Esta vez no hablo de Groucho: “¡uníos!” [Por arriba de todas las banderas, la de los derechos humanos]

2 de julio de 2020

Cuando Marx habló, hace ya caminando a dos siglos, de la lucha que él avizoraba como internacional, y de los luchadores como agentes conscientes de cambio, la globalización era ya una realidad que rebasaba los límites de todos los imperios del pasado, que siempre fueron constreñidos por el desarrollo tecnológico a ámbitos regionales. Y aunque se trataba de una expansión dependiente de la rapiña, el alemán no se equivocó (la intuición es un arma poderosa de los grandes pensadores) en que acarrearía consecuencias insólitas para la historia humana: en adelante, la lucha por el progreso social, para ser exitosa, tendría que ser transnacional, como el sistema que empezaba a desplegarse.

Nosotros, numerosas generaciones después, vivimos en un mundo mucho más integrado, mucho más “un mundo”; la globalización, con todo y su dimensión depredadora –inclinación humana de todos los tiempos (el artificio leninista de atribuirla al capitalismo es falacia de agitador)—dio un salto cualitativo que la hace excepcional: nunca como antes hubo, en tan amplias zonas del planeta, tanto potencial para que, de víctimas impotentes, pasen los seres humanos a ser eficaces rebeldes; que de sumisión forzosa se pase a luchar por ciudadanía; y que quienes no controlan grandes ejércitos o grandes fortunas crucen las fronteras que el Poder erige para encorralarlos. El Poder, ya se sabe, hace puertas y puentes para sí, pero guarda celosamente los cupos.  El capital y los amos de la política se mueven con salvoconducto por cualquier latitud, pero traban las entradas al ciudadano común, y en muchos casos impiden, no solo que salga de su redil, sino que a su redil entren los recursos que necesita para levantar cabeza.

Por eso, quienes no queremos un dictador a la carta, un tirano de repuesto, o un imperio en lugar de otro, sino modernidad democrática y comunidad internacional, no tenemos más camino–y nunca ha habido un mejor camino– que abrir los ojos y darnos cuenta de que nuestras luchas, que inevitablemente son locales, regionales y nacionales, son también universales, porque tienen en común el ser luchas por los derechos humanos.

Así se enlaza la rebeldía de un indígena mapuche, de un opositor nicaragüense o cubano, de un disidente chino o ruso; la de un manifestante de Black Lives Matter; la de todas las minorías que sufren abuso a manos del Poder, cualquiera que sea la fuente de tal vulnerabilidad: económica, ideológica, religiosa, sexual, etcétera; y la de las grandes mayorías expropiadas del derecho a decidir por una minoría opresora.

Construcciones.

Estoy convencido de que este es el camino, independientemente de cuán certeros sean los cuestionamientos filosóficos postmodernos sobre “la verdad”: izar por encima de todas las banderas la bandera de los derechos humanos.  De hecho, no tengo problema en conceder, si en algo importa, que esta verdad pueda ser una construcción. Ninguno; desde que acepto que humanidad es en sí una construcción, y no veo que pueda haber construcción más beneficiosa para la humanidad que la de los derechos humanos.

De lo contrario nos devorará el desaliento, o quedaremos para siempre empantanados en esos pleitos pendulares de las llamadas «izquierdas» y «derechas» tercermundistas, que para rematar no son ni siquiera la más gris sombra de sus supuestos referentes en la matriz europea de la cultura occidental; en esta última, un tira y encoge de luchas y de pensamiento libre, a través de varios siglos, ha abierto un amplio espacio social-democrático en el que cabe mucho, en el que puede moverse un péndulo que no mata.

Pastora, Ortega, y la «salida electoral» [¿Quién invita a cenar al genocida?]

18 de junio de 2020

Este video, que circula en las redes sin firma, pero es claramente auténtico, documenta la transmisión de órdenes de genocidio por parte de Daniel Ortega, y da algunos detalles de cómo dicho genocidio se organizó. Es evidencia que debe ser usada en el juicio del tirano y de todos sus cómplices.

Es también evidencia que los políticos de oposición no pueden ignorar: no tienen derecho, ni permiso de la ciudadanía, ni la ciudadanía puede otorgar tal permiso. Cualquier político que continúe hablando de elecciones, con o sin reformas, en las cuales se permita la participación de gente incriminada en este video, o sus designados, es cómplice de obstruir la justicia, de dejar en la impunidad crímenes de lesa humanidad que están ampliamente documentados.

Que la Alianza Cívica, CxL, PLC, y otros [¿Cuál es, a fin de cuentas, en blanco y negro, sin evasivas, la posición de la UNAB?] sigan buscando elecciones para «derrotar» a Ortega es sencillamente un crimen encima de otro crimen. La mancha de sangre cubre a todos los que participen en ese proceso. No se equivoca un colega cuando observa que la meta de Ortega, desde el inicio de la crisis, fue ir a elecciones en 2021, y que esa es ahora una meta que comparte con los políticos de las organizaciones arriba mencionadas.

Un crimen sobre otro crimen.

Imagine el lector que alguien se mete por la fuerza a su casa, mata a su familia, y usted lo invita a cenar. Esa invitación a cenar es la que tercamente quieren imponernos, y hay que exigir que la retiren a las figuras públicas que dicen representarnos, y que llevan a gobiernos extranjeros el mensaje de que todos queremos invitar a cenar al asesino. Hay que reclamarlo a los que aparecen como figuras de liderazgo público en la Coalición Nacional, por ejemplo, como Juan Sebastián Chamorro, quien insólitamente dice que no hay que «demonizar» las elecciones, como Félix Maradiaga, y otros [menciono a estos dos en particular porque fueron el rostro del lanzamiento de la Coalición], que parecen dejar siempre un resquicio para el aterrizaje suave electoral en medio de la denuncia en apariencia inflexible contra el régimen, al responder que «en este momento no hay condiciones«. Señores: ¿ustedes creen que es asunto de «condiciones», permitir que un genocida participe como cualquier ciudadano en una competencia por el poder?

Hay que deshacer esa doblez sin mucho protocolo: no es que «en este momento no hayan» condiciones, es que NO SER responsable de un genocidio es CONDICIÓN ELEMENTAL para poder participar en una elección democrática. Eso asumiendo–temerariamente, ingenuamente, o cínicamente, escoja el lector–que pueda organizarse una elección democrática bajo la tiranía más despiadada de América Latina, que practica ahora un nuevo genocidio: la guerra biológica contra el pueblo de Nicaragua.

Un meme revelador, un diálogo [la insignificancia del Ciudadano Nadie]

16 de junio de 2020

En su página pública de Facebook, el Sr. Luis Fley publica un meme, que firma «FDN», y que dice, textualmente: «Sin miedo, sin odio, sin violencia. La Coalición Nacional va…NADIE nos apartará del rumbo trazado»; un breve texto que valdría la pena analizar en detalle–será en otro momento, con otra urgencia, y quizás por una persona más experta en desenterrar las huellas de la cultura en el lenguaje– y que a mí me parece revelador, especialmente para el momento actual de la política nicaragüense.

El meme está escrito en el tono heroico-machista que desafortunadamente es la música de nuestra tradición autoritaria (seguramente yo mismo la habré tarareado en algún momento), donde el hombre arrecho no retrocede ante «nadie«, ya sea desde la cima del poder, ordenando como lo hicieron los comandantes sandinistas en los ochenta, o en la obediencia, como quienes desde el pavimento de la plaza gritaban «¡Dirección Nacional, ordene!».

Ese tono heroico-machista esconde una gran fragilidad moral y de pensamiento. No tenemos más que recordar al largamente agonizante (a estas alturas es posible que ya sea de «los muertos que nunca mueren») Edén Pastora, rostro publicitario insuperable de la testosterona política tropical, ejemplo de manual de que el coraje más grande no es el de lanzarse a matar o morir por el poder. El verdadero coraje es más cotidiano, y con frecuencia más discreto. Para mí está, por ejemplo, en el estoicismo de muchas mujeres nicaragüenses, que frente a múltiples formas de opresión, y en medio de la descomposición social secular, son la columna de la supervivencia para sus críos, y son el corazón de la lucha por una vida digna. Está también en la testarudez del ciudadano de principios, frente a los «pragmáticos» que dicen que «hay que arreglarse con el hombre«; o, «no hay que ser pendejos [para ellos, el ciudadano de principios es un «pendejo»]; o, «después resolvemos lo otro; si de todos modos se va a morir»; o, «ni modo, esto es lo que quieren los gringos»; o, «no hay plata para otra cosa»; o, «es más peligroso que suban estos chavalos al poder»; o, «vos no entendés que la política se juega así»; o, «seguimos incrementando las presiones contra Ortega»… y tantas otras joyas del cinismo, que luego revisten con una capa tenue de barniz heroico-machista para esconder su verdadero talante.

Por eso el meme del que hablo me cayó como un rayo, y por eso entablé esta conversación con el caballero que lo publicó; y aquí la reproduzco, porque hay que decir estas cosas, hay que buscar cómo romper estos moldes anticuados y fatídicos de los que sale el desastre que es nuestra Nicaragua. Y, por el momento, con sentido de urgencia, hay que empezar a trabajar para que los mismos de siempre no se salgan con la suya y arrastren al país a lo mismo de siempre: el ciclo sangriento de pacto, dictadura y guerra.

Aquí el intercambio con el propagandista de la Coalición Nacional, mínimamente editado por razones de presentación, sin alterar contenido:

Francisco Larios: Avanzan–si es que avanzan–con toda la paciencia, a legitimar a un genocida participando con él en elecciones. Y si «nadie los aparta del rumbo» es porque desprecian la voluntad popular.

Luis Fley: Francisco Larios, ¿y cuál es su propuesta?… ¿tiene algunos millones de dólares para comprar armas y armar una rebelión?…espero su respuesta, yo, que puedo ayudar, ponga La Plata. Unos 10 millones de dólares…yo no le cobraré.

Francisco Larios: Propuestas hay, y hay varias, y bien esbozadas, dentro y fuera del país. Ustedes no pueden, a estas alturas, decirle a un pueblo que ha sufrido tanto que las únicas opciones son

(a) «vamos a una guerra civil, financiada con 10 millones de dólares de Francisco Larios» (si los tuviera no haría las cosas de esa manera, señor Fley), o

(b) «legitimemos a Ortega y Murillo, hagamos como que no ha pasado nada, y vamos a elecciones con ellos; a lo mejor, con suerte, quedamos de diputados, embajadores, y quién quita, hasta de «Presidente«. «

Eso es oportunismo puro, atol con el dedo a gente que ya no es infante. Sigan por su camino, que por ese camino van a quedar marcados para siempre con la palabra con la que se marcó para siempre a los pactistas que han desbaratado nuestro país, a los Agüeros y Emiliano Chamorros, y a todos los demás…: «zancudo«.

Decirle a Nicaragua que las únicas opciones son estas dos es francamente una falta de respeto cruel. La gente mayoritariamente sabe esto, y ustedes saben que que la gente lo sabe, pero apuestan a que no les va a pasar factura política, que ustedes tarde o temprano se van a dividir con éxito el pastel, como ha ocurrido antes. Bueno, esa es la apuesta de ustedes. La apuesta nuestra, de quienes queremos democracia real y justicia en nuestra patria, es por la verdad, una lucha por completar el vaciamiento del poder del régimen, de deslegitimarlo internacionalmente, de forzar su salida de manera cívica y desmantelar la estructura dictatorial que ustedes pretenden dejar en pie con apenas cambios cosméticos, cambios de nombres, y con el orteguismo otra vez «gobernando desde abajo».

Ustedes deben saber que quienes tenemos esta convicción vamos a hacer todo lo posible para sabotearles la farsa electoral que traman a espaldas del pueblo de Nicaragua. ¿Lo conseguiremos? Yo tengo fe en que así será. Pero pase lo que pase al menos nosotros queremos algo diferente en nuestro país, y no estamos dispuestos a cambiar muertos, exilados y destrucción por un remedo de cambio, más ministerios, embajadas y prebendas.

Aunque para ustedes el ciudadano de la calle sea un «puchito» al que hay que ignorar, un «nadie» que no los apartará «del rumbo trazado», sepa que vamos a trabajar apasionadamente para sabotear la farsa electoral que ustedes quieren montar.

20 razones y un método (lo que susurra una imagen)

15 de junio de 2020

Esta imagen ilustra el «método» que ha dado origen a muchas de las «teorías de conspiración» de nuestra era, como por ejemplo:

1. Hillary Clinton dirige una red de tráfico de niños secuestrados desde una pizzeria en Washington D.C.;

2. El «Comandante» es «el mejor Presidente, y POR ESO lo odia el IMPERIALISMO, el cual paga a unos ‘puchitos’ para desestabilizar Nicaragua, «que tan bien iba»;

3. El pelo del Naranja no es peluca;

4. Hay testigos que aseguran haber visto a la Coalición Nacional;

5. El FSLN, Maduro, y el Foro de Sao Paulo, en alianza con AntiFa, están «detrás» de las protestas en Estados Unidos;

6. Ya casi está listo el Gran Canal;

7. El Chupacabras era miembro del partido Republicano de Estados Unidos;

8. Han visto cantar a Israel Lanuza;

9. «Qué culta que es la Chayo, y cómo domina el Inglés.»;

10. «No somos racistas»;

11. » «»Alianza»» «»Cívica»» «;

12. » Ciudadanos «»»por la libertad»»;

13. «Partido «»» Liberal»»» » ;

14. «Vamos a «»'»» intensificar las presiones internas y externas contra Ortega»»»»» «;

15. Nicaragua se independizó en 1821;

16. «Revolución Sandinista»

17. «Qué gran poeta es ella.»

18. «Trump va a «liberar» a Nicaragua (una vez que sepa dónde queda)»;

19. «Todos queremos democracia»;

20. «»»»»»»El Comandante Zequeda»»»»»»»».

Carta a una escritora española [sobre la historia de nuestros males, y sobre ser ‘disidente’ del feudalismo en pleno siglo XXI]

8 de mayo de 2020

La periodista y escritora María Teresa Bravo Bañón comenta, un poco perpleja, sobre el revuelo que ha causado en Nicaragua el artículo de su compatriota, el exparlamentario Ramón Jáuregui, que el diario La Prensa ha invocado como «hoja de ruta» y que por venir–dice el editorial del periódico en mención– de «observadores extranjeros», contiene más «lucidez y realismo» del que cualquier nicaragüense (cuya opinión sea contraria, claro) pueda amasar.

Nada me sorprende, más bien me parece razonable, la perplejidad de la Sra. Bravo Bañón, porque desconectadas de la Historia no tienen sentido, al menos no el sentido ‘democrático’ que aducen, las palabras de La Prensa; son palabras verdaderamente abyectas, llagas que hay que supurar, huellas que dejan en la carne las cadenas herrumbrosas del atraso.

Por eso decidí escribirle a nuestra amiga esta breve nota, que presento a ustedes también, porque urge que meditemos sobre este asunto:

«Querida Mayté,

todo esto tiene que ver con la historia de la oligarquía nicaragüense, historia de fracaso nacional, dependencia del exterior, y de acumulación grotesca de poder económico, con disputas periódicas entre facciones que han impuesto la guerra al país cada cierto tiempo, y han permitido a grupos nuevos meterse por las fisuras del sistema, enriquecerse desde el poder político, para después integrarse a la oligarquía a través de enlaces comerciales, matrimonios, alianzas, y otras prácticas de las noblezas medievales.

Por algo son aproximadamente unos 6 o 7 grupos familiares los que tienen una riqueza acumulada equivalente a cerca de dos tercios del producto interno bruto, una proporción insólita. Este dominio sin competencia les ha hecho también mediocres, y ha embrutecido políticamente a la sociedad; y por eso hoy, que muchos jóvenes están más conectados al mundo exterior, y ven que hay otras alternativas para la inevitable convivencia social, los aplastan por un lado, los silencian por otro, y empujan la ola del sueño democrático hacia atrás, desatando sus jaurías represivas y mediáticas contra los «disidentes».

¡Imaginate vos, qué tragico!: que pasadas ya dos décadas del siglo XXI tenga que llamarse «disidentes» a quienes proponen ideas ya universales–incorporadas, de hecho, a la legalidad internacional moderna– de la Revolución Francesa de hace 240 años (1789), y de la Constitución de Estados Unidos (1787), y que ya para entonces habían circulado durante al menos un siglo, desde los liberales ingleses hasta los enciclopedistas franceses.

A nosotros nos quedó como una lápida la Contrarreforma, el despotismo peninsular, y la herencia de burócratas coloniales tardíos (familias llegadas a Nicaragua en los aproximadamente 50 años que precedieron a la independencia de Centroamérica) que aprovecharon el rompimiento formal con España, no para fluir sobre corrientes liberales–que fueron suprimidas y no han logrado levantar cabeza–sino para avanzar en un mayor despojo material contra la gran masa mestiza y pobre y establecer un permanente despojo político.

A esto, y no solamente al dictador de turno, nos enfrentamos. El único consuelo es que al menos podemos decir– confieso que con algo de vergüenza–que ya empezamos a encarar el problema. He dicho muchas veces que apenas luchamos por iniciar nuestra propia Revolución Francesa.

Todavía somos disidentes


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