Notas para contar la leyenda del tío Arturo

19 de Octubre de 2019

[Al destacado activista democrático Manuel Díaz]

Estimado Manuel Diaz (Bacanalnica.com),

Asumo tu inteligencia, buena voluntad, angustia por Nicaragua y deseo intenso de que acabe tu exilio y el de miles.  Precisamente por eso quisiera, porque creo que puede ser beneficioso, llevarte la contraria; no caprichosamente ni por desesperanzarte, ni porque me caiga mal tu tío Arturo, ni porque– por ser nica—no tenga respeto por la razón… Todo lo contrario, que viva la esperanza, que sin ella no hay vida, y que viva la razón, porque sin ella, por más esperanza que tengamos, terminaremos mal.

Está bien, dejemos que la hoja de vida de tu tío espere, aunque no sea de la razón descartarla: ¿te dejarías tratar por un médico que mata más de lo que cura? ¿Contratarías a un ladrón para que cuide tu casa, a un violador para que maneje un bus en un colegio de niñas? ¿Volverías a nombrar magistrado a Payo Solís? Etc. Lo primero que uno hace para emplear a alguien o seguir sus consejos –y es la razón, no la emoción– es verificar sus credenciales, ver su curriculum vitae. Pero, como te dije, para no enturbiar las aguas desde un comienzo dejemos esta tarea para después.

Por hoy quiero hacer solo unos breves comentarios (que quizás haga más extensamente en un artículo) a una parte del contenido de la presentación de tu tío que parece haberte impresionado.

Indudablemente, tu tío, que no tiene entrenamiento de economista, sino que ha estudiado historia de Nicaragua del período de los treinta años conservadores de fines del siglo XIX, es un buen conferencista. Luce su inteligencia, y ahora que está mayorcito y puede ser tío, me imagino que la luce con distinción.

Pero una cosa es hacer una buena presentación y otra es que lo dicho sea cierto. Hay grandes vendedores de productos muy malos; hay embaucadores que maravillan a la gente casi a punto de hipnosis: cuando el cliente se da cuenta de la tomada de pelo, ya es muy tarde. Por eso hay que conocer al vendedor, no para que el currículum sustituya al análisis de la propuesta, sino al contrario, para estar más alerta y desmenuzarla con mayor agudeza analítica, para usar el raciocinio en defensa propia.

Igual debés hacer conmigo, porque tampoco es que vas a creerme solo por mis credenciales, que en este caso sí incluyen un doctorado en Economía, casi treinta años trabajando en análisis macroeconómico y de riesgo en numerosos países, y sobre todo, independencia política, o como quien dice “ausencia de cola” (no encontrarás propiedad robada, ni comprada al Estado por centavos, ni embajadas, ni viajes financiados por el gobierno o por la oposición de turno, ni libros publicados por órdenes o favores de ninguna dictadura, ni amistades editoriales surgidas de la corrupción, ni nada por el estilo).

¿Qué es falso en la presentación de tu tío? Casi todo. En primer lugar, hablar de que la ciudadanía debe “cuidar la economía” implica que es la ciudadanía la que daña la economía, con “los tales paros”. Hubo muy pocos días de paro político desde el comienzo de la crisis; el daño brutal que ha sufrido la economía se debe a que el régimen ha perdido la capacidad de mantener al país en paz, porque el acuerdo que existía entre los amigos de tu tío y Ortega ha sido sacudido por la inconformidad de la gente ante tanta opresión y tantos asesinatos.

Ningún inversor que tenga dos dedos de frente va a arriesgar la misma cantidad de dinero en una sociedad estable que en una que estalló, y si estalló puede volver a estallar.

¿Cómo se remedia esto? La única manera es con la salida del poder del régimen genocida. Todo lo demás es poner curitas sobre una hemorragia.

Y es falso que la ciudadanía pueda revertir el daño, “cuidar la economía”, y a la vez lograr que se respeten sus derechos humanos.

Y es ilusorio pensar que la ciudadanía vaya a renunciar a sus derechos humanos para “cuidar la economía”.

Y, de hecho, no es deseable–a menos que uno quiera que se establezca la monarquía y la esclavitud en Nicaragua–que la gente deje de luchar por sus derechos humanos para “cuidar la economía”.

Porque lo que tu tío y su prix Arana insisten en recomendar–“cuidar la economía”– quiere decir, claramente, olvidarse no solo de los “tales paros”, sino –lo ha dicho el prix recientemente, y por escrito—olvidarse también de eso de “la desobediencia civil”. Y sin desobediencia civil, sin los “tales paros”, pues todo el mundo a trabajar para “cuidar la economía”, a buscar cómo crecer más rápido para que el “próximo gobierno” encuentre al país floreciente y Ortega (que sería, por supuesto, derrotado en ‘elecciones libres’ en… ¡2021!…) no pueda “gobernar desde abajo” una vez más, como hizo en los 90.

Todo esto es una trampa transparente, porque sin lucha cívica, o sea, sin desobediencia civil, sin desestabilización del sistema, no habrá “próximo gobierno” que no sea dominado, desde arriba o desde abajo, por Ortega.

Pero tu tío y su pofi no quieren desestabilización, porque “hay que cuidar la economía”, por lo cual, lógicamente, piden estabilidad. O sea, piden que se calmen las aguas. O sea, prácticamente piden que se deje gobernar en paz a Ortega.

Si yo fuera Ortega, nada me haría más feliz.

Además, Ortega post 1990 no logró “gobernar desde abajo” porque las finanzas del Estado estuvieran pobres ni la economía destruida. Pudo hacerlo porque en 1990 el tipo quedó en control de fuerzas políticas y militares capaces de desestabilizar a cualquier gobierno por medio de asonadas, asesinatos, y otros métodos antidemocráticos.

Y no olvidemos que quedó con recursos muchísimo menores de los que controla hoy en día. De tal manera que, si por un milagro, hubiese elecciones libres en 2021 sin que mediaran sanciones internacionales (que tu tío no quiere porque “hay que cuidar la economía”) ni desobediencia civil (que también «daña la economía»), todo ocurriría dentro de las leyes actuales y las reglas de Ortega; y si él decidiera dejarse ganar—o reconocer su derrota—quedaría en control de, no uno, sino dos ejércitos (por si acaso uno “falla”), más canales de televisión, espías, CPCs, sicarios, jueces, policías, centros de educación a todos los niveles, y miles de millones de dólares de Venezuela y del sudor nica que “andan por ahí”, y que igual compran un diputado que el rifle de un sicario.

Lo demás es lo de menos: que si CxL, que si PLC, etc.  En todo caso, el cuento del “vehículo electoral” es otro embarque, y antidemocrático sin duda, porque lo que tu tío le dice a los ciudadanos es muy sencillo: ni piensen que pueden formar sus propios partidos; se van en este, el nuestro, o no entran al juego…

Te lo dejo hasta aquí por el momento, aunque hay mucho más, y mucho más detalle, desde la falacia de “gobernar para el futuro”, frase que suena bonita (el tío tiene gracia para estas cosas) pero que esconde un engaño, hasta la mañosa referencia a Aristóteles (el pobre Ari debe estar pidiéndole a sus dioses que le lleven la cabeza de tu tío), pasando por el discursito sobre sus esfuerzos heroicos para que se diera el Cafta, como si esos tratados fueran producto de la generosidad de los países y el heroísmo de los burócratas, y no de la conveniencia mutua …aquí se le cayó el zapote a tu sabio tío, o lo dejó caer.

Luego añado, corrijo, publico, y te invito, por si acaso te interesa.

Abrazos,

Ciudadano X

Izquierda, derecha, arriba, abajo.

Octubre 17 de 2019

La idea de que el problema actual en Nicaragua es uno de “izquierda” versus “derecha” es muy desatinada.

En primer lugar, porque el FSLN es antes que nada una claque criminal. En segundo lugar, porque la ideología del grupo, la racionalización que venden a quienes no pueden dar mucho, es indistinguible de la derecha fascista, y de hecho el modelo económico de los últimos 12 años fue clásico fascismo europeo.

Desde un punto de vista práctico, identificar al FSLN como “izquierda” es una trampa: si el problema es que son “izquierda” entonces la solución es ser “derecha”. Ergo, Pinochet, Bolsonaro, Franco, como tantos otros similares, estarían al menos más cerca de ser solución que de ser problema, y acabaría uno—por lógica—defendiendo a otro puñado de autoritarios.

El camino no pasa por estos vericuetos. Más bien, hay que estar claro que la lucha es entre dictadura y democracia. Hay que dar poder al ciudadano y hay que restar poder al poder, independientemente del disfraz (“izquierda” o “derecha”) que este vista.

¿Es mucho pedir?

12 de octubre de 2019

Estoy de acuerdo con Félix Maradiaga en que (1) el régimen debe responder acerca de los miles de millones de dólares de la cooperación venezolana; a nadie debe sorprender el cinismo del aparato sandinista que quiere concentrar la atención de todo el país en los $14 o $15 millones que supuestamente la USAID ha dado a instituciones nicaragüenses; (2) esos fondos también han fluido a través de entes gubernamentales; (3) hay una dificultad intrínseca en practicar la transparencia financiera en los grupos opositores, porque toda información es usada por la dictadura para reprimir; (4) los nicaragüenses tienen derecho a recibir cualquier ayuda, venga de donde venga, para luchar por sus derechos humanos–aunque la preferencia de Ortega, por supuesto, sea convertir el conflicto en un pleito de burro amarrado contra tigre suelto.

Sin embargo me parece que la acusación, al estilo «fake news», resuena más allá de la masa fanática leal a Ortega porque cae en un ambiente de dudas sobre la Alianza Cívica que más tiene que ver con su evidente falta de transparencia política, y con la tendencia de sus voceros a subestimar la sagacidad del pueblo nicaragüense y de maniobrar, excluir, mentir y convertir el proceso –supuestamente, de lucha democrática– en intrigas de grupos, reuniones en secreto, o reuniones cuyo contenido se mantiene en secreto, todo velado tenuemente por el doble discurso.

Por eso a estas alturas, aunque Félix salga al rescate, y haga un argumento válido, queda en el aire la percepción de que fluyen grandes cantidades de dinero en medio de las actividades de la Alianza, y la gente se pregunta, no sin razón–pero cada vez con más escepticismo–de dónde y para qué y para quién, porque tampoco es irracional ni antidemocrático ni insensato pensar que quien paga exige, que el que tiene plata platica, y todo lo demás. La gente ve los numerosos viajes de numerosos representantes a numerosas reuniones en numerosos países, que cuestan verdaderamente una fortuna, de tal manera que la pregunta es de esperarse, es natural, es legítima; es democrática.

¿Quieren confianza? Constrúyanla en lo político. Por ejemplo, paren de hablar de «conversaciones francas» en las que discuten con funcionarios de otros países «la situación de derechos humanos de Nicaragua» durante toda una semana. Digan mejor, por ejemplo, qué fue lo que realmente ocurrió en Washington en esa semana de reuniones entre múltiples miembros de los diferentes grupos de la oposición, funcionarios de Estados Unidos, de la OEA, etc. Digan abiertamente, en lugar de mantener un doble discurso, si han decidido aceptar elecciones en las que Ortega y su FSLN participarán, con todo lo que esto implica, y expliquen, de hecho, su visión sobre lo que esto implica. Presenten, como corresponde al espíritu democrático, las opciones que barajan, sin dobleces, sin vivezas. Hablen con la verdad a una población cansada de mentiras y traiciones, hambrienta de transparencia y libertad.

¿Es mucho pedir?

Coreografía de una traición anunciada

7 de Octubre de 2019

Miren, yo estoy claro que de nada sirve exigir a los banqueros de la Alianza que vayan por la democracia y la justicia. No les importa. Su dios es el dinero, y han cruzado la línea que separa la decencia de la indecencia hace ya mucho tiempo.

Lo que ellos están tratando de hacer es claro: resolver su crisis a través de ‘elecciones’, evitando de tal manera–lo ha dicho hoy mismo Mario Arana– «paros y desobediencia civil». Porque, según dice este mismo señor, «hay que salvar lo que se pueda» de la «economía» (es decir, de las ganancias de sus empresas).

¿Saben cuál es el precio que quieren hacer pagar al país? ¿Saben cuáles son sus treinta monedas? Han aceptado un arreglo en el cual Ortega puede dejar de ser presidente pero se queda en el país, con total impunidad. Van a decirnos que «no hay otra manera».

Ortega quedará, si la Alianza y otros cómplices (partidos zancudos que «están en la jugada») se salen con la suya, en control de enormes recursos financieros y negocios, canales de televisión, paramilitares, CPCs, sindicatos del sector público, universidades y organizaciones dentro de ellas para impedir un movimiento estudiantil independiente, espías, y una buena cantidad de partidarios fanáticos dispuestos a dar PLOMO a sus vecinos.

¿Quién pone estas treinta monedas? Pues no serán los Pellas, Chamorro, Baltodano, Ortiz Gurdián; todos ellos quedarán felices y blindados por el acuerdo. Las monedas las pondrá usted, señor ciudadano, usted señora ciudadana; y el país, que además tendrá que financiar el desastre económico y la quiebra del INSS que dejará Ortega.

El plan es simple: Ortega queda inmune, con inmenso poder, con capacidad de represión y sabotaje, y los grandes empresarios quedan en control parcial del aparato administrativo del estado. En otras palabras, un juego de sillas entre las dos partes del pacto que estaba en efecto hasta abril de 2018.

Para lograrlo, la Alianza continuará su misión de impedir la protesta, de excluir a los críticos–trabajo que eventualmente completarán los sicarios del FSLN–y de instrumentalizar a ciertos rostros amables, como el de Lesther Alemán, Edwin Carcache, y otros.

A estos, sin embargo, podemos y debemos exigirles que no sean parte del juego. Y ellos deberían agradecer que lo hagamos, porque sería lastimoso, más bien trágico, que gente como Lesther, como Edwin, o como Medardo, o Irlanda, o el mismo Félix Maradiaga, y de tantos que salieron del seno del pueblo democrático y lucharon noblemente en la primera etapa de esta insurrección histórica, fueran arrastrados a un destino ignominioso, a la vergüenza de traicionar un sueño que–ya sabemos–no es el sueño de los Pellas, Aranas y Aguerris de nuestra desdichada tierra, pero sí el sueño de la mayoría, que quiere libertad y democracia. Y no nos olvidemos: era el sueño de los cientos de muertos, y de los más de ochenta mil exiliados que el pacto descarta como se descarta un trapo viejo.

Por eso, que quede claro: toda la coreografía de la Alianza Cívica es un gran engaño, y de consumarse sus planes, será una gran traición. De nuevo: que nadie diga que no se dijo, que nadie diga que no escuchó, porque si lo dice es que no quiso escuchar.

¿Quién gana con el pactismo-eleccionismo?

11 de Octubre de 2019

Si Ortega calcula que es de su conveniencia, una nueva camada de oportunistas opositores tendrá por unos cuantos años ministerios, presidencia y vicepresidencia, curules en la Asamblea, prebendas, privilegios, viajes, carros, gasolina, sobresueldos, etc., mientras el diputado Ortega (porque eso dice la «constitución», y la «vía constitucional» es la niña de los ojos de los eleccionistas) «gobierna desde abajo» una vez más. Regresa, mejor dicho, a sabotear y a matar desde abajo.

¿Y la justicia?: «Después».

¿Y la policía?: «Ya la iremos ‘profesionalizando’ poco a poco, con ayuda de Estados Unidos y otros países amigos. El comisionado Díaz trabaja con el gobierno democrático para avanzar en esa meta».

¿Y los asesinatos?: «Condenamos la violencia, venga de donde venga; vamos a ordenar a la policía que investigue».

¿Y el ejército?: «Como ustedes saben, el Ejército de Nicaragua ha cumplido su misión constitucional».

¿Y la democracia? «Algún día; tenemos que ir en fases; poco a poco».

¿Y la verdad? «Eso es todo por hoy, gracias. ¡Viva Nicaragua Libre! [Porque ya somos libres, así que por favor, cada quien a su casa; y despreocúpense, que nosotros nos ocuparemos del resto].»

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