#Cambalache en la embajada

31 de octubre de 2019

En primer plano de la foto, el Tenor, chigüín del genocida; a la derecha, la Diseñadora, hija del genocida; atrás, Gioconda Belli, escritora presidenta del PEN Nicaragua. En otras fotos de este evento, Juan Sebastián Chamorro, Mónica Baltodano, Chano Aguerri, y hasta (lamento verlo y decirlo) Violeta Granera y la Dra. Vilma Escorcia. Había también otros funcionarios de la tiranía, diputados, diplomáticos, etc..

¿Qué decir de esto? Pues que #NadaEstáNormal, excepto que en los corrillos del poder y la farándula #TodoEstáBien.

Hay presos y hay privilegiados, luchadores y aprovechados, turistas gastos pagados, y hay exilados con hambre, y torturados. #TodoNormal, #TodoEstáBien, #TodoEsCordialEnLosCorrillosDelPoder

Y una vez más, antes de echarse uno a llorar; antes de darse por irremediablemente confundido, viene Enrique Santos Discépolo a explicarnos. ¡Qué sería de las ciencias sociales sin su Cambalache!:

“Vivimos revolca’os en un merengue,
y en un mismo lodo
todos manoseados.

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor;
ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador.

Todo es igual, nada es mejor;
lo mismo un burro que un gran profesor.

No hay aplaza’os, ni escalafón
los inmorales nos han iguala’o.

Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que si es cura
colchonero, rey de bastos
caradura o polizón.”

Tal vez por eso las élites nicaragüenses se muestran tan pacientes, tan dispuestas a esperar y tolerar a quienes han cometido un genocidio y usurpado los derechos de la gente. #LaGenteQueNoFueInvitadaAlJolgorio.

Tal vez la respuesta esté en las fotos. En el mejor de los casos, demuestran una gran insensibilidad ante la tragedia.

El diario La Prensa demuestra eso y más, o mejor dicho, peor. Convertido en órgano oficial del pactismo y de la continuidad oligárquica-autoritaria, relata en un tono de satisfacción provinciana que el embajador anfitrión habló de “diálogo” como el método para solucionar la crisis, a “su atenta audiencia nicaragüense que estaba captando el mensaje”.

Seguramente dirán los distinguidos invitados que estaban ahí porque “había que estar”. Seguramente que habrán decidido soportar el tedio, el vino tinto y la adorable compañía de tanta gente buena, todo por la causa: #SOSNICARAGUA. Y si hay algún simplón que no lo entienda, a lo mejor sea porque la envidia le nubla los sentidos.

Francamente, #YoNoQuieroAndarConEsosLobos. #QuienConLobosAndaAAullarAprende. #AlertaMuchachos

Francamente, #ElCambioNoEstabaEnLaEmbajada

Francamente, todavía creo en la ética. #ÉticaNoEsUnHashtagPopularEnLaManada

Francamente, prefiero apostar por los que siguen en resistencia. #ResistenciaEsOtraCosa.

“Siglo veinte, cambalache, problemático y febril.
El que no llora, no mama, y el que no afana es un gil.
Dale no más, dale que va,
que allá en el horno nos vamo’a encontrar.
No pienses más, siéntate a un la’o,
que a nadie importa si naciste honra’o;
que es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata o el que cura,
o esta fuera de la ley.”

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Los dilemas de la UNAB

30 de Octubre de 2019

Comento aquí una nota que Félix Maradiaga, del Consejo Político de la UNAB, publicó recientemente.  Pero antes, debo aplaudir el gesto del autor al pedir a sus lectores que se sumen a la lucha, no como borregos que avanzan al grito de consignas, sino como seres pensantes capaces de proponer.  Otras figuras de oposición, particularmente en la Alianza Cívica, permiten únicamente interlocución con individuos y medios que se muestren dóciles, sea por pereza analítica o por la intimidación suave que ejerce el poder económico en la devastada Nicaragua.  No es tanta, en ese sentido, la distancia que los separa de un dictador. 

Si estamos realmente comprometidos con un futuro democrático, no podemos darnos el lujo de pasar por alto ese problema. Porque cuando Mario Arana bloquea el acceso de Revista Abril a su cuenta política de Twitter, cuando Juan Sebastián Chamorro ignora numerosas solicitudes de entrevista del mismo medio, cuando políticos ligados a la Alianza presionan a medios opositores para que no publiquen artículos de comentaristas independientes, como este servidor, cuando logran que se cierren programas de radio independientes, como el caso del periodista Aburto, ¿quién gana?  Gana el poder mezquino del político, y pierde la democracia, pierde la sociedad, pierde la decencia, sufre daños la lucha contra Ortega porque, ¿no es evidente?, enfrentamos a un régimen monstruoso, dirigido por sujetos que –lo digo sin exagerar–cabrían cómodos en un destacamento hitleriano, y por tanto ningún esfuerzo sobra, ninguna idea sobra. 

En lugar de buscar aplausos, vítores y obediencia, los políticos que dicen representarnos y que tanto reclaman “unidad”, deberían promoverla abriéndose a la diversidad de opiniones que inevitablemente existe y existirá entre nosotros.  Parece, sin embargo, que no tienen el instinto democrático muy desarrollado, y los domina el miedo a perder control y perder protagonismo.

Una tesis derrotista

¿Qué dice el artículo de Maradiaga? Trataré de resumirlo de manera sucinta pero fidedigna.  Dice, en pocas palabras, que la UNAB hace lo que puede en circunstancias terriblemente adversas, fuera de su control, y que son responsabilidad de la dictadura orteguista. 

A simple vista, se trata de una tesis incuestionable.  El régimen comete asesinatos en el campo con una regularidad que delata su afán de exterminar a sus adversarios reales o potenciales; acosa sin descanso en la ciudad a los activistas más vulnerables, aquellos a quienes no parece cubrir el manto protector de algún poderoso; despliega fuerzas policiales y paramilitares de manera aplastante para sofocar cualquier chispa de protesta antes de que el polvorín llamado Nicaragua estalle.

El problema con la explicación de Maradiaga es que contiene un sesgo que impide reflexionar sobre cómo el movimiento popular, que acorraló a la dictadura y la hizo tambalearse en abril de 2018, llega a finales de 2019 más bien acorralado.  Si la postración actual del movimiento se debe exclusivamente a la dictadura, pues es lógico inferir que no ha habido error de parte de la oposición. En ese caso no hay nada que aprender, ni tampoco queda esperanza; porque si todo depende del adversario, y nada de nosotros, hay que esperar a que el adversario se derrote a sí mismo para salir victoriosos.  Esto explica que la oposición parezca adoptar una actitud lastimosa de espera paciente y mendicante ante Ortega. 

¿Hay alternativas?

Conviene a la UNAB, y conviene al pueblo de Nicaragua, abandonar esta racionalización derrotista.  La UNAB debería preguntarse de qué manera y hasta qué punto ha contribuido a que la correlación de fuerzas en la calle se haya revertido dramáticamente a favor de la dictadura. Esta no es una pregunta académica.  Es necesario entender qué ha pasado, para calibrar de manera realista nuestro entendimiento del conflicto.  Si no se tiene claridad acerca del comportamiento, la naturaleza, y la fuerza relativa de los diferentes participantes, difícilmente se puede articular una estrategia y un plan de lucha.

Con ese fin, propongo una tesis alternativa: la UNAB ha contribuido al reflujo de la protesta popular por seguir el camino estratégico de uno de sus miembros, la Alianza Cívica.  Error craso, y además costosísimo para la Unidad, porque a estas alturas la población poco puede distinguir entre unos y otros: critica a ambos con los mismos argumentos y atribuye a ambos los vicios y la corrupción que encuentra en los peores, en aquellos personajes con pasado orteguista a quienes identifica como el verdadero poder en la Alianza.  

El tren zancudo

De seguir así, cuando la Historia sea escrita con seriedad en Nicaragua (hay que soñar, y para eso es que documentamos lo más posible) la UNAB podría terminar reducida a la insignificancia más triste, ya no como un grupo zancudo, privilegio que correspondería a quienes conducen el tren que lleva a elecciones con Ortega, sino peor, como zancudos de aquellos, gente que tuvo una oportunidad pero no quiso arriesgarse por miedo a perder recursos o apoyos externos que al final llegan más cómodamente a otros beneficiarios, a los poderes fácticos establecidos.  Mientras la historia estira su larga forma, los políticos hoy agrupados en la Unidad probablemente se desgranarían, unos para cruzar el umbral del zancudismo, otros para denunciar con rezago la traición, y refugiarse en una derrota honorable.  

El fracaso de los “cívicos” de los setenta y el triunfo del FSLN

Nada de esto sirve al pueblo de Nicaragua. Nada de esto sirve para que viva en democracia.  Yo invito a los políticos honestos a que reflexionen sobre esta hipótesis: el triunfo de la guerra como propuesta en 1978-79, y del FSLN en el río revuelto de aquellos años, reflejó el fracaso de los liderazgos “cívicos” de entonces, dedicados también a formar siglas, coaliciones y propuestas de diálogo con la dictadura de turno; incapaces de conectar orgánicamente con el ciudadano común, con el soberano; de inspirarle confianza y ponerse al frente de su lucha.  Una oposición patética, de salón y amiguismo, de círculos de confianza y poca beligerancia. ¿Suena familiar?  Mientras tanto, el régimen somocista administraba violencia contra la oposición de la calle y del campo; una violencia terrible, sin duda, aunque para nuestro mal, la irrupción del fascismo sandinista en la cultura política hace que parezca apenas prólogo y presagio del infierno que hoy se vive.

El precio de “participar en el juego”

Para seguir a la Alianza, la UNAB ha tenido que sacrificar, por acción u omisión, su apego a la verdad. Por ser “tácticos” o “vivos”, por no ser excluidos del juego—justificación que incluso emplean, lo digo con tristeza, algunos líderes del Movimiento Campesino—han pretendido no ver, para no hablar; han escogido callar verdades terribles y dañinas que el pueblo sagazmente intuye.  Digo sagazmente y reconozco que cada vez es menos necesaria la sagacidad, porque la evidencia es cada vez más pública.  La gente sabe de muchas de las acciones de menoscabo que figuras prominentes de la Alianza Cívica han emprendido en contra de la lucha cívica a lo interno, y de las sanciones contra el régimen en el exterior.  Los líderes de la UNAB lo saben también, pero temen bajarse del tren de la cacareada “unidad”.  Temen enfrentar la maquinaria aceitada con dólares de la Alianza-Cosep y quedar aislados, marginados sin protección ante enemigos de gran poder.

Pero al plegarse a la Alianza, la UNAB deja a los opositores beligerantes, y al pueblo mismo, precisamente en esa posición: solo, ante lo que—he tenido que aceptar, a pesar de mi escepticismo inicial—el líder autoconvocado Fidel Narváez ha caracterizado inteligentemente como “la dictadura bicéfala”, el matrimonio de conveniencia entre la arraigada oligarquía económica y el fascismo sandinista.

Esto es doloroso para el pueblo, porque retarda el cambio. El pueblo, sin embargo, no puede ser abolido (como ironizara Brecht); su vida y su necesidad de lucha seguirán adelante; eventualmente nacerán de su seno otros liderazgos.  Para la UNAB, por otro lado, puede que no exista una segunda oportunidad. 

La verdad y el poder

Si la UNAB quiere salvarse del precipicio, y servir a la causa democrática, deben sus políticos abandonar espejismos y entender que el poder de una insurrección cívica no se construye con fondos de la AID, ni votos en la OEA, ni visitas a Washington, New York o Bruselas, o almuerzos de apariencia fastuosa en hoteles fuera del alcance de la mayoría.  ¡No fue así que Gandhi y Martin Luther King lograron sacudir imperios!  

El poder de una insurrección cívica se basa en la verdad; la autoridad de sus líderes es moral, su poder político se construye sobre esta fuerza, o se destruye si optan por el lenguaje ambiguo, el doble discurso, la mojigatería, la “viveza”, ese lujo cínico de quienes detentan poder y privilegios.  Y no olviden: tampoco se trata de quién tenga más dinero.  De ser así, la oligarquía nicaragüense no tendría necesidad de compartir su lecho con Ortega.

¿Quieren la confianza del pueblo, y el poder político que esa confianza tarde o temprano genera? Demuestren su entereza e inteligencia, demuestren que saben reconocer la verdad en los hechos, y demuestren, por sobre todas las cosas, que respetan al pueblo y no le ocultan– artera o condescendientemente– la información que cada ciudadano necesita para sopesar riesgos y oportunidades.  De lo contrario, el pueblo resistirá sus llamados y dará la espalda a sus proclamas, para evitar ser usado una vez más como carne de cañón.

Nunca ha sido más necesario que el liderazgo democrático construya esos vínculos éticos, sencillamente porque la lucha demandará sacrificios y perseverancia.  Solo los demagogos y los oportunistas pueden seguir gritando que “vamos ganando”, o prometer que la libertad se alcanzará sin un preso más, sin un muerto más, sin un exilado más.  La situación es más que “extremadamente difícil”, es trágica. La brutalidad del orteguismo y la complicidad del gran capital han hecho del camino a la democracia un campo minado, han reducido las opciones a aceptar el sufrimiento del cautiverio en un campo de concentración o aceptar los altos costos humanos del escape a la esperanza. 

¿Cómo empezar a reconstruir el movimiento popular para que vuelva al país, esta vez definitivamente, ingobernable para la tiranía? Lo primero es trazarse esa meta, lo cual implica casi seguramente apartar de la UNAB a los políticos de la Alianza, a menos que estos acepten enfrentar a la dictadura y cambiar de señor: no se puede servir a Dios y al diablo, a quienes están dispuestos a pactar con Ortega y a quienes quieren que se haga justicia por el genocidio. 

Y que quede claro: oponerse a las maniobras de la oligarquía no es estar en contra de la empresa privada, mucho menos de la libertad económica que, de hecho, la oligarquía suprime en complicidad con Ortega. Ni siquiera es un anuncio de venganza.  Lo deseable es un sistema de derechos para todos, privilegios para nadie. Así de simple.

Pero antes, si es que los líderes de la UNAB quieren contribuir con el cambio democrático a partir de la posición de relevancia institucional que ya tienen, este es mi llamado: apuesten por el pueblo, denle al pueblo en quién confiar.

Hacia la solidaridad internacional de los pueblos

26 de octubre de 2019

A mis amigos en Latinoamérica y España que con toda razón apoyan al pueblo chileno, al pueblo ecuatoriano, al pueblo hondureño, y a un largo y necesario etcétera: les presento escenas e información urgentes de Nicaragua, donde la dictadura moviliza recursos desproporcionados (la medida de su miedo) para impedir que los ciudadanos se expresen, que exijan respeto a sus derechos.

Contéstenme con honradez: ¿no tienen los nicaragüenses los mismos derechos, por ejemplo, que los chilenos? ¿no deberíamos todos los pueblos apoyarnos contra el poder de las élites?

Les dejo algunos datos aquí, que quizás ayuden a poner las cosas en perspectiva. La estructura de poder económico de Chile, apoyada por supuesto–reflejo y diseño — en el poder político, ha llevado a una concentración de la riqueza que hiere moral y materialmente al pueblo. Sin duda. Y han habido actos de represión condenables, que también se han documentado, al lado de actos de vandalismo también injustificables.

Ahora, vean estas cifras de Nicaragua: más de 500 muertos en menos de seis meses, a manos del ejército y fuerzas paramilitares (en Chile serían más de 1500 asesinados, respetando las proporciones); más de 80,000 exilados en un año (en Chile serían más de 240,000); más de 1000 desaparecidos (en Chile serían más de 3,000); más de 900 presos políticos (en Chile serían casi 3000).

Y les dejo algo más: el mundo contempla con admiración el espectáculo de un pueblo, el chileno, que a pesar de unos incidentes violentos causados al inicio de la explosión social por minorías no representativas, sale pacíficamente en cifras que se estiman arriba del millón de personas a seguir exigiendo un cambio de sistema.

¡Un millón de personas en Santiago de Chile!

En Managua eran alrededor de 700,000, en una ciudad con menos de un tercio de la población. Es decir, respetando las proporciones, ¡en Managua salieron a las calles el equivalente de 2,100,000 de personas! Si esto no expresa la voluntad popular en Nicaragua, tienen que decirme que tampoco lo hace en Chile. ¿Lo harán?

¿Y cuál fue la respuesta del régimen de Ortega? Francotiradores y asesinatos a mansalva, todo confirmado por estudios de balística y reportes de Amnesty International, Human Rights Watch, la Comisión Permanente de Derechos Humanos de Nicaragua, la Asociación de Derechos Humanos de Nicaragua, múltiples reportajes de la prensa independiente, algunos de ellos premiados, más el dictamen de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Humanos, de su par en las Naciones Unidas, y de la Unión Europea: más de cien muertos verificados con impacto de proyectiles en frente, cuello y pecho, el triángulo mortal, como dicen los forenses. ¿La edad de los muertos? Hay bebés entre ellos, pero la mayoría de las víctimas son muy jóvenes, desde los 14 años, asesinados mientras marchaban por las calles del país.

Aparte de estos crímenes, hay reportes verificados de muchos otros, incluyendo el de una familia que fue quemada viva en su propia casa, por negarse a permitir que los francotiradores usaran la azotea para disparar a civiles.

Todo esto está documentado oficialmente, y ha sido grabado en cámaras y teléfonos que gracias a la revolución tecnológica están ahora en las manos del pueblo, y son armas en la lucha popular.

Yo lo que lamento es que esta revolución tecnológica no nos haga igualmente revolucionarios en lo político y en lo social, que todavía no nos libere de los tabúes y prejuicios, de las nostalgias, mitos, afectos y cegueras que bloquean la solidaridad internacional entre los pueblos, tan necesaria ante el poder de las élites globalizadas.

¿No es hora ya?

Si están de acuerdo, les pido, para comenzar, que compartan esta nota.





¿Quién gana con el pactismo-eleccionismo?

11 de Octubre de 2019

Si Ortega calcula que es de su conveniencia, una nueva camada de oportunistas opositores tendrá por unos cuantos años ministerios, presidencia y vicepresidencia, curules en la Asamblea, prebendas, privilegios, viajes, carros, gasolina, sobresueldos, etc., mientras el diputado Ortega (porque eso dice la “constitución”, y la “vía constitucional” es la niña de los ojos de los eleccionistas) “gobierna desde abajo” una vez más. Regresa, mejor dicho, a sabotear y a matar desde abajo.

¿Y la justicia?: “Después”.

¿Y la policía?: “Ya la iremos ‘profesionalizando’ poco a poco, con ayuda de Estados Unidos y otros países amigos. El comisionado Díaz trabaja con el gobierno democrático para avanzar en esa meta”.

¿Y los asesinatos?: “Condenamos la violencia, venga de donde venga; vamos a ordenar a la policía que investigue”.

¿Y el ejército?: “Como ustedes saben, el Ejército de Nicaragua ha cumplido su misión constitucional”.

¿Y la democracia? “Algún día; tenemos que ir en fases; poco a poco”.

¿Y la verdad? “Eso es todo por hoy, gracias. ¡Viva Nicaragua Libre! [Porque ya somos libres, así que por favor, cada quien a su casa; y despreocúpense, que nosotros nos ocuparemos del resto].”

De cómo las élites, en su pánico, suplican al Ejército que las salve, y tratan de organizar elecciones con Ortega, y otras historias de horror.

Contar esta historia sin usar términos escatológicos requiere un enorme esfuerzo. Según Francisco Aguirre Sacasa, uno de tantos vividores de la corrupta clase política nicaragüense, diplomático (que en nuestro triste país, hasta la fecha, quiere decir o turista de lujo o traficante de influencias pagado por el Estado), el Ejército “tiene gran prestigio entre los productores rurales del norte”.

Dice Aguirre Sacasa: “para Mario Arana y yo, el ejército de Nicaragua es parte de la solución”; “el ejército ha obedecido la constitución”; “el ejército ha venido llamando repetidamente al diálogo”; “el ejército debe continuar cumpliendo su misión”; “el ejército tiene gran prestigio ante el Comando Sur de los Estados Unidos” (esto a él le parece de lo más cool, como quien dice); y por supuesto, está de acuerdo en lo afirmado por otra joya del establishment, Humberto Belli, quien firmó en La Prensa (el diario que sacó un suplemento espectacularmente inmoral de propaganda del Ejército de Nicaragua, no olvidemos) que el pueblo era “injusto” con la institución.

Díganme ustedes: ¿es posible “unirse” con él, con Mario Arana y con Humberto Belli? Mi respuesta: NO– si es que uno quiere democracia para Nicaragua.

Esa es una verdad, queridos amigos, que hay que enfrentar. No es que yo divida o intente dividir, sino que esta gente está irremediablemente apartada, separada, “dividida” del pueblo democrático; en contra–a pesar de su doble discurso–de las aspiraciones democráticas de la nación, insensibles ante los asesinatos, incapaces de la menor empatía hacia las familias de los muertos y presos, muchos de ellos a manos del Ejército que ahora desvergonzadamente defienden.

Para estos individuos, que representan lo peor de las élites tradicionales de Nicaragua, la “estabilidad” se ha vuelto una obsesión, y el cambio es la peor pesadilla. Estaban conformes con el arreglo corporatista [es decir, fascista] que tenían con Ortega, y lo celebraban en público. Le tienen horror a un Estado de Derecho, y el miedo a perder sus privilegios los hace descender éticamente al infierno, a entregarse en los brazos del Ejército, a suplicarle a los guardias de Ortega que los protejan.

Todo lo que ellos y sus amigos banqueros proponen tiene como norte esa estabilidad, aunque sea a costa de la justicia por los crímenes de la dictadura, y aunque sea a costa de futura violencia contra el pueblo, y aunque traicione –¡qué les importa a ellos!–la esperanza de los nicaragüenses que han demostrado estar listos a construir una sociedad libre.

De eso se trata el plan, sucio de origen, sucio de intención, sucio en los procedimientos, antiético, y para rematar impráctico, de “elecciones con Ortega”: de asegurar que las élites pasen la tormenta incólumes, intactos sus beneficios. Y si para eso hay que dejar a Ortega y sus secuaces en la impunidad, que así sea. Si para eso hay que dejar al “comandante” en control de sus enormes recursos financieros, sus canales de televisión, sus paramilitares, sus espías, su policía, y por supuesto, su muy “constitucional” ejército, ¡pues que así sea! Si para asegurarse el “aterrizaje suave” que añoran los Belli, Arana, Aguirre Sacasa, Pellas, Ortiz Gurdián, Baltodano, Montealegre, etc., hay que legitimar a Ortega (podría ser el inmune ‘diputado Ortega’ si “pierde” las elecciones) ¡pues, que así sea!.

Que nadie diga que no había evidencia, que no sabía, que no se sabía, que nadie advirtió. Porque hay muchas voces que se levantan, y hay un coro popular contra las componendas y el pacto, y el grito del pueblo ha sido desde un comienzo “¡que se vayan”!.

Que nadie diga que no escuchó nada. Si lo dice, es que no quiso escuchar.

De este lado de las barricadas

12 de agosto de 2019

Apenas desciende la marea emocional del intercambio, queda mi ánimo atrapado en la tristeza, como si un mar trajera, desde el pasado, restos de un naufragio, y los abandonara en la playa sin esperanza.  Pero una vez más, se cruza en mi camino un texto que pareciera cortado a la medida, escrito para hacerme sonreír y restañar mi espíritu: “Y si queremos pelear / hay muchos enemigos / al otro lado de las barricadas…”.  Estimado lector: si estás preguntándote a qué viene tanta divagación lírica, gracias por tu paciencia; te prometo que hay método en esta locura.

Gracias también al infortunado Maiakovski, autor del texto citado, porque me ha dicho dónde comenzar: aquí, de este lado de “las barricadas”.  Hablo de democracia, de libertad, de respeto a los derechos humanos.  Hablo de que es muy fácil culpar de su ausencia a quienes están “al otro lado”, y olvidar que estuvieron antes ‘de este lado’.  La cuestión clave no es si la tiranía orteguista va a desaparecer (lo hará, sin duda, es ley de vida). Más bien, debemos preguntar: ¿cómo hacemos para que quienes rebasen las barricadas no se den vuelta y apunten (su nuevo poder) contra el pueblo que los sigue?  

Benditas sean la desconfianza y la duda

Por eso aconsejo apasionadamente a los más jóvenes, quienes se han echado a tuto la responsabilidad de enderezar un país que lleva siglos a la deriva: desconfíen del poder, del ajeno y del propio; no hay que inventar escuela filosófica, basta con recordar la sentencia de Acton: “el poder corrompe”. 

Desconfíen de todos, establezcan únicamente acuerdos verificables, en los que cada uno ceda lo mínimo.  Desconfíen especialmente de aquellos a quienes ustedes admiran y aparentan ser buenos, valientes o inteligentes.  Nadie lo es tanto como para entregarle las llaves del destino. Desconfíen, ojo al cristo por la libertad, de las personas que han participado en la vida pública de Nicaragua en generaciones anteriores.  ¿No es evidente que dejaron un rastro de destrucción a su paso? Hagan la cuenta de los muertos, los presos, los exilados, de la miseria injustificable–porque hoy Nicaragua tiene una economía que produce un quinto de la de Costa Rica, y hace unas cuantas décadas estaba a la par.  Pregúntense quiénes han sido responsables de esta tragedia. 

Es vital que descorran el velo que para su conveniencia han tirado sobre la historia, desde las distintas esferas del poder, gente que no intenta perderlo, ahí donde lo tienen, y busca recuperarlo si se les ha disminuido.

Un feudo, un oasis

Jóvenes rebeldes de hoy: no permitan que los viejos lobos del poder los engañen.  ¡Y no esperen que luzcan como lobos!  Hay que esculcar la piel de las ovejas que se acercan con astucia al rebaño.  Muchas de ellas ya caminan entre la manada, emiten los mismos balidos, y empujan para colocarse al frente.  No les conviene a ustedes, ni a Nicaragua, ni a la causa del bien y de la libertad, pasar por alto la trayectoria de quienes participan, con ambición evidente de liderazgo, en la vida pública del país.  Y no se trata de negarles su derecho ciudadano a involucrarse en la vida política: simplemente no es prudente darles espacio cerca del poder, para prevenir desmanes, para hacer posible la construcción de una sociedad democrática y próspera.

Y a los mayores, o a quienes han dedicado mayor curiosidad a la historia: digamos la verdad, al margen de preferencias ideológicas, lealtades personales o sociales, y aspiraciones financieras.  Esto es muy fácil decirlo, especialmente porque es lo que el pueblo quiere escuchar, pero es muy difícil de practicar.  El cáncer del poder tiene un tumor, el orteguismo, pero está presente en todo el cuerpo social.  Está incluso en nuestras propias mentes: muchas veces nuestra actuación refleja es autoritaria, porque no hemos ejercitado el músculo de la libertad, tanto como hace falta, en doscientos años.

Y así se cuela -buenas o malas intenciones de por medio- la manía censora, supresora, y la tolerancia de la exclusión en todos los ámbitos de la sociedad, y hace muy difícil que construyamos instituciones gobernadas por reglas y espíritu de inclusión. Más fácil construimos un feudo que un oasis.

El asunto PEN

Por eso he insistido en el tema, para algunos quizás arcano, de la actuación del PEN Internacional/ Nicaragua en meses recientes.  Que parezca alejado de las trágicas urgencias del momento no quiere decir que lo esté. Ya he dicho antes que el tumor tiene nombre, pero la enfermedad afecta al cuerpo entero de la sociedad.  El PEN de Nicaragua es sencillamente un ámbito más en el cual se desarrolla la vida de los nicaragüenses, la filial doméstica de una organización mundial de escritores por la libertad de expresión. 

Como tal, tiene el doble reto de enfrentar al poder abusivo de otros, y expurgar del ejercicio del propio el chingaste autoritario de nuestra tradición. No es fácil, pero hay que hacerlo. No basta proclamar en abstracto las bondades de la democracia ni la maldad de la dictadura. Hay que enfrentarse a los hechos, luchar contra los obstáculos que estorban el camino a la libertad en todos los frentes, incluidos los gremios.  El PEN Internacional/ Nicaragua es parte del mío, y por eso es mi derecho y mi deber contribuir para que ayude a la transformación que los demócratas deseamos en Nicaragua.

Desafortunadamente, creo que estamos fallando. Yo mismo intenté, aprovechando mi condición de miembro del PEN en Estados Unidos, involucrar a este más activamente en el caso de Nicaragua.  Recibí en Miami, el año pasado, la visita de un delegado del PEN, filial de Nueva York, y descubrí que muy poco sabían de la enorme tragedia de nuestro país.  Ofrecieron programar eventos a favor de Nicaragua en 2019, y enviaron una carta a un grupo de abogados internacionales de derechos humanos, en la que añadieron, a petición mía, los nombres de algunos de nuestros escritores perseguidos.  No pude hacer más, porque no quise irrespetar a las autoridades del PEN de Nicaragua arrogándome una representación que no me corresponde, y no pude conseguir una respuesta vigorosa y ágil de nuestra junta directiva. Debo aclarar que solo comuniqué mis esfuerzos y solicité asistencia a nuestra presidenta.  Ignoro si ella transmitió la información a los demás miembros. 

Más recientemente, se han producido dos hechos que aumentan mi inquietud, la cual he expresado de manera respetuosa y—tratándose de asuntos de incumbencia social—públicamente.  Uno es el ya conocido acto de censura del Sr. Mario Arana, vocero de la Alianza Cívica, al bloquear de sus redes a la Revista Abril por su inconformidad ante ciertas opiniones publicadas en la revista.  Pedimos al PEN Nicaragua que se pronunciara a favor de la libertad de información, que creímos violada, y en cuestión de horas teníamos respuesta: la presidenta del PEN nos comunicaba que más bien apoyarían, como política oficial de nuestra organización, el derecho del Sr. Arana a bloquearnos.  Demás está decir que estoy en desacuerdo con dicha decisión. He publicado mis razones. Otros escritores, inclusive miembros del PEN, lo han hecho también. Remito al lector a lo ya publicado si desea conocer los detalles, aunque sí quiero recalcar que la respuesta se produjo a una velocidad notable, y que el Sr. Arana disertó días después, auspiciado por el PEN Internacional / Nicaragua, sobre la importancia de las libertades democráticas en el desarrollo económico. Si no me equivoco, esto podría considerarse una ironía.

El segundo incidente es más grave.  Se trata, en mi opinión, de una doble falta.  Como ya es sabido, bajo presión de la dictadura la Universidad Americana canceló la ceremonia de graduación de sus nuevos profesionales, para impedir que estos ejercieran su derecho a la libre expresión y dedicaran el acto a la memoria de una compañera asesinada por el régimen.  Yo solicité en la página del PEN Internacional/ Nicaragua que nos pronunciáramos como gremio en contra de tal violación.  Mi entrada nunca fue aprobada por los administradores de la página.  Insistí el 30 de Julio, en carta pública, y luego el 9 de agosto, de la misma manera.  Apenas ayer recibí comunicación, primero privada, luego pública, de la presidenta del PEN Internacional/ Nicaragua. 

A la comunicación pública me referiré primero, aunque las implicaciones de la carta privada son quizás más alarmantes. En todo caso la carta pública es digna de preocupación. 

De inicio, una falsedad: “no se te contestó la carta anterior porque pensamos que ya habíamos aclarado como directiva nuestras consideraciones sobre el ámbito de acción de PEN”.  No fue sino hasta ayer, transcurridos catorce días, que se produjo un intento de explicar por qué mi entrada en la página del PEN Internacional/ Nicaragua ha sido ignorada o censurada. 

Acto seguido, el primer intento de descalificación, que rebaja indignamente la calidad del debate civilizado: “nos preocupó…las intenciones tuyas de seguir cuestionando a la organización”.

Luego, la minimización del evento acerca del cual solicité que nos pronunciáramos: “pedías a PEN que se pronunciara porque a un grupo de estudiantes de la UAM les habían negado su libertad de expresión al no permitirles dedicar su promoción a Rayneia Gabrielle Da Costa Lima”. 

“Un grupo de estudiantes de la UAM”

¿Hay que aclarar que no se trataba de la demanda específica de “un grupo de estudiantes de la UAM”, sino de un evento de altísimo simbolismo e impacto noticioso directamente relacionado con la agresión autoritaria de la dictadura orteguista, y la respuesta rebelde, libertaria, de nuestros jóvenes?  Esto parece haberlo entendido todo el mundo, menos el PEN Internacional/ Nicaragua.

¿Cómo es posible que sea precisamente la organización de escritores y poetas la que invalide el enorme significado de suprimir la voz y la palabra de los universitarios? ¿Cómo es posible que se desestime, sin que medie siquiera cortesía profesional, la solicitud de un miembro de la organización para por lo menos—aunque no debería hacer falta–discutir qué postura adoptar?

No quiero entrar en una revisión extensa de la carta constitutiva del PEN (su Constitución), pero aseguro al lector que no hay en ella (¡por supuesto!) nada que justifique no defender la libertad de expresión de los estudiantes.  Tampoco veo cómo hacerlo pueda poner “en riesgo el trabajo del PEN”. Y me parece inverosímil la explicación que atribuye nuestro quietismo a que “En Nicaragua PEN es una organización pequeña. Sólo tenemos una persona que trabaja de manera fija. Todos los demás somos voluntarios.”

¿Cuántos escritores, en una organización de escritores, hacen falta para componer uno o dos párrafos en defensa de la libertad, especialmente ante hechos de gran simbolismo como el de la UAM?

El infierno son los otros

No es mi intención someter a nadie al terror de una crítica injusta ni a un ataque infundado, a la implacable mirada, al infierno que pueden ser los otros.  No se trata de destrucción personal, sino de aprendizaje y construcción institucional. Por eso, si algo me ha impactado es la indignación en la respuesta privada de la presidenta del PEN Internacional/ Nicaragua.  Como mis actos son guiados por la buena voluntad, y porque aspiro más que a nada a que alcancemos una sociedad de altos estándares intelectuales y morales, me abstengo de publicar dicho escrito. 

Sin embargo–lo digo aunque me apena–debo recordar a la señora presidenta que solicitar a una institución gremial, a la que uno pertenece, que actúe de cierta manera—que uno, errada o correctamente, cree apropiada—no es un acto de traición; que pedir que la organización responda a sus miembros, y se pronuncie a favor de una causa que uno entiende es su razón de ser no equivale a “armar una tormenta en una taza de te”; y, sobre todo, que el debate entre personas pensantes y de bien no tiene como propósito que “rueden cabezas”.

¿Por qué es tan difícil entender esto entre nosotros? Esta interrogante es la que me ha obligado, por el fuero de mi conciencia y a costa de mi tranquilidad, a hacer los comentarios que dejo en este artículo.  Termino con un cierto amargo regusto: me queda claro lo extendido de nuestro mal, nuestra incapacidad de lidiar de manera tolerante y constructiva con la crítica, nuestra tendencia a sentirnos soberanos de un feudo antes que reconocernos ciudadanos de una república. 

Pero no hay vida si no hay esperanza. Los jóvenes que hoy cuestionan, critican, protestan, sospechan y dudan, son vida para Nicaragua, son el renacer de la nación, son la vida misma de nuestros tercos sueños.  Por eso los exhorto, una vez más: estén alertas; la escuela de las dictaduras ha dejado hábitos muy malos entre los mayores.  Muchos de ellos han sido en el pasado entusiastas colaboradores de esas dictaduras, y están aún activos, caminan al lado de ustedes, pero representan el pasado, representan exactamente lo que ustedes quieren reemplazar–aunque estén de este lado de las barricadas.

Valentía y valores democráticos; verdad y publicidad.

7 de agosto de 2019

A falta de propuestas, y ante el espejo de su propia inoperancia, los propagandistas de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia han ido en busca de… una campaña publicitaria.  Sería interesante conocer el objetivo oficial del proyecto: si rehacer su imagen, limpiarla, o sencillamente mantenerla viva en la mente de los nicaragüenses, a pesar de no estarlo mucho en la otra realidad, la de un campo de concentración llamado Nicaragua.  Y es que de momento no hay, formalmente al menos, “diálogo” con el régimen; hay un hiato en el drama, producto de uno de esos tropezones que el miedo y la vanidad del tirano causan en el escenario.  La Alianza aprovecha la pausa, no para esbozar rutas alternativas al derrocamiento de la dictadura—ese nunca fue su propósito–sino para promocionarse a sí misma.  La forma en que lo hacen es, hay que decirlo, lastimosa y matrera, pero digna de examen. 

“La Alianza me representa”

La campaña consiste en presentar las fotos de varios excarcelados, como el líder campesino Medardo Mairena, el joven Edwin Carcache y uno que otro miembro de la Alianza—como la abogada laboral Sandra Ramos–junto a la leyenda “La Alianza me representa, por…”. 

Nadie puede culpar al publicista de vestir al cliente con sus mejores ropas: las sonrisas de personas que gozan de respeto entre partes muy considerables de la población.  Lo que sí es evidente es el ardid: ni Medardo Mairena, ni Edwin Carcache, ni Sandra Ramos, ocupan posiciones de poder en la Alianza.  Es más, parece ser que el líder campesino iba a ser excluido del grupo inicial, pero ingresó al encuentro con el tirano en mayo de 2018 gracias a la intervención casi fortuita de un grupo de estudiantes.  Luego, estuvo en prisión, como Carcache, el tiempo que duró el conversatorio Alianza-Ortega.  

Vale la pena recordar quiénes son los negociadores ‘titulares’ del grupo: Mario Arana, Chano Aguerri, José Pallais, Juan Sebastián Chamorro, Carlos Tünnermann, y Max Jerez.  Ellos han sido la cara y la voz de la Alianza todos estos meses.  ¿Por qué han quedado excluidos del material propagandístico, hasta la fecha, algunos de ellos? No creo que sea difícil responder.  Imagínese usted el afiche: “La Alianza me representa, por Chano Aguerri”.  Es decir, se trata de ocultar el rostro de Aguerri y otros miembros, muy desprestigiados, detrás de las máscaras frescas de figuras más limpias. 

“Carlos Pellas me representa”

Surge entonces una pregunta: ¿Puede en justicia decirse que Medardo, Edwin, e incluso Sandra, “representan” a la Alianza verdaderamente? Es decir, ¿han tenido el poder de decisión? ¿Pueden atribuírsele a ellos las decisiones tomadas en los últimos 12 meses?  Y una siguiente pregunta, mucho más importante–la pregunta política fundamental: ¿representa la Alianza genuinamente al movimiento democrático nacido de la rebelión de Abril?

Pienso que la respuesta a la primera interrogante es claramente “no”.  Las voces que sobresalen en la Alianza son aquellas asociadas al viejo pacto entre el gran capital y la dictadura: Aguerri, Arana, Chamorro.  Y si estas son las voces, la mente y el corazón de la Alianza contienen otras identidades: las del grupo de acaudalados propietarios que en junio decidieron reunirse con su socio de El Carmen y reiniciar la búsqueda de un “aterrizaje suave” para las élites.  En otras palabras, la táctica de mercadeo de la Alianza sería más honesta si el afiche leyera “La Alianza me representa, por Carlos Pellas”.  La respuesta de la segunda pregunta también es “no”.

“Medardo me representa”

Nada de esto quita legitimidad al sentimiento de quienes se consideran representados, por ejemplo, por Medardo Mairena. El problema es la manipulación de esos sentimientos por intereses que distan mucho de ser los de la lucha democrática.  Me atrevo a decir, a salvo como estoy de las presiones económicas de los magnates, y de la necesidad de aplauso o puesto público (nunca he tenido ni lo último ni lo primero y creo poder sobrevivir sin ambos), que en lugar de “distan mucho de ser los de la lucha democrática” una descripción más exacta sería así de brutal: los intereses que hegemonizan la Alianza, los del gran capital, han sido (de esto no puede caber duda), y siguen siendo, parte del sistema dictatorial en Nicaragua. No, Ortega no es “el único enemigo”. Si lo fuera, probablemente ya hubiera sido derrocado, con la ayuda del gran capital.

Una lección importante

Aclaro: a mis ojos no necesariamente se diluye, por aceptar que sus imágenes aparezcan en la campaña publicitaria, la legitimidad de los excarcelados, ni la de Sandra Ramos.  Ellos tienen derecho a su propio juicio ético y a su propio cálculo político.  

Pero nosotros, como ciudadanos, tenemos el mismo derecho.  Y en estos momentos críticos, practicar ese derecho con absoluta honestidad es imperativo.

En ese espíritu, propongo que extraigamos la siguiente lección: a nadie debe dársele, en virtud de su heroísmo, o por haber sufrido cárcel, un salvoconducto que lo proteja de la crítica.  La apuesta de los publicistas de la Alianza es exactamente la contraria: al escoger a Medardo Mairena y Edwin Carcache para su propaganda, demuestran creer que los nicaragüenses seguimos atascados en un sistema de valores en el cual la valentía y el sacrificio otorgan una licencia especial.  Grave error.  Por más que la valentía y el sacrificio sean dignos de respeto, la madurez de nuestro juicio es lo único que nos puede proteger del desastre autoritario.  Inglaterra no hizo dictador a Churchill, ni España a Felipe González; Washington no fue rey.  La fe ciega como premio al coraje es un elemento del caudillismo.  No más.  Y que no se olvide: Daniel Ortega estuvo preso siete años. 

Epílogo: desayuno en las redes

De madrugada garabateé este galimatías, y esperaba solo desalojar, comas aquí, puntos allá, los errores más atroces.  Pero levantarse estos días a descubrir el mundo en las redes sociales es encontrar prueba de todo, para bien y para mal.  Un ejercicio que siempre me hace recordar la frase de Borges: “todo encuentro casual es una cita”.  En este caso, una cita textual: “Qué lindo Medardo.  Lo que él diga y ordene estoy seguro que el pueblo y yo lo haremos”. 

Muy mal vamos si esa mentalidad pervive.  Esta es la fe ciega como premio al coraje de que hablé en la madrugada.  Si está todavía aquí, no ha amanecido totalmente.  Porque es muy fácil maldecir e insultar a la pareja genocida y sus adláteres.  [¿Vieron qué fácil?] En general es muy fácil criticar al enemigo.  Lo difícil es evitar que la simpatía que siembra un hombre bueno, o un líder valiente, germine en adulación, para que no sea autoritaria su cosecha.  No se le hace un favor a la sociedad con ningún “Dirección Nacional ordene”—aunque la Dirección esté integrada por nueve ángeles, y no nueve forajidos.  El poder corrompe; hay que mantenerlo a raya y bajo el fuego de la crítica desde muy temprano.  ¿Quieren que Medardo siga siendo, para evocar el lenguaje del trino, “lindo”? Pues no lo alcen sobre un pedestal, no lo adulen, no hagan las cosas porque él “dice y ordena”.  Consideren con el debido respeto sus propuestas, si piensan que su conducta lo hace digno de ser escuchado.  Óiganlo, si quieren, si creen en su buena intención, con más cuidado que a otros. Pero ayuden a la causa que él defiende, la de la democracia, y hablen con libertad, sin miedo a disentir, a pensar, a criticar, a criticarlo todo, todo el tiempo, de frente y sin mojigaterías, con la mayor honestidad y de la forma más inteligente, informada y perseverante que puedan.

“¡Dejá de andar jodiendo!” (El país murillizado y Chespirito)

27 de julio de 2019

Es el país de las trágicas maravillas:

–Sale libre el paramilitar que asesina a una estudiante; entra a cárcel la abogada defensora de un secuestrado político; la acusan… ¡de haberse defendido de acoso sexual!

–El Jefe del Ejército de Nicaragua, que ha apañado (más bien, como la evidencia indica, participado) en un genocidio contra su propio pueblo, lloriquea ante las cámaras de televisión por los ataques horribles que recibe en las redes sociales; no es justo, pero promete mantenerse firme, defendiendo la constitución; uno no puede menos que conmoverse;

–Llamar a los ciudadanos a la calle, a poner el pecho ante la represión orteguista, es razonable, pero pedirles a los poderosos que se sumen a la lucha es “locura”. Es que los empresarios todavía “no están ahí” dice Juan Sebastián Chamorro, uno de sus voceros; claro, hay que entender que un divorcio toma tiempo;

–La Policía Nacional desfila con banderas del FSLN, baila en honor al caudillo. Matar por un mísero salario, bailar por un mísero bono. Su droga es la migaja de poder, la pertenencia a una banda—o a una compañía de danzas;

–Empiezan algunas voces (Humberto Belli, por ejemplo, en La Prensa) a sugerir que quizás Aminta Granera sea más víctima que cómplice. Triste para ella, pero su entrada al club de los “rehabilitables” se complica cuando el tirano la envía a la calle el día del “Repliegue” con la misión de echarle rosas y besos al bus de turismo donde él viaja—o marcha, dicen ellos—con su adorable consorte;

–El vocero de la Alianza “Cívica” [repito: “¡vocero!”] bloquea en su cuenta a ciudadanos y medios cuando siente que lo “ofenden” las opiniones políticas contrarias. En respuesta, Gioconda Belli, presidenta del PEN Internacional/Nicaragua, asociación de defensores de la libertad de expresión, premia el despliegue de intolerancia del vocero con un púlpito para predicar sobre… “la importancia de las libertades”; criticar esta ironía atroz es convertirse uno en “violador de la libertad de expresión”;

Es el país del chayido, el hogar de la frase “¡Dejá de andar jodiendo!” y las múltiples variazioni que con deleite entonan frente a cualquier disidencia las élites prepotentes de Nicaragua –desde el orteguismo hasta la Alianza Cívica, pasando por el mar de camaleones y zorros que son la fauna del fracaso.

Una de esas variazioni es el contundente “sabemos lo que hacemos” del vocero de marras, Mario Arana.  Por cierto, si en verdad “saben lo que hacen”, pues entonces la situación en la que se halla Nicaragua debe ser parte de su plan. De lo contrario, quizás a lo mejor no “sepan tanto”. ¿O será que “todo está fríamente calculado”? Lo sospeché desde un principio.

¿Cuándo?

26 de julio de 2019

Ayer, 25 de julio de 2019, la bota fascista del FSLN cayó de nuevo sobre estudiantes que combaten a la tiranía sin más armas que su hermoso descontento.  A pesar de la ‘victoria’ que cree haberse apuntado el régimen–la mediocridad y la arrogancia del viejo poder prolongan la crisis cobardemente–no me cabe duda de que esta generación verá la libertad ocupar las calles. 

Entretanto, han tenido los muchachos que aprender terribles verdades.  Han descubierto –lo gritan ya, con la potencia de su pureza– que hay que hacer de la rebelión un cambio profundo, radical.  Los chavalos entienden que el problema no es solo que un clan psicópata habite El Carmen; que por algo una pandilla de criminales se adueñó del estado desde hace ya cuarenta años; que hay una fortaleza autoritaria en construcción desde hace siglos.

La cizaña y el trigo

Una segunda gran verdad se les viene encima: esa fortaleza tiene dueños; el sistema de poder del cual mana la opresión que los nicaragüenses sufren, y la represión que enfrentan a diario, tiene nombres y apellidos (y no solo los de Ortega y Murillo), identidades que hay que conocer para poder separar, como en la parábola bíblica, la cizaña del trigo.[1]  

Por si no la conocen, o si no la recuerdan, se trata de la historia de un sembrador de trigo.  Alguien, un enemigo, ha plantado cizaña entre las buenas semillas.  Los peones preguntan al propietario si deben arrancarla.  No, les dice el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero.

¿Por qué decide esperar el dueño del sembrío?  Porque la cizaña, hierba mala, se parece demasiado al trigo cuando apenas brota del suelo; pero el tiempo logra diferenciarla claramente; solo entonces es seguro, y necesario, apartarla. 

Yo creo que algo parecido ocurre desde el año pasado en Nicaragua.  El estallido de abril de 2018 esparció por todos los territorios de la nacionalidad el trigo bueno, la semilla de la democracia, de la mano de jóvenes estudiantes, moradores de los barrios, ciudadanos autoconvocados de todo tipo hastiados del estancamiento secular, hartos del ejercicio cínico y criminal del poder. 

Obligados por el sismo, algunos representantes del viejo orden, como los empresarios, se declararon—ellos también—opositores a Ortega; otros, ya disidentes, buscaron como aprovechar la crisis.  Ambos segmentos se unieron a la negociación (no necesariamente a la lucha), a través de la recién conformada Alianza Cívica.  La cizaña entraba al terreno donde el trigo intenta germinar. 

Al principio se hacía difícil, para la población, distinguir entre cizaña y trigo, entre oportunistas y demócratas, entre camaleones políticos y luchadores, entre autoritarios dizque “reformados” provenientes de la primera dictadura del FSLN y representantes genuinos del nuevo espíritu.  Pero el tiempo ha corrido ya lo suficiente, y la hierba mala, que roba la tierra y el sustento al trigo, va siendo cada vez más distinguible. 

“No están ‘ahí’…”

Por eso traigo a colación una breve anécdota, porque tengo fe y creo que la hora de la siega se aproxima.  

Hace más de un año pregunté a Juan Sebastián Chamorro cuándo se iban a lanzar los empresarios a la desobediencia. La gente en Nicaragua había trancado las calles; había–como hoy–muertos y secuestrados casi a diario. La población pedía con angustia—era asunto de supervivencia– el apoyo de los banqueros y grandes dueños de empresas del COSEP, quienes hacía muy poco sonreían felices al lado de Ortega, celebrando su alianza, enriquecidos por la amistad más rentable de su historia.  ¿Qué respondió Juan Sebastián? “Los empresarios todavía no están ‘ahí’…”

Hoy, vivido lo que hemos vivido, y viendo el país transformado en un campo de concentración, hay que preguntar: ¿Y dónde están los empresarios ahora? ¿Dónde estuvieron el 25 de julio de 2019? ¿A qué velocidad caminan desde la complicidad con la dictadura hacia la decencia? ¿Por qué “no están ahí” todavía? ¿Por qué en lugar de buscar un pacto salvador con Ortega no buscan con inteligencia un sitio en la Nicaragua democrática que queremos para todos?

¡¡¿A qué temen tanto?!!

¡¿Cuándo, Juan Sebastián, veremos ‘ahí’ a los empresarios?!


[1] La parábola de la cizaña
  «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”. Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”. Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. “No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero”»

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