Valentía y valores democráticos; verdad y publicidad.

7 de agosto de 2019

A falta de propuestas, y ante el espejo de su propia inoperancia, los propagandistas de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia han ido en busca de… una campaña publicitaria.  Sería interesante conocer el objetivo oficial del proyecto: si rehacer su imagen, limpiarla, o sencillamente mantenerla viva en la mente de los nicaragüenses, a pesar de no estarlo mucho en la otra realidad, la de un campo de concentración llamado Nicaragua.  Y es que de momento no hay, formalmente al menos, “diálogo” con el régimen; hay un hiato en el drama, producto de uno de esos tropezones que el miedo y la vanidad del tirano causan en el escenario.  La Alianza aprovecha la pausa, no para esbozar rutas alternativas al derrocamiento de la dictadura—ese nunca fue su propósito–sino para promocionarse a sí misma.  La forma en que lo hacen es, hay que decirlo, lastimosa y matrera, pero digna de examen. 

“La Alianza me representa”

La campaña consiste en presentar las fotos de varios excarcelados, como el líder campesino Medardo Mairena, el joven Edwin Carcache y uno que otro miembro de la Alianza—como la abogada laboral Sandra Ramos–junto a la leyenda “La Alianza me representa, por…”. 

Nadie puede culpar al publicista de vestir al cliente con sus mejores ropas: las sonrisas de personas que gozan de respeto entre partes muy considerables de la población.  Lo que sí es evidente es el ardid: ni Medardo Mairena, ni Edwin Carcache, ni Sandra Ramos, ocupan posiciones de poder en la Alianza.  Es más, parece ser que el líder campesino iba a ser excluido del grupo inicial, pero ingresó al encuentro con el tirano en mayo de 2018 gracias a la intervención casi fortuita de un grupo de estudiantes.  Luego, estuvo en prisión, como Carcache, el tiempo que duró el conversatorio Alianza-Ortega.  

Vale la pena recordar quiénes son los negociadores ‘titulares’ del grupo: Mario Arana, Chano Aguerri, José Pallais, Juan Sebastián Chamorro, Carlos Tünnermann, y Max Jerez.  Ellos han sido la cara y la voz de la Alianza todos estos meses.  ¿Por qué han quedado excluidos del material propagandístico, hasta la fecha, algunos de ellos? No creo que sea difícil responder.  Imagínese usted el afiche: “La Alianza me representa, por Chano Aguerri”.  Es decir, se trata de ocultar el rostro de Aguerri y otros miembros, muy desprestigiados, detrás de las máscaras frescas de figuras más limpias. 

“Carlos Pellas me representa”

Surge entonces una pregunta: ¿Puede en justicia decirse que Medardo, Edwin, e incluso Sandra, “representan” a la Alianza verdaderamente? Es decir, ¿han tenido el poder de decisión? ¿Pueden atribuírsele a ellos las decisiones tomadas en los últimos 12 meses?  Y una siguiente pregunta, mucho más importante–la pregunta política fundamental: ¿representa la Alianza genuinamente al movimiento democrático nacido de la rebelión de Abril?

Pienso que la respuesta a la primera interrogante es claramente “no”.  Las voces que sobresalen en la Alianza son aquellas asociadas al viejo pacto entre el gran capital y la dictadura: Aguerri, Arana, Chamorro.  Y si estas son las voces, la mente y el corazón de la Alianza contienen otras identidades: las del grupo de acaudalados propietarios que en junio decidieron reunirse con su socio de El Carmen y reiniciar la búsqueda de un “aterrizaje suave” para las élites.  En otras palabras, la táctica de mercadeo de la Alianza sería más honesta si el afiche leyera “La Alianza me representa, por Carlos Pellas”.  La respuesta de la segunda pregunta también es “no”.

“Medardo me representa”

Nada de esto quita legitimidad al sentimiento de quienes se consideran representados, por ejemplo, por Medardo Mairena. El problema es la manipulación de esos sentimientos por intereses que distan mucho de ser los de la lucha democrática.  Me atrevo a decir, a salvo como estoy de las presiones económicas de los magnates, y de la necesidad de aplauso o puesto público (nunca he tenido ni lo último ni lo primero y creo poder sobrevivir sin ambos), que en lugar de “distan mucho de ser los de la lucha democrática” una descripción más exacta sería así de brutal: los intereses que hegemonizan la Alianza, los del gran capital, han sido (de esto no puede caber duda), y siguen siendo, parte del sistema dictatorial en Nicaragua. No, Ortega no es “el único enemigo”. Si lo fuera, probablemente ya hubiera sido derrocado, con la ayuda del gran capital.

Una lección importante

Aclaro: a mis ojos no necesariamente se diluye, por aceptar que sus imágenes aparezcan en la campaña publicitaria, la legitimidad de los excarcelados, ni la de Sandra Ramos.  Ellos tienen derecho a su propio juicio ético y a su propio cálculo político.  

Pero nosotros, como ciudadanos, tenemos el mismo derecho.  Y en estos momentos críticos, practicar ese derecho con absoluta honestidad es imperativo.

En ese espíritu, propongo que extraigamos la siguiente lección: a nadie debe dársele, en virtud de su heroísmo, o por haber sufrido cárcel, un salvoconducto que lo proteja de la crítica.  La apuesta de los publicistas de la Alianza es exactamente la contraria: al escoger a Medardo Mairena y Edwin Carcache para su propaganda, demuestran creer que los nicaragüenses seguimos atascados en un sistema de valores en el cual la valentía y el sacrificio otorgan una licencia especial.  Grave error.  Por más que la valentía y el sacrificio sean dignos de respeto, la madurez de nuestro juicio es lo único que nos puede proteger del desastre autoritario.  Inglaterra no hizo dictador a Churchill, ni España a Felipe González; Washington no fue rey.  La fe ciega como premio al coraje es un elemento del caudillismo.  No más.  Y que no se olvide: Daniel Ortega estuvo preso siete años. 

Epílogo: desayuno en las redes

De madrugada garabateé este galimatías, y esperaba solo desalojar, comas aquí, puntos allá, los errores más atroces.  Pero levantarse estos días a descubrir el mundo en las redes sociales es encontrar prueba de todo, para bien y para mal.  Un ejercicio que siempre me hace recordar la frase de Borges: “todo encuentro casual es una cita”.  En este caso, una cita textual: “Qué lindo Medardo.  Lo que él diga y ordene estoy seguro que el pueblo y yo lo haremos”. 

Muy mal vamos si esa mentalidad pervive.  Esta es la fe ciega como premio al coraje de que hablé en la madrugada.  Si está todavía aquí, no ha amanecido totalmente.  Porque es muy fácil maldecir e insultar a la pareja genocida y sus adláteres.  [¿Vieron qué fácil?] En general es muy fácil criticar al enemigo.  Lo difícil es evitar que la simpatía que siembra un hombre bueno, o un líder valiente, germine en adulación, para que no sea autoritaria su cosecha.  No se le hace un favor a la sociedad con ningún “Dirección Nacional ordene”—aunque la Dirección esté integrada por nueve ángeles, y no nueve forajidos.  El poder corrompe; hay que mantenerlo a raya y bajo el fuego de la crítica desde muy temprano.  ¿Quieren que Medardo siga siendo, para evocar el lenguaje del trino, “lindo”? Pues no lo alcen sobre un pedestal, no lo adulen, no hagan las cosas porque él “dice y ordena”.  Consideren con el debido respeto sus propuestas, si piensan que su conducta lo hace digno de ser escuchado.  Óiganlo, si quieren, si creen en su buena intención, con más cuidado que a otros. Pero ayuden a la causa que él defiende, la de la democracia, y hablen con libertad, sin miedo a disentir, a pensar, a criticar, a criticarlo todo, todo el tiempo, de frente y sin mojigaterías, con la mayor honestidad y de la forma más inteligente, informada y perseverante que puedan.

Los escritores y el poder (El caso del PEN Internacional/Nicaragua)

30 de julio de 2019

El apoyo de Gioconda Belli, presidenta del PEN Internacional/Nicaragua, al vocero de la Alianza Cívica Mario Arana, es a la vez preocupante y aleccionador.  Su negativa a respaldar a miembros de la organización que preside ante la postura intolerante de uno de los más visibles personajes públicos de este momento fue prácticamente refleja: un NO rotundo, acompañado inmediatamente de descalificación de los quejosos; posteriormente, una carta producida y distribuida con celeridad inusitada.  Y para rematar—nunca falta la ironía en Nicaragua–una invitación al Sr. Arana para que diserte sobre la importancia de las libertades públicas en el desarrollo económico.  En ningún momento invitó la Sra. Belli a debatir cuál sería la posición adecuada de una institución que nació precisamente para preservar los espacios de debate.

Esto habla de vacío institucional y escasez de pensamiento democrático al interior del PEN Internacional/Nicaragua–males que la sociedad en su conjunto padece y paga con sangre en nuestros días.  Así como Ortega ve todo el territorio nacional como su feudo, existen, dispersos en el cuerpo de la nación, mil feudos.  “El PEN es de la Gioconda” me dice un escritor.  “Esa mujer descarada”, me dice otro, comentando la respuesta de la presidenta del grupo.  “Francisco Larios tiene sobrada razón” escribe un tercero en un mensaje, cuya copia me enviaron, dirigido a otro representante de la Alianza, el Dr. Carlos Tünnerman Bernheim.  La respuesta del Dr. Tünnerman es, en sí, digna de triste comentario.  Educada, pero autoritariamente, el buen señor pasa la página con un sencillo e inverosímil decreto: “Mario Arana no es vocero de la Alianza Cívica”.  Ajá.

Un detalle importante es que todas estas críticas se hacen generalmente en silencio.  Aún cuando los escritores expresan su inconformidad por escrito, lo hacen privadamente. Yo respeto absolutamente, por lealtad y por cariño, su voluntad, pero me interrogo angustiosamente acerca de qué motiva su aprensión.

Y es que pareciera ser este un caso estudio de la genética antiliberal del poder en Nicaragua.  Imagínense, en la filial de una organización mundial de escritores dedicados a la libertad de expresión, ¡que exista un mecanismo–misterioso para mí, lo confieso—que induzca a miembros a inhibir su propia libertad de expresión!  ¡Díganme ustedes si esto no da razón a la gente que desconfía del cambio en Nicaragua, “porque todos son iguales”!  Yo, cuando comenzó esta crisis, tenía la impresión de que muchos de mis compatriotas se habían vuelto paranoicos, porque en las sombras veían fantasmas de un MRS manipulador, de partidos zancudos, de pactos y políticos conspiradores por todos lados.  ¿Será que tenían razón? 

Lo cierto es que existe también la conciencia crítica, y existen quienes pueden darse el lujo que ejercerla pareciera ser en Nicaragua.  A ellos me dirijo: la democratización de la patria, si va a ocurrir, no consiste únicamente en arrancar el tumor del orteguismo; hay que erradicar de todo el cuerpo social el cáncer de la mentalidad autoritaria.  Por eso el caso del PEN Internacional/Nicaragua no es una disputa trivial, ni mucho menos personal.  ¡Por supuesto que el conflicto mayor en este momento es con Ortega! pero no es Ortega, como quieren hacernos pensar los políticos de las élites tradicionales, “el único enemigo”.  Eso es querer distraernos del verdadero objetivo, que es la democratización permanente y estructural del país. Por ese objetivo la lucha es en mil terrenos; no solo en la política nacional, sino en nuestras propias mentes, en nuestros hogares, nuestros barrios, nuestros gremios, etcétera.

En el camino hacia ese objetivo, organizaciones como el PEN tienen el rol que tiene la conciencia: luz de la ética deben ser en medio de tanta incertidumbre, de tanta corrupción, y de todo el estiércol que el pasado amontona como un tranque fétido entre nuestra voluntad y nuestros sueños.  Por eso es crucial que la asociación no se convierta, por las opiniones particulares, preferencias ideológicas o simpatías personales del actual liderazgo, en apéndice o agencia de propaganda de ninguna instancia de poder, llámese Gobierno de Nicaragua, Mario Arana, o Alianza Cívica; llámese como se llame. 

“¡Dejá de andar jodiendo!” (El país murillizado y Chespirito)

27 de julio de 2019

Es el país de las trágicas maravillas:

–Sale libre el paramilitar que asesina a una estudiante; entra a cárcel la abogada defensora de un secuestrado político; la acusan… ¡de haberse defendido de acoso sexual!

–El Jefe del Ejército de Nicaragua, que ha apañado (más bien, como la evidencia indica, participado) en un genocidio contra su propio pueblo, lloriquea ante las cámaras de televisión por los ataques horribles que recibe en las redes sociales; no es justo, pero promete mantenerse firme, defendiendo la constitución; uno no puede menos que conmoverse;

–Llamar a los ciudadanos a la calle, a poner el pecho ante la represión orteguista, es razonable, pero pedirles a los poderosos que se sumen a la lucha es «locura». Es que los empresarios todavía “no están ahí” dice Juan Sebastián Chamorro, uno de sus voceros; claro, hay que entender que un divorcio toma tiempo;

–La Policía Nacional desfila con banderas del FSLN, baila en honor al caudillo. Matar por un mísero salario, bailar por un mísero bono. Su droga es la migaja de poder, la pertenencia a una banda—o a una compañía de danzas;

–Empiezan algunas voces (Humberto Belli, por ejemplo, en La Prensa) a sugerir que quizás Aminta Granera sea más víctima que cómplice. Triste para ella, pero su entrada al club de los “rehabilitables” se complica cuando el tirano la envía a la calle el día del “Repliegue” con la misión de echarle rosas y besos al bus de turismo donde él viaja—o marcha, dicen ellos—con su adorable consorte;

–El vocero de la Alianza «Cívica» [repito: «¡vocero!»] bloquea en su cuenta a ciudadanos y medios cuando siente que lo “ofenden” las opiniones políticas contrarias. En respuesta, Gioconda Belli, presidenta del PEN Internacional/Nicaragua, asociación de defensores de la libertad de expresión, premia el despliegue de intolerancia del vocero con un púlpito para predicar sobre… «la importancia de las libertades»; criticar esta ironía atroz es convertirse uno en “violador de la libertad de expresión”;

Es el país del chayido, el hogar de la frase «¡Dejá de andar jodiendo!» y las múltiples variazioni que con deleite entonan frente a cualquier disidencia las élites prepotentes de Nicaragua –desde el orteguismo hasta la Alianza Cívica, pasando por el mar de camaleones y zorros que son la fauna del fracaso.

Una de esas variazioni es el contundente «sabemos lo que hacemos» del vocero de marras, Mario Arana.  Por cierto, si en verdad «saben lo que hacen», pues entonces la situación en la que se halla Nicaragua debe ser parte de su plan. De lo contrario, quizás a lo mejor no “sepan tanto”. ¿O será que «todo está fríamente calculado»? Lo sospeché desde un principio.

¿Cuándo?

26 de julio de 2019

Ayer, 25 de julio de 2019, la bota fascista del FSLN cayó de nuevo sobre estudiantes que combaten a la tiranía sin más armas que su hermoso descontento.  A pesar de la ‘victoria’ que cree haberse apuntado el régimen–la mediocridad y la arrogancia del viejo poder prolongan la crisis cobardemente–no me cabe duda de que esta generación verá la libertad ocupar las calles. 

Entretanto, han tenido los muchachos que aprender terribles verdades.  Han descubierto –lo gritan ya, con la potencia de su pureza– que hay que hacer de la rebelión un cambio profundo, radical.  Los chavalos entienden que el problema no es solo que un clan psicópata habite El Carmen; que por algo una pandilla de criminales se adueñó del estado desde hace ya cuarenta años; que hay una fortaleza autoritaria en construcción desde hace siglos.

La cizaña y el trigo

Una segunda gran verdad se les viene encima: esa fortaleza tiene dueños; el sistema de poder del cual mana la opresión que los nicaragüenses sufren, y la represión que enfrentan a diario, tiene nombres y apellidos (y no solo los de Ortega y Murillo), identidades que hay que conocer para poder separar, como en la parábola bíblica, la cizaña del trigo.[1]  

Por si no la conocen, o si no la recuerdan, se trata de la historia de un sembrador de trigo.  Alguien, un enemigo, ha plantado cizaña entre las buenas semillas.  Los peones preguntan al propietario si deben arrancarla.  No, les dice el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero.

¿Por qué decide esperar el dueño del sembrío?  Porque la cizaña, hierba mala, se parece demasiado al trigo cuando apenas brota del suelo; pero el tiempo logra diferenciarla claramente; solo entonces es seguro, y necesario, apartarla. 

Yo creo que algo parecido ocurre desde el año pasado en Nicaragua.  El estallido de abril de 2018 esparció por todos los territorios de la nacionalidad el trigo bueno, la semilla de la democracia, de la mano de jóvenes estudiantes, moradores de los barrios, ciudadanos autoconvocados de todo tipo hastiados del estancamiento secular, hartos del ejercicio cínico y criminal del poder. 

Obligados por el sismo, algunos representantes del viejo orden, como los empresarios, se declararon—ellos también—opositores a Ortega; otros, ya disidentes, buscaron como aprovechar la crisis.  Ambos segmentos se unieron a la negociación (no necesariamente a la lucha), a través de la recién conformada Alianza Cívica.  La cizaña entraba al terreno donde el trigo intenta germinar. 

Al principio se hacía difícil, para la población, distinguir entre cizaña y trigo, entre oportunistas y demócratas, entre camaleones políticos y luchadores, entre autoritarios dizque “reformados” provenientes de la primera dictadura del FSLN y representantes genuinos del nuevo espíritu.  Pero el tiempo ha corrido ya lo suficiente, y la hierba mala, que roba la tierra y el sustento al trigo, va siendo cada vez más distinguible. 

“No están ‘ahí’…”

Por eso traigo a colación una breve anécdota, porque tengo fe y creo que la hora de la siega se aproxima.  

Hace más de un año pregunté a Juan Sebastián Chamorro cuándo se iban a lanzar los empresarios a la desobediencia. La gente en Nicaragua había trancado las calles; había–como hoy–muertos y secuestrados casi a diario. La población pedía con angustia—era asunto de supervivencia– el apoyo de los banqueros y grandes dueños de empresas del COSEP, quienes hacía muy poco sonreían felices al lado de Ortega, celebrando su alianza, enriquecidos por la amistad más rentable de su historia.  ¿Qué respondió Juan Sebastián? «Los empresarios todavía no están ‘ahí’…»

Hoy, vivido lo que hemos vivido, y viendo el país transformado en un campo de concentración, hay que preguntar: ¿Y dónde están los empresarios ahora? ¿Dónde estuvieron el 25 de julio de 2019? ¿A qué velocidad caminan desde la complicidad con la dictadura hacia la decencia? ¿Por qué “no están ahí” todavía? ¿Por qué en lugar de buscar un pacto salvador con Ortega no buscan con inteligencia un sitio en la Nicaragua democrática que queremos para todos?

¡¡¿A qué temen tanto?!!

¡¿Cuándo, Juan Sebastián, veremos ‘ahí’ a los empresarios?!


[1] La parábola de la cizaña
  «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?”. Él les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo”. Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. “No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero”»

19 de julio

18 de julio de 2019

Hablando del 19 de Julio, dice Mónica Baltodano que «la memoria de aquella gesta se entrelaza, como continuidad histórica, con la resistencia cívica del presente».

El problema–quiero ser objetivo, aunque duela–es que la memoria de aquella gesta, y aquella gesta en sí, se entrelaza también con el despotismo actual, y con todos sus crímenes.

Somos eso, somos el bien y somos el mal, somos el error y el acierto; seres humanos al fin, constructores de mitos que nos van explicando lo que poco entendemos. Hoy los practicantes del mercadeo político llaman a esos mitos «narrativas».

¿Cuál de ellas triunfará? ¿Cuántas manos ensangrentadas serán lavadas por la mentira? ¿Cuántas mentes serán llevadas por uno uno u otro camino según la versión de la historia que prevalezca? ¿Cuánto seremos capaces de aprender, y al costo de cuánta sangre y destrucción?

Preguntas que me hago; hago y dejo flotar, nubes de culpa en el insomnio.

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