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Los dilemas de la UNAB

30 de Octubre de 2019

Comento aquí una nota que Félix Maradiaga, del Consejo Político de la UNAB, publicó recientemente.  Pero antes, debo aplaudir el gesto del autor al pedir a sus lectores que se sumen a la lucha, no como borregos que avanzan al grito de consignas, sino como seres pensantes capaces de proponer.  Otras figuras de oposición, particularmente en la Alianza Cívica, permiten únicamente interlocución con individuos y medios que se muestren dóciles, sea por pereza analítica o por la intimidación suave que ejerce el poder económico en la devastada Nicaragua.  No es tanta, en ese sentido, la distancia que los separa de un dictador. 

Si estamos realmente comprometidos con un futuro democrático, no podemos darnos el lujo de pasar por alto ese problema. Porque cuando Mario Arana bloquea el acceso de Revista Abril a su cuenta política de Twitter, cuando Juan Sebastián Chamorro ignora numerosas solicitudes de entrevista del mismo medio, cuando políticos ligados a la Alianza presionan a medios opositores para que no publiquen artículos de comentaristas independientes, como este servidor, cuando logran que se cierren programas de radio independientes, como el caso del periodista Aburto, ¿quién gana?  Gana el poder mezquino del político, y pierde la democracia, pierde la sociedad, pierde la decencia, sufre daños la lucha contra Ortega porque, ¿no es evidente?, enfrentamos a un régimen monstruoso, dirigido por sujetos que –lo digo sin exagerar–cabrían cómodos en un destacamento hitleriano, y por tanto ningún esfuerzo sobra, ninguna idea sobra. 

En lugar de buscar aplausos, vítores y obediencia, los políticos que dicen representarnos y que tanto reclaman “unidad”, deberían promoverla abriéndose a la diversidad de opiniones que inevitablemente existe y existirá entre nosotros.  Parece, sin embargo, que no tienen el instinto democrático muy desarrollado, y los domina el miedo a perder control y perder protagonismo.

Una tesis derrotista

¿Qué dice el artículo de Maradiaga? Trataré de resumirlo de manera sucinta pero fidedigna.  Dice, en pocas palabras, que la UNAB hace lo que puede en circunstancias terriblemente adversas, fuera de su control, y que son responsabilidad de la dictadura orteguista. 

A simple vista, se trata de una tesis incuestionable.  El régimen comete asesinatos en el campo con una regularidad que delata su afán de exterminar a sus adversarios reales o potenciales; acosa sin descanso en la ciudad a los activistas más vulnerables, aquellos a quienes no parece cubrir el manto protector de algún poderoso; despliega fuerzas policiales y paramilitares de manera aplastante para sofocar cualquier chispa de protesta antes de que el polvorín llamado Nicaragua estalle.

El problema con la explicación de Maradiaga es que contiene un sesgo que impide reflexionar sobre cómo el movimiento popular, que acorraló a la dictadura y la hizo tambalearse en abril de 2018, llega a finales de 2019 más bien acorralado.  Si la postración actual del movimiento se debe exclusivamente a la dictadura, pues es lógico inferir que no ha habido error de parte de la oposición. En ese caso no hay nada que aprender, ni tampoco queda esperanza; porque si todo depende del adversario, y nada de nosotros, hay que esperar a que el adversario se derrote a sí mismo para salir victoriosos.  Esto explica que la oposición parezca adoptar una actitud lastimosa de espera paciente y mendicante ante Ortega. 

¿Hay alternativas?

Conviene a la UNAB, y conviene al pueblo de Nicaragua, abandonar esta racionalización derrotista.  La UNAB debería preguntarse de qué manera y hasta qué punto ha contribuido a que la correlación de fuerzas en la calle se haya revertido dramáticamente a favor de la dictadura. Esta no es una pregunta académica.  Es necesario entender qué ha pasado, para calibrar de manera realista nuestro entendimiento del conflicto.  Si no se tiene claridad acerca del comportamiento, la naturaleza, y la fuerza relativa de los diferentes participantes, difícilmente se puede articular una estrategia y un plan de lucha.

Con ese fin, propongo una tesis alternativa: la UNAB ha contribuido al reflujo de la protesta popular por seguir el camino estratégico de uno de sus miembros, la Alianza Cívica.  Error craso, y además costosísimo para la Unidad, porque a estas alturas la población poco puede distinguir entre unos y otros: critica a ambos con los mismos argumentos y atribuye a ambos los vicios y la corrupción que encuentra en los peores, en aquellos personajes con pasado orteguista a quienes identifica como el verdadero poder en la Alianza.  

El tren zancudo

De seguir así, cuando la Historia sea escrita con seriedad en Nicaragua (hay que soñar, y para eso es que documentamos lo más posible) la UNAB podría terminar reducida a la insignificancia más triste, ya no como un grupo zancudo, privilegio que correspondería a quienes conducen el tren que lleva a elecciones con Ortega, sino peor, como zancudos de aquellos, gente que tuvo una oportunidad pero no quiso arriesgarse por miedo a perder recursos o apoyos externos que al final llegan más cómodamente a otros beneficiarios, a los poderes fácticos establecidos.  Mientras la historia estira su larga forma, los políticos hoy agrupados en la Unidad probablemente se desgranarían, unos para cruzar el umbral del zancudismo, otros para denunciar con rezago la traición, y refugiarse en una derrota honorable.  

El fracaso de los “cívicos” de los setenta y el triunfo del FSLN

Nada de esto sirve al pueblo de Nicaragua. Nada de esto sirve para que viva en democracia.  Yo invito a los políticos honestos a que reflexionen sobre esta hipótesis: el triunfo de la guerra como propuesta en 1978-79, y del FSLN en el río revuelto de aquellos años, reflejó el fracaso de los liderazgos “cívicos” de entonces, dedicados también a formar siglas, coaliciones y propuestas de diálogo con la dictadura de turno; incapaces de conectar orgánicamente con el ciudadano común, con el soberano; de inspirarle confianza y ponerse al frente de su lucha.  Una oposición patética, de salón y amiguismo, de círculos de confianza y poca beligerancia. ¿Suena familiar?  Mientras tanto, el régimen somocista administraba violencia contra la oposición de la calle y del campo; una violencia terrible, sin duda, aunque para nuestro mal, la irrupción del fascismo sandinista en la cultura política hace que parezca apenas prólogo y presagio del infierno que hoy se vive.

El precio de “participar en el juego”

Para seguir a la Alianza, la UNAB ha tenido que sacrificar, por acción u omisión, su apego a la verdad. Por ser “tácticos” o “vivos”, por no ser excluidos del juego—justificación que incluso emplean, lo digo con tristeza, algunos líderes del Movimiento Campesino—han pretendido no ver, para no hablar; han escogido callar verdades terribles y dañinas que el pueblo sagazmente intuye.  Digo sagazmente y reconozco que cada vez es menos necesaria la sagacidad, porque la evidencia es cada vez más pública.  La gente sabe de muchas de las acciones de menoscabo que figuras prominentes de la Alianza Cívica han emprendido en contra de la lucha cívica a lo interno, y de las sanciones contra el régimen en el exterior.  Los líderes de la UNAB lo saben también, pero temen bajarse del tren de la cacareada “unidad”.  Temen enfrentar la maquinaria aceitada con dólares de la Alianza-Cosep y quedar aislados, marginados sin protección ante enemigos de gran poder.

Pero al plegarse a la Alianza, la UNAB deja a los opositores beligerantes, y al pueblo mismo, precisamente en esa posición: solo, ante lo que—he tenido que aceptar, a pesar de mi escepticismo inicial—el líder autoconvocado Fidel Narváez ha caracterizado inteligentemente como “la dictadura bicéfala”, el matrimonio de conveniencia entre la arraigada oligarquía económica y el fascismo sandinista.

Esto es doloroso para el pueblo, porque retarda el cambio. El pueblo, sin embargo, no puede ser abolido (como ironizara Brecht); su vida y su necesidad de lucha seguirán adelante; eventualmente nacerán de su seno otros liderazgos.  Para la UNAB, por otro lado, puede que no exista una segunda oportunidad. 

La verdad y el poder

Si la UNAB quiere salvarse del precipicio, y servir a la causa democrática, deben sus políticos abandonar espejismos y entender que el poder de una insurrección cívica no se construye con fondos de la AID, ni votos en la OEA, ni visitas a Washington, New York o Bruselas, o almuerzos de apariencia fastuosa en hoteles fuera del alcance de la mayoría.  ¡No fue así que Gandhi y Martin Luther King lograron sacudir imperios!  

El poder de una insurrección cívica se basa en la verdad; la autoridad de sus líderes es moral, su poder político se construye sobre esta fuerza, o se destruye si optan por el lenguaje ambiguo, el doble discurso, la mojigatería, la “viveza”, ese lujo cínico de quienes detentan poder y privilegios.  Y no olviden: tampoco se trata de quién tenga más dinero.  De ser así, la oligarquía nicaragüense no tendría necesidad de compartir su lecho con Ortega.

¿Quieren la confianza del pueblo, y el poder político que esa confianza tarde o temprano genera? Demuestren su entereza e inteligencia, demuestren que saben reconocer la verdad en los hechos, y demuestren, por sobre todas las cosas, que respetan al pueblo y no le ocultan– artera o condescendientemente– la información que cada ciudadano necesita para sopesar riesgos y oportunidades.  De lo contrario, el pueblo resistirá sus llamados y dará la espalda a sus proclamas, para evitar ser usado una vez más como carne de cañón.

Nunca ha sido más necesario que el liderazgo democrático construya esos vínculos éticos, sencillamente porque la lucha demandará sacrificios y perseverancia.  Solo los demagogos y los oportunistas pueden seguir gritando que “vamos ganando”, o prometer que la libertad se alcanzará sin un preso más, sin un muerto más, sin un exilado más.  La situación es más que “extremadamente difícil”, es trágica. La brutalidad del orteguismo y la complicidad del gran capital han hecho del camino a la democracia un campo minado, han reducido las opciones a aceptar el sufrimiento del cautiverio en un campo de concentración o aceptar los altos costos humanos del escape a la esperanza. 

¿Cómo empezar a reconstruir el movimiento popular para que vuelva al país, esta vez definitivamente, ingobernable para la tiranía? Lo primero es trazarse esa meta, lo cual implica casi seguramente apartar de la UNAB a los políticos de la Alianza, a menos que estos acepten enfrentar a la dictadura y cambiar de señor: no se puede servir a Dios y al diablo, a quienes están dispuestos a pactar con Ortega y a quienes quieren que se haga justicia por el genocidio. 

Y que quede claro: oponerse a las maniobras de la oligarquía no es estar en contra de la empresa privada, mucho menos de la libertad económica que, de hecho, la oligarquía suprime en complicidad con Ortega. Ni siquiera es un anuncio de venganza.  Lo deseable es un sistema de derechos para todos, privilegios para nadie. Así de simple.

Pero antes, si es que los líderes de la UNAB quieren contribuir con el cambio democrático a partir de la posición de relevancia institucional que ya tienen, este es mi llamado: apuesten por el pueblo, denle al pueblo en quién confiar.

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¿Esos estúpidos argentinos?

28 de octubre de 2019

Entre los adversarios del (tal o mal)llamado “socialismo” (y peor llamado) “siglo XXI” hay quienes parecen haber sufrido un devastador ataque de nervios en los últimos días.  Irónicamente, la causa no es tanto el poco sorprendente fraude en Bolivia, ni la pusilánime respuesta de la OEA, sino la victoria electoral del candidato Alberto Fernández en Argentina.  Hay también resquemores y desvelos por Chile. Pero como este último es un tema que a mis ojos parece más complejo, me limito en esta nota a comentar brevemente la elección argentina y la reacción de pánico y frustración que ha causado, la exhalación, la pérdida de esperanza ante la presunta ‘estupidez’ de los votantes de aquel país, quienes habrían optado, dicen los críticos, por una especie de suicidio colectivo.

Lo digo de una vez: los argentinos han ejercido el derecho de todo ciudadano en un sistema democrático, es decir, sacar del poder al líder político que a su juicio ha fracasado, y darle la oportunidad a otro.  Uno puede tener simpatía o antipatía por un candidato, por otro, o por todos, pero son los votantes quienes tienen el poder y el derecho de decidir, y en esto los argentinos han actuado con una racionalidad perfectamente predecible. Sencillamente, se han desplazado de un partido a otro de una manera congruente con lo que les sugiere la información de que disponen sobre riesgos y oportunidades. 

Desde el punto de vista del riesgo político, en particular, recomiendo respirar profundo y recobrar el aliento: los argentinos no han electo a un golpista, como Chávez, ni a un político con antecedentes autoritarios, como Ortega.  Y hay que recordar que las disputas por el poder nacional en Argentina se han dirimido en elecciones cuya legitimidad no ha sido cuestionada durante más de tres décadas. 

Siendo así, no es razonable esperar que los argentinos adopten una postura de “todos menos X” a la hora de votar.

Siendo así, la información disponible a los votantes les ha dicho en letra grande y brillante que era hora de buscar otros caminos.  

No cabe aquí una presentación detallada sobre la situación de la economía argentina, ni sobre las causas de la crisis, menos aun sobre las posibles soluciones a los problemas estructurales del país. De todos modos, no viene al caso, porque tampoco el votante promedio puede hacerlo. El votante promedio reacciona ante la situación tal y como la experimenta en su vida diaria y, como no todos son economistas profesionales, no les queda más remedio que aceptar o rechazar los resultados obtenidos por la administración actual, y dar o no la oportunidad a otro, para ver si alcanza mejores resultados. 

Invito al lector—para muestra un botón—a ver las gráficas que incluyo, y que muestran la caída del producto interno bruto (PIB) por habitante desde el 2011 y la explosión inflacionaria que ha ocurrido en el último par de años. Considere también que el gobierno de Macri ha venido aplicando medidas de restricción fiscal que afectan directamente a la población (y siempre a la población más vulnerable) mientras el banco central impone altas tasas de interés. Todas estas medidas, naturalmente, han empujado el desempleo al alza. Como si fuera poco, el peso ha perdido más de un tercio de su valor ante el dólar, y una sequía ha afectado el vital sector agrícola.  Para rematar, Macri es descrito casi universalmente como un líder incapaz de proyectar la dosis de empatía o simpatía suficiente para dorar la píldora de la austeridad. 

Yo sospecho que muchos de los que hoy critican a los votantes argentinos habrían votado en contra de Macri. Pero iré más allá: especulo que probablemente lo más saludable es que así sea, que el votante castigue al gobierno al que asocie con su sufrimiento.  De esa manera los políticos se ven eventualmente forzados a diseñar sus programas tomando en cuenta no solo los beneficios eventuales que la teoría o la experiencia promete para el largo plazo, sino los costos que los seres humanos de carne y hueso tienen que pagar en el ahora, en el hoy, en sus vidas reales. 

En cuanto a nosotros, los nicaragüenses: es posible que se haya perdido un voto contra Ortega en la OEA.  Y, por supuesto, la voz de la embajadora argentina que con tanta claridad defendió nuestros derechos.  La vida es así. Ni modo. Pero la solución de los problemas de Nicaragua no está en la OEA, ni puede esperarse que Argentina cambie de rumbo, que 45 millones de argentinos se decidan por un partido u otro para satisfacer una apuesta a favor nuestro. Esta ilusión—la de buscar las soluciones fuera del país—sirve a las élites para distraer al pueblo, sirve para llevarse la política a Washington, o a Nueva York, como antes sirvió, demasiadas veces, para contratar filibusteros y mercenarios, y prolongar la larga pena de un país que no ha encontrado el rumbo durante doscientos años.  Hay que dejar de sentir ‘lástima’ por Argentina, porque al menos sus habitantes tienen la capacidad de decir “no más” a un gobierno, cambiarlo pacíficamente, y empezar de nuevo.  Donde ellos están, por más escabroso que parezca, nosotros todavía precisamos llegar.

Derechos para todos, privilegios para nadie

Y ahora, si me permiten, les doy una opinión que seguramente será algo incómoda, porque va en contra de nuestra tradición cultural: si yo hago algo por mi comunidad, por mi sociedad, por mi país, mi país no me debe nada, mi sociedad no me debe nada, mi comunidad no me debe nada.

Eso de que “le cuesta la causa”, o ha tenido un comportamiento heroico, y por eso “merece” privilegios–incluyendo el privilegio de no ser criticado–es un veneno terrible.

Nadie “merece” nada por hacer su contribución, por jugar el papel que escoge jugar. Nadie “merece” más que los demás, o sea, nada que no sea justicia ante la ley, aunque haya sido preso, torturado, exilado o sufrido represión.

Monumentos para los muertos, y luego de pensarlo bien. Mientras tanto, cada quién a lo suyo, a ser ciudadano de bien, responsable por sus actos, comprometido éticamente con lo que la conciencia dicte, y a sabiendas de que lo que cada uno da no crea una deuda para con uno.

Hacia la solidaridad internacional de los pueblos

Ciudadano X

26 de octubre de 2019

A mis amigos en Latinoamérica y España que con toda razón apoyan al pueblo chileno, al pueblo ecuatoriano, al pueblo hondureño, y a un largo y necesario etcétera: les presento escenas e información urgentes de Nicaragua, donde la dictadura moviliza recursos desproporcionados (la medida de su miedo) para impedir que los ciudadanos se expresen, que exijan respeto a sus derechos.

Contéstenme con honradez: ¿no tienen los nicaragüenses los mismos derechos, por ejemplo, que los chilenos? ¿no deberíamos todos los pueblos apoyarnos contra el poder de las élites?

Les dejo algunos datos aquí, que quizás ayuden a poner las cosas en perspectiva. La estructura de poder económico de Chile, apoyada por supuesto–reflejo y diseño — en el poder político, ha llevado a una concentración de la riqueza que hiere moral y materialmente al pueblo. Sin duda. Y han habido actos de represión condenables, que también se…

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Hacia la solidaridad internacional de los pueblos

26 de octubre de 2019

A mis amigos en Latinoamérica y España que con toda razón apoyan al pueblo chileno, al pueblo ecuatoriano, al pueblo hondureño, y a un largo y necesario etcétera: les presento escenas e información urgentes de Nicaragua, donde la dictadura moviliza recursos desproporcionados (la medida de su miedo) para impedir que los ciudadanos se expresen, que exijan respeto a sus derechos.

Contéstenme con honradez: ¿no tienen los nicaragüenses los mismos derechos, por ejemplo, que los chilenos? ¿no deberíamos todos los pueblos apoyarnos contra el poder de las élites?

Les dejo algunos datos aquí, que quizás ayuden a poner las cosas en perspectiva. La estructura de poder económico de Chile, apoyada por supuesto–reflejo y diseño — en el poder político, ha llevado a una concentración de la riqueza que hiere moral y materialmente al pueblo. Sin duda. Y han habido actos de represión condenables, que también se han documentado, al lado de actos de vandalismo también injustificables.

Ahora, vean estas cifras de Nicaragua: más de 500 muertos en menos de seis meses, a manos del ejército y fuerzas paramilitares (en Chile serían más de 1500 asesinados, respetando las proporciones); más de 80,000 exilados en un año (en Chile serían más de 240,000); más de 1000 desaparecidos (en Chile serían más de 3,000); más de 900 presos políticos (en Chile serían casi 3000).

Y les dejo algo más: el mundo contempla con admiración el espectáculo de un pueblo, el chileno, que a pesar de unos incidentes violentos causados al inicio de la explosión social por minorías no representativas, sale pacíficamente en cifras que se estiman arriba del millón de personas a seguir exigiendo un cambio de sistema.

¡Un millón de personas en Santiago de Chile!

En Managua eran alrededor de 700,000, en una ciudad con menos de un tercio de la población. Es decir, respetando las proporciones, ¡en Managua salieron a las calles el equivalente de 2,100,000 de personas! Si esto no expresa la voluntad popular en Nicaragua, tienen que decirme que tampoco lo hace en Chile. ¿Lo harán?

¿Y cuál fue la respuesta del régimen de Ortega? Francotiradores y asesinatos a mansalva, todo confirmado por estudios de balística y reportes de Amnesty International, Human Rights Watch, la Comisión Permanente de Derechos Humanos de Nicaragua, la Asociación de Derechos Humanos de Nicaragua, múltiples reportajes de la prensa independiente, algunos de ellos premiados, más el dictamen de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Humanos, de su par en las Naciones Unidas, y de la Unión Europea: más de cien muertos verificados con impacto de proyectiles en frente, cuello y pecho, el triángulo mortal, como dicen los forenses. ¿La edad de los muertos? Hay bebés entre ellos, pero la mayoría de las víctimas son muy jóvenes, desde los 14 años, asesinados mientras marchaban por las calles del país.

Aparte de estos crímenes, hay reportes verificados de muchos otros, incluyendo el de una familia que fue quemada viva en su propia casa, por negarse a permitir que los francotiradores usaran la azotea para disparar a civiles.

Todo esto está documentado oficialmente, y ha sido grabado en cámaras y teléfonos que gracias a la revolución tecnológica están ahora en las manos del pueblo, y son armas en la lucha popular.

Yo lo que lamento es que esta revolución tecnológica no nos haga igualmente revolucionarios en lo político y en lo social, que todavía no nos libere de los tabúes y prejuicios, de las nostalgias, mitos, afectos y cegueras que bloquean la solidaridad internacional entre los pueblos, tan necesaria ante el poder de las élites globalizadas.

¿No es hora ya?

Si están de acuerdo, les pido, para comenzar, que compartan esta nota.





América Latina: Pongamos la basura en su lugar

23 de Octubre de 2019

Aunque en las protestas haya buenos y malos, y dentro de cada bueno quepa un malo, creo ya haber visto, vivido y entendido lo suficiente para desear de todo corazón que los ciudadanos paren Nicaragua y boten a Ortega, paren Bolivia y boten a Morales, paren Chile y boten a Piñeiro, paren Ecuador y boten a Moreno, paren Honduras y boten a Hernández, paren Venezuela y boten a Maduro. Una lista que termino aquí, pero no porque aquí termine. ¡Qué más quisiera yo que ver a los cubanos en la calle, y que el salvaje de Bolsonaro también se fuera al guindo! Lo que se vive en casi todos nuestros países es opresión, con diferencias de grado y estilo, desde la locura genocida de Ortega hasta la indiferencia prepotente de Piñeiro, pasando por la sistemática eliminación de activistas en Colombia y Honduras, el péndulo perverso y corrupto de Argentina entre Macri y Fernández, y la ineptitud, crueldad y corrupción de la clase política mexicana. Al final todos cultivan la violencia contra su propia gente. Violencia, mentira, robo. Ya basta, ya es demasiado. A todos habría que hacerles su país ingobernable. A todos. Hay que dejar de pensar que alguno de ellos es bueno– o menos malo–porque da un discursito de “izquierda” o de “derecha”, “antiimperialista” o “anticomunista”. Basura es basura. Ya basta. Ya es demasiado. Son muchas vidas, es mucha la desesperanza. Ya es mucho tiempo, muchos años. Hay que echarlos a todos a la basura.

La historia de la crisis nicaragüense desde Mayo de 2018, en un párrafo.

Ciudadano X

22 de Octubre de 2019

Los grandes empresarios y sus agentes se apoderaron, con ayuda de la represión orteguista, del nombre Alianza Cívica, y desde ahí cumplieron su tarea prioritaria: evitar que triunfara el movimiento autoconvocado. Luego se pusieron a trabajar para “resolver la crisis” a su favor, apartando a los incómodos “radicales”, desde jóvenes autoconvocados hasta Monseñor Báez. Buscan ahora cómo estabilizar la economía y sus ganancias, pero saben que algo tienen que hacer para mojar la pólvora que hay en las calles de Nicaragua, y por eso arrastran los pies, engatusan, organizan la farsa. Poco a poco se va viendo el plan que intentan poner en práctica: lograr que se abandone la lucha cívica (desobediencia civil, paros, etc.), desalentar la organización independiente de la población opositora (todo el mundo a seguir a su partido, el CxL), y esperar, durante dos largos años, a que Ortega permita elecciones…

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La historia de la crisis nicaragüense desde Mayo de 2018, en un párrafo.

22 de Octubre de 2019

Los grandes empresarios y sus agentes se apoderaron, con ayuda de la represión orteguista, del nombre Alianza Cívica, y desde ahí cumplieron su tarea prioritaria: evitar que triunfara el movimiento autoconvocado. Luego se pusieron a trabajar para “resolver la crisis” a su favor, apartando a los incómodos “radicales”, desde jóvenes autoconvocados hasta Monseñor Báez. Buscan ahora cómo estabilizar la economía y sus ganancias, pero saben que algo tienen que hacer para mojar la pólvora que hay en las calles de Nicaragua, y por eso arrastran los pies, engatusan, organizan la farsa. Poco a poco se va viendo el plan que intentan poner en práctica: lograr que se abandone la lucha cívica (desobediencia civil, paros, etc.), desalentar la organización independiente de la población opositora (todo el mundo a seguir a su partido, el CxL), y esperar, durante dos largos años, a que Ortega permita elecciones (dicen ellos que libres… ¿ya vieron Bolivia?). En otras palabras, la Alianza y sus patrocinadores del gran capital son parte del problema, no parte de la solución. ¿Por qué? Porque el gran capital es parte del sistema dictatorial. Nadie debería mostrarse sorprendido: el concubinato Ortega-Cosep se exhibió sin pudor hasta que el pueblo explotó en abril de 2018. En cuanto a la UNAB, los que no son Alianza deberían definirse pronto, porque el camino al que los arrastran es, ni más ni menos, el de un nuevo Kupia Kumi. Nada raro en nuestra historia: una dictadura masacra, y las élites pactan. Dictadura, pacto, guerra civil, es lo único que le han recetado al país en los casi doscientos años desde que Nicaragua se separó de la Federación, en 1838.

Notas para contar la leyenda del tío Arturo

19 de Octubre de 2019

[Al destacado activista democrático Manuel Díaz]

Estimado Manuel Diaz (Bacanalnica.com),

Asumo tu inteligencia, buena voluntad, angustia por Nicaragua y deseo intenso de que acabe tu exilio y el de miles.  Precisamente por eso quisiera, porque creo que puede ser beneficioso, llevarte la contraria; no caprichosamente ni por desesperanzarte, ni porque me caiga mal tu tío Arturo, ni porque– por ser nica—no tenga respeto por la razón… Todo lo contrario, que viva la esperanza, que sin ella no hay vida, y que viva la razón, porque sin ella, por más esperanza que tengamos, terminaremos mal.

Está bien, dejemos que la hoja de vida de tu tío espere, aunque no sea de la razón descartarla: ¿te dejarías tratar por un médico que mata más de lo que cura? ¿Contratarías a un ladrón para que cuide tu casa, a un violador para que maneje un bus en un colegio de niñas? ¿Volverías a nombrar magistrado a Payo Solís? Etc. Lo primero que uno hace para emplear a alguien o seguir sus consejos –y es la razón, no la emoción– es verificar sus credenciales, ver su curriculum vitae. Pero, como te dije, para no enturbiar las aguas desde un comienzo dejemos esta tarea para después.

Por hoy quiero hacer solo unos breves comentarios (que quizás haga más extensamente en un artículo) a una parte del contenido de la presentación de tu tío que parece haberte impresionado.

Indudablemente, tu tío, que no tiene entrenamiento de economista, sino que ha estudiado historia de Nicaragua del período de los treinta años conservadores de fines del siglo XIX, es un buen conferencista. Luce su inteligencia, y ahora que está mayorcito y puede ser tío, me imagino que la luce con distinción.

Pero una cosa es hacer una buena presentación y otra es que lo dicho sea cierto. Hay grandes vendedores de productos muy malos; hay embaucadores que maravillan a la gente casi a punto de hipnosis: cuando el cliente se da cuenta de la tomada de pelo, ya es muy tarde. Por eso hay que conocer al vendedor, no para que el currículum sustituya al análisis de la propuesta, sino al contrario, para estar más alerta y desmenuzarla con mayor agudeza analítica, para usar el raciocinio en defensa propia.

Igual debés hacer conmigo, porque tampoco es que vas a creerme solo por mis credenciales, que en este caso sí incluyen un doctorado en Economía, casi treinta años trabajando en análisis macroeconómico y de riesgo en numerosos países, y sobre todo, independencia política, o como quien dice “ausencia de cola” (no encontrarás propiedad robada, ni comprada al Estado por centavos, ni embajadas, ni viajes financiados por el gobierno o por la oposición de turno, ni libros publicados por órdenes o favores de ninguna dictadura, ni amistades editoriales surgidas de la corrupción, ni nada por el estilo).

¿Qué es falso en la presentación de tu tío? Casi todo. En primer lugar, hablar de que la ciudadanía debe “cuidar la economía” implica que es la ciudadanía la que daña la economía, con “los tales paros”. Hubo muy pocos días de paro político desde el comienzo de la crisis; el daño brutal que ha sufrido la economía se debe a que el régimen ha perdido la capacidad de mantener al país en paz, porque el acuerdo que existía entre los amigos de tu tío y Ortega ha sido sacudido por la inconformidad de la gente ante tanta opresión y tantos asesinatos.

Ningún inversor que tenga dos dedos de frente va a arriesgar la misma cantidad de dinero en una sociedad estable que en una que estalló, y si estalló puede volver a estallar.

¿Cómo se remedia esto? La única manera es con la salida del poder del régimen genocida. Todo lo demás es poner curitas sobre una hemorragia.

Y es falso que la ciudadanía pueda revertir el daño, “cuidar la economía”, y a la vez lograr que se respeten sus derechos humanos.

Y es ilusorio pensar que la ciudadanía vaya a renunciar a sus derechos humanos para “cuidar la economía”.

Y, de hecho, no es deseable–a menos que uno quiera que se establezca la monarquía y la esclavitud en Nicaragua–que la gente deje de luchar por sus derechos humanos para “cuidar la economía”.

Porque lo que tu tío y su prix Arana insisten en recomendar–“cuidar la economía”– quiere decir, claramente, olvidarse no solo de los “tales paros”, sino –lo ha dicho el prix recientemente, y por escrito—olvidarse también de eso de “la desobediencia civil”. Y sin desobediencia civil, sin los “tales paros”, pues todo el mundo a trabajar para “cuidar la economía”, a buscar cómo crecer más rápido para que el “próximo gobierno” encuentre al país floreciente y Ortega (que sería, por supuesto, derrotado en ‘elecciones libres’ en… ¡2021!…) no pueda “gobernar desde abajo” una vez más, como hizo en los 90.

Todo esto es una trampa transparente, porque sin lucha cívica, o sea, sin desobediencia civil, sin desestabilización del sistema, no habrá “próximo gobierno” que no sea dominado, desde arriba o desde abajo, por Ortega.

Pero tu tío y su pofi no quieren desestabilización, porque “hay que cuidar la economía”, por lo cual, lógicamente, piden estabilidad. O sea, piden que se calmen las aguas. O sea, prácticamente piden que se deje gobernar en paz a Ortega.

Si yo fuera Ortega, nada me haría más feliz.

Además, Ortega post 1990 no logró “gobernar desde abajo” porque las finanzas del Estado estuvieran pobres ni la economía destruida. Pudo hacerlo porque en 1990 el tipo quedó en control de fuerzas políticas y militares capaces de desestabilizar a cualquier gobierno por medio de asonadas, asesinatos, y otros métodos antidemocráticos.

Y no olvidemos que quedó con recursos muchísimo menores de los que controla hoy en día. De tal manera que, si por un milagro, hubiese elecciones libres en 2021 sin que mediaran sanciones internacionales (que tu tío no quiere porque “hay que cuidar la economía”) ni desobediencia civil (que también “daña la economía”), todo ocurriría dentro de las leyes actuales y las reglas de Ortega; y si él decidiera dejarse ganar—o reconocer su derrota—quedaría en control de, no uno, sino dos ejércitos (por si acaso uno “falla”), más canales de televisión, espías, CPCs, sicarios, jueces, policías, centros de educación a todos los niveles, y miles de millones de dólares de Venezuela y del sudor nica que “andan por ahí”, y que igual compran un diputado que el rifle de un sicario.

Lo demás es lo de menos: que si CxL, que si PLC, etc.  En todo caso, el cuento del “vehículo electoral” es otro embarque, y antidemocrático sin duda, porque lo que tu tío le dice a los ciudadanos es muy sencillo: ni piensen que pueden formar sus propios partidos; se van en este, el nuestro, o no entran al juego…

Te lo dejo hasta aquí por el momento, aunque hay mucho más, y mucho más detalle, desde la falacia de “gobernar para el futuro”, frase que suena bonita (el tío tiene gracia para estas cosas) pero que esconde un engaño, hasta la mañosa referencia a Aristóteles (el pobre Ari debe estar pidiéndole a sus dioses que le lleven la cabeza de tu tío), pasando por el discursito sobre sus esfuerzos heroicos para que se diera el Cafta, como si esos tratados fueran producto de la generosidad de los países y el heroísmo de los burócratas, y no de la conveniencia mutua …aquí se le cayó el zapote a tu sabio tío, o lo dejó caer.

Luego añado, corrijo, publico, y te invito, por si acaso te interesa.

Abrazos,

Ciudadano X

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