Por qué “Nicas por Biden”

Porque no somos fanáticos detrás de ningún caudillo, ni estamos embobados ante un dios falso, ni atrapados en un culto a la personalidad de ningún hombre fuerte, ni pasamos por alto los crímenes de este por ninguna excusa, sino que queremos democracia y libertad en todo el mundo, empezando por nuestra querida Nicaragua, y en los Estados Unidos, donde muchos de nuestros compatriotas han tenido que refugiarse y reconstruir sus vidas, y que ahora enfrenta la amenaza de un movimiento fascista, liderado por un personaje que es copia de Chávez, padece de demencias parecidas a Rosario Murillo, y acumula un registro de crímenes que aumenta a gran velocidad, a tal punto de que la única protección legal que podría tener el caudillo sería permanecer en el poder. Por eso, porque trumpismo y orteguismo son dos formas diferentes de la bajeza moral, corrupción política y abuso del poder que los nicaragüenses llamamos “sapismo”, alegra ver a tantos compatriotas levantar la bandera azul y blanca junto a la de su país de acogida, su país adoptivo, hogar de millones de inmigrantes, de hijos y nietos de inmigrantes de todos los rincones del mundo, para defender junto a ellos la bandera todavía más alta de la democracia, bandera de los derechos humanos.

Para la dictadura y sus colaboracionistas electoreros, los presos políticos son simples fichas de cambio.

Para Ortega y sus colaboracionistas electoreros, liberar presos políticos es “parte del juego”. Un juego cruel, juego de prestidigitadores que piensan que la mano que pacta con Ortega es más rápida que la vista del pueblo; que ellos, por ser los mandamases de la hacienda ensangrentada, pueden engañarnos fácilmente.

Parece que hay que recordarles que no somos tan tontos como imaginan desde la prepotencia de su poder y la comodidad de sus privilegios. Así que los retamos: si dicen querer elecciones libres bajo la tiranía, que la liberación de los presos ocurra YA, y que sea PARTE de un MÍNIMO de condiciones, no su totalidad.

¿Por qué? Porque de lo contrario liberar reos políticos será sencillamente parte de la coreografía del fraude: poco antes de las elecciones, Ortega los dejará ir, cuando ya esté seguro de que todo está en marcha y de que no necesita retenerlos; cuando el beneficio de soltarlos para legitimar la farsa electoral sea mayor.

Ahí estarán, listos a aplaudir al tirano, los colaboracionistas electoreros, que imitando torpemente un gesto solemne dirán en cualquier hotel de lujo que “es un paso necesario, pero falta más; de todos modos, el gobierno (“el señor Presidente” como algunos de ellos le llaman) ha dado muestras de que hay voluntad política; esto hace posible que sigamos avanzando hacia las elecciones“. El coro de “la comunidad internacional”, junto al solista Almagro, confirmará que “los nicaragüenses dan muestra de madurez política al escoger la vía civilizada de las elecciones; hemos pedido al gobierno de Nicaragua que facilite esta salida, y creo que vamos progresando en ese sentido.

Mientras tanto, la dictadura no dejará de intimidar y de matar. De vez en cuando, los colaboracionistas electoreros harán su pantomima de protesta en papel, alzarán débilmente el puño, sin arrugar sus camisas de blanco inmaculado, y pedirán a la gente paciencia; les dirán “mejor protesten con el voto“. De esta manera, todo quedará como el experimento controlado que las clases en el poder quieren. Al amparo de esta cortina de humo se repartirán una vez más la hacienda. Tras la gaza se verán las manchas de sangre de la gente que quiso tener fe, que creyó que era posible de esta manera, que los colaboracionistas electoreros eran honestos patriotas. Una vez más, una vez más, la muerte de unos y la viveza de otros.

Porque si en verdad quisieran elecciones libres, si en verdad fuera posible realizar elecciones libres ANTES de derrocar al clan genocida, la dictadura tendría que, NO SOLO LIBERAR A LOS PRESOS POLÍTICOS YA, sino permitir MOVILIZACIÓN SIN REPRESIÓN YA, PERIODISMO SIN INTIMIDACIÓN YA, DESARME DE PARAMILITARES YA, ALTO AL TERRORISMO FISCAL YA, ALTO A LA COMPLICIDAD DEL EJÉRCITO EN LA REPRESIÓN YA, ALTO A LOS SECUESTROS DE OPOSITORES YA.

Todo esto, para la dictadura, sería SUICIDIO YA, porque:

¿Alguien duda lo que le ocurriría al clan FSLN–a ellos y a sus cómplices en la falsa oposición–si decidieran cumplir estas demandas?

¿Cuánto durarían en el poder?

¿Por qué insisten tan desesperadamente los colaboracionistas electoreros en promover la estrategia de Ortega?

Algún día, cuando haya JUSTICIA y ESTADO DE DERECHO, lo sabremos. Y si hay justicia, habrá juicios, y habrá verdad, y habrá castigo.

Nicas por Biden [por la democracia, por los derechos humanos, por Nicaragua]

Quiero invitar a los nicaragüenses, especialmente a los que pueden votar en los Estados Unidos de América, a unirse a la iniciativa Nicas por Biden [https://www.facebook.com/nicas4biden, @nicas4biden].

Yo lo he hecho:

1) Por la democracia en Estados Unidos. Puedo, y pueden, recitar todos los males y pecados de la sociedad estadounidense, las fallas colectivas de millones de personas a través de generaciones, los crímenes e injusticias. Puedo, y pueden, hacer lo mismo ahí donde haya seres humanos viviendo en sociedad. Pero la experiencia enseña que el orden democrático al menos mantiene con vida la esperanza de un mundo mejor. Yo pienso que nos da más que eso: el orden democrático nos ha dado instrumentos y ha creado espacios desde los que ha sido posible construir un mundo menos brutal. Y por supuesto, nos quita la excusa de que es “otro”–el dictador– el que hace mal las cosas. La responsabilidad en democracia es nuestra, ya que tenemos la potestad de influir sobre el destino de la sociedad sin arriesgarlo todo, como bajo una dictadura. No podemos perder esa potestad, y por eso debemos cumplir nuestra responsabilidad. Hay que impedir que un movimiento anti-racional que nace del miedo y del odio destruya lo que por democracia tienen 330,000,000 de seres humanos. Hay que preservarlo para construir algo mejor. El lema de la campaña de Biden es adecuado: “Build Back Better“, “Reconstruir, pero mejor.”

2) Por la salud, por la vida de 330,000,000 de seres humanos de todos los orígenes nacionales y étnicos, de todos los mestizajes, de todas las ideologías, todas las sexualidades y todos los tintes de nuestra hermosa diversidad humana. El régimen actual de Estados Unidos se comporta de manera similar al de Ortega-Murillo en cuanto a la pandemia del coronavirus: saben–lo han sabido desde enero–cuán peligroso y contagioso es el virus, y continúan alentando a la población al contagio. No solo ridiculizan el uso de las máscaras, sino que obstaculizan las recomendaciones científicas de masificar las pruebas y establecer un sistema de rastreo para contener la epidemia. De hecho, el actual Presidente caricaturiza como cobardes y traidores a la patria a quienes llevan máscara en aglomeraciones, y aglomera, él mismo, a sus partidarios.¡¿Cómo puede un nicaragüense que condena estas prácticas criminales en Nicaragua apoyarlas en Estados Unidos?!

3) Por la democracia en el mundo. En un mundo que a veces deprime, la reflexión indica que esta consternación es, irónicamente, motivo de esperanza: ocurre porque sabemos que el mundo puede ser mejor, que podemos hacer más para que sea más amable, bondadoso, y sostenible. Pero no podemos perder el terreno ganado, no podemos ceder espacio al empuje de sistemas más absolutistas de poder que violen los derechos humanos con mayor impunidad estructural y sin derecho a la contestación, como los anclados en el poder internacional de China y Rusia. Que un demagogo neofascista se adueñe del poder y destruya las instituciones democráticas en Estados Unidos es viento tras las velas para esos regímenes autoritarios, y para los fascistas europeos que por años han intentado hacer lo suyo en el viejo continente.

4) Por la democracia en Nicaragua y en América Latina. Quedemos claros: los problemas de Nicaragua son responsabilidad de los nicaragüenses, los problemas de Venezuela son responsabilidad de los venezolanos. Cada quien es primer responsable de su hogar. Este es el orden necesario de las cosas. Porque si los problemas de Nicaragua, por ejemplo, no los resuelven los nicaragüenses, la solución para Nicaragua será un engaño; será incompleta, y será sesgada a favor de intereses foráneos o de minorías con conexiones internacionales. Lo mismo aplica a los venezolanos, y a los cubanos. Sin embargo, el mundo es una red global, y necesitamos los unos de los otros. Necesitamos y dependemos los unos de los otros. Y en esa relación, es evidente el peso de Estados Unidos. Por eso, necesitamos no solo un gobierno estadounidense claramente democrático, sin arreglos sospechosos con la tiranía de Putin que amadrina al dictador Maduro. También necesitamos ser capaces de llevar al gobierno estadounidense nuestros reclamos y preocupaciones, y para eso hay que establecer comunicación y lazos de apoyo mutuo con la probable administración Biden/Harris. Ya dan señales de escucharnos, y las señales contrastan con la indiferencia del actual Presidente. Irónicamente, esta indiferencia, por el momento, ha sido un modesto positivo para los demócratas nicaragüenses, porque la política contra Ortega ha quedado en manos de grupos del Departamento de Estado que adversan al régimen nicaragüense. Pero en una segunda administración, que dejaría al actual Presidente de Estados Unidos en libertad para desplegar sin pudor su alianza con Putin, no sería de extrañar una “reconciliación” con Maduro y Ortega. Para el actual Presidente, y a sus ojos, sería un precio muy bajo que pagar a su aliado ruso el entregarle dos “países de mierda” como él gusta de repetir (la expresión inglesa es más fuerte y despectiva, mucho más escatológica, literalmente: “países del hueco del culo”).

5) Por los inmigrantes, por nuestros inmigrantes, por los exilados, nuestros exilados, que huyen en busca de asilo político, para que sean tratados con la humanidad que la ley internacional reclama. Yo he sido personalmente testigo de la humillación y el terror al que personas y familias que huyen del orteguismo son sometidos por el actual gobierno de Estados Unidos. Sé de niños nicaragüenses encerrados en jaulas, separados de sus madres, tan pequeños que cuando una traductora voluntaria les pregunta “¿cómo se llama tu mamá?” su respuesta no puede ser más que “mama“. Sé de padres de familia obligados a esperar una audiencia de deportación por un año, caminando todo el tiempo con un grillete electrónico en el tobillo, como criminales. He visto llorar a una joven también apresada por un grillete electrónico en el tobillo: escapó de Nicaragua tras la caída de los tranques, pidió refugio en Estados Unidos; habían iniciado contra ella trámites de deportación. Y todos sabemos del caso de Valesca Alemán, y de tantos otros que han sido devueltos a lo que el candidato Biden llama con justicia “la garra tiránica de Ortega“. La administración actual no solo es hostil a los inmigrantes que llama “ilegales”, sino que maltrata a quienes buscan, al amparo de la ley internacional, asilo político y se presentan al puesto fronterizo. En la legislación internacional, no son “ilegales”. Y no son “violadores, mulas del narcotráfico” como repite el actual Presidente, quien el 10 de Septiembre volvió a gritar a sus partidarios que Biden/Harris “quieren anegar tu vecindario con refugiados“. Este es el mismo individuo que sonrió satisfecho cuando, al preguntar a sus seguidores “¿qué hacemos con todos estos inmigrantes?”, estos respondieron “shoot them!” (“¡dispárenles!“).

6) Por los derechos humanos. ¿Hace falta explicar más? (Hay más, mucho más, en la columna de deudas de la actual administración.)

Unámonos todos a defender la esperanza. Y el que pueda votar para evitar un colapso de la democracia, que lo haga.

Esto no es ya asunto de “ser” Demócrata, o “ser” Republicano. Esto es asunto de ser humano, de ser decente, de ser pensante y ser compasivo.

Y de no lamentarnos cuando ya sea demasiado tarde, como advierten estos versos inolvidables del sermón de Martin Niemöller que luego poetizara Bertold Brecht:

“Cuando, finalmente, vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.”

Confesión

Lo confesaba a una querida amiga (“confesión” parece la palabra justa en este caso) que siento como que he descubierto algo que extrañamente ya creía conocer: la maldad. Eso después de haber pasado mucho tiempo confundido, pensando “es que no saben”, cuando en realidad son, sencillamente, defensores del mal.

De lo contrario, no tendría uno que estarles narrando lo que sus ojos ven, como cualquiera que quiera ver ve: la crueldad de un lado y el sufrimiento incalculable del otro.

Quieren justificar tortura y asesinato. Así de simple. Si no fuera porque la indignación no deja y porque las lucecitas de la esperanza absurdamente no se apagan, valdría para hundirse en una depresión paralizante.

No se hagan ilusiones los defensores del mal: algo haremos con esas lucecitas que alumbran el camino de la indignación.

El fantasma del orteguismo sin (o con) Ortega, la crisis de la Coalición, y el grito de “auxilio” de sus políticos

12 de agosto de 2020

El político Félix Maradiaga ha publicado en sus redes una breve nota, una especie de circular, sobre la reunión que—nos dice—sostuvo junto a otros políticos con el Subsecretario de Estado de EEUU para América Latina, el Sr. Michael Kozak.

Antes de entrar en detalle, aclaro que no me refiero a Félix como “político”, a secas, con ánimo de insultar. Ya sabemos que en la patria esa palabra últimamente no suena muy bien.  Tampoco— y tengo que aclararlo para no ser yo parte de la tradición de descalificación injusta de nuestro país—quiero que se interprete lo que pregunto y digo en esta nota como un intento de destrucción moral del ciudadano privado, un ser humano de nombre Félix Maradiaga, ni de los demás aludidos. Pero la justicia, y estos días hasta las necesidades de supervivencia de la sociedad, requiere que se hable claro acerca de la conducta pública de los actores políticos. En este caso, es imposible evadir la obligación de referirse a la conducta y postura de Maradiaga, y de otros a quienes no puedo referirme por nombre, porque no fueron mencionados por nombre en la arriba mencionada circular. 

Empecemos, pues, por esto: no estoy claro en nombre de quién nos informa, ni a quién representa en transcendentales reuniones durante las cuales aparentemente se discute el futuro de mi país.  Hago extensiva mi perplejidad al resto de los participantes en estas conversaciones, que afectan la vida de millones de personas cuya aquiescencia parecen asumir, sí o sí. Debo confesar que, en medio de tanto movimiento de silla, cambios, coaliciones, rompimientos, vuelta a coalescencias, nuevos rompimientos, vueltas a empezar, me he perdido.

En todo caso, compatriotas, parece que tenemos representantes en negociaciones. Y esta es la primera noticia que habría que comentar, pero debo—con resignación—pasar a otra. Ya sabemos que en Nicaragua el asunto de la “representación” es algo caprichoso, y no tengo, como un ciudadano X, incidencia alguna en el asunto. Más bien me queda la impresión de que Félix Maradiaga cree actuar con impecable etiqueta democrática y generosidad al contarnos lo que han hecho en nombre nuestro, las decisiones que han tomado para redirigir la vida de más de 6 millones de personas, contando a los que están en el territorio nacional y a los que han sido forzados al exilio y al destierro. 

Maratón y calvario

Pasemos, pues, a algo que—si se pudiera medir el escándalo en cansancio—sería algo así como un maratón de Boston de la tragedia nicaragüense. Lo resumo aquí de la manera más concisa que puedo: todavía humea la imagen de la Sangre de Cristo, acaban de vapulear al padre Edwin Román, acosan a la joven lideresa independiente Zayda Hernández una vez más, los presos políticos siguen presos, y los secuestradores siguen secuestrando; más y más voces se unen al clamor popular de que los políticos, si dicen representarnos, y si quieren mañana ser líderes en la democracia, deben luchar por ella, comprometerse en una campaña de Noviolencia para erradicar la tiranía y evitar la guerra.  Que las verdaderas alternativas son sumisión, lucha Noviolenta, o guerra, y que mientras esté Ortega en el poder no podrá haber reformas, se ha escuchado decir recientemente a figuras que difícilmente pueden ser tachadas de “radicales”, como Humberto Belli y monseñor Abelardo Mata.

Todavía humea la imagen de la Sangre de Cristo… un atentado que simboliza, como todos entendemos, la imposibilidad, política y moral, de pactar y convivir con Ortega y sus sicarios…

¿Y qué nos dice la circular, una vez más? ¿Qué propuesta trae?: “Seguimos apostando por una salida electoral”.  Es decir: ignoraremos el clamor popular, nos haremos de la vista gorda ante la saña del régimen, iremos hacia la meta de Ortega (“elecciones en el 2021”), legitimaremos por tanto a un clan genocida, al que daremos un barniz de legalidad, y garantizaremos que sus crímenes queden impunes, porque a nadie con dos dedos de frente puede ocurrírsele que Ortega acepte “elecciones libres” si sabe que al final va a perder y tendrá que someterse a la justicia.  

No hay cantinfleo que pueda oscurecer esto, que por ser tan claro se refleja en el rechazo—cada vez más cercano a desprecio—de la inmensa mayoría de la población nicaragüense hacia las propuestas de la Coalición.  Y digo cantinfleo con cierto remordimiento, porque quizás irrespete el genio creativo de Cantinflas; el enrevesado de la circular no luce nada fresco, es más bien una rutina que perdió desde hace mucho todo el brillo y el filo que pudo haber tenido: “no podemos ir a elecciones en estas circunstancias… sólo si se dan las reformas y condiciones necesarias.”

¿Será posible que nuestros ‘representantes’ sean los únicos que no entiendan que “las circunstancias” no son temporales, o tienen la misma “temporalidad” que el régimen; que “las circunstancias” persistirán mientras persista la dictadura del FSLN? ¿Será posible?

La crisis del proyecto electorero de la Coalición

Aunque parecen no respetar nuestra inteligencia, demostremos respeto hacia la suya. ¿Cómo? pasando por alto la obviamente falsa explicación que nos dan, e investigando sus verdaderas motivaciones.

Para esto no hay que escarbar mucho. El proyecto de “elecciones con Ortega” atraviesa una crisis evidente, por varias poderosas razones.   Una es la renuencia del pueblo nicaragüense a creer la fantasía electorera.  Otra es la negativa de la dictadura a permitir el más mínimo espacio de expresión ciudadana—el clan FSLN está tan claro como nosotros de que no hay empate posible en esta lucha; de que los intereses del pueblo y los de su pandilla son absolutamente irreconciliables, y que una “elección con Ortega y bajo Ortega” no soluciona nada. Finalmente, los políticos de la Coalición empiezan a pagar un precio por su torpeza “unitarista”. Al dejar entrar, en caballo de Troya, a los partidos zancudos, han hecho posible que el PLC y otros grupos comiencen a dictar reglas y condiciones, sometiendo de facto a la Coalición a los dictados del régimen (no olvidemos: ¡el PLC es parte del gobierno!), y hundiéndola aún mas ante los ojos de la población.

Una vez más, una vez más, ¿cuándo aprenderemos?

¿Y cómo responden a la crisis los políticos de la Coalición? ¿Se dirigen al pueblo, se acercan al pueblo, se preguntan, con el pueblo cómo organizar la lucha Noviolenta para erradicar la dictadura? No faltaría más. Ingenuo sería el sueño. No es así como estamos acostumbrados a actuar en la cultura política nicaragüense, en la vieja cultura, la que domina los círculos palaciegos, la que actúa—dice—en nombre de Abril, pero nada tiene que ver con el espíritu igualitario y democrático y transparente de aquella fecha.

¿Cómo, entonces? Van y ponen la queja al poder extranjero por el cual se sienten (o son, no puedo afirmarlo ni negarlo) apadrinados. Lo que sigue es lo esperable: el poder extranjero—que es, en realidad, un burócrata o un político de otro Estado—se “pone de acuerdo con los nicaragüenses” que son, en realidad, un grupo que opera de espaldas a la población, y cercano a grupos minoritarios de poder local, y buscan cómo, una vez más, imponer una “solución”, que para ellos luce bien sobre el papel, que menea las aguas lo menos posible, y que por tanto es del agrado de quienes en mi pobre país tienen como más alta prioridad hacer que las aguas regresen a la quietud. Aunque estén sucias. Aunque estén llenas de sangre. Aunque de aquí a un tiempo el proyecto de orteguismo sin Ortega—que podría también terminar siendo con Ortega—desemboque una vez más en violencia armada. Aunque en el entretanto se pierdan vidas, se marchiten los presos en las cárceles, se seque más el potencial de riquezas materiales y espirituales de la patria. Hermanos, nunca ha sido más relevante esto: #NiPerdónNiOlvido.

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