Algunas preguntas sobre “marcha” versus “protestas express”

23 de Marzo, 2019

Parece que la UNAB renunció a liderar una marcha mañana, y en su lugar pide a la gente que haga protestas “express” en pequeños grupos. ¿Apuestan a que este tipo de protesta limite la capacidad de represión de la dictadura? ¿Habrán otras razones para esta decisión?

En cuanto a que se limite la represión con esta táctica, tengo mis dudas. De hecho, temo que más bien podría ser peor, que la represión ejercida contra grupos pequeños, dispersos, al ser menos visible, sin tanta cobertura periodística, podría ser más peligrosa para los participantes. Si se insiste en “unidad”, en nombre de la fuerza opositora, ¿no aplica eso a concentrar el mayor número de personas posible?

Por otro lado, al renunciar a la marcha, ¿no reducen el impacto mediático y sicológico, y por tanto político, de las protestas? Si la dictadura reprime, ¿paga el mismo precio si es contra un grupo pequeño en un barrio, versus una multitud en el centro visible de la ciudad?

Me hago otras preguntas: ¿Qué los hizo cambiar de opinión, después de haber llamado a una nueva marcha? ¿Tratan de evitarle a la Alianza la vergüenza de explicar, una vez más, que por más comunicados que firmen, y por más promesas que haga el gobierno, los derechos ciudadanos siguen conculcados?

La repuesta expedita de los líderes, la que seguramente darán, es que hacen todo esto para no exponer a los ciudadanos. Y claro, nadie puede oponerse a evitar sufrimientos innecesarios a la población. Pero uno se pregunta si ese es el verdadero motivo de estas decisiones. Porque si quieren evitar que la gente se las juegue en la calle, podrían presionar, por ejemplo, para que los poderosos usaran su peso económico contra la dictadura. No lo hacen. No lo han hecho. Ni cuando la ciudadanía insurrecta clamaba desesperadamente por un paro indefinido.

Además, los ciudadanos no son niños a quienes hay que proteger, sino individuos que juzgan por sí mismos para qué riesgos están dispuestos, y que saben que a la dictadura no se la derrota sin correr ninguno.

Cada quien sabe hasta dónde puede llegar, y ya se sabe que hay muchísimos nicaragüenses dispuestos a la lucha.

Y lucha, tristemente, queramos o no, va a haber, SI ES QUE HA DE HABER DEMOCRACIA. La lucha VA A DARSE con o sin Alianza, con o sin UNAB, con o sin individuo X o Y. Con o sin mi voluntad, o la voluntad de quien esto lee.

Porque dudo que vaya a ser en una reunión secreta en Incae donde cuatro negociadores logren desmontar el aparato orteguista, mientras el resto del país espera pacientemente en sus casas a que la “las partes” publiquen el siguiente comunicado.

Ojalá fuera así el mundo. No lo es, y por tanto uno tiene que cuestionar a quienes tratan de vender la noción de cambio democrático sin más lucha, porque en efecto, esa noción desmoviliza al pueblo. ¿No les gusta gritar “solo el pueblo salva al pueblo”?

Además, repito, me parece que al convocar a pequeñas protestas más bien aumentan el riesgo para la mayoría de los manifestantes, en los lugares donde no tendrán el beneficio de la presencia de los personajes conocidos de la política, que–queramos reconocerlo o no–reciben un trato ‘preferencial’ en la represión. ¿Alguien cree que si apresan a un opositor en una protesta del barrio X, vamos a ver al Nuncio gestionar esa misma noche su libertad, o a Juan Sebastián Chamorro y a José Pallais sentarse con el Comisionado de Policía para que liberen a Juan X? Me perdonan, pero yo lo dudo. Estamos hablando de la Nicaragua tal como es, y no como la quisiéramos.

¿Me equivoco? Ojalá. Ojalá. Ojalá. Pero si no me equivoco, y lo que la UNAB le está diciendo a la gente es que “hagan lo que puedan por su cuenta”, la gente en algún momento va a terminar preguntándose cuál es la función de la UNAB en estas cosas.

Porque yo sé que el pueblo va a encontrarle respuesta al reto, y va a salir de la dictadura independientemente de lo que hagan la Alianza, la UNAB, la OEA, y quien sea. Aun así, no deja de ser triste que el pueblo tenga que triunfar “a pesar de” gente que dice hablar en su nombre. Sería más fácil si los políticos no tramaran tanto, si hablaran la verdad, si fueran transparentes, si en verdad pusieran el interés de la nación por encima de agendas mezquinas. Así sería más fácil creerles. Así habría menos sufrimiento en la lucha por la democracia.

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