El virus de la Corona (II): ¿ha muerto Nicaragua?

18 de marzo de 2020

En EEUU están como locos tratando de reparar el daño hecho por Trump, que hasta la semana pasada decía que lo del Coronavirus era un “cuento chino”, y una “conspiración” de los Demócratas.

Si esto les suena parecido a la demencia chayorteguista es porque alguna similitud existe, sin la conducta asesina, por supuesto, porque Trump no tiene tal poder; la democracia sobrevive hasta hoy al asalto del populismo trumpista; la arquitectura del sistema, con todas sus imperfecciones, incluye numerosos diques al absolutismo dictatorial.

En Estados Unidos la dispersión del poder ha hecho posible que alcaldes y gobernadores–quienes tienen poder real porque reciben ingresos fiscales independientemente del gobierno central, y porque ambos tienen fuerzas de Defensa propias–se conviertan en los líderes del país en la emergencia.

Además, la libertad de expresión irrestricta, y la tradición de crítica constante y sin límites, han hecho posible que se levante una ola de opinión pública y que el pánico social obligue a un empecinado, a un megalómano iluso como Trump (figura tristemente excepcional en la política estadounidense), a tragarse la humillación y cambiar de postura, aunque sea atrasadamente.

Es más, como el inepto manejo de la crisis pone a riesgo el control Republicano del Senado y la Casa Blanca en Noviembre (la democracia sobrevive), se ha hecho posible una situación inusual en los últimos 40 años de historia del país, y quizás no vista desde el inicio de la segunda guerra mundial, hace casi un siglo: la movilización masiva de recursos para enfrentar la enorme crisis sanitaria y económica que apenas inicia. Este no era el contexto político en épocas y crisis anteriores, cuando los Republicanos, bajo la excusa farisaica de la ‘disciplina fiscal’ luchaban para reducir los montos de presupuestos especiales de ‘estímulo’ económico. Esta vez, al menos por ahora, parece que más bien compiten con los Demócratas para lucir ‘generosos’. Pueden serlo, claro. El país es muy rico, tiene capacidad de endeudamiento, sabe hacerlo efectivamente (basta ver la experiencia de la Segunda Guerra Mundial), e imprime su propia moneda, que más bien es refugio internacional en tiempos de crisis.

El contraste con Nicaragua no podría ser más brutal, y más trágico. El mejor gobierno nacional, con las mejores mentes y las mejores intenciones, tendría que hacer frente a la pandemia desde la miseria económica, la fragilidad financiera y la escasez sanitaria. Por muy idóneo que fuera el gobierno, habría un alto riesgo de desborde de la peste entre la población, que crearía sin duda una mortandad de dimensiones medievales. Lo que ha ocurrido en Italia, a pesar de su avanzado sistema de salud pública y relativa riqueza, es dolorosamente aleccionador acerca de la estrechez del margen de error en la política pública cuando se enfrenta un fenómeno como el del Coronavirus.

Pero el de Nicaragua no solo no es un gobierno idóneo, es apenas gobierno. Uno se desgañita, ante extranjeros que desconocen la inversión óptica y la ilusión alucinante que es el reino de terror del FSLN en Nicaragua, explicando que en nuestro país lo racional es irracional, lo falso es cierto, lo imposible recorre las calles en carrozas pagadas por el Estado, la maldad habla de amor y la imprudencia temeraria habla de cuidar al pueblo. No entienden, los extranjeros, porque dudo que haya en este planeta un rincón donde se haya establecido con tal fuerza la realidad alternativa, donde las imágenes dementes que pueblan las cabezas de los líderes del culto sean la verdad, y toda verdad sea un ardid del enemigo.

El misterio más grande quizás sea la capacidad que tienen estos enajenados para envolver a tantos en su bruma. Han creado un mundo tan retorcido que hasta sus enemigos aceptan las reglas del manicomio. De esto he escrito con frecuencia, de cómo la supuesta oposición acepta vivir en el redil insano del ortegamurillato, de cómo aceptan como inevitable, como inamovible, como incambiable, la dinámica de poder que la dictadura ha implantado. Aceptan incluso, con resignación enfermiza, que el manicomio siga en pie por tiempo indefinido, pintando tal vez las paredes, cambiando los guardias de la entrada por gente de mejores modales. Aceptan que los dementes rijan, que concurran, como gente sana y que no representa un peligro inminente a la seguridad colectiva, a una elección que presuntamente limpiaría la casa, es decir, el manicomio.

Es un misterio, porque estamos hablando de supervivencia social, y el más básico instinto debería hacernos reaccionar. Hay que poner el embrujo chayorteguista en esta perspectiva: si quedara un ápice de cordura, una onza de miedo racional, de rechazo al nihilismo autodestructivo, los poderosos del país, desde el ejército hasta los más acaudalados propietarios (ricos, insisto, desproporcionadamente, y por tanto desproporcionadamente poderosos) buscarían como arrancar el poder político a la pareja de El Carmen. No digo que lo harían por amor a la democracia y la libertad, sino por instinto de supervivencia. Que no lo hayan hecho, que no lo hagan, especialmente después de la respuesta carnavalesca del régimen ante una pandemia mundial, produce escalofríos. Temo que la insanidad se ha adueñado del país entero, que el espejismo dantesco que habita El Carmen se ha vuelto más real para los nicaragüenses que la realidad misma.

Porque tampoco hay una reacción ‘privada’ ante la crisis. Todo queda al capricho de los tiranos. El cuerpo inerte de la sociedad civil no reacciona para contener la pandemia. Las inmensas fortunas acumuladas por una media docena de milmillonarios, por ejemplo, son tan desproporcionadamente grandes, que bien podrían soportar, con triunfo del beneficio sobre el costo, una campaña masiva al margen del Estado. Un programa a gran escala de educación en higiene y ‘distancia social’; de presionar para que se desbanden las aglomeraciones, que son como tanques de gasolina esperando la chispa del virus; de obtención y distribución de máscaras; de obtención y administración de tests para monitorear la incidencia del virus (algunos de estos milmillonarios son, irónicamente, empresarios del sector de la Salud); racionalización de sus operaciones: dar vacaciones adelantadas de Semana Santa; no participar en la campaña, criminal e irresponsable, de promover el turismo internacional y doméstico.

En fin, muchas otras opciones habrían, una vez que la sociedad despertase, que la creatividad humana se activara. Pero hace falta liderazgo. Hace falta el sensato que dé el paso adelante, que diga lo que haya que decir, que se atreva a despertar al embriagado, avisarle que se quema la casa, que se atreva a contrariar a una sociedad presa del terror de un régimen y del embrujo de la mentira que lo alimenta, y a la que acuden no solo sus prosélitos, sino la mayoría de quienes aspiran a tener poder político en el país.

“No quiero tener miedo”, me decía ayer una persona muy querida y generalmente muy sensata. Pero el miedo es la respuesta racional que obliga a manejar los riesgos, y a proteger la vida. Solo los cuerpos muertos están exentos de tal reacción. ¿Está muerto mi país?



Capitalismo, socialismo, y el sandio borracho

Palabras como “capitalismo” y “socialismo” expresaron en algún momento conceptos útiles que pensadores serios emplearon para proponer hipótesis sobre el funcionamiento de la sociedad.

Pero hoy en día, en manos de la ignorancia y saturadas de emociones primarias, significan lo que le dé la gana al más borracho; le sirven para insultar, para dejar de pensar, y para escoger sin reflexión, guiado únicamente por un rencor, con frecuencia, más que irracional, antirracional.

“¿Y quién diablos es Umberto Eco?”

Ejemplos sobran, por desdicha. Uno reciente es el del candidato presidencial estadounidense Bernie Sanders. Es muy curioso–pero indicativo– que a los europeos y canadienses democráticos, sean de derecha, de centro o de izquierda, les sorprenda que las propuestas de política doméstica del viejo socialdemócrata conciten tanta controversia en el país norteamericano; peor aún, que sean a veces presentadas como una conspiración que convertiría a EEUU en Venezuela y disparates similares.

Doy este ejemplo y puedo dar uno más grotesco: la defensa ‘ideológica’ de la atroz dictadura del FSLN en Nicaragua, o del régimen de Maduro en Venezuela, bajo la excusa de que quienes se oponen a estas dictaduras son “de derecha”, o “neoliberales”, gente que–por supuesto–“odia a los pueblos” y ha venido a este mundo a destrozarlos.

Ambos lados de esta moneda de la sandez se dan, como corresponde a una moneda, la espalda. Pero no son muy diferentes en estructura mental, y en el fondo, aunque digan tener valores opuestos, son como el mismo motor con distintas carrocerías. Funcionan igual, aunque luzcan distintos. Y los dos atropellan.

En condiciones democráticas, la única esperanza es que la gente pensante no baje la guardia y promueva sin cesar la crítica y la difusión del racionalismo, eterna causa noble condenada a victorias temporales, frágiles siempre, y siempre bajo asedio.

Porque los sandios y sandias (con “corrección política”, pero sin acento, estimados paisanos), no solo son ciegos, sino que usan anteojos oscuros: para ellos no importa cuánta gente mate o exile Ortega, Maduro, y hasta el régimen cubano; y del otro lado, no importa que a quien Trump verdaderamente se parezca, en estilo y visión del poder, en su irrespeto a la institucionalidad democrática y a los derechos del individuo, sea el tirano Chávez.

La profanación de la misa de Cardenal y el cruel engaño que organizan los políticos

4 de marzo de 2020

Tras el insólito despliegue de barbarie totalitaria durante y después de la misa de cuerpo presente del poeta Ernesto Cardenal, lancé en mis redes sociales la siguiente pregunta: “¿Nos van a decir, Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro, que se puede ir a elección con esta gente, que esa es la única opción “realista”?“. La dirigí a ellos dos, como representantes de la Coalición Nacional, pero evidentemente no solo corresponde a Maradiaga y Chamorro responder, sino a toda la dirigencia de su partido.

Por tratarse de una preocupación ciudadana legítima, y por la naturaleza extrema de los hechos que hemos observado, no deberían ignorar la pregunta para dejar que se “enfríe” nuestra indignación y después seguir haciendo lo que les da la gana. Tengan, se los pido, la amabilidad de dar respuesta clara y directa.

Tienen obligación de responder.

¿Hay que explicarles la gravedad de las transgresiones ocurridas? La conducta de la dictadura no es solo permanentemente ilegal, inconstitucional y violatoria de los derechos humanos. La dictadura ejerce una represión que rebasa la racionalidad de respuesta política a una amenaza; su ámbito es el terror; su propósito es aplastarlo todo y al capricho; si parece demencial es porque Ortega y Murillo se han colocado al margen y en contra de todas nuestras normas culturales; ya no respetan nada. ¿A quién podría ocurrirse que en la Nicaragua que admira a sus grandes poetas, y que es mayoritariamente religiosa y católica, un régimen tuviera la osadía de enviar turbas de facinerosos a organizar la invasión de la principal iglesia del país, y que ante la jerarquía del clero y el cuerpo presente de su poeta más famoso, desataran gritería y violencia, interrumpieran el sermón, insultaran a la familia y los amigos del finado, y luego esperaran en las afueras del templo para golpear con saña a periodistas que cubrían el evento? ¿En qué país, fuera del mundo de las crueldades fascistas, podría darse este tipo de agresión contra los momentos más sagrados, íntimos, y dolorosos, de la gente?

¿Y en qué cabeza cabe que hay que aceptar como legítimos en una elección nacional a una pandilla que rechaza todas las normas de la legitimidad? ¿En qué cabeza, señores Felix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro, y demás representantes de la Alianza Cívica, de la UNAB, y de las otras organizaciones que propugnan la “vía electoral”, cabe que quienes no respetan ni el sepelio de un prócer cultural, ni la presencia de diplomáticos y de la alta jerarquía de la iglesia; que quienes atropellan las más caras y antiguas tradiciones y creencias del pueblo, como el respeto a los muertos, van a respetar un acuerdo de elecciones, si es que se dignan aceptarlo en principio?

Varios comentaristas han señalado esta obviedad: no puede dudarse que la violencia ejercida dentro de Catedral y en sus afueras, ante las cámaras de televisión nacionales y extranjeras, es el modelo de intimidación que la dictadura aplicará en cualquier proceso electoral que ocurra en el futuro. Lo hará cuando quiera y cuando lo considere útil a sus propósitos. Quien espere del FSLN escrúpulos, mesura y palabra está ciego, o quiere estarlo.

Y no nos vengan con más declaraciones vacías sobre “reforma electoral”, o “presión internacional”, o “resistencia”, porque están “en pie de lucha” contra el régimen. Nada de esto es cierto, nada de esto ocurre, nada de esto tiene sentido. Seríamos ahora nosotros, los ciudadanos, los que tendríamos que estar ciegos o querer estarlo, para creer tales afirmaciones. Es más que evidente que la intención de quienes dicen estar construyendo la Coalición Nacional es ir a elecciones con la dictadura, y que están dispuestos a hacerlo bajo las condiciones que la dictadura permita, y que gastan su tiempo, sus energías, y considerables recursos financieros en la competencia entre grupos e individuos para posicionarse favorablemente. Han logrado detener, porque no tienen interés y parece más bien ser un obstáculo para sus intereses, todo proceso serio de sanciones internacionales. Ya lo ha dicho al diario La Prensa el estelar Coordinador de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, el Sr. Carlos Tünnerman Bernheim: “Nosotros no gestionamos sanciones“. Ya lo ha dicho otro personaje avieso de esta desdichada historia, el Nuncio Waldemar Sommertag: “No tengo ninguna idea sobre una eventual negociación. En este momento no creo porque estamos ya casi en un año electoral, reformas electorales, campañas electorales, el voto que es lo más importante”. Lo ha dicho José Pallais, lo ha dicho Mario Arana, lo dicen abiertamente, y luego–cuando creen conveniente–lo niegan con descaro: buscan desesperadamente cómo “entrar” en alguna casilla electoral, y esperan de esa manera “entrar” al gobierno.

Mientras esto hacen, lanzan cortinas de humo, proclamas inocuas, protestas pusilánimes, regaños apocados al régimen. Dos años casi llevan en eso, mientras el sufrimiento del país se acumula, mientras se acumula también la amenaza de una escalada violenta, ante el fracaso de quienes dicen estar por la lucha cívica. Y cuando ocurren episodios como el del entierro de Cardenal, que muestran a toda la nación el absurdo de la propuesta de elecciones con Ortega, su táctica es esconder la cabeza en la arena, hacerse los suecos, esperar a que pase la tormenta, para volver en unos cuantos días a lo suyo, a las batallas palaciegas para ver en qué casilla fulano o sutano puede “meterse” a la elección o amenazar a otros del grupo con “irse por su cuenta” si no le conceden tal o cual puesto. Vuelven también al falso discurso de lucha, al cruel engaño de que sus patrocinadores del gran capital no necesitan arriesgar nada, ni las sanciones internacionales deben aplicarse, ni hace falta lucha no violenta y resistencia civil, fiscal, y política, para democratizar el país.

Es un cruel engaño.

Por eso los ciudadanos no solo tenemos el derecho, sino el deber, de exigir que respondan: ¿Nos van a decir que se puede ir a una elección nacional para democratizar el país con la gente que profanó de la forma más brutal imaginable las exequias de Ernesto Cardenal?

Lo que ellos quieren

27 de febrero de 2020

Pensamiento herético, por supuesto; porque ya nos dicen que hay una sola Iglesia en la provincia, y quien no paga el diezmo está con el demonio.

Y sin embargo“, como habría dicho Galileo Galilei:

La consigna “elecciones con Ortega” sirve para darle un nombre activo a la inacción.

Quieren parar el tiempo para retrocederlo al 17 de abril de 2018…aunque su verdadera meta es regresar a 1990. [Esta es fecha de compromiso; algunos estarían felices de regresar a los 80; otros soñarían con tiempos aún más viejos.]

Bajo la rueda del tiempo circular de las élites hay más de 500 cadáveres.

La campaña sucia de las gavillas del poder

Agradezco a los lectores de Ciudadano X y revista Abril por haber denunciado en suficiente número la página falsa que fuerzas antidemocráticas crearon en Facebook para desacreditar nuestro mensaje con la calumnia implícita en un video falsificado.

Les dejo aquí la grabación real, de donde los falsos opositores extrajeron frases y las combinaron en un montaje que tenía por objetivo hacer creer al espectador de que estaba ante un llamado a reconciliarse con la dictadura orteguista.

Por más que traten, la verdad al final triunfará. Mientras más tratan, más queda en evidencia que le temen.

El hocico del monstruo y la “campañita” de los falsos demócratas

24 de febrero de 2020

Ahora la “campañita” de las gavillas del poder ha inventado una página falsa, para hacer quedar a “Ciudadano X” (ciudadanoequis.org) como partidario de la “paz” que predica la dictadura. ¡Ellos, precisamente ellos, constructores y beneficiarios (de un lado y otro del sistema) de la “paz de los negocios” que produjo el “modelo de consenso” de Ortega, Pellas, Ortiz, Cruz, Aguerri, Arana, etcétera…! Ellos, que se niegan a perder sus privilegios, y preparan, por encima de los cadáveres de Abril, un nuevo pacto.

Página falsa, video falsificado (Ciudadano X no tiene página de Facebook):


Y porque son enemigos de la democracia son enemigos de la libertad de pensamiento y de crítica. Fíjense bien cómo sufren y sudan cuando una persona que no es de su gavilla se atreve a expresarse como ciudadano libre. Aunque sea un ciudadano sin poder y sin riquezas, pero sin necesidad de puesto, ni codicia de prebenda; un ciudadano X, como la inmensa mayoría de las personas que en un país se levantan cada mañana a vivir y trabajar decentemente. Para las varias facciones de la élite, que una vez más disputan el reparto de la hacienda-botín, es imperdonable que este ciudadano ose romper la puerta del redil, que se atreva a pensar libremente, a desafiar su dominio infame.

Pongan atención a este ejemplo, mis compatriotas: demuestra que el problema es mucho mayor y más profundo que una pareja psicótica y perversa a la cabeza del Estado. El problema es que hay un sistema que PRODUCE dictaduras, porque se basa en una concentración grotesca del poder económico y una cultura política semifeudal, que emplea quizás–y apenas en ocasiones–consignas o formalidades modernas, pero que no es muy diferente, en la práctica y en el espíritu de exclusión que los posee, de las noblezas europeas medievales.

Qué realidad terrible, ¿no es cierto? Cuesta mucho aceptar que así sea. Pero no queda más remedio que abrir los ojos y ver el monstruo completo, y no solo su hocico. Es el primer paso, doloroso pero imprescindible, en la larga lucha por la libertad y el respeto a los derechos humanos en Nicaragua.

Pensamiento herético acerca de los Intocables (y sobre la farsa electoral que planean)

20 de febrero de 2019

En Nicaragua, la “oposición” oficial ha quedado en manos de políticos del gran capital (andidemocráticos, antidemocrático), y gente que fue prominente en el FSLN o sus “entrenados”, amigos y familiares.

O sea, usurparon la cabeza (negociadora) del movimiento precisamente los constructores de dictaduras. Por eso no debería sorprendernos ni su prepotencia, ni su preferencia por las negociaciones secretas, ni su autoritarismo, ni que su propaganda sea bien financiada y sin escrúpulos.

Los constructores de dictaduras no están interesados en construir la democracia.

En lo que a mí concierne, si los falsos opositores quieren legitimar el orteguismo sin (o con) Ortega en una farsa electoral, que hagan ellos solos el circo.

Si quieren salvar al movimiento que ellos mismos fundaron, y que han oxigenado desde Mayo de 2018, que no usen al pueblo para eso.

Que se queden solos como lo que son: zancudos.

La Coalición Nacional y la política del avestruz

16 de febrero de 2020

Siento tener que decirlo, pero para honrar la verdad hay que decir lo que haya que decir: si para la dictadura “todo está normal”, también pareciera estarlo para los políticos de la “Coalición”.

Vean (abajo) el mensaje, y las imágenes que lo acompañan, que copio de la página de Facebook de la Alianza Cívica con fecha 14 de febrero de 2020.

El lenguaje mismo de la propaganda denota una frialdad y una distancia del terror que viven otros que–a mí, al menos—me deja absolutamente pasmado. Pareciera el reporte mensual de una corporación de negocios [“sesión de trabajo de coordinación, seguimiento y evaluación de nuestra Alianza con la UNAB“].

A continuación, informan… ¡sobre sus reuniones de la semana!…

Permítanme hacer dos comentarios al respecto. Primeramente, el tratamiento de rutina corporativa que la propaganda de estos políticos da a sus actividades es el tono perfecto para la publicidad del régimen, que bien podría usarlo y añadir, por si quisieran dar aún más fuerza a las imágenes: “miren, todo está normal, nuestros opositores se reúnen libremente, cómodamente; lo hacen con quienes quieren; lo anuncian, lo publican… todo está normal en nuestra Nicaragua democrática, socialista, cristiana y revolucionaria”.

En segundo lugar, y de manera igualmente corporativa, los políticos de la Alianza creen haber satisfecho, con anuncios como este, el requisito público de transparencia.  Informar mal, y decir nada, para cerrarle la boca a los ciudadanos “entrometidos” que exigen claridad sobre las negociaciones en las que, según múltiples fuentes, se comercia–ofreciendo impunidad al genocida y a su claque–el acceso de cúpulas de escasa representatividad a un proceso electoral que desde ya es ilegítimo, inmoral de origen, que preservaría el poder real de Ortega y condenaría a la nación a un régimen de sicariato por tiempo indefinido, posiblemente incluso con sucesión dinástica, porque, no olviden: ya existe el chigüín Ortega.

“La próxima semana”, concluye la propaganda de la Alianza Cívica, “estaremos conversando con el sector de víctimas…”  Más lenguaje corporativo, más mercadeo, más… “segmentación de mercados”.

Más torpeza. Más insensibilidad. 

Y más lenguaje orwelliano.

Sí, porque lo que buscan los representantes de la Alianza en estos momentos, en esas reuniones (también, nos dicen múltiples fuentes) es empujar a las víctimas de la dictadura a que acepten “posponer” el reclamo de justicia.  Así los opositores de la “Coalición Nacional” se librarían de un obstáculo importante en su desesperada marcha hacia elecciones con Ortega o su designado. 

Tales elecciones se han convertido para ellos, en la Alianza y en la UNAB, en una especie de ruta sagrada, camino de vuelta al paraíso de 1990.  ¿Paraíso? Que a nadie sorprenda esta expresión: a partir de la derrota del FSLN, una camada de políticos disfrutó de las prebendas que el Estado-botín puso a su alcance, mientras el FSLN gobernaba desde abajo y Ortega preparaba su camino de regreso al poder absoluto.  

Quizás por eso, mientras la dictadura encarcela, hostiga y amenaza; mientras sigue asesinando campesinos; mientras en la televisión internacional la defensa de la estrategia de la Coalición se desploma ignominiosamente, arrastrando como una corriente de lodo a su presentador de turno, el Sr. Noel Vidaurre; mientras salen más luchadores al exilio; mientras importantes periodistas, como Luis Galeano, ponen el dedo en la llaga sobre la incoherencia de la estrategia opositora; mientras las redes sociales explotan en críticas contra las cúpulas aliadas en la Coalición…mientras todo esto pasa, incapaces de dar respuesta, tercamente opuestos a cambiar de rumbo, los políticos de la Alianza y de la UNAB se reúnen para “dar seguimiento y evaluación”.  Es la política del avestruz, la política del “avanzamos con normalidad”.

Triste decirlo, pero hay que decir lo que haya que decir.

Consejo a quienes quieran tener futuro en la política [Nicaragua, febrero 15 de 2020]

Ustedes saben a quiénes hablo, de quiénes hablo.

No lo hagan. Por Nicaragua y por ustedes mismos.

No se quemen en Coalición para Elecciones con Ortega. Van a quedar como zancudos.

Si quieren futuro, presenten opciones que den esperanza al pueblo de Nicaragua. Opciones que rompan con la historia de pactos y traiciones del país.

No se vayan por el camino que por hoy les parece más fácil o más corto.

Nicaragua puede pagar un precio muy alto, y ustedes también.

No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, especialmente hoy en día.

La labia simpática no alcanza para tapar la realidad de sus actos.

Los ojos de la ciudadanía, nuestros ojos, los están observando.

Y grabamos sus actos en nuestras memorias.

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