¿El plan Alianza/Arana?: elecciones “con o sin reformas”

11 de noviembre de 2019

Esto es el colmo: ahora Mario Arana de la Alianza Cívica, presidente de Amcham, dice que hay que ir a elecciones con Ortega “con o sin reformas“, y “si pretenden robárselas, pues ya sabemos qué hacer esta vez organizados con un ejército de al menos 100 mil“.

Si yo fuera ingenuo, de aproximadamente 5 años de edad, creería que la estrategia puede funcionar porque qué bandidos son los comandantes de la Alianza, no cuenta Ortega con su astucia, el plan es impecable, genial: esperamos 25 meses a que Ortega no cambie nada, y luego, calladitos, en puntillas, sin que nada sospeche el dictador, nos vamos a votar por CxL; después, el pobre incauto de El Carmen se roba las elecciones (no se imaginará que eso es parte de nuestro plan, ¡lo habremos engañado!) y entonces ¡zas! ahí mismo le hacemos un alboroto, marchas, protestas (pero nada de paro, no hay que dañar la economía) y lo hacemos renunciar, en diciembre de 2021 o enero de 2022.

Si yo fuera ingenuo, de aproximadamente 5 años de edad.

Y confieso que a veces quisiera serlo, para adaptarme al mundo de fantasía y alucinaciones de nuestros políticos. Pero no lo soy, por lo cual se me hace evidente que la afirmación de Arana refleja cuán desesperados están los “opositores” por irse a elecciones con Ortega, abandonando incluso la mascarada de “reformas”. ¿Para qué, si vamos a tener un “ejército” de “al menos 100 mil”?

Lo del “ejército” es tema aparte, misterio aparte, porque no sé si se refiere a 100 mil exilados, a 100 mil desempleados, a 100 mil presos políticos, a 100 mil pronunciamientos… ¿o a qué?.

Ni Cantinflas supera estas gárgaras.

Lástima que no estemos para chistes, porque aunque pareciera escapárseles a los señores de la Alianza y su séquito, en Nicaragua se vive una tragedia de la cual ellos y sus patrocinadores del gran capital también son culpables.

Abajo transcribo el “trino” del presidente de Amcham.

Mario Arana
@marioaranasevil
Se hacen diferentes conjeturas con lo de Bolivia. Mi lección es simple. Se requiere acá una oposición bien organizada para enfrentar a este régimen con o sin reformas. Y si pretenden robárselas, pues ya sabemos que hacer esta vez organizados con un ejército de al menos 100 mil.

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2:16 PM · Nov 10, 2019
from Nicaragua·Twitter for iPhone”

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Bolivia y Nicaragua

10 de noviembre de 2019

Al momento de escribir esto, la rebelión popular contra Evo Morales se extiende. Cuerpos de policía de muchas ciudades se unen al pueblo, el ejército se pronuncia renuente a reprimir, la cómplice OEA, de la mano del taimado Almagro, tira una última tabla de salvación a Morales: nueva elección con nuevas autoridades electorales, aunque de paso no tiene más remedio que confirmar el fraude, reducir a cero la legitimidad del régimen. Qué sucederá después es incierto, como es normal, pero ya podemos sacar algunas conclusiones iluminadoras para el caso de Nicaragua.

Las mías son estas: el rumbo de la rebelión en Bolivia ha sido distinto al nuestro porque los bolivianos han dicho NO al diálogo, porque el ejército es Nacional, no del clan Sandinista, lo mismo que la policía; porque los empresarios no tomaron partido por Evo, como lo hicieron a favor de Ortega en Nicaragua; es decir, se unieron al clamor popular en lugar de DIVIDIR a la oposición, como han hecho en Nicaragua; debe ser que no están enlodados hasta el cuello en la corrupción dictatorial, como en Nicaragua.

Gente de buena voluntad que ha caído en la trampa de la Alianza Cívica, ¡abran los ojos!: Bolivia respira, Venezuela agoniza, Cuba es un cadáver que flota en el Caribe. ¿Y Nicaragua? ¿Cuál de los tres destinos queremos para ella?

Hay que salvar a Nicaragua. Hay que volver el país ingobernable para la tiranía.

Desobediencia total debe ser la meta. Si no hay esclavo no hay amo.

No pierdan las esperanzas, el pueblo tiene la fuerza; pero hay que apartar a los lobos vestidos de oveja de la falsa oposición.

No dejen que los que construyeron la dictadura los convenzan de que es imposible derrocarla. Lo dicen para desmoralizar y dividir, y repartirse el pastel sobre nuestros muertos.

Ustedes saben de quiénes les hablo; no tengo ningún problema en dar ejemplos. Que se hagan los indignados o continúen sus sucias maniobras para salvar sus intereses al lado de Ortega.

A ellos también hay que pedirles cuentas en democracia. No es venganza, es esencial y necesaria justicia. Mucho de lo que hemos perdido se lo han llevado a casa ellos. Nunca hubo un festín tan fastuoso como el de los grandes capitales y la dictadura criminal que construyeron. “Esto es extraordinario, revolucionario”, decía en público, lleno de orgullo, Carlos Pellas.

Por eso impiden la lucha.

Ni perdón ni olvido, para que haya paz y libertad.

Derechos para todos, privilegios para nadie.

Hay que salvar a Nicaragua. Hay que volver el país ingobernable para la tiranía.

Desobediencia total debe ser la meta. Si no hay esclavo no hay amo.

No me digan, los que sirven a los viejos amos, que “no es fácil”. Tampoco es fácil perder a tus hijos a manos de francotiradores y sicarios, pasar penurias en el exilio, o ver a tu país en llamas a lo lejos.

Tampoco es fácil que Nicaragua flote como Cuba, cadáver en el centro de América.

Hay que salvar a Nicaragua.

No, Cristiana, Ortega no tiene tanto derecho como cualquier nicaragüense

8 de noviembre de 2019

Ante la insólita declaración de Cristiana Chamorro, que La Prensa utiliza en su página editorial para respaldar su postura de que Daniel Ortega, autor de crímenes de lesa humanidad, tiene tanto derecho a ser candidato como cualquier nicaragüense, mostré la foto del niño Álvaro Conrado y pregunté si su asesino–Ortega–tiene “tanto derecho a ser candidato como cualquier nicaragüense”.

No sé si motivado por propia convicción o porque a lo mejor –como escribiera un economista alemán– la ideología de la sociedad es la ideología de la clase dominante, un lector ha respondido en tono de resignación jocosa que estaría “encantado” de no tener a Ortega de candidato en las “próximas elecciones” pero que me “devuelve la pelota”, con evidente incredulidad, para que le explique cómo se logra eso; me la devuelve con una descarga final de condescendencia y sarcasmo: “Hermano, tú que tienes la luz dame la mía”.

El comentario de este lector no es, por supuesto, muy original; más bien representa–lo digo por la frecuencia de uso de su “argumento” entre los defensores de la Alianza Cívica– una visión del mundo y de la ética humana bastante común en sus círculos: que Ortega no fuera candidato los dejaría “encantados” (y de entrada rechazan cualquier esfuerzo para que no lo sea).

Independientemente de sus méritos prácticos, muy dudosos por cierto (la lógica y la experiencia así lo sugieren) esta postura es profundamente inmoral. Porque “encantado” pone a la ética en la categoría de consumo suntuario, de un lujo; como si un día alguien nos regalara una experiencia que nosotros jamás podríamos costearnos. Quedaríamos “encantados”, porque nunca hubiéramos podido, aunque quisiéramos, darnos el lujo de un crucero por las islas griegas, ¡y en primera clase!.

Así de inalcanzable ven la conducta moral en la política quienes están imbuidos de la ideología de las élites nicas. A ese nivel de inmoralidad lleva la tradición cochina que inspira el “tanto derecho tiene Ortega como cualquier nicaragüense”.

Es una tradición cínica, porque resta valor, más bien ridiculiza, cualquier posición de principios. “Yo estaría encantado” quiere decir “si el mundo fuera ideal”; pero el mundo no es “ideal”; por tanto quienes actúan como si lo fuera no son realistas, no son “prácticos”, son dignos de burla, mientras que los que “entienden” cómo es el mundo, y actúan con “realismo”, no solo son astutos, sino que están justificados moralmente cuando pasan por alto principios que para ellos no valen nada porque, aunque “estaríamos encantados” de que valieran, ese “ideal” no se corresponde con la realidad.

De esta forma queda invalidada cualquier actuación ética, si va en contra de la corriente o de las circunstancias del momento.

Todo esto se trata, simplemente, de justificar el oportunismo a través del cinismo. Es también renunciar a cualquier aspiración a transformar las circunstancias, a crear cualquier cambio en dirección al norte moral. No en balde la idea es tan popular entre las élites moralmente putrefactas de Nicaragua, las que “devuelven la pelota” jocosamente cuando alguien propone actuar de acuerdo a principios que para ellos valen tan poco como nada. Se la “devuelven” a quienes ridiculizan como “iluminados”, como si necesariamente se tratara, o de impostores, o de fanáticos enajenados que alucinan con la verdad. Las élites no pueden siquiera conceder que quienes proponen una postura ética actúen de buena fe, mucho menos con inteligencia, porque sería reconocer que ellos se quedan cortos en ambos terrenos.

En las presentes circunstancias de Nicaragua este rechazo a la guía de la ética es trágico, porque hunde al país más y más en la corrupción y en la continuidad autoritaria. Sirve para presentar como inevitable la convivencia con Ortega que han escogido las mayores fortunas del país; su concubinato con la dictadura se ha vuelto algo incómodo, es cierto, pero tras pensarlo, lo ven ahora como un riesgo más manejable que el de una revolución democrática que los expondría a pérdidas de privilegios y al ojo amenazante de la justicia.

En cambio, para la ciudadanía que busca la democracia, para la gente de buena voluntad que no tiene en el altar al dios de su conveniencia a cualquier costo, no hay nada más repugnante que el oportunismo que se esconde detrás del falso “pragmatismo” de las élites. Porque aunque el tirano pueda imponerse como candidato– quiere imponerse también como tirano hasta que la muerte lo retire del trono– no hay nada que nos obligue a legitimar su voluntad. Ortega y Murillo han cometido crímenes monstruosos, han perpetrado una masacre ante nuestros ojos y los ojos del mundo, y nadie está obligado a aceptar a un criminal como presidente.

Si los que se dicen “opositores” al régimen tienen algún principio que no sea el principio de la oportunidad, si creen en algo diferente a “mantenerse en el juego”, si quieren construir un país libre de las maldiciones que nos han perseguido hasta la fecha, deben –¡y pueden!– empezar por sentar un precedente básico, por establecer como primera norma de la convivencia social que el genocidio no paga, que asesinar a mansalva a ciudadanos que tratan de ejercer sus derechos es inaceptable, que el asesino de mi hermano no equivale a mi hermano, que no es cierto, Cristiana Chamorro, que Daniel Ortega tenga tanto derecho como cualquier nicaragüense a ser presidente de la república.

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