Derechos para todos, privilegios para nadie

Y ahora, si me permiten, les doy una opinión que seguramente será algo incómoda, porque va en contra de nuestra tradición cultural: si yo hago algo por mi comunidad, por mi sociedad, por mi país, mi país no me debe nada, mi sociedad no me debe nada, mi comunidad no me debe nada.

Eso de que “le cuesta la causa”, o ha tenido un comportamiento heroico, y por eso “merece” privilegios–incluyendo el privilegio de no ser criticado–es un veneno terrible.

Nadie “merece” nada por hacer su contribución, por jugar el papel que escoge jugar. Nadie “merece” más que los demás, o sea, nada que no sea justicia ante la ley, aunque haya sido preso, torturado, exilado o sufrido represión.

Monumentos para los muertos, y luego de pensarlo bien. Mientras tanto, cada quién a lo suyo, a ser ciudadano de bien, responsable por sus actos, comprometido éticamente con lo que la conciencia dicte, y a sabiendas de que lo que cada uno da no crea una deuda para con uno.

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