ¿y usted? 

Y luego, la mente racional, con su apego al caveat emptor, ha terminado hundiendo más el puñal, lo ha hecho más pesado. Me ha hecho imaginar que a ciertos leguleyos puede atormentarles la idea de que la propuesta de exorcismo sea “inconstitucional”. Que a la Chayo y a su cadavérico consorte les parecerá, con toda seguridad, la intervención más extranjera. Que el Gran Capital la verá como una amenaza de sanción. Que para el cardenal Brenes será un alivio (“no lo tengo que hacer yo”). Que al padre López, exorcista de la Iglesia nicaragüense, le molestará que “prefieran marca extranjera”, mientras que la Coalición, que en esto de pedir ayuda está más globalizada, pedirá que le hagan uno a ella. E imaginar que algunos en la UNAB pedirán un taller, y que en la Alianza “Cívica” el batallón de exateos ex sandinistas, sus colegas de la beatería conservadora y aspirantes a la nueva imagen del “nuevo modo de hacer política” se irán con los chavalos a comprar guayaberas blancas, medallitas y prendedores en forma de bandera.

Y los más expertos en el arte de aparecer nuevos, puros, “espíritus de Abril” invocarán a Dios en público, aunque algo en su interior tiemble.

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