¿Puede haber democracia sin derrocar a la dictadura?

27 de Febrero, 2019

“¿Y si no es el diálogo con la dictadura—preguntan los partidarios de esa estrategia—qué se puede hacer?” “No hay alternativa”, se responden ellos mismos, “a menos que uno quiera la guerra”.  Y luego te imprecan: “¿Vos querés la guerra?”, “Danos, vos, la solución; ¡explicanos, vos, cómo se puede salir de la dictadura sin diálogo!”.

Es decir, quieren un mapa de certidumbres en una lucha que obviamente solo tiene dos: sufrimiento y dificultad.  Y si alguien critica su triunfalismo (“¡vamos ganando”, dicen, y luego tienen que huir al exilio) lo tachan de inútil, lo cuestionan éticamente. 

Lo que no hacen es abordar el tema de fondo: si su postura estratégica tiene sentido. Su argumento principal es una falacia: si no conciben una alternativa de lucha que sea incruenta, indolora y sin costos, entonces el “diálogo” es la “solución”, y quien se oponga al diálogo “quiere una alternativa cruenta, dolorosa y cara”.  Cierran entonces los ojos y repiten “el diálogo es la solución”.

Qué ejemplo más triste de “voluntarismo mágico” es este, porque es un fracaso de la imaginación y una derrota de la voluntad.  De hecho, el ciudadano insurrecto ha sido capaz, y por mucho, de superarlo, y se ha lanzado a desafiar al régimen con un coraje y una creatividad admirables, mientras los grupos de privilegio en la clase política, en rezago crónico, buscan regresar a sus prácticas habituales: entrar al salón privado de negociaciones a repartirse las ruinas de la sociedad.

En el camino inventan falsas unidades, falsas identidades, y falsas soluciones.  Porque “soluciones” que no involucren sacrificio, sudor y sangre, son muy improbables cuando se tiene delante a una dictadura monstruosa cuya criminalidad ya no está en duda.  Nadie que se respete, o que respete al pueblo, puede promover la ilusión de que “a través del diálogo”, tal y como está planteado actualmente, se puede hacer entrar en razón a Ortega, hacer que renuncie, que abandone la idea de “gobernar desde abajo”, y que se someta, junto a sus sicarios, a la justicia. 

Lo más probable es que el camino sea otro, y eso hay que decirlo con honestidad a la gente: parece que el precio de la libertad será alto, no porque uno quiera, no porque uno lo diga, sino porque a veces el mundo es terrible y la realidad es amarga, y en Nicaragua hay una dictadura que no da muestra alguna de querer extinguirse.  Todo lo contrario, el tirano ha respondido al reto de la sociedad con una ferocidad sin precedentes, y a estas alturas parece no tener más alternativa que resistir hasta la muerte o terminar sus días en la cárcel.

Qué hacer, qué se puede esperar

Esta es la primera y terrible circunstancia que hay que enfrentar, y que parece inmune a cualquier voluntarismo mágico: lo más probable, para que termine la pesadilla, si se quiere democracia en Nicaragua, es que haya que derrocar a la dictaduraDerrocar, no pactar.  Derrocar, no “negociar una salida democrática”.  Negociaciones puede haber, pueden servir al proceso de liberación, pero únicamente si son reflejo de una correlación de fuerzas ampliamente favorable al pueblo, y si la dictadura las acepta porque su abanico de opciones se ha reducido a exterminio o rendición

En segundo lugar, es preciso que el movimiento democrático lance por la borda el pesado lastre de la falsa unidad con los grandes empresarios.  Hay que excluirlos de cualquier instancia de dirección del movimiento. Sí, excluirlos. Dejar de esperarlos, dejar de confiar en ellos. Lejos de debilitar al movimiento democrático, la exclusión del Cosep y sus representantes fortalecería la lucha contra la dictadura, la liberaría de todas las constricciones que provienen del interés particular de los empresarios, quienes nunca han lucido tan cómodos al lado de los ciudadanos insurrectos como al lado de Ortega.  Desde que, pasado el estallido de abril 2018, decidieron cruzar a pie la acera hacia el lado opositor, se han negado a volcar su poder económico a favor de la lucha democrática con una onza del fervor con el que promovían al gobierno antes de esa fecha. Han cabildeado en contra de las sanciones internacionales al régimen, se han negado al paro indefinido, a la desobediencia civil, a la desobediencia fiscal, abandonaron a la gente que en las calles clamaba desesperadamente por más apoyo.  Sabotean de hecho la unidad, al tomar iniciativas en su nombre al margen y por encima de todo lo prometido, de la frágil institucionalidad de la oposición (la UNAB, la Alianza).  Van por sí solos y a su paso detrás de sus propios intereses, se sientan a discutir el futuro del país con el dictador y luego entregan el hecho consumado. Han demostrado, en otras palabras, que tienen su propia agenda, la que no comparten ni sacrifican.  No añaden, restan.  ¿Por qué insistir en que nos acompañe quien no está comprometido a estar?  Padecen de una miopía histórica que les impide entender algo muy elemental: a mediano plazo pierden más contra el pueblo que con el pueblo.  Porque lo que el pueblo quiere no es la destrucción o expropiación de sus empresas, ni la pérdida de derechos de sus propietarios.  Quiere que tengan derechos, no privilegios, pero quiere conquistarlos para todos en esta revolución cívica, que no debe desviarse—como tantas veces antes—hacia la consecución de prebendas para unos pocos.

El resto es lo de siempre: organización y lucha. No hay fórmulas mágicas, y no hay soluciones que no conlleven respuesta represiva del gobierno.  El pueblo sabrá idear las formas, y su creatividad le permitirá crear rutas por las que el movimiento se ampliará y fortalecerá a pesar de todos los costos y dolores.  En su momento sabrá retomar la ofensiva y derrumbar el edificio del despotismo, que ya exhibe fracturas y se asienta sobre un terreno lleno de fallas.  ¿Cómo serán los actos finales de este drama?  Eso nadie lo sabe.  ¿Alguien sabía exactamente cómo iba a darse la caída de Somoza? ¿O de Pinochet? ¿O de Fujimori? 

Maquiavelo y el pacto

23 de Febrero, 2019

Maquiavelo recomendaba al príncipe reprimir de golpe, «con todo» porque el pueblo olvida, y hacer el bien poco a poco, por lo mismo.

Para que vean que en medio de la locura hay un hilo de racionalidad, la historia completa de la dictadura de Ortega y Murillo va a mostrar que leyeron el manual: represión infernal primero, pequeñas concesiones a cuentagotas después.

Las noticias dicen que «ya suspendieron los juicios políticos», aunque no han soltado a ningún secuestrado. Pero prepárense, porque la Alianza vuelve a sentarse sin condiciones con los genocidas, a pesar de todo lo que antes prometieron, y probablemente cuando comience formalmente el «diálogo» la mayoría, o todos los reos políticos, condenados o no, estén todavía presos. A lo mejor empiecen a soltar a algunos, y la Alianza confirme lo que el cardenal Brenes ya dice, sobre que hay «buena voluntad» en el gobierno. Luego dirán que «vamos avanzando hacia el objetivo».

Y así, poco a poco, iremos olvidando que la libertad de estos nicaragüenses no es obra de caridad de la dictadura; que nunca debieron estar presos, y que la libertad de protesta no es generosidad, sino derecho.

Poco a poco nos quieren llevar por ese camino, que es, nos dicen, el civilizado, porque «nos hacemos concesiones».

Como si la libertad fuera una «concesión» que les pedimos y no un derecho que exigimos respeten.

¿Nos están «preparando» para un pacto?

26 de Febrero, 2019

Cito a Mario Arana, quien ha sido designado por la Alianza como representante en la negociación del 27 de febrero con la dictadura: «Sobre los negociadores de la Alianza que buscarán una salida a la crisis en Nicaragua, aclaro: No representamos sectores, somos interlocutores de los intereses de los nicaragüenses, y estamos abiertos a consultas y aportes de los que demandan libertad, democracia y justicia.»

Me sorprende sobremanera este comentario: Mario, ¿ustedes necesitan que quienes demandan libertad, democracia y justicia «aclaren» que lo ÚNICO que los satisface es:

(1) Que Ortega-Murillo deje el poder (Libertad);

(2) No «gobierne desde abajo» (Democracia);

(3) Que sea juzgado por sus crímenes (Justicia)?

¿De verdad es posible que esto no esté claro? ¿O es que piensan posible decirnos que… bueno, conseguimos «algo», o «conseguimos dos de tres, alegrémonos».

¿Nos quieren «preparar» desde ya a que «una salida a la crisis en Nicaragua» requiere que renunciemos a nuestras demandas básicas de «libertad, democracia, justicia», para que cuando nos digan «alegrémonos», no veamos lo actuado como lo que sería, como otro pacto nefasto, a espera de la próxima explosión de violencia, y años más de tiranía?

No vayan por ese camino, porque van a quedar muy mal. Si no creen posible que Ortega, Murillo, y su séquito, acepten mansamente dejar el poder, renuncien a «gobernar desde abajo», y acepten ser juzgados por sus crímenes, y aun así se sientan a dialogar con ellos, entonces ustedes no tienen el mismo objetivo de los que buscan «libertad, democracia y justicia».

Por otro lado, si creen que Ortega, Murillo y su séquito van a aceptar esas demandas mansamente… bueno, pues buena suerte por ese camino. La verdad es que yo no puedo siquiera imaginarme que gente intelectualmente sofisticada como vos y otros del grupo albergue la esperanza de que Ortega, Murillo y séquito, se hayan «convertido» a la razón y a la civilización, y por tanto ahora nuestros «problemas» con ellos puedan resolverse a través de «técnicas» de resolución de conflictos.

Por eso repito, como mi «aporte»: cualquier arreglo que no cubra los puntos arriba enumerados es insatisfactorio, es un pacto, una componenda, sangre sobre herida para la mayoría de los nicaragüenses, y además no lleva a ningún resultado bueno, ni mucho menos sostenible.

Van a quedar muy mal, en muy mala posición, si se hacen cómplices. No lo hagan, por el bien de Nicaragua, y el de su propia reputación.

Está de por medio una herida enorme, que no va a sanar sin justicia; hay en la población una furia tal, y una indignación tan intensa, que para contenerla la dictadura necesita tener al país convertido en un campo de concentración, con torres de vigilancia y guardias armados revisando a todos los cautivos. Una represión generalizada, cotidiana, y barbárica.
Recuerden eso, respeten eso.

No digan que nadie les dijo, no digan que pidieron «consultas y aportes» y nadie les dio.

¡Expliquen!

Febrero 25, 2019

¿Por qué se da el “diálogo” que comienza el 27 de febrero?  Porque los empresarios, que tienen “acceso” a Ortega, acuden a la cita, y arrastran con ellos a la Alianza.

Pero tienen—no olvidemos– acceso al dictador por razón deshonrosa: porque son viejos socios, y porque son beneficiarios de uno de los sistemas de distribución del poder, de la riqueza y los ingresos más injustos, retrógrados y dañinos del mundo. 

No es descabellado sospechar que, si pudieran, pactarían la reconstitución del estado corporativo (léase fascista) que existía hasta abril del 2018. 

Tampoco es insensato pensar que si no se encuentra la forma de que la lucha popular se reactive, con todo el sufrimiento que eso tristemente implica, élites corruptas van a repartirse otra vez los restos del país. 

Hasta que venga la próxima explosión.  Y creo que vendrá, porque hay un profundo, amargo descontento, una enraizada desconfianza en todos los manejos de la clase política.  Además, los empresarios (aunque vistan el manto ralo de la Alianza) no pueden ofrecer a Ortega lo único que Ortega puede aceptar, impunidad y permanencia, sin que el pueblo lo considere una traición. 

Ni podrá haber la menor semblanza de democracia en Nicaragua mientras Ortega, Murillo, y su séquito, estén en libertad en el país.  No creo exagerar: no habrá paz y democracia en Nicaragua mientras las murallas de El Carmen estén en pie

Si me equivoco, si la mayoría de los nicaragüenses que pensamos así, estamos equivocados, que nos expliquen dónde está nuestro error.

Por eso pido a todos los que aseguran que el diálogo con Ortega resuelve este drama, que me expliquen cómo es que imaginan una “transacción” en que ambas partes se dicen satisfechas, en que Nicaragua avanza hacia la democracia, se hace justicia por todos los crímenes ocurridos desde abril, y Ortega (con Rosario Murillo) acepta, tranquilo y satisfecho. 

Los reto.

La danza macabra de Ortega y el pudín de la Alianza

Febrero 25, 2019

De los ingleses parece venir este refrán: “la prueba del pudín se hace al comerlo”. 

Digamos que algo así se avecina para los nicaragüenses, que nos hemos desgañitado gritando a favor y en contra del diálogo con la dictadura.  El miércoles 27 de febrero se prueba el pudín. Ya se sabrá cómo sabe, cómo cae en el estómago, cuánto alimenta. 

¿Cómo sabremos si el pudín no indigesta y no sabe amargo?  Como en toda experiencia de comensal: muy fácilmente, y sobre todo muy rápidamente.  

Veamos.  El miércoles hay que estar pendiente de si el gobierno anuncia esto:

  • Todos los presos políticos van a ser liberados, y anulados los procesos judiciales en su contra;
  • La cacería humana en todo el territorio nacional cesa de inmediato;
  • Se restablece el respeto al derecho (no el derecho, que es inalienable) de protesta y marcha pacífica;
  • Se restablece el respeto al derecho (no el derecho, que es inalienable) a la libertad de prensa, por lo que se garantiza la libertad y seguridad de los periodistas exilados, y se devuelven los equipos e instalaciones a Confidencial, Esta Semana, y 100% Noticias;
  • Se desmovilizan los paramilitares y otros escuadrones de secuestradores y matones al servicio de la dictadura.

Si lo hacen, y lo cumplen, indiscutiblemente que es un paso adelante, y los prodiálogo podrán justamente afirmarlo así.  Del pueblo demócrata los señores de la Alianza tendrán, de algunos, un voto de confianza, y de millones de escépticos, la voluntad de dudar de nuestro juicio anterior, de dejarlos hacer, porque algo habrían demostrado, y obviamente nosotros no lo sabemos todo; podemos equivocarnos–por eso es precisamente que somos escépticos.

Pero debe ser de inmediato, porque –ahora que está de moda la analogía con una situación de secuestro—un negociador honesto no da más tiempo al secuestrador a menos que este deje de matar a sus rehenes uno a uno.  

Ustedes, señores de la Alianza, no deben acompañar la danza macabra de Ortega, no deben bailar con él al paso que él desea, mientras ostenta su control ilegítimo sobre las libertades que nos pertenecen, sobre nuestros derechos humanos. 

Si lo hacen, si siguen sentados a la mesa sin que se cumplan las condiciones arriba enumeradas, estarán sirviendo al régimen a ganar tiempo, a espera de lo que ocurre fuera de nuestras fronteras.  De hecho, estarán amortiguando el posible impacto de lo que ocurre allá.  Estarán fortaleciendo la posición internacional de la dictadura. 

Quienes se oponen a las sanciones, en Europa, Estados Unidos, y otros países, dirán: “intervenir ahora es un acto de imperialismo; ya los nicaragüenses dialogan; ¿ven que no es tan terrible la situación?”.

Y conste, que el cumplimiento de las demandas arriba enumeradas nos llevaría más o menos de regreso a abril 2018, cuando explotó la olla de vapor de la opresión, e incluso en algunos casos hasta un poco después, al inicio de la represión infernal que la jauría orteguista lanzó contra el pueblo insurrecto.

En otras palabras, el cumplimiento de estas demandas no resolvería el problema, aunque sin su cumplimiento inmediato nadie puede insistir en continuar en diálogo con la dictadura y luego quejarse de que lo acusen de blando, ingenuo, pactista, o hasta de traidor.  Y no olvidemos: nos habían prometido que iban a exigir que estas condiciones se cumplieran antes de sentarse a la mesa.

Pero bueno, vamos por pasos, logren que el gobierno ceda de inmediato a las demandas mínimas, y entonces comenzará el examen a fondo de la estrategia.  Porque la dictadura estará todavía ahí, como el dinosaurio del cuento, aunque por el momento haga una pausa en su campaña de exterminio. 

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