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Derechos para todos, privilegios para nadie

Y ahora, si me permiten, les doy una opinión que seguramente será algo incómoda, porque va en contra de nuestra tradición cultural: si yo hago algo por mi comunidad, por mi sociedad, por mi país, mi país no me debe nada, mi sociedad no me debe nada, mi comunidad no me debe nada.

Eso de que “le cuesta la causa”, o ha tenido un comportamiento heroico, y por eso “merece” privilegios–incluyendo el privilegio de no ser criticado–es un veneno terrible.

Nadie “merece” nada por hacer su contribución, por jugar el papel que escoge jugar. Nadie “merece” más que los demás, o sea, nada que no sea justicia ante la ley, aunque haya sido preso, torturado, exilado o sufrido represión.

Monumentos para los muertos, y luego de pensarlo bien. Mientras tanto, cada quién a lo suyo, a ser ciudadano de bien, responsable por sus actos, comprometido éticamente con lo que la conciencia dicte, y a sabiendas de que lo que cada uno da no crea una deuda para con uno.

Hacia la solidaridad internacional de los pueblos

Ciudadano X

26 de octubre de 2019

A mis amigos en Latinoamérica y España que con toda razón apoyan al pueblo chileno, al pueblo ecuatoriano, al pueblo hondureño, y a un largo y necesario etcétera: les presento escenas e información urgentes de Nicaragua, donde la dictadura moviliza recursos desproporcionados (la medida de su miedo) para impedir que los ciudadanos se expresen, que exijan respeto a sus derechos.

Contéstenme con honradez: ¿no tienen los nicaragüenses los mismos derechos, por ejemplo, que los chilenos? ¿no deberíamos todos los pueblos apoyarnos contra el poder de las élites?

Les dejo algunos datos aquí, que quizás ayuden a poner las cosas en perspectiva. La estructura de poder económico de Chile, apoyada por supuesto–reflejo y diseño — en el poder político, ha llevado a una concentración de la riqueza que hiere moral y materialmente al pueblo. Sin duda. Y han habido actos de represión condenables, que también se…

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Hacia la solidaridad internacional de los pueblos

26 de octubre de 2019

A mis amigos en Latinoamérica y España que con toda razón apoyan al pueblo chileno, al pueblo ecuatoriano, al pueblo hondureño, y a un largo y necesario etcétera: les presento escenas e información urgentes de Nicaragua, donde la dictadura moviliza recursos desproporcionados (la medida de su miedo) para impedir que los ciudadanos se expresen, que exijan respeto a sus derechos.

Contéstenme con honradez: ¿no tienen los nicaragüenses los mismos derechos, por ejemplo, que los chilenos? ¿no deberíamos todos los pueblos apoyarnos contra el poder de las élites?

Les dejo algunos datos aquí, que quizás ayuden a poner las cosas en perspectiva. La estructura de poder económico de Chile, apoyada por supuesto–reflejo y diseño — en el poder político, ha llevado a una concentración de la riqueza que hiere moral y materialmente al pueblo. Sin duda. Y han habido actos de represión condenables, que también se han documentado, al lado de actos de vandalismo también injustificables.

Ahora, vean estas cifras de Nicaragua: más de 500 muertos en menos de seis meses, a manos del ejército y fuerzas paramilitares (en Chile serían más de 1500 asesinados, respetando las proporciones); más de 80,000 exilados en un año (en Chile serían más de 240,000); más de 1000 desaparecidos (en Chile serían más de 3,000); más de 900 presos políticos (en Chile serían casi 3000).

Y les dejo algo más: el mundo contempla con admiración el espectáculo de un pueblo, el chileno, que a pesar de unos incidentes violentos causados al inicio de la explosión social por minorías no representativas, sale pacíficamente en cifras que se estiman arriba del millón de personas a seguir exigiendo un cambio de sistema.

¡Un millón de personas en Santiago de Chile!

En Managua eran alrededor de 700,000, en una ciudad con menos de un tercio de la población. Es decir, respetando las proporciones, ¡en Managua salieron a las calles el equivalente de 2,100,000 de personas! Si esto no expresa la voluntad popular en Nicaragua, tienen que decirme que tampoco lo hace en Chile. ¿Lo harán?

¿Y cuál fue la respuesta del régimen de Ortega? Francotiradores y asesinatos a mansalva, todo confirmado por estudios de balística y reportes de Amnesty International, Human Rights Watch, la Comisión Permanente de Derechos Humanos de Nicaragua, la Asociación de Derechos Humanos de Nicaragua, múltiples reportajes de la prensa independiente, algunos de ellos premiados, más el dictamen de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Humanos, de su par en las Naciones Unidas, y de la Unión Europea: más de cien muertos verificados con impacto de proyectiles en frente, cuello y pecho, el triángulo mortal, como dicen los forenses. ¿La edad de los muertos? Hay bebés entre ellos, pero la mayoría de las víctimas son muy jóvenes, desde los 14 años, asesinados mientras marchaban por las calles del país.

Aparte de estos crímenes, hay reportes verificados de muchos otros, incluyendo el de una familia que fue quemada viva en su propia casa, por negarse a permitir que los francotiradores usaran la azotea para disparar a civiles.

Todo esto está documentado oficialmente, y ha sido grabado en cámaras y teléfonos que gracias a la revolución tecnológica están ahora en las manos del pueblo, y son armas en la lucha popular.

Yo lo que lamento es que esta revolución tecnológica no nos haga igualmente revolucionarios en lo político y en lo social, que todavía no nos libere de los tabúes y prejuicios, de las nostalgias, mitos, afectos y cegueras que bloquean la solidaridad internacional entre los pueblos, tan necesaria ante el poder de las élites globalizadas.

¿No es hora ya?

Si están de acuerdo, les pido, para comenzar, que compartan esta nota.





América Latina: Pongamos la basura en su lugar

23 de Octubre de 2019

Aunque en las protestas haya buenos y malos, y dentro de cada bueno quepa un malo, creo ya haber visto, vivido y entendido lo suficiente para desear de todo corazón que los ciudadanos paren Nicaragua y boten a Ortega, paren Bolivia y boten a Morales, paren Chile y boten a Piñeiro, paren Ecuador y boten a Moreno, paren Honduras y boten a Hernández, paren Venezuela y boten a Maduro. Una lista que termino aquí, pero no porque aquí termine. ¡Qué más quisiera yo que ver a los cubanos en la calle, y que el salvaje de Bolsonaro también se fuera al guindo! Lo que se vive en casi todos nuestros países es opresión, con diferencias de grado y estilo, desde la locura genocida de Ortega hasta la indiferencia prepotente de Piñeiro, pasando por la sistemática eliminación de activistas en Colombia y Honduras, el péndulo perverso y corrupto de Argentina entre Macri y Fernández, y la ineptitud, crueldad y corrupción de la clase política mexicana. Al final todos cultivan la violencia contra su propia gente. Violencia, mentira, robo. Ya basta, ya es demasiado. A todos habría que hacerles su país ingobernable. A todos. Hay que dejar de pensar que alguno de ellos es bueno– o menos malo–porque da un discursito de “izquierda” o de “derecha”, “antiimperialista” o “anticomunista”. Basura es basura. Ya basta. Ya es demasiado. Son muchas vidas, es mucha la desesperanza. Ya es mucho tiempo, muchos años. Hay que echarlos a todos a la basura.

La historia de la crisis nicaragüense desde Mayo de 2018, en un párrafo.

Ciudadano X

22 de Octubre de 2019

Los grandes empresarios y sus agentes se apoderaron, con ayuda de la represión orteguista, del nombre Alianza Cívica, y desde ahí cumplieron su tarea prioritaria: evitar que triunfara el movimiento autoconvocado. Luego se pusieron a trabajar para “resolver la crisis” a su favor, apartando a los incómodos “radicales”, desde jóvenes autoconvocados hasta Monseñor Báez. Buscan ahora cómo estabilizar la economía y sus ganancias, pero saben que algo tienen que hacer para mojar la pólvora que hay en las calles de Nicaragua, y por eso arrastran los pies, engatusan, organizan la farsa. Poco a poco se va viendo el plan que intentan poner en práctica: lograr que se abandone la lucha cívica (desobediencia civil, paros, etc.), desalentar la organización independiente de la población opositora (todo el mundo a seguir a su partido, el CxL), y esperar, durante dos largos años, a que Ortega permita elecciones…

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La historia de la crisis nicaragüense desde Mayo de 2018, en un párrafo.

22 de Octubre de 2019

Los grandes empresarios y sus agentes se apoderaron, con ayuda de la represión orteguista, del nombre Alianza Cívica, y desde ahí cumplieron su tarea prioritaria: evitar que triunfara el movimiento autoconvocado. Luego se pusieron a trabajar para “resolver la crisis” a su favor, apartando a los incómodos “radicales”, desde jóvenes autoconvocados hasta Monseñor Báez. Buscan ahora cómo estabilizar la economía y sus ganancias, pero saben que algo tienen que hacer para mojar la pólvora que hay en las calles de Nicaragua, y por eso arrastran los pies, engatusan, organizan la farsa. Poco a poco se va viendo el plan que intentan poner en práctica: lograr que se abandone la lucha cívica (desobediencia civil, paros, etc.), desalentar la organización independiente de la población opositora (todo el mundo a seguir a su partido, el CxL), y esperar, durante dos largos años, a que Ortega permita elecciones (dicen ellos que libres… ¿ya vieron Bolivia?). En otras palabras, la Alianza y sus patrocinadores del gran capital son parte del problema, no parte de la solución. ¿Por qué? Porque el gran capital es parte del sistema dictatorial. Nadie debería mostrarse sorprendido: el concubinato Ortega-Cosep se exhibió sin pudor hasta que el pueblo explotó en abril de 2018. En cuanto a la UNAB, los que no son Alianza deberían definirse pronto, porque el camino al que los arrastran es, ni más ni menos, el de un nuevo Kupia Kumi. Nada raro en nuestra historia: una dictadura masacra, y las élites pactan. Dictadura, pacto, guerra civil, es lo único que le han recetado al país en los casi doscientos años desde que Nicaragua se separó de la Federación, en 1838.

Notas para contar la leyenda del tío Arturo

19 de Octubre de 2019

[Al destacado activista democrático Manuel Díaz]

Estimado Manuel Diaz (Bacanalnica.com),

Asumo tu inteligencia, buena voluntad, angustia por Nicaragua y deseo intenso de que acabe tu exilio y el de miles.  Precisamente por eso quisiera, porque creo que puede ser beneficioso, llevarte la contraria; no caprichosamente ni por desesperanzarte, ni porque me caiga mal tu tío Arturo, ni porque– por ser nica—no tenga respeto por la razón… Todo lo contrario, que viva la esperanza, que sin ella no hay vida, y que viva la razón, porque sin ella, por más esperanza que tengamos, terminaremos mal.

Está bien, dejemos que la hoja de vida de tu tío espere, aunque no sea de la razón descartarla: ¿te dejarías tratar por un médico que mata más de lo que cura? ¿Contratarías a un ladrón para que cuide tu casa, a un violador para que maneje un bus en un colegio de niñas? ¿Volverías a nombrar magistrado a Payo Solís? Etc. Lo primero que uno hace para emplear a alguien o seguir sus consejos –y es la razón, no la emoción– es verificar sus credenciales, ver su curriculum vitae. Pero, como te dije, para no enturbiar las aguas desde un comienzo dejemos esta tarea para después.

Por hoy quiero hacer solo unos breves comentarios (que quizás haga más extensamente en un artículo) a una parte del contenido de la presentación de tu tío que parece haberte impresionado.

Indudablemente, tu tío, que no tiene entrenamiento de economista, sino que ha estudiado historia de Nicaragua del período de los treinta años conservadores de fines del siglo XIX, es un buen conferencista. Luce su inteligencia, y ahora que está mayorcito y puede ser tío, me imagino que la luce con distinción.

Pero una cosa es hacer una buena presentación y otra es que lo dicho sea cierto. Hay grandes vendedores de productos muy malos; hay embaucadores que maravillan a la gente casi a punto de hipnosis: cuando el cliente se da cuenta de la tomada de pelo, ya es muy tarde. Por eso hay que conocer al vendedor, no para que el currículum sustituya al análisis de la propuesta, sino al contrario, para estar más alerta y desmenuzarla con mayor agudeza analítica, para usar el raciocinio en defensa propia.

Igual debés hacer conmigo, porque tampoco es que vas a creerme solo por mis credenciales, que en este caso sí incluyen un doctorado en Economía, casi treinta años trabajando en análisis macroeconómico y de riesgo en numerosos países, y sobre todo, independencia política, o como quien dice “ausencia de cola” (no encontrarás propiedad robada, ni comprada al Estado por centavos, ni embajadas, ni viajes financiados por el gobierno o por la oposición de turno, ni libros publicados por órdenes o favores de ninguna dictadura, ni amistades editoriales surgidas de la corrupción, ni nada por el estilo).

¿Qué es falso en la presentación de tu tío? Casi todo. En primer lugar, hablar de que la ciudadanía debe “cuidar la economía” implica que es la ciudadanía la que daña la economía, con “los tales paros”. Hubo muy pocos días de paro político desde el comienzo de la crisis; el daño brutal que ha sufrido la economía se debe a que el régimen ha perdido la capacidad de mantener al país en paz, porque el acuerdo que existía entre los amigos de tu tío y Ortega ha sido sacudido por la inconformidad de la gente ante tanta opresión y tantos asesinatos.

Ningún inversor que tenga dos dedos de frente va a arriesgar la misma cantidad de dinero en una sociedad estable que en una que estalló, y si estalló puede volver a estallar.

¿Cómo se remedia esto? La única manera es con la salida del poder del régimen genocida. Todo lo demás es poner curitas sobre una hemorragia.

Y es falso que la ciudadanía pueda revertir el daño, “cuidar la economía”, y a la vez lograr que se respeten sus derechos humanos.

Y es ilusorio pensar que la ciudadanía vaya a renunciar a sus derechos humanos para “cuidar la economía”.

Y, de hecho, no es deseable–a menos que uno quiera que se establezca la monarquía y la esclavitud en Nicaragua–que la gente deje de luchar por sus derechos humanos para “cuidar la economía”.

Porque lo que tu tío y su prix Arana insisten en recomendar–“cuidar la economía”– quiere decir, claramente, olvidarse no solo de los “tales paros”, sino –lo ha dicho el prix recientemente, y por escrito—olvidarse también de eso de “la desobediencia civil”. Y sin desobediencia civil, sin los “tales paros”, pues todo el mundo a trabajar para “cuidar la economía”, a buscar cómo crecer más rápido para que el “próximo gobierno” encuentre al país floreciente y Ortega (que sería, por supuesto, derrotado en ‘elecciones libres’ en… ¡2021!…) no pueda “gobernar desde abajo” una vez más, como hizo en los 90.

Todo esto es una trampa transparente, porque sin lucha cívica, o sea, sin desobediencia civil, sin desestabilización del sistema, no habrá “próximo gobierno” que no sea dominado, desde arriba o desde abajo, por Ortega.

Pero tu tío y su pofi no quieren desestabilización, porque “hay que cuidar la economía”, por lo cual, lógicamente, piden estabilidad. O sea, piden que se calmen las aguas. O sea, prácticamente piden que se deje gobernar en paz a Ortega.

Si yo fuera Ortega, nada me haría más feliz.

Además, Ortega post 1990 no logró “gobernar desde abajo” porque las finanzas del Estado estuvieran pobres ni la economía destruida. Pudo hacerlo porque en 1990 el tipo quedó en control de fuerzas políticas y militares capaces de desestabilizar a cualquier gobierno por medio de asonadas, asesinatos, y otros métodos antidemocráticos.

Y no olvidemos que quedó con recursos muchísimo menores de los que controla hoy en día. De tal manera que, si por un milagro, hubiese elecciones libres en 2021 sin que mediaran sanciones internacionales (que tu tío no quiere porque “hay que cuidar la economía”) ni desobediencia civil (que también “daña la economía”), todo ocurriría dentro de las leyes actuales y las reglas de Ortega; y si él decidiera dejarse ganar—o reconocer su derrota—quedaría en control de, no uno, sino dos ejércitos (por si acaso uno “falla”), más canales de televisión, espías, CPCs, sicarios, jueces, policías, centros de educación a todos los niveles, y miles de millones de dólares de Venezuela y del sudor nica que “andan por ahí”, y que igual compran un diputado que el rifle de un sicario.

Lo demás es lo de menos: que si CxL, que si PLC, etc.  En todo caso, el cuento del “vehículo electoral” es otro embarque, y antidemocrático sin duda, porque lo que tu tío le dice a los ciudadanos es muy sencillo: ni piensen que pueden formar sus propios partidos; se van en este, el nuestro, o no entran al juego…

Te lo dejo hasta aquí por el momento, aunque hay mucho más, y mucho más detalle, desde la falacia de “gobernar para el futuro”, frase que suena bonita (el tío tiene gracia para estas cosas) pero que esconde un engaño, hasta la mañosa referencia a Aristóteles (el pobre Ari debe estar pidiéndole a sus dioses que le lleven la cabeza de tu tío), pasando por el discursito sobre sus esfuerzos heroicos para que se diera el Cafta, como si esos tratados fueran producto de la generosidad de los países y el heroísmo de los burócratas, y no de la conveniencia mutua …aquí se le cayó el zapote a tu sabio tío, o lo dejó caer.

Luego añado, corrijo, publico, y te invito, por si acaso te interesa.

Abrazos,

Ciudadano X

Izquierda, derecha, arriba, abajo.

Octubre 17 de 2019

La idea de que el problema actual en Nicaragua es uno de “izquierda” versus “derecha” es muy desatinada.

En primer lugar, porque el FSLN es antes que nada una claque criminal. En segundo lugar, porque la ideología del grupo, la racionalización que venden a quienes no pueden dar mucho, es indistinguible de la derecha fascista, y de hecho el modelo económico de los últimos 12 años fue clásico fascismo europeo.

Desde un punto de vista práctico, identificar al FSLN como “izquierda” es una trampa: si el problema es que son “izquierda” entonces la solución es ser “derecha”. Ergo, Pinochet, Bolsonaro, Franco, como tantos otros similares, estarían al menos más cerca de ser solución que de ser problema, y acabaría uno—por lógica—defendiendo a otro puñado de autoritarios.

El camino no pasa por estos vericuetos. Más bien, hay que estar claro que la lucha es entre dictadura y democracia. Hay que dar poder al ciudadano y hay que restar poder al poder, independientemente del disfraz (“izquierda” o “derecha”) que este vista.

¿Es mucho pedir?

12 de octubre de 2019

Estoy de acuerdo con Félix Maradiaga en que (1) el régimen debe responder acerca de los miles de millones de dólares de la cooperación venezolana; a nadie debe sorprender el cinismo del aparato sandinista que quiere concentrar la atención de todo el país en los $14 o $15 millones que supuestamente la USAID ha dado a instituciones nicaragüenses; (2) esos fondos también han fluido a través de entes gubernamentales; (3) hay una dificultad intrínseca en practicar la transparencia financiera en los grupos opositores, porque toda información es usada por la dictadura para reprimir; (4) los nicaragüenses tienen derecho a recibir cualquier ayuda, venga de donde venga, para luchar por sus derechos humanos–aunque la preferencia de Ortega, por supuesto, sea convertir el conflicto en un pleito de burro amarrado contra tigre suelto.

Sin embargo me parece que la acusación, al estilo “fake news”, resuena más allá de la masa fanática leal a Ortega porque cae en un ambiente de dudas sobre la Alianza Cívica que más tiene que ver con su evidente falta de transparencia política, y con la tendencia de sus voceros a subestimar la sagacidad del pueblo nicaragüense y de maniobrar, excluir, mentir y convertir el proceso –supuestamente, de lucha democrática– en intrigas de grupos, reuniones en secreto, o reuniones cuyo contenido se mantiene en secreto, todo velado tenuemente por el doble discurso.

Por eso a estas alturas, aunque Félix salga al rescate, y haga un argumento válido, queda en el aire la percepción de que fluyen grandes cantidades de dinero en medio de las actividades de la Alianza, y la gente se pregunta, no sin razón–pero cada vez con más escepticismo–de dónde y para qué y para quién, porque tampoco es irracional ni antidemocrático ni insensato pensar que quien paga exige, que el que tiene plata platica, y todo lo demás. La gente ve los numerosos viajes de numerosos representantes a numerosas reuniones en numerosos países, que cuestan verdaderamente una fortuna, de tal manera que la pregunta es de esperarse, es natural, es legítima; es democrática.

¿Quieren confianza? Constrúyanla en lo político. Por ejemplo, paren de hablar de “conversaciones francas” en las que discuten con funcionarios de otros países “la situación de derechos humanos de Nicaragua” durante toda una semana. Digan mejor, por ejemplo, qué fue lo que realmente ocurrió en Washington en esa semana de reuniones entre múltiples miembros de los diferentes grupos de la oposición, funcionarios de Estados Unidos, de la OEA, etc. Digan abiertamente, en lugar de mantener un doble discurso, si han decidido aceptar elecciones en las que Ortega y su FSLN participarán, con todo lo que esto implica, y expliquen, de hecho, su visión sobre lo que esto implica. Presenten, como corresponde al espíritu democrático, las opciones que barajan, sin dobleces, sin vivezas. Hablen con la verdad a una población cansada de mentiras y traiciones, hambrienta de transparencia y libertad.

¿Es mucho pedir?

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