China, Trump, y el encantador de serpientes (Tres lecciones para Nicaragua)


4 de abril de 2020

El gobierno de China es una pesada dictadura, y tiene las culpas que tiene, haciendo lo que hacen las dictaduras, entre otras cosas inventar su propia realidad a punta de mentiras, y de impedir que la información real circule libre y circule rápido. Pero esa dictadura no gobierna en Estados Unidos.

Trump no es culpable del virus, y no se le puede achacar todo el daño, pero su conducta aberrante impidió que el gobierno de Estados Unidos cumpliera su deber y usara los enormes recursos a su disposición para proteger la salud y la economía del país, durante más de dos meses en los que repetidamente se burló de las advertencias de los científicos y de los organismos de Inteligencia de Estados Unidos con la ayuda del conglomerado noticioso Fox, una fuerza verdaderamente siniestra en la sociedad estadounidense.

Hasta la segunda semana de marzo, casi dos meses después de que el primer caso de Coronavirus fuera confirmado en EEUU ¡el 20 de Enero de 2020!, Trump afirmaba que no había tal pandemia; que se trataba de una conspiración de sus enemigos; que en realidad el virus era igual a una influenza común (para la cual existe vacuna); que quienes hablaban de pandemia querían sembrar el pánico para atacarlo, a él, el mejor presidente de la historia junto a Lincoln; que era todo «fake news» de CNN y el New York Times; que había habido 15 casos y ya solo quedaban 2, pronto serían cero, y que «como un milagro» el Coronavirus desaparecería del país, porque él estaba haciendo «un trabajo maravilloso», al que él mismo asignaba una nota, en la escala de uno al diez, de «diez».

La conducta negligente del Presidente de Estados Unidos continúa hasta la fecha. No daré más detalles porque son públicos, y es otro el interés ulterior de este artículo, y no cansar al lector con un registro de la incompetencia del actual ocupante de la Casa Blanca. Porque, en efecto, Donald Trump es un hombre excepcionalmente inepto para administrar la cosa pública, a consecuencia de deformaciones psicológicas muy pronunciadas: carece de empatía; es un narcisista con delirios de grandeza que recuerda a Mussolini, que actúa con la torpeza de Maduro y crea un mundo paralelo, como la Murillo.

Afortunadamente, hay dispersión en la estructura de poder político del Estado estadounidense. Los gobernadores y alcaldes tienen poder real y recursos propios que, aunque inferiores a los del gobierno federal, permitieron que la sociedad iniciara, a tropezones y empujones, una respuesta racional a la crisis, mientras Trump y sus partidarios montaban su campaña negacionista, su carnaval, y daban tiempo y espacio al virus de instalarse a sus anchas en el país.

Pero no puede haber duda (solo la hay entre los fanáticos que siguen a Trump como el mesías evangélico que acaudalados predicadores protestantes han vendido a sus ignorantes masas): la negligencia de la administración Trump, con el oportunismo de sus cómplices Republicanos, es causa de que miles de vidas que pudieron ser salvadas, y millones de empleos que pudieron mantenerse, se estén perdiendo.

Por una Nicaragua democrática: Hay que dispersar el poder

Para los nicaragüenses que sueñan y luchan por la democracia en nuestros días, las enseñanzas de la tragedia estadounidense son importantes.

En primer lugar, que hay que construir un Estado con poder disperso.
Hay que encontrar la forma en que el gobierno central dependa de lo que han dado en llamar «territorios»; en que departamentos, regiones, municipalidades, tengan fuerzas de defensa civil y recursos propios, y atribuciones constitucionales bien definidas, protegidas de la intrusión de cualquier autoridad central.

Un gobierno central débil, de funciones limitadas, debe ser el norte constituyente de nuestro esfuerzo de fundación democrática.

Cuidado con el encantador de serpientes

En segundo lugar, debemos perder el respeto a los políticos. No digo a la dignidad de las personas, sino a los políticos como tales. El peligro del encantador de serpientes, del individuo que sabe utilizar la psicología del lenguaje para esconder su deshonestidad y cubrir sus intenciones con un manto de nobleza y altruismo siempre es inminente, y siempre es grave.

El momento de atajar a estos sujetos no es cuando ya están en el poder, aunque al poder oficial haya que atacarlo constantemente, para mantenerlo a raya. A los políticos hay que someterlos a la dictadura de la opinión ciudadana desde un inicio. ¡Mucho cuidado con aquellos que invocan conspiraciones en su contra, o falta de comprensión del público, y se dan golpes en el pecho proclamando su humildad y amor al país! ¡Mucho cuidado con aquellos que buscan incesantemente la pantalla! ¡Y mucho cuidado, también, con aquellos que la evitan si no la controlan!

Necesitamos ser expertos en medir la mesura, en evaluar quién merece nuestra confianza limitada y siempre condicional. Para esto, el primer paso es comportarnos como escépticos que han sido quemados por la sopa demasiadas veces, y que de ahora en adelante soplarán hasta la cuajada más fresca.

No más pedestales para nadie. No más cheques en blanco ni apoyos incondicionales, ni fe, ni votos de confianza: «piensa mal y acertarás».
No importa si estuvo preso, si hizo un despliegue heroico alguna vez, si viste uniforme de gloria o hábito de santidad. Debajo de los trapos y después de la valentía queda la ambición humana, esa mala levadura de que hablaba Darío.

Digo todo esto y pienso en personajes que hoy son oposición pero mañana serán gente de poder en el poder. Algunos de ellos me hacen recordar la anécdota según la cual Luis Somoza dijo de su hermano Anastasio que «lo difícil no es que suba, lo difícil es que baje«. ¡Hay que estar alerta! Y para estar alerta, precisamos desoír a las sirenas que cantan «¡no hablemos de estas cosas hoy, no critiquemos, ¡unidad, unidad!, no le hagamos el juego a la dictadura»!.

Todo lo contrario: la dictadura caerá, tarde o temprano. Será más temprano si depuramos las filas de la oposición de los más peligrosos oportunistas, de los más ambiciosos. Tendremos después democracia, y no una nueva dictadura, si hoy, no mañana, cuando ya podría ser demasiado tarde, ejercemos nuestro derecho a la crítica implacable frente a los políticos.

Si quieren trabajar para nosotros, que sepan que somos jefes inflexibles, insoportables, que no vamos a permitir que se nos robe, por omisión o comisión, ni un centavo, ni una gota de sudor, ni un solo destello de la luz de nuestros sueños. Si no pueden aceptar el trabajo en esas condiciones, que sepan que sus lloriqueos serán inútiles, y deben buscar otra ocupación.

Política y religión

Una tercera enseñanza es que hay que separar la religión de la política. La fe sincera es una fuente inagotable de esperanza y gozo, aun en las peores condiciones materiales. De la fe nace una fuerza que va más allá de músculo y dinero. La fe puede mover montañas. Pero lo hace desde el corazón, desde lo más íntimo, y ahí es donde debe cultivarse, crecer, y ser guardada.

Hay que desconfiar de los políticos que la invocan en público, porque si lo hacen, no es para bien. Una fe sincera, benigna, no puede sino expresarse a través de la bondad, a través de las acciones. Para ser fuerte, un hombre de fe no necesita gritar ante las cámaras la palabra Jehová, ni la palabra Dios, ni la palabra Alá, ni ningún nombre que en su cultura represente la deidad suprema. Quienes esto hacen, buscan más bien ocupar–yo diría que hasta sacrílegamente–un lugar en la mente del oyente, junto a la fe de este; quieren que este asocie al político con su fe, con su religión, con su Dios.
Se trata de una manipulación clásica, parte de la psicología del lenguaje de que hablaba antes. Así que, repito: hay que separar la religión de la política, quitar el tinte religioso al discurso político, impedir que la codicia humana representada en la lucha por el poder corroa la espiritualidad y la explote para fines macabros.

Nótese que hay otro aspecto del asunto que es esencial, y que solo mencionaré: para ser ciudadano no es requisito tener fe religiosa, mucho menos pertenecer a una religión organizada. A nadie puede negársele derechos humanos (que eso son los derechos ciudadanos) por no creer en Dios, o por creer en Dios de una manera diferente a la mayoría. De eso se trata el estado laico: un pilar de libertad; no es accidente que los peores regímenes, incluyendo el de Rosario Murillo en Nicaragua, exploten una religión, o hasta la inventen.

La profanación de la misa de Cardenal y el cruel engaño que organizan los políticos

4 de marzo de 2020

Tras el insólito despliegue de barbarie totalitaria durante y después de la misa de cuerpo presente del poeta Ernesto Cardenal, lancé en mis redes sociales la siguiente pregunta: «¿Nos van a decir, Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro, que se puede ir a elección con esta gente, que esa es la única opción «realista»?«. La dirigí a ellos dos, como representantes de la Coalición Nacional, pero evidentemente no solo corresponde a Maradiaga y Chamorro responder, sino a toda la dirigencia de su partido.

Por tratarse de una preocupación ciudadana legítima, y por la naturaleza extrema de los hechos que hemos observado, no deberían ignorar la pregunta para dejar que se «enfríe» nuestra indignación y después seguir haciendo lo que les da la gana. Tengan, se los pido, la amabilidad de dar respuesta clara y directa.

Tienen obligación de responder.

¿Hay que explicarles la gravedad de las transgresiones ocurridas? La conducta de la dictadura no es solo permanentemente ilegal, inconstitucional y violatoria de los derechos humanos. La dictadura ejerce una represión que rebasa la racionalidad de respuesta política a una amenaza; su ámbito es el terror; su propósito es aplastarlo todo y al capricho; si parece demencial es porque Ortega y Murillo se han colocado al margen y en contra de todas nuestras normas culturales; ya no respetan nada. ¿A quién podría ocurrirse que en la Nicaragua que admira a sus grandes poetas, y que es mayoritariamente religiosa y católica, un régimen tuviera la osadía de enviar turbas de facinerosos a organizar la invasión de la principal iglesia del país, y que ante la jerarquía del clero y el cuerpo presente de su poeta más famoso, desataran gritería y violencia, interrumpieran el sermón, insultaran a la familia y los amigos del finado, y luego esperaran en las afueras del templo para golpear con saña a periodistas que cubrían el evento? ¿En qué país, fuera del mundo de las crueldades fascistas, podría darse este tipo de agresión contra los momentos más sagrados, íntimos, y dolorosos, de la gente?

¿Y en qué cabeza cabe que hay que aceptar como legítimos en una elección nacional a una pandilla que rechaza todas las normas de la legitimidad? ¿En qué cabeza, señores Felix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro, y demás representantes de la Alianza Cívica, de la UNAB, y de las otras organizaciones que propugnan la «vía electoral», cabe que quienes no respetan ni el sepelio de un prócer cultural, ni la presencia de diplomáticos y de la alta jerarquía de la iglesia; que quienes atropellan las más caras y antiguas tradiciones y creencias del pueblo, como el respeto a los muertos, van a respetar un acuerdo de elecciones, si es que se dignan aceptarlo en principio?

Varios comentaristas han señalado esta obviedad: no puede dudarse que la violencia ejercida dentro de Catedral y en sus afueras, ante las cámaras de televisión nacionales y extranjeras, es el modelo de intimidación que la dictadura aplicará en cualquier proceso electoral que ocurra en el futuro. Lo hará cuando quiera y cuando lo considere útil a sus propósitos. Quien espere del FSLN escrúpulos, mesura y palabra está ciego, o quiere estarlo.

Y no nos vengan con más declaraciones vacías sobre «reforma electoral», o «presión internacional», o «resistencia», porque están «en pie de lucha» contra el régimen. Nada de esto es cierto, nada de esto ocurre, nada de esto tiene sentido. Seríamos ahora nosotros, los ciudadanos, los que tendríamos que estar ciegos o querer estarlo, para creer tales afirmaciones. Es más que evidente que la intención de quienes dicen estar construyendo la Coalición Nacional es ir a elecciones con la dictadura, y que están dispuestos a hacerlo bajo las condiciones que la dictadura permita, y que gastan su tiempo, sus energías, y considerables recursos financieros en la competencia entre grupos e individuos para posicionarse favorablemente. Han logrado detener, porque no tienen interés y parece más bien ser un obstáculo para sus intereses, todo proceso serio de sanciones internacionales. Ya lo ha dicho al diario La Prensa el estelar Coordinador de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, el Sr. Carlos Tünnerman Bernheim: «Nosotros no gestionamos sanciones«. Ya lo ha dicho otro personaje avieso de esta desdichada historia, el Nuncio Waldemar Sommertag: «No tengo ninguna idea sobre una eventual negociación. En este momento no creo porque estamos ya casi en un año electoral, reformas electorales, campañas electorales, el voto que es lo más importante”. Lo ha dicho José Pallais, lo ha dicho Mario Arana, lo dicen abiertamente, y luego–cuando creen conveniente–lo niegan con descaro: buscan desesperadamente cómo «entrar» en alguna casilla electoral, y esperan de esa manera «entrar» al gobierno.

Mientras esto hacen, lanzan cortinas de humo, proclamas inocuas, protestas pusilánimes, regaños apocados al régimen. Dos años casi llevan en eso, mientras el sufrimiento del país se acumula, mientras se acumula también la amenaza de una escalada violenta, ante el fracaso de quienes dicen estar por la lucha cívica. Y cuando ocurren episodios como el del entierro de Cardenal, que muestran a toda la nación el absurdo de la propuesta de elecciones con Ortega, su táctica es esconder la cabeza en la arena, hacerse los suecos, esperar a que pase la tormenta, para volver en unos cuantos días a lo suyo, a las batallas palaciegas para ver en qué casilla fulano o sutano puede «meterse» a la elección o amenazar a otros del grupo con «irse por su cuenta» si no le conceden tal o cual puesto. Vuelven también al falso discurso de lucha, al cruel engaño de que sus patrocinadores del gran capital no necesitan arriesgar nada, ni las sanciones internacionales deben aplicarse, ni hace falta lucha no violenta y resistencia civil, fiscal, y política, para democratizar el país.

Es un cruel engaño.

Por eso los ciudadanos no solo tenemos el derecho, sino el deber, de exigir que respondan: ¿Nos van a decir que se puede ir a una elección nacional para democratizar el país con la gente que profanó de la forma más brutal imaginable las exequias de Ernesto Cardenal?

La campaña sucia de las gavillas del poder

Agradezco a los lectores de Ciudadano X y revista Abril por haber denunciado en suficiente número la página falsa que fuerzas antidemocráticas crearon en Facebook para desacreditar nuestro mensaje con la calumnia implícita en un video falsificado.

Les dejo aquí la grabación real, de donde los falsos opositores extrajeron frases y las combinaron en un montaje que tenía por objetivo hacer creer al espectador de que estaba ante un llamado a reconciliarse con la dictadura orteguista.

Por más que traten, la verdad al final triunfará. Mientras más tratan, más queda en evidencia que le temen.

El hocico del monstruo y la «campañita» de los falsos demócratas

24 de febrero de 2020

Ahora la «campañita» de las gavillas del poder ha inventado una página falsa, para hacer quedar a «Ciudadano X» (ciudadanoequis.org) como partidario de la «paz» que predica la dictadura. ¡Ellos, precisamente ellos, constructores y beneficiarios (de un lado y otro del sistema) de la «paz de los negocios» que produjo el «modelo de consenso» de Ortega, Pellas, Ortiz, Cruz, Aguerri, Arana, etcétera…! Ellos, que se niegan a perder sus privilegios, y preparan, por encima de los cadáveres de Abril, un nuevo pacto.

Página falsa, video falsificado (Ciudadano X no tiene página de Facebook):


Y porque son enemigos de la democracia son enemigos de la libertad de pensamiento y de crítica. Fíjense bien cómo sufren y sudan cuando una persona que no es de su gavilla se atreve a expresarse como ciudadano libre. Aunque sea un ciudadano sin poder y sin riquezas, pero sin necesidad de puesto, ni codicia de prebenda; un ciudadano X, como la inmensa mayoría de las personas que en un país se levantan cada mañana a vivir y trabajar decentemente. Para las varias facciones de la élite, que una vez más disputan el reparto de la hacienda-botín, es imperdonable que este ciudadano ose romper la puerta del redil, que se atreva a pensar libremente, a desafiar su dominio infame.

Pongan atención a este ejemplo, mis compatriotas: demuestra que el problema es mucho mayor y más profundo que una pareja psicótica y perversa a la cabeza del Estado. El problema es que hay un sistema que PRODUCE dictaduras, porque se basa en una concentración grotesca del poder económico y una cultura política semifeudal, que emplea quizás–y apenas en ocasiones–consignas o formalidades modernas, pero que no es muy diferente, en la práctica y en el espíritu de exclusión que los posee, de las noblezas europeas medievales.

Qué realidad terrible, ¿no es cierto? Cuesta mucho aceptar que así sea. Pero no queda más remedio que abrir los ojos y ver el monstruo completo, y no solo su hocico. Es el primer paso, doloroso pero imprescindible, en la larga lucha por la libertad y el respeto a los derechos humanos en Nicaragua.

Pensamiento herético acerca de los Intocables (y sobre la farsa electoral que planean)

20 de febrero de 2019

En Nicaragua, la «oposición» oficial ha quedado en manos de políticos del gran capital (andidemocráticos, antidemocrático), y gente que fue prominente en el FSLN o sus «entrenados», amigos y familiares.

O sea, usurparon la cabeza (negociadora) del movimiento precisamente los constructores de dictaduras. Por eso no debería sorprendernos ni su prepotencia, ni su preferencia por las negociaciones secretas, ni su autoritarismo, ni que su propaganda sea bien financiada y sin escrúpulos.

Los constructores de dictaduras no están interesados en construir la democracia.

En lo que a mí concierne, si los falsos opositores quieren legitimar el orteguismo sin (o con) Ortega en una farsa electoral, que hagan ellos solos el circo.

Si quieren salvar al movimiento que ellos mismos fundaron, y que han oxigenado desde Mayo de 2018, que no usen al pueblo para eso.

Que se queden solos como lo que son: zancudos.

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