Nicas por Biden [por la democracia, por los derechos humanos, por Nicaragua]

Quiero invitar a los nicaragüenses, especialmente a los que pueden votar en los Estados Unidos de América, a unirse a la iniciativa Nicas por Biden [https://www.facebook.com/nicas4biden, @nicas4biden].

Yo lo he hecho:

1) Por la democracia en Estados Unidos. Puedo, y pueden, recitar todos los males y pecados de la sociedad estadounidense, las fallas colectivas de millones de personas a través de generaciones, los crímenes e injusticias. Puedo, y pueden, hacer lo mismo ahí donde haya seres humanos viviendo en sociedad. Pero la experiencia enseña que el orden democrático al menos mantiene con vida la esperanza de un mundo mejor. Yo pienso que nos da más que eso: el orden democrático nos ha dado instrumentos y ha creado espacios desde los que ha sido posible construir un mundo menos brutal. Y por supuesto, nos quita la excusa de que es “otro”–el dictador– el que hace mal las cosas. La responsabilidad en democracia es nuestra, ya que tenemos la potestad de influir sobre el destino de la sociedad sin arriesgarlo todo, como bajo una dictadura. No podemos perder esa potestad, y por eso debemos cumplir nuestra responsabilidad. Hay que impedir que un movimiento anti-racional que nace del miedo y del odio destruya lo que por democracia tienen 330,000,000 de seres humanos. Hay que preservarlo para construir algo mejor. El lema de la campaña de Biden es adecuado: “Build Back Better“, “Reconstruir, pero mejor.”

2) Por la salud, por la vida de 330,000,000 de seres humanos de todos los orígenes nacionales y étnicos, de todos los mestizajes, de todas las ideologías, todas las sexualidades y todos los tintes de nuestra hermosa diversidad humana. El régimen actual de Estados Unidos se comporta de manera similar al de Ortega-Murillo en cuanto a la pandemia del coronavirus: saben–lo han sabido desde enero–cuán peligroso y contagioso es el virus, y continúan alentando a la población al contagio. No solo ridiculizan el uso de las máscaras, sino que obstaculizan las recomendaciones científicas de masificar las pruebas y establecer un sistema de rastreo para contener la epidemia. De hecho, el actual Presidente caricaturiza como cobardes y traidores a la patria a quienes llevan máscara en aglomeraciones, y aglomera, él mismo, a sus partidarios.¡¿Cómo puede un nicaragüense que condena estas prácticas criminales en Nicaragua apoyarlas en Estados Unidos?!

3) Por la democracia en el mundo. En un mundo que a veces deprime, la reflexión indica que esta consternación es, irónicamente, motivo de esperanza: ocurre porque sabemos que el mundo puede ser mejor, que podemos hacer más para que sea más amable, bondadoso, y sostenible. Pero no podemos perder el terreno ganado, no podemos ceder espacio al empuje de sistemas más absolutistas de poder que violen los derechos humanos con mayor impunidad estructural y sin derecho a la contestación, como los anclados en el poder internacional de China y Rusia. Que un demagogo neofascista se adueñe del poder y destruya las instituciones democráticas en Estados Unidos es viento tras las velas para esos regímenes autoritarios, y para los fascistas europeos que por años han intentado hacer lo suyo en el viejo continente.

4) Por la democracia en Nicaragua y en América Latina. Quedemos claros: los problemas de Nicaragua son responsabilidad de los nicaragüenses, los problemas de Venezuela son responsabilidad de los venezolanos. Cada quien es primer responsable de su hogar. Este es el orden necesario de las cosas. Porque si los problemas de Nicaragua, por ejemplo, no los resuelven los nicaragüenses, la solución para Nicaragua será un engaño; será incompleta, y será sesgada a favor de intereses foráneos o de minorías con conexiones internacionales. Lo mismo aplica a los venezolanos, y a los cubanos. Sin embargo, el mundo es una red global, y necesitamos los unos de los otros. Necesitamos y dependemos los unos de los otros. Y en esa relación, es evidente el peso de Estados Unidos. Por eso, necesitamos no solo un gobierno estadounidense claramente democrático, sin arreglos sospechosos con la tiranía de Putin que amadrina al dictador Maduro. También necesitamos ser capaces de llevar al gobierno estadounidense nuestros reclamos y preocupaciones, y para eso hay que establecer comunicación y lazos de apoyo mutuo con la probable administración Biden/Harris. Ya dan señales de escucharnos, y las señales contrastan con la indiferencia del actual Presidente. Irónicamente, esta indiferencia, por el momento, ha sido un modesto positivo para los demócratas nicaragüenses, porque la política contra Ortega ha quedado en manos de grupos del Departamento de Estado que adversan al régimen nicaragüense. Pero en una segunda administración, que dejaría al actual Presidente de Estados Unidos en libertad para desplegar sin pudor su alianza con Putin, no sería de extrañar una “reconciliación” con Maduro y Ortega. Para el actual Presidente, y a sus ojos, sería un precio muy bajo que pagar a su aliado ruso el entregarle dos “países de mierda” como él gusta de repetir (la expresión inglesa es más fuerte y despectiva, mucho más escatológica, literalmente: “países del hueco del culo”).

5) Por los inmigrantes, por nuestros inmigrantes, por los exilados, nuestros exilados, que huyen en busca de asilo político, para que sean tratados con la humanidad que la ley internacional reclama. Yo he sido personalmente testigo de la humillación y el terror al que personas y familias que huyen del orteguismo son sometidos por el actual gobierno de Estados Unidos. Sé de niños nicaragüenses encerrados en jaulas, separados de sus madres, tan pequeños que cuando una traductora voluntaria les pregunta “¿cómo se llama tu mamá?” su respuesta no puede ser más que “mama“. Sé de padres de familia obligados a esperar una audiencia de deportación por un año, caminando todo el tiempo con un grillete electrónico en el tobillo, como criminales. He visto llorar a una joven también apresada por un grillete electrónico en el tobillo: escapó de Nicaragua tras la caída de los tranques, pidió refugio en Estados Unidos; habían iniciado contra ella trámites de deportación. Y todos sabemos del caso de Valesca Alemán, y de tantos otros que han sido devueltos a lo que el candidato Biden llama con justicia “la garra tiránica de Ortega“. La administración actual no solo es hostil a los inmigrantes que llama “ilegales”, sino que maltrata a quienes buscan, al amparo de la ley internacional, asilo político y se presentan al puesto fronterizo. En la legislación internacional, no son “ilegales”. Y no son “violadores, mulas del narcotráfico” como repite el actual Presidente, quien el 10 de Septiembre volvió a gritar a sus partidarios que Biden/Harris “quieren anegar tu vecindario con refugiados“. Este es el mismo individuo que sonrió satisfecho cuando, al preguntar a sus seguidores “¿qué hacemos con todos estos inmigrantes?”, estos respondieron “shoot them!” (“¡dispárenles!“).

6) Por los derechos humanos. ¿Hace falta explicar más? (Hay más, mucho más, en la columna de deudas de la actual administración.)

Unámonos todos a defender la esperanza. Y el que pueda votar para evitar un colapso de la democracia, que lo haga.

Esto no es ya asunto de “ser” Demócrata, o “ser” Republicano. Esto es asunto de ser humano, de ser decente, de ser pensante y ser compasivo.

Y de no lamentarnos cuando ya sea demasiado tarde, como advierten estos versos inolvidables del sermón de Martin Niemöller que luego poetizara Bertold Brecht:

“Cuando, finalmente, vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.”

En Venezuela, “colectivos”, en Nicaragua, “turbas”, en Estados Unidos, los “maga”.

La estupidez antirracional del trumpismo es una amenaza a la democracia y a la vida de la población en Estados Unidos. El aspirante a dictador incita a sus turbas (que financian sus aliados en la plutocracia) a que salgan a las calles y se aglutinen, a que desobedezcan y hagan desobedecer a los gobernadores que han decretado medidas de distanciamiento social para combatir la pandemia.

Esto es difícil de explicar, pero para Trump es motivo de orgullo. “I think they’re listening. I think they listen to me,” dice, “creo que escuchan bien, creo que me escuchan a mí”, se jacta. Y no se equivoca, lo escuchan bien. Lo escuchan, de hecho, como si no existiera otra voz en el mundo.

Es el mundo del “MAGA” (del “hagamos grande ‘de nuevo’ a Estados Unidos”) el mundo del odio y de la ignorancia, del culto a la personalidad del matón de patio, del rechazo a la racionalidad, a la ciencia, y a la humanidad, en colisión con las instituciones democráticas, y peor, en colisión con las medidas que los científicos aconsejan para proteger la vida humana ante el Coronavirus.

Díganme los venezolanos si no les recuerda esto a los colectivos chavistas; nicaragüenses–díganme–si no les recuerda a las turbas; debería también recordarles a los cubanos las movilizaciones “de repudio” que organiza su dictadura.

Lo que separa a estos grupos no es su mentalidad, sino el grado de poder que poseen en cada país. Hay que derrocarlos ahí donde detenten el poder de manera absolutista. Y hay que impedirles que se fortalezcan más en Estados Unidos, antes de que causen más daño, un daño que–por ser este país la primera potencia mundial–sería mucho mayor del que son capaces monigotes minúsculos como Ortega, Maduro, y el heredero de los Castro, de cuyo nombre (imagínense) no me acuerdo.



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