Aprendiendo a contar

28 de Febrero, 2019

Ahora nos quieren tener contando puntos.

Ayer, después de la reunión privada entre dos religiosos de cuestionable idoneidad, varios maleantes al servicio del gobierno, y varios personajes de la oposición, nos dicen que “llegaron a acuerdo” en “nueve de doce puntos”. No nos dicen de frente (¿para qué molestarse?) cuáles son, ni los doce ni los nueve. Apenas se “filtra” de qué hablan. “Pura carpintería” citan a alguien comentar.

Corrección: no sé qué cuentas llevarán los señores, ni cuán diestros son con la madera, pero los puntos que el pueblo de Nicaragua exige son únicamente, y estrictamente, tres:

(1) Libertad (derrocamiento de Ortega y Murillo);
(2) Democracia (apartamiento de Ortega y Murillo del poder político y del poder económico);
(3) Justicia (enjuiciamiento ante un tribunal creíble, y con debido proceso, de Ortega, Murillo, y sus sicarios)

También nos dicen que hay cien presos políticos que han sido puestos en libertad.

Corrección: no los han puesto en libertad, los han cambiado de cárcel.

A pesar de la mejora evidente en las condiciones carcelarias (pasan de estar enjaulados en centros de tortura a estar en sus casas), el hecho fundamental es que estos cien ciudadanos, privados de libertad por ejercer sus derechos, continúan siendo reos, continúan bajo castigo por ejercer sus derechos, y podrían ser enviados de nuevo a las ergástulas si conviene al tirano. Por el momento, el tirano no lo cree necesario.

Otra corrección: han cambiado de cárcel a cien, pero siguen capturando; los números de esta columna no están claros, pero van en aumento casi diariamente; podrían ser más ahora si no fuese por el ingenio de los jóvenes que siguen haciendo protestas relámpago.

Hay que hacer muchas más correcciones: aumentar la suma de prisioneros políticos, sumar al total de días sin 100% Noticias, con ocupación de las instalaciones de Esta Semana y Confidencial, con retención de papel para los periódicos, con patrullaje de ocupación militar en las ciudades, con angustia y separación de familias para decenas de miles de exilados que pasan penurias. Hay que sumar otro día a la falsa unidad con los empresarios, otro día al cinismo del régimen, otro día a la desesperada credulidad de quienes por buena voluntad terminan apoyando este procedimiento intrínsecamente antidemocrático: conversaciones privadas en que se discuten “puntos”; pláticas iniciadas por dictador y cúpulas, para decidir por el resto del país no se sabe exactamente qué.

Y para rematar, hay que sumar la pobre aritmética de los señores.

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