¿Compartir el poder con el FSLN?

13 de junio de 2019

Parte del problema de analizar la situación de Nicaragua y pensar en posibles soluciones es la diferencia radical que hay entre el FSLN y otros grupos que encabezan regímenes despóticos.

Generalmente, ocurre que organizaciones políticas autoritarias cometen crímenes en defensa de su poder; para ellas el crimen es accesorio, es herramienta de la lucha política. El caso del FSLN es cualitativamente distinto, invierte las relaciones: el crimen es su propósito fundamental, el poder político, un accesorio e instrumento.

No es a manera de insulto o diatriba, sino como un intento de buscar la verdad y de alentar el diseño de soluciones realistas, que sugiero esta interpretación: hubo un FSLN heroico y motivado por metas políticas y sueños de reforma social, pero este murió hace décadas.

Y aunque la mutación empezó mucho antes, con toda certeza a partir de 1990 es evidente: el FSLN de hoy no es el FSLN con el cual se pactó el fin de la guerra civil de los ochenta. Es un error craso confundir a los dos. El FSLN de hoy, el que realmente existe, es una organización (1) cuyas metas son criminales (2) organizada al estilo de una pandilla criminal, Padrino incluido, que (3) emplea métodos criminales con una pasión sádica en reflejo de la psicopatía de sus líderes, a quienes los miembros de la pandilla necesitan complacer; para el FSLN (5) el poder político es, ante todo y sobre todas las cosas, método de extorsión y escudo de impunidad.

Si esto es así—como al menos yo creo–no puede hablarse de estrategia política, ni de democratización, ni de ‘justicia transicional’, mucho menos de arreglos políticos o ‘acuerdos’, sin tomarse en cuenta.  

Por supuesto, la dimensión política, en el sentido esencial de “asunto de poder” está presente, como lo está también en el medio de una negociación de carteles criminales, o de la lucha de poder en una pandilla.  Pero para los ciudadanos no existen los remedios que ‘resuelven’ conflictos en una mafia: lucha a través de asesinatos o distribución de zonas, o de ‘mercados’ entre las pandillas.  Para que la nación sobreviva, no puede entregarse Medellín a Pablo Emilio Escobar y Cali a los hermanos Rodríguez Orejuela a cambio de la paz de Bogotá.  Y a eso nos enfrentamos: a un grupo criminal que se ha enquistado en el poder político nacional y ha convertido las instituciones del poder del Estado en herramientas de su empresa. 

En esa mutación las instituciones públicas como tales han cesado de existir, y con ellas deja de tener sentido todo aquello que se asienta sobre su legitimidad, cuando esta existe, como el apego al orden constitucional.  Y deja de tener sentido pensar en reconciliación y convivencia con el FSLN, como no tendría sentido para el gobierno de Estados Unidos pensar en reconciliación y convivencia con la Cosa Nostra, como no tuvo sentido para el gobierno de Colombia buscar acomodo con Escobar—ya se sabe cómo acabó la historia.  Porque al final, cuando una sociedad sucumbe ante la extorsión del crimen, el crimen termina adueñándose de la sociedad.  Los nicaragüenses en su mayoría buscan cómo evitar que esto ocurra, en lucha aparentemente desigual si se anota el encuentro en términos de voluntad destructiva, de la cual el FSLN hace gala, pero en la cual la ciudadanía posee una desproporcionada superioridad moral y política. La tiene por el impulso de la vida, que tiende a la bondad, frente a la psicopatía del adversario.  Pero también la tiene porque las metas ciudadanas son políticas, mientras que el objetivo del contrario es criminal.

Con toda seguridad habrá quienes, si se molestan en leer esta opinión, dirán que es cierto, que la dictadura es criminal, pero todas las demás lo han sido –todo tirano necesita matar para sobrevivir—y que por tanto, como en otros casos, es posible la solución ‘negociada’ en la cual ambas partes ceden y se encuentra un camino a la convivencia.  Dirán que en ese camino, poco a poco, ‘después’, construiremos la justicia, ‘entre todos’, cuando ‘todos’ incluiría—porque así es de testaruda la lógica de la realidad—a los propios efeselenistas.

A mí me da miedo pensar en la caja de Pandora que de este modo se abre.  Trato, precisamente, de argüir que la dictadura Ortega-Murillo no es como las demás.  Y si como las demás la tratamos, si cerramos los ojos ante la brutal diferencia, podemos estar condenándonos nosotros mismos y a nuestro país al destino de un ciego que se va en el abismo por no verlo.

Tampoco es el mío un llamado a la lucha armada, ni a que nadie lleve o traiga mensajes a los Ortega-Murillo.  Mi insistencia es en que debemos abandonar la ilusión de que el ‘empate’ es posible con ellos, de que la convivencia es posible con ellos, de que la democracia es posible mientras ellos y su pandilla tengan poder en la política nicaragüense, ya sea desde El Carmen, o en el tristemente célebre “gobernar desde abajo”.  No es que vaya a ser fácil, ni indoloro, pero el clan criminal que ha usurpado el Estado debe ser sometido a la justicia.  Y no porque seamos idealistas, ni puristas, ni intolerantes, ni ilusos, sino porque de ello depende de que exista al menos la posibilidad de fundar una república democrática después de doscientos años de fracaso.  La alternativa puede ser verdaderamente macabra: entregar el país a un sicariato que podría durar décadas.  El espectro de un Estado-Mafia, peor aún que el Estado-Hacienda del que ansiosamente queremos escapar, se sienta también en las negociaciones.

Lo menos que podemos hacer es estar alerta, y alertar también al mundo.  Todo el valioso esfuerzo que hacen nuestros conciudadanos en los foros internacionales para gestionar el apoyo de los países democráticos necesita informar acerca de la naturaleza intrínsecamente—no incidentalmente—criminal del FSLN.  Y entre nosotros, el objetivo de la lucha debe reflejar nuestra conciencia de este hecho:  el propósito no puede ser compartir el poder con el FSLN, en la esperanza de que estaremos en mayoría y ‘controlaremos’ la situación.  A mí me parece que, para desgracia nuestra y de nuestro país, ya ese escenario no es realista.  No es nada pragmático, ignora los hechos. 

Pero eso es lo que este ciudadano piensa, tras mucho reflexionar sobre el asunto; y por supuesto, este ciudadano, que apenas cumple con el deber de ocuparse de temas dolorosos de la familia, y de expresar con honestidad sus conclusiones, podría estar equivocado.  

¿Usted cree que lo está?

Algunas reflexiones sobre la excarcelación de nuestros secuestrados

Martes 11 de junio de 2019

Veo los videos y fotos de los presos políticos que hoy fueron excarcelados, y pienso:

1) Nunca debieron estar presos, los verdaderos criminales son sus secuestradores;

2) No sé cómo piensa cada uno de ellos, y seguramente en muchas cosas no estaré de acuerdo, pero eso no importa. Son seres humanos, y son ciudadanos; sus derechos son sagrados. La democracia no es uniformidad, sino lo contrario, es la total y hermosa diversidad humana, una cacofonía ruidosa y a veces incómoda, como los ruidos de la naturaleza cuando se libra de la tala. Cada cabeza es un mundo, y nadie tiene derecho a cercenarla.

3) Han demostrado valor, convicción, y fortaleza moral, y eso contrasta con la veleidad de los políticos de la Alianza Cívica y todos los que andan «negociando», en secreto, pactos peligrosos para la gente, como el de «elecciones» CON Ortega;

4) Con todo el respeto y simpatía que podamos tener hacia ellos por su comportamiento ejemplar, por respeto y amor hacia ellos, debemos ayudarles, no solo a triunfar en su justa causa, sino a no caer en la tentación que nos acecha a todos: no los enfermemos, no los adulemos, estemos preparados para criticarlos si nos parece que van mal; no los endiosemos; apoyémoslos solo en la medida racional, en la medida en que convenga a la causa de la justicia, la libertad y la democracia, en la medida en que actúen como hasta hoy lo han hecho, y con la misma integridad; nunca olvidemos que en democracia un líder político no es un jefe, sino un servidor. No olvidemos NUNCA que el poder es un veneno, y que ellos ya tienen algún poder y pueden (deben) llegar a tener más. Que no nos vuelva a ocurrir que una cara dulce, un gesto de heroísmo, el carisma de un líder o una narrativa heroica se convierta en una pesadilla nacional. No olvidemos que «los muchachos» del FSLN se volvieron opresores, y algunos de ellos asesinos.

5) Hay que celebrar que fueron excarcelados, pero recordar que no están libres, que están bajo amenaza.

6) No hay que permitir que los pactistas aprovechen maquiavélicamente las maniobras maquiavélicas de la dictadura. Maquiavélico es precisamente el proceder de Ortega-Murillo, aunque parezca producto de la locura: Maquiavelo recomendaba al Príncipe (al dictador) asestar el dolor de manera concentrada y brutal, de una vez, contra sus enemigos (el pueblo), pero repartir sus concesiones con cuentagotas, porque en ambos casos–parafraseo al autor italiano– «la gente olvida». Exactamente el patrón de conducta de los de El Carmen. Y «la gente olvida» parece ser el eslogan de los políticos nicaragüenses, incluyendo los que–como empleados del gran capital–controlan la Alianza. ¡Que no crean que pueden aprovecharse, sin que notemos, del momento de euforia que produce la excarcelación de nuestros presos!

7) Exijamos que la Alianza deje de buscar la moderación, suspensión o posposición de las sanciones contra la dictadura, bajo cualquier excusa; porque es excusa, y no razón, cuando no hay derechos democráticos, ni mucho menos justicia.

8) Exijamos que la Alianza y la UNAB abran, o mejor dicho, cedan, o mejor dicho DEVUELVAN sus espacios a los excarcelados. Seamos claros y honestos: Chano Aguerri, Mario Arana y José Pallais no representan la insurrección cívica de Abril. Aguerri negociando «contra» Ortega es casi ‘Aguerri negociando contra Aguerri’. Atol con el dedo, no.

9) Los excarcelados han salido de las prisiones altivos y desafiantes. Su coraje es ejemplar, motiva. Nos llena de orgullo. Nos da esperanza. Por algo el régimen les teme. Nadie puede mejor que ellos encabezar el retorno de la gente a la lucha noviolenta. ¿No creen, gente de la Unidad Nacional Azul y Blanco?

¿Qué haría la Alianza si Ortega cerrara Casa Pellas?

1 de Junio de 2019

En la primera plana de El Nuevo Diario, Mario Arana pide que los dueños de negocios que han sido ilegalmente cerrados por apoyar al paro «reporten a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y/o al representante del Secretario General de la OEA». Añade que «se llevará un registro de todas estas ‘anomalías’ porque son una violación a los derechos de los nicaragüenses y develan la hipocresía de este régimen». Además, dice «SI NO CON ESTA ADMINISTRACIÓN, una futura administración deberá REPARAR ESTAS ANOMALÍAS».

La verdad, no sé ni por dónde empezar. Pero a riesgo de que Mario reclame una vez más de que uno se quiere «hacer famoso a costa suya», no puedo dejar de comentar estas declaraciones, que me parecen atroces, escandalosas, un ejemplo del porqué mucha gente dice lo que dice de los empresarios, y de su Alianza.

En primer lugar, el tono y el lenguaje. Uno se pregunta hasta dónde es inocencia lingüistica, y como no soy neurocientífico, tampoco sé si esa inocencia oculta o revela. Lo que sí es indudable, porque las palabras son lo que son, es que el lenguaje del presidente de Amcham, y notable protagonista de las «negociaciones» con Ortega, minimiza la gravedad del insólito, anticonstitucional procedimiento, fuera de toda jurisdicción de cualquier gobierno en cualquier nación civilizada, de «castigar» a un comerciante privándolo de su medio de vida, por el hecho de no abrir su establecimiento un día, sea por la razón que fuere. «Anomalías», les llama, como si se tratara de un error técnico, una falla del manual, tal vez un «problema de comunicación».

En segundo lugar, el diagnóstico político. Habla de la dictadura como si fuera legítima «administración» del Estado, en el lenguaje de la rutina institucional que se emplea en países de sucesión democrática. Peor aún, no descarta que «esta administración», o sea, los mismos que han cometido el atropello, «reparen», las «anomalías» [«Si no con esta administración…»]. Uno también se pregunta, ante tan manso discurso: ¿Qué sería para Mario Arana «reparar» la «anomalía?. Porque no expresa siquiera una exigencia de detención, menos aún reversión, de las «anomalías». Mucho menos, por supuesto, compensación por los daños y castigo a los culpables. ¿Para qué, si «una futura administración» lo haría, en caso (¡en caso!) de que «esta administración» no lo hiciera.

En tercer lugar, hay algo todavía más grave y que hay que resaltar, porque es preciso abrir los ojos muy claro y dejar de pensar que vamos «todos unidos» en la lucha contra la dictadura. Se lo preguntaré directamente a Mario, pidiéndole que por respeto a Nicaragua no se escude en una actitud de indignación personal ante mi ‘atrevimiento’: ¿Si la dictadura estuviera cerrando Casa Pellas, o uno de los negocios principales de AMCHAM, les dirías «hablen con la OEA, registren su queja, para que una futura administración repare la anomalía?» ¿Harías eso? Llamame cínico o divisionista, pero creo [y dudo que esto sea de dudar para nadie] que estarían, vos y tu organización, junto con el COSEP, y la Alianza toda, en pie de lucha, probablemente llamando a acciones contundentes en defensa del «interés nacional».

Soy todo oídos.

El 18 de junio y la trampa de “elecciones” con Ortega en el poder

27 de mayo de 2019

El asesinato de don Eddy Montes en la cárcel amplificó hasta decibeles ensordecedores el grito de la gente a la Alianza Cívica: ¡Dejen la “negociación”, llamen a la desobediencia civil!

Algo muy profundo tocó este crimen para hacer reaccionar como un solo músculo la voluntad colectiva.  Tanto, que no importó la renuencia de la Alianza, ni el escepticismo de muchos en la Unidad Nacional Azul y Blanco.  No importaron las amenazas del régimen. Ni siquiera la complicidad de los banqueros logró detener el alud de silencio del pueblo. El 23 de mayo de 2019 la mirada severa que emana de la razón, la verdad y la justicia, conminó sin recurso a los que en medio del dolor buscan, antes que demoler la prisión, escapar ellos.  

El paro nacional exhibió en toda su majestad el poder de la acción cívica autoconvocada.  Quienes desde el gobierno y las élites están interesados en que los ciudadanos sean meros espectadores, porque no cesan en su afán de controlar antidemocráticamente la sociedad, no tienen ya ningún argumento: ¡Sí, se puede! Quienes temen que la disparidad de criterios impida la unidad en la lucha por la democracia, no tienen ya ningún argumento.  Quienes pretenden convencernos de que el poder de Ortega es tan grande que retarlo es insensato, y por tanto hay que tolerar que Ortega –el criminal de lesa humanidad — sea parte del proceso ‘democrático’, no tienen ya ningún argumento.  Quienes pretenden convencernos de que “la única salida es el diálogo”, porque la represión hace imposible la lucha noviolenta, ya no tienen ningún argumento: ¡Sí, se puede!

Esto es tan evidente, que el oxígeno ha empezado a circular de nuevo en la sangre del movimiento democrático–el de verdad, el insurrecto, el que quiere romper con los ciclos de opresión, represión y violencia que hemos heredado, el que incomoda a las élites fracasadas y pusilánimes, quienes por inercia histórica buscan hacer lo único que han hecho siempre, pactar, para desgracia de una nación que puede más, mucho más.

Esto hay que advertirlo, porque la luz de la puerta que el paro ha abierto no debe cegarnos:  hay mucho peligro antes de cruzar el umbral; hay poderosos intereses que no logran imaginar un futuro con justicia y democracia. Los mismos que reorganizaron la Alianza para inclinarla a sus intereses, los que han cabildeado para impedir las sanciones a Ortega, los que paso a paso trataron de obstaculizar la lucha cívica, los que, incluso, trataron de impedir la marcha que otras organizaciones de la UNAB promovieron después del paro, buscan cómo regresar las aguas a su estanque.  ¿Cuál será su próximo paso?

El 18 de junio

El 18 de junio de 2019 se vence el plazo aceptado por la dictadura para liberar a todos los presos políticos.  ¿Lo harán? Esta debe ser una de las decisiones más difíciles para Ortega y Murillo.  Tienen poco margen para escamotear.  Si el régimen no cumple, a las partes internacionales se les agotan las excusas para no asfixiarlo.  A lo mejor también se les acabe la paciencia.

Quizás Ortega y su séquito intenten negar la condición de presos políticos de algunos reos, pero no podrán hacerlo con la de aquellos que la población identifica como líderes principales.  Y a juzgar por la experiencia, la libertad de estos podría ser el matrimonio de la mecha y la chispa.  

Un matrimonio así, de darse, representaría la amenaza más potente contra la dictadura, pero también contra el dominio de las élites que han secuestrado el movimiento democrático.  Ya el paro nacional de ventas y consumo demostró en qué dirección quieren avanzar los ciudadanos.  Y los hasta hoy prisioneros políticos han instado a la gente a resistir activamente, a protestar por todos los medios cívicos, a no dejarse seducir por el “diálogo”. De tal manera que la actual Alianza, ya muy reducida políticamente, podría volverse irrelevante. 

En resumen, tanto la dictadura como la Alianza Cívica enfrentan dilemas existenciales en las próximas semanas. Estos dilemas aumentan el riesgo de que los orteguistas y los megabanqueros que mueven los hilos de la Alianza se pongan de acuerdo en una “solución” de la crisis que minimice sus pérdidas.

“Elecciones adelantadas”

Este es el escenario del horror: la Alianza y la dictadura pactan una “salida electoral”, aceptando la permanencia de Ortega y del FSLN en la vida política, sin que medie un proceso de justicia. Gane o pierda, Ortega y sus secuaces quedan en posesión de sus canales de televisión, sus empresas, sus redes de espías, sus estructuras de represión, su control de la policía y del ejército.  Gane o pierda, porque no se puede desmontar el aparato represivo del orteguismo sin justicia.  La Alianza—esto no lo especulamos, sino que ya es conocimiento público y admisión propia—está dispuesta a dejar a la justicia como un “para después” indefinido.

Las razones por las cuales la Alianza, en representación de los megabanqueros, aceptaría un escenario así, han sido discutidas ampliamente, y responden a la prioridad más alta de los magnates financieros del país: la estabilidad de su hegemonía económica y política en la estructura de poder de la sociedad. 

¿Pero, por qué aceptaría Ortega? La razón fundamental es que, especialmente si se ve obligado a liberar a los presos políticos, aceptar elecciones podría servirle de válvula de escape: las movilizaciones populares que quizás se vería incapaz de impedir ya no serían, como teme ahora, marchas para derrocarlo, embriones de un ‘asalto’ a El Carmen, sino que simples actos en una campaña electoral.  En otras palabras, parte de un libreto en el cual lo fundamental del poder represivo del Estado sobreviviría.  El propio FSLN, como ocurrió en 1990, pasaría a la ‘normalidad’.  Y los que hoy insisten en que “el diálogo es la única solución”, dilatarían cualquier intento serio de procurar justicia, incluyendo su cacareada ‘justicia transicional’ que es apenas una excusa para la impunidad. ¿Qué dirían? Lo de siempre, lo de antes, lo que nos ha llevado hasta donde estamos: “tenemos que reconciliarnos”. 

Mientras tanto, las voces que se alzaran a cuestionar el nuevo status quo serían silenciadas, de una forma u otra.  Nicaragua podría convertirse en un país donde reine la variedad de terror que campea en Colombia u Honduras, donde cientos de activistas políticos y sociales mueren asesinados año tras año sin que haya culpables, aunque todos sepan quiénes son. 

Atol con el dedo, versión bancaria

23 de Mayo de 2019

Ideas que revolotean en la cabeza de un ciudadano angustiado: ¿»Todos» al paro? ¿El que no va al paro es «sapo»? ¿El que critica «divide»? ¿»No es el momento»? ¡¿Cuándo será ese mágico momento en que uno puede ser a la vez demócrata y libre para pensar y hablar?!

Y es que hoy, 23 de Mayo, mientras gran parte de la sociedad hace enormes esfuerzos para demostrar su rechazo a la dictadura y al asesinato de don Eddy Montes en la cárcel, parece–dicen los reportes periodísticos que una vez más quisiera creer equivocados– que los megabanqueros no van contra el gobierno, sino contra el paro: estarían abriendo sus negocios. ¡Ellos, que alimentaron al monstruo y cosecharon beneficios, en su ‘arriesgamos cero, ganamos todo’!

¿A eso le llama «unidad» la gente de la Alianza? ¿Piden sacrificios a todos, menos a los que más deberían exigirles, por su poder y porque al final son responsables de esta crisis trágica?

Si quieren que uno no critique para no «dividir», por favor tengan la firmeza de exigirles a sus amigos que no los dejen mal parados.

¿Paro? ¡¡¡Por supuesto!!!

¿24 horas? Pues, ningún demócrata va a oponerse, aunque estemos conscientes de que no basta, y que si bien contribuye a la lucha, podría en el anverso ser una maniobra más para enfriar la insatisfacción de la gente. Ya ha pasado antes, y vuelven luego a sus encuentros en salón oscuro, a pactar tramposas «elecciones adelantadas» y amnistías. Y dije «tramposas». Y dije «amnistías». Y no digo por decir.

¿Unidad? ¡Por supuesto! Pero entonces, ¡únanse, y déjense de ambigüedades! Porque el cuento de que abren para evitar que Ortega les quite la licencia es muy flojo.

¡¡Váyanse al paro los cuatro amigos que llevaron a la Alianza a El Carmen, y vamos a ver si Ortega se atreve a cerrar todos los bancos del país!!

Entonces sí, tendría un paro.

Lo demás es atol con el dedo.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑