Pastora, Ortega, y la “salida electoral” [¿Quién invita a cenar al genocida?]

18 de junio de 2020

Este video, que circula en las redes sin firma, pero es claramente auténtico, documenta la transmisión de órdenes de genocidio por parte de Daniel Ortega, y da algunos detalles de cómo dicho genocidio se organizó. Es evidencia que debe ser usada en el juicio del tirano y de todos sus cómplices.

Es también evidencia que los políticos de oposición no pueden ignorar: no tienen derecho, ni permiso de la ciudadanía, ni la ciudadanía puede otorgar tal permiso. Cualquier político que continúe hablando de elecciones, con o sin reformas, en las cuales se permita la participación de gente incriminada en este video, o sus designados, es cómplice de obstruir la justicia, de dejar en la impunidad crímenes de lesa humanidad que están ampliamente documentados.

Que la Alianza Cívica, CxL, PLC, y otros [¿Cuál es, a fin de cuentas, en blanco y negro, sin evasivas, la posición de la UNAB?] sigan buscando elecciones para “derrotar” a Ortega es sencillamente un crimen encima de otro crimen. La mancha de sangre cubre a todos los que participen en ese proceso. No se equivoca un colega cuando observa que la meta de Ortega, desde el inicio de la crisis, fue ir a elecciones en 2021, y que esa es ahora una meta que comparte con los políticos de las organizaciones arriba mencionadas.

Un crimen sobre otro crimen.

Imagine el lector que alguien se mete por la fuerza a su casa, mata a su familia, y usted lo invita a cenar. Esa invitación a cenar es la que tercamente quieren imponernos, y hay que exigir que la retiren a las figuras públicas que dicen representarnos, y que llevan a gobiernos extranjeros el mensaje de que todos queremos invitar a cenar al asesino. Hay que reclamarlo a los que aparecen como figuras de liderazgo público en la Coalición Nacional, por ejemplo, como Juan Sebastián Chamorro, quien insólitamente dice que no hay que “demonizar” las elecciones, como Félix Maradiaga, y otros [menciono a estos dos en particular porque fueron el rostro del lanzamiento de la Coalición], que parecen dejar siempre un resquicio para el aterrizaje suave electoral en medio de la denuncia en apariencia inflexible contra el régimen, al responder que “en este momento no hay condiciones“. Señores: ¿ustedes creen que es asunto de “condiciones”, permitir que un genocida participe como cualquier ciudadano en una competencia por el poder?

Hay que deshacer esa doblez sin mucho protocolo: no es que “en este momento no hayancondiciones, es que NO SER responsable de un genocidio es CONDICIÓN ELEMENTAL para poder participar en una elección democrática. Eso asumiendo–temerariamente, ingenuamente, o cínicamente, escoja el lector–que pueda organizarse una elección democrática bajo la tiranía más despiadada de América Latina, que practica ahora un nuevo genocidio: la guerra biológica contra el pueblo de Nicaragua.

Un meme revelador, un diálogo [la insignificancia del Ciudadano Nadie]

16 de junio de 2020

En su página pública de Facebook, el Sr. Luis Fley publica un meme, que firma “FDN”, y que dice, textualmente: “Sin miedo, sin odio, sin violencia. La Coalición Nacional va…NADIE nos apartará del rumbo trazado”; un breve texto que valdría la pena analizar en detalle–será en otro momento, con otra urgencia, y quizás por una persona más experta en desenterrar las huellas de la cultura en el lenguaje– y que a mí me parece revelador, especialmente para el momento actual de la política nicaragüense.

El meme está escrito en el tono heroico-machista que desafortunadamente es la música de nuestra tradición autoritaria (seguramente yo mismo la habré tarareado en algún momento), donde el hombre arrecho no retrocede ante “nadie“, ya sea desde la cima del poder, ordenando como lo hicieron los comandantes sandinistas en los ochenta, o en la obediencia, como quienes desde el pavimento de la plaza gritaban “¡Dirección Nacional, ordene!”.

Ese tono heroico-machista esconde una gran fragilidad moral y de pensamiento. No tenemos más que recordar al largamente agonizante (a estas alturas es posible que ya sea de “los muertos que nunca mueren”) Edén Pastora, rostro publicitario insuperable de la testosterona política tropical, ejemplo de manual de que el coraje más grande no es el de lanzarse a matar o morir por el poder. El verdadero coraje es más cotidiano, y con frecuencia más discreto. Para mí está, por ejemplo, en el estoicismo de muchas mujeres nicaragüenses, que frente a múltiples formas de opresión, y en medio de la descomposición social secular, son la columna de la supervivencia para sus críos, y son el corazón de la lucha por una vida digna. Está también en la testarudez del ciudadano de principios, frente a los “pragmáticos” que dicen que “hay que arreglarse con el hombre“; o, “no hay que ser pendejos [para ellos, el ciudadano de principios es un “pendejo”]; o, “después resolvemos lo otro; si de todos modos se va a morir”; o, “ni modo, esto es lo que quieren los gringos”; o, “no hay plata para otra cosa”; o, “es más peligroso que suban estos chavalos al poder”; o, “vos no entendés que la política se juega así”; o, “seguimos incrementando las presiones contra Ortega”… y tantas otras joyas del cinismo, que luego revisten con una capa tenue de barniz heroico-machista para esconder su verdadero talante.

Por eso el meme del que hablo me cayó como un rayo, y por eso entablé esta conversación con el caballero que lo publicó; y aquí la reproduzco, porque hay que decir estas cosas, hay que buscar cómo romper estos moldes anticuados y fatídicos de los que sale el desastre que es nuestra Nicaragua. Y, por el momento, con sentido de urgencia, hay que empezar a trabajar para que los mismos de siempre no se salgan con la suya y arrastren al país a lo mismo de siempre: el ciclo sangriento de pacto, dictadura y guerra.

Aquí el intercambio con el propagandista de la Coalición Nacional, mínimamente editado por razones de presentación, sin alterar contenido:

Francisco Larios: Avanzan–si es que avanzan–con toda la paciencia, a legitimar a un genocida participando con él en elecciones. Y si “nadie los aparta del rumbo” es porque desprecian la voluntad popular.

Luis Fley: Francisco Larios, ¿y cuál es su propuesta?… ¿tiene algunos millones de dólares para comprar armas y armar una rebelión?…espero su respuesta, yo, que puedo ayudar, ponga La Plata. Unos 10 millones de dólares…yo no le cobraré.

Francisco Larios: Propuestas hay, y hay varias, y bien esbozadas, dentro y fuera del país. Ustedes no pueden, a estas alturas, decirle a un pueblo que ha sufrido tanto que las únicas opciones son

(a) “vamos a una guerra civil, financiada con 10 millones de dólares de Francisco Larios” (si los tuviera no haría las cosas de esa manera, señor Fley), o

(b) “legitimemos a Ortega y Murillo, hagamos como que no ha pasado nada, y vamos a elecciones con ellos; a lo mejor, con suerte, quedamos de diputados, embajadores, y quién quita, hasta de “Presidente“. “

Eso es oportunismo puro, atol con el dedo a gente que ya no es infante. Sigan por su camino, que por ese camino van a quedar marcados para siempre con la palabra con la que se marcó para siempre a los pactistas que han desbaratado nuestro país, a los Agüeros y Emiliano Chamorros, y a todos los demás…:zancudo“.

Decirle a Nicaragua que las únicas opciones son estas dos es francamente una falta de respeto cruel. La gente mayoritariamente sabe esto, y ustedes saben que que la gente lo sabe, pero apuestan a que no les va a pasar factura política, que ustedes tarde o temprano se van a dividir con éxito el pastel, como ha ocurrido antes. Bueno, esa es la apuesta de ustedes. La apuesta nuestra, de quienes queremos democracia real y justicia en nuestra patria, es por la verdad, una lucha por completar el vaciamiento del poder del régimen, de deslegitimarlo internacionalmente, de forzar su salida de manera cívica y desmantelar la estructura dictatorial que ustedes pretenden dejar en pie con apenas cambios cosméticos, cambios de nombres, y con el orteguismo otra vez “gobernando desde abajo”.

Ustedes deben saber que quienes tenemos esta convicción vamos a hacer todo lo posible para sabotearles la farsa electoral que traman a espaldas del pueblo de Nicaragua. ¿Lo conseguiremos? Yo tengo fe en que así será. Pero pase lo que pase al menos nosotros queremos algo diferente en nuestro país, y no estamos dispuestos a cambiar muertos, exilados y destrucción por un remedo de cambio, más ministerios, embajadas y prebendas.

Aunque para ustedes el ciudadano de la calle sea un “puchito” al que hay que ignorar, un “nadie” que no los apartará “del rumbo trazado”, sepa que vamos a trabajar apasionadamente para sabotear la farsa electoral que ustedes quieren montar.

Dos editoriales infames (dictadura, gran capital, y los esperadores)

30 de abril de 2020

En un foro de redes, el respetado economista Dr. José Luis Medal ha comentado que la oposición nicaragüense, junto a sus aliados internacionales, debería dar un plazo perentorio de tres meses a la dictadura para establecer condiciones en las cuales pueda darse una elección democrática. De lo contrario, se estaría marchando hacia un proceso fraudulento e inútil, porque el pueblo se abstendría de participar. No tendría sentido, desde su punto de vista, seguir esperando.

Si algún problema tengo con este argumento, es que de entrada considero imposible que los tiranos den un viraje radical y permitan elecciones libres, reconozcan los resultados, y den paso a los procesos judiciales que inevitablemente enfrentarían. Pero como un desafío a la seriedad de los políticos y un llamado a despejar cualquier remanente de duda acerca de la voluntad del régimen, no tengo nada que objetar a la propuesta del Dr. Medal: que demuestren, los participantes en esta danza macabra de dos años, que no se trata nada más de tácticas dilatorias que solo consiguen alargar el sufrimiento del pueblo y causar desesperanza.

¿Por qué no lo hacen?

Mi hipótesis, y la de cada vez más ciudadanos democráticos, es que la dictadura es mucho más que una pareja de psicópatas encerrada en su ciudad prohibida de El Carmen. Enfrentamos todo un sistema, que incluye a los milmillonarios que antes del 18 de abril de 2019 sonreían en la foto con Ortega, pero ahora conversan con él en privado lo que sus agentes en la Alianza Cívica y la fantasmagórica Coalición Nacional balbucean en un acto barato de ventriloquía. A este acto se han plegado los esperadores, políticos que quizás no gozan de un afecto de primera marca entre los potentados, pero tampoco están dispuestos a enfrentarlos, ni a luchar por el derrocamiento de la dictadura; han decidido esperar a que caiga de pudrición, y atrapar al vuelo, la fruta del poder; o, si se quiere una imagen menos vegetal, abalanzarse, como los niños hacen, sobre los dulces que caen de una piñata que otro quebró.

La dictadura, los conspiradores del gran capital, y los esperadores de la oposición, son culpables de que el sufrimiento de las grandes mayorías se extienda en el tiempo. Y quienes se dicen opositores y aceptan participar en este juego merecen la condena de la ciudadanía, hoy moral, mañana política: que no logren su cometido, que no alcancen los cargos y prebendas por los que sacrifican el bienestar del pueblo.

En el fondo, el trío dictadura-conspiradores-esperadores representa colectivamente los intereses de élites distantes de la mayoría de los nicaragüenses; élites que juegan sus juegos a espaldas del pueblo, que desconfían del pueblo, y hasta le temen. Sus razones tendrán, digo yo, para temerle. Pero es muy claro que tienen algunas metas en común. En particular, todos han trabajado casi desde el inicio de la crisis, hace dos años, para que el sistema político aterrice suavemente.

Dos editoriales infames

Con la torpeza prepotente que es habitual en ellos, y que es solo menor que su alevosía, el trío nos da evidencia tras evidencia de sus intenciones. La más reciente es la publicación simultánea, por casualidad, en la misma fecha, en La Prensa y Confidencial, de dos editoriales que –aparentemente alarmados ante las exigencias de la población–llaman a los nicaragüenses a seguir… esperando.

Ambos son, a cual más, insultantes, escupitajos en la cara de los nicaragüenses democráticos, sal en la profunda herida del pueblo, y una grosera e inhumana expresión de desprecio hacia las víctimas y sus familias.

El de La Prensa–que dicho sea de paso avergonzaría moral y literariamente a Pedro Joaquín Chamorro y Pablo Antonio Cuadra–es particularmente agresivo. “Algunos opositores sostienen que no se puede ni se debe hablar de elecciones mientras Daniel Ortega y Rosario Murillo permanezcan en el poder“, inicia. “Se trata de personas radicales…”, prosigue, en tono desesperado, atropellando la lógica, la historia y la sintaxis, para concluir (yo diría que prácticamente confesar) que hay que ir a elecciones con Ortega, ya que “ningún gobierno cae si no se le hace caer”. Esto, en la mejor traducción que conozco, está a milímetros de “mirá, no lo vamos a sacar, mejor entendámonos con él”.

En el mismo espíritu, y debe ser un espíritu el que crea estas casualidades transoceánicas, el conocido político español Ramón Jáuregui nos envía desde la distancia la hoja de ruta de un pacto. Que don Ramón use esta palabra, en publico y sin pudor, ante nicaragüenses, da una idea de cuán poco entiende el país. Pero el resto de su muy autoritativo texto merece, en algunos puntos claves, traducirse del fariseo al castellano. Que el Sr. Jáuregui sea vasco y yo nicaragüense no quiere decir que no tengamos una lengua en común.

Lo primero que llama la atención –y enciende la indignación– es que salga otra vez con el cuento de que somos como una familia dividida, en la que ambas partes son “legítimas”. “Dos Nicaraguas viven juntas”, dice don Ramón, “Un gobierno legítimo…” …De ahí en adelante, por más críticas que haga al régimen, al que sin embargo llama “heredero de una revolución heroica…que sostiene un aparato partidario…muy extendido en el territorio”, el punto de partida lo ha contaminado todo. No se le hubiera ocurrido, al político del PSOE, exaltar la legitimidad de Franco, por ejemplo. Pero nosotros, en la lejanas Indias, no merecemos tales consideraciones.

Y lo que viene después es peor, y es ahí donde dictadura, conspiradores y esperadores coinciden:

1. “Las elecciones deben celebrarse en 2021, en la fecha prevista para el fin del mandato presidencial actual.”

Traducción: ¿Cuál es la prisa?

2. “Cese absoluto de la represión, acompañado de un compromiso de paz ciudadana. La paz social y económica del país no debe ser puesta en cuestión por nadie. La oposición debe reiterar su apuesta pacífica por la democracia.”

Traducción:  Que la dictadura diga que permite las protestas, a cambio de que la oposición las impida. Que los políticos le digan a la gente: “no protestemos, mejor esperamos al día de la votación”.

3. “Memoria y justicia sin revanchas. Pasadas las elecciones, el Parlamento debería crear una comisión de investigación sobre lo ocurrido en el país a partir de abril de 2018 bajo la premisa de una memoria reconciliada y no repetición, otorgando justicia reparadora a todas las víctimas. Memoria y justicia sin revanchas.”

Traducción: “Justicia sin revanchas” quiere decir “justicia sin sentencias, nadie puede ir a la cárcel, ya pasó todo“; “memoria reconciliada y no repetición“, es “hagan las paces con los asesinos, pero escriban un reporte y prometan que no vuelve a pasar“; “otorgando justicia reparadora” es “denle algo a las familias para que puedan pasar la página; algo, una casita, una pensión“.

Todo esto es de una bajeza moral y un cinismo tan extremo, que lo menos que podría esperarse de quienes conservan alguna decencia y algún pudor, o como decían antaño los mayores, temor de Dios, es que lo rechazaran, lo denunciaran, y buscaran como hacerlo imposible.

Tienen la palabra, políticos opositores. El pueblo los observa. Escojan: o participan en un pacto que es compraventa de esclavos, o se ponen del lado de la lucha democrática.




El monstruo, la Coalición Nacional, y algunas propuestas para prevenir la mortandad que podría causar el Coronavirus

24 de marzo de 2019

Hablemos (como dijo Suetonio refiriéndose a Calígula) del monstruo: Rosario Murillo no tiene cabida en la realidad; vive su delirio a costa de millones de personas que serán, tarde o temprano, y sin exclusión, sus víctimas.  Como en el caso del emperador insano, el desquicio de la Murillo no tiene remedio, ni límite, ni freno. Llegado el momento, el monstruo es incapaz de distinguir entre quienes lo adversan y quienes lo alimentan.  

Puede ser que ese trance sea ya inevitable, a juzgar por la respuesta que la Presidenta de facto ha dado a la mortal amenaza del Coronavirus. ¿Presidenta de facto, o Dictadora en funciones?: el monstruo parece haber despojado al tirano oficial, su marido, del poder real. ¿Qué está haciendo con el poder? Dar rienda suelta a la orgía surrealista que habita en su mente, pero esta vez no es el escudo nacional, ni el paisaje urbano, el que deforman sus alucinaciones psicodélicas.

Esta vez la fuerza mortal de que es capaz no es dirigida a un grupo específico, sino a toda la sociedad. Ha convertido la pandemia del Coronavirus en un circo. En un circo tan real y cruel como el que organizó, con payasos y demás, el domingo 23 de marzo en la costa del lago de Managua. La campaña “contra el Coronavirus”, ha incluido desfiles escolares, asambleas, marchas, y un carnaval grotescamente titulado “El amor en los tiempos del Covid-19”.  

Único en el mundo en esta postura, el Estado de Nicaragua bajo el mando de la Murillo no ha llamado a sus ciudadanos a combatir la propagación de la epidemia aumentando la distancia corporal. Su política ha sido exactamente, increíblemente, la opuesta, y no es nada audaz la hipótesis de que la dictadora en funciones haya procurado inducir el contagio, no prevenirlo.

¿Qué hacer? Algunas ideas para el ciudadano común

Este es un momento en la historia de Nicaragua en que la desobediencia civil se hace esencial para sobrevivir.  Para la mayoría de los ciudadanos, seres que no han perdido el instinto de conservación, la respuesta es fácil: desconfiar de toda autoridad política, exigir, pero no esperar, de ningún supuesto liderazgo—todos están en lo suyo.  Buscar cómo aprovisionarse lo mejor posible, dadas las restricciones de la pobreza, y exponerse lo menos posible al contacto físico; cubrirse la boca y la nariz a como sea, y mantener una distancia de al menos dos metros si tiene que salir a la calle. El lavado de manos, por supuesto, y otras medidas de higiene que se anuncian en otros países y circulan en Nicaragua a través de las redes.

¿Qué hacer? Algunas ideas que los políticos que dicen representar al pueblo deberían contemplar

Siempre que uno los critica, espetan el trillado “vos solo criticás, no proponés”.  Bueno, pues aquí van varias propuestas, que presento a quienes dicen ser la Coalición Nacional, gente que acompaña en lista a Juan Sebastián Chamorro, Félix Maradiaga, José Pallais Arana, Mario Arana, Carlos Tünnerman Bernheim, Azahalea Solís, y otros.  Se las presento, con nombres y apellidos, porque los políticos deben hacerse responsables con nombres y apellidos, y no escudarse en siglas ni en palabras vacías:

  1. La vida de millones de personas está en peligro por la evidente incapacidad mental de quienes controlan los poderes del Estado. Desalojarlos del poder pasa de ser una meta de mediano plazo a un asunto urgente: la amenaza para todos, pobres, pero también ricos; opositores, pero también partidarios del gobierno, es inminente.  Estos no son momentos para disertar sobre “vías constitucionales”.  Si yo fuera un oficial del Ejército, por ejemplo, tendría que pensar en la plaga que amenaza la salud de mi familia.  Del seno de la Coalición ha salido un volumen considerable de elogios al ejército. ¿De qué sirve esa cercanía si no vale para proteger a todos de una hecatombe medieval?
  • El poder económico de un puñado de milmillonarios se sienta a la mesa con ustedes, participa a través de sus representantes en el liderazgo de la Alianza, y de hecho tiene una deuda enorme con el pueblo nicaragüense, tras 12 años de dictadura FSLN-Cosep. Los políticos de la Coalición Nacional deberían pedir a sus aliados del gran capital que pongan sus enormes recursos a trabajar de inmediato para salvar miles de vidas:
  1. Que den vacaciones con goce de sueldo a sus empleados por los próximos 30 días. Sería como un adelanto y un aumento de las vacaciones de Semana Santa, y sería menos de lo que, en otras ocasiones de la historia, decidieron parar por otros motivos.  El gran capital puede absorber las pérdidas, que de todos modos serán peores si la pandemia arrasa y disloca.  Como mencionaba el presidente salvadoreño, no van a quedar en la pobreza por hacerlo.
  • Que organicen un fondo de apoyo económico significativo para los pequeños productores afiliados a sus cámaras, para ayudar a que también estos puedan absorber el golpe y enviar a sus empleados a refugiarse por tiempo prudencial.
  • Que pongan sus recursos, dentro y fuera de Nicaragua, a trabajar para asegurarse que los hospitales no carezcan de mascarillas, guantes, y de ser posible, que busquen como aumentar de emergencia la cantidad de respiradores disponibles en el decrépito sistema de salud del país.

Nada de esto está fuera del alcance de las fortunas que, combinadas, poseen el equivalente de más de la mitad (estimado conservador) del Producto Interno Bruto de Nicaragua, un número que ilustra la inequidad económica grotesca del país.

Pueden hacer esto, y pueden hacer más: pueden unirse de una vez al resto de los ciudadanos para que el país tenga, no necesariamente un gobierno ideal, ni un gobierno en el que todos estemos representados (estaremos lejos de eso, en el mejor de los casos) pero al menos un gobierno que no esté en manos del monstruo.

La profanación de la misa de Cardenal y el cruel engaño que organizan los políticos

4 de marzo de 2020

Tras el insólito despliegue de barbarie totalitaria durante y después de la misa de cuerpo presente del poeta Ernesto Cardenal, lancé en mis redes sociales la siguiente pregunta: “¿Nos van a decir, Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro, que se puede ir a elección con esta gente, que esa es la única opción “realista”?“. La dirigí a ellos dos, como representantes de la Coalición Nacional, pero evidentemente no solo corresponde a Maradiaga y Chamorro responder, sino a toda la dirigencia de su partido.

Por tratarse de una preocupación ciudadana legítima, y por la naturaleza extrema de los hechos que hemos observado, no deberían ignorar la pregunta para dejar que se “enfríe” nuestra indignación y después seguir haciendo lo que les da la gana. Tengan, se los pido, la amabilidad de dar respuesta clara y directa.

Tienen obligación de responder.

¿Hay que explicarles la gravedad de las transgresiones ocurridas? La conducta de la dictadura no es solo permanentemente ilegal, inconstitucional y violatoria de los derechos humanos. La dictadura ejerce una represión que rebasa la racionalidad de respuesta política a una amenaza; su ámbito es el terror; su propósito es aplastarlo todo y al capricho; si parece demencial es porque Ortega y Murillo se han colocado al margen y en contra de todas nuestras normas culturales; ya no respetan nada. ¿A quién podría ocurrirse que en la Nicaragua que admira a sus grandes poetas, y que es mayoritariamente religiosa y católica, un régimen tuviera la osadía de enviar turbas de facinerosos a organizar la invasión de la principal iglesia del país, y que ante la jerarquía del clero y el cuerpo presente de su poeta más famoso, desataran gritería y violencia, interrumpieran el sermón, insultaran a la familia y los amigos del finado, y luego esperaran en las afueras del templo para golpear con saña a periodistas que cubrían el evento? ¿En qué país, fuera del mundo de las crueldades fascistas, podría darse este tipo de agresión contra los momentos más sagrados, íntimos, y dolorosos, de la gente?

¿Y en qué cabeza cabe que hay que aceptar como legítimos en una elección nacional a una pandilla que rechaza todas las normas de la legitimidad? ¿En qué cabeza, señores Felix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro, y demás representantes de la Alianza Cívica, de la UNAB, y de las otras organizaciones que propugnan la “vía electoral”, cabe que quienes no respetan ni el sepelio de un prócer cultural, ni la presencia de diplomáticos y de la alta jerarquía de la iglesia; que quienes atropellan las más caras y antiguas tradiciones y creencias del pueblo, como el respeto a los muertos, van a respetar un acuerdo de elecciones, si es que se dignan aceptarlo en principio?

Varios comentaristas han señalado esta obviedad: no puede dudarse que la violencia ejercida dentro de Catedral y en sus afueras, ante las cámaras de televisión nacionales y extranjeras, es el modelo de intimidación que la dictadura aplicará en cualquier proceso electoral que ocurra en el futuro. Lo hará cuando quiera y cuando lo considere útil a sus propósitos. Quien espere del FSLN escrúpulos, mesura y palabra está ciego, o quiere estarlo.

Y no nos vengan con más declaraciones vacías sobre “reforma electoral”, o “presión internacional”, o “resistencia”, porque están “en pie de lucha” contra el régimen. Nada de esto es cierto, nada de esto ocurre, nada de esto tiene sentido. Seríamos ahora nosotros, los ciudadanos, los que tendríamos que estar ciegos o querer estarlo, para creer tales afirmaciones. Es más que evidente que la intención de quienes dicen estar construyendo la Coalición Nacional es ir a elecciones con la dictadura, y que están dispuestos a hacerlo bajo las condiciones que la dictadura permita, y que gastan su tiempo, sus energías, y considerables recursos financieros en la competencia entre grupos e individuos para posicionarse favorablemente. Han logrado detener, porque no tienen interés y parece más bien ser un obstáculo para sus intereses, todo proceso serio de sanciones internacionales. Ya lo ha dicho al diario La Prensa el estelar Coordinador de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, el Sr. Carlos Tünnerman Bernheim: “Nosotros no gestionamos sanciones“. Ya lo ha dicho otro personaje avieso de esta desdichada historia, el Nuncio Waldemar Sommertag: “No tengo ninguna idea sobre una eventual negociación. En este momento no creo porque estamos ya casi en un año electoral, reformas electorales, campañas electorales, el voto que es lo más importante”. Lo ha dicho José Pallais, lo ha dicho Mario Arana, lo dicen abiertamente, y luego–cuando creen conveniente–lo niegan con descaro: buscan desesperadamente cómo “entrar” en alguna casilla electoral, y esperan de esa manera “entrar” al gobierno.

Mientras esto hacen, lanzan cortinas de humo, proclamas inocuas, protestas pusilánimes, regaños apocados al régimen. Dos años casi llevan en eso, mientras el sufrimiento del país se acumula, mientras se acumula también la amenaza de una escalada violenta, ante el fracaso de quienes dicen estar por la lucha cívica. Y cuando ocurren episodios como el del entierro de Cardenal, que muestran a toda la nación el absurdo de la propuesta de elecciones con Ortega, su táctica es esconder la cabeza en la arena, hacerse los suecos, esperar a que pase la tormenta, para volver en unos cuantos días a lo suyo, a las batallas palaciegas para ver en qué casilla fulano o sutano puede “meterse” a la elección o amenazar a otros del grupo con “irse por su cuenta” si no le conceden tal o cual puesto. Vuelven también al falso discurso de lucha, al cruel engaño de que sus patrocinadores del gran capital no necesitan arriesgar nada, ni las sanciones internacionales deben aplicarse, ni hace falta lucha no violenta y resistencia civil, fiscal, y política, para democratizar el país.

Es un cruel engaño.

Por eso los ciudadanos no solo tenemos el derecho, sino el deber, de exigir que respondan: ¿Nos van a decir que se puede ir a una elección nacional para democratizar el país con la gente que profanó de la forma más brutal imaginable las exequias de Ernesto Cardenal?

¿Puede servir la Coalición Nacional?

26 de febrero de 2020

Si los políticos se estuvieran uniendo para no dividir al pueblo en lucha, o para coordinar a sus diferentes partidarios en la lucha contra la dictadura, hoy habría algo que celebrar. Si algún día, por esos avatares del destino, la Coalición sirviese para ese propósito, habría que apoyarla.

Hoy por hoy, desafortunadamente, no es así. Buena parte de la clase política presentó el 25 de febrero un documento que los medios describen como la proclama que lanza una Coalición Nacional. El texto, sin embargo, es mucho más comedido: “…nos comprometemos a continuar trabajando en la construcción de una Coalición Nacional.” Traducción: “no hemos logrado cerrar los acuerdos necesarios para afirmar nuestra alianza”.

“Estar, para no estar fuera” (tu utopía es utópica, la mía no)

¿Qué dice la proclama sobre el proyecto? Muy poco, aparte de declaraciones líricas, de esas que sus firmantes descartarían como utópicas si su autor fuera otro. No hay mención de programa, ni mucho menos definición de estrategia. De hecho, no es difícil leer entrelíneas que el anuncio de la unión, y la unión misma, son camisas incómodas para los diferentes miembros de este grupo abigarrado. Para muestra un botón: las decisiones, nos dicen, serán por consenso, no por mayoría de votos. Traducción: la desconfianza mutua es tal, que nadie está dispuesto a participar en la Coalición a menos que tenga poder de veto sobre los demás. La única decisión estratégica en la que todos coinciden es en “estar, para no estar fuera”.

Los jugadores del poder

¿Qué motiva esta hambre de pertenecer? Cada organización, cada individuo, racionaliza su postura a su manera, pero habría que ser puerilmente ingenuo para no reconocer la fuerza gravitacional que ejerce el acceso a financiamiento y apoyo diplomático. Además, con la ciudadanía desmovilizada a punta de asesinatos, de secuestros, y de la militarización de la sociedad, los políticos entienden que el juego del poder está donde están los jugadores, la gente como ellos, empujando a codazos para colarse en el Gran Salón tan pronto como se abran las puertas: “hay que estar cerca, no lejos, de la entrada”. Oportunismo político, en estado natural.

¿A quién teme la dictadura?

Haga usted el ejercicio mental de colocarse sobre Managua como un dron estacionario, o un satélite, y observe las historias paralelas que ocurren, a metros de distancia, a ambos lados de la rotonda Rubén Darío. Del lado occidental, varias decenas de políticos se reúnen cómoda y seguramente en el edificio de la librería Hispamer. Medios de comunicación simpatizantes anuncian que el edificio está rodeado por fuerzas policiales, pero el evento transcurre sin interferencias ni interrupciones. Mientras tanto, en el costado oriental de la rotonda, la bota militar y paramilitar es aplastante. En un gesto de autoritarismo extraordinario, policías antimotines ocupan en formación de combate el centro comercial en el que ciudadanos desarmados gritan consignas a favor de la democracia. Una cacería humana se desata al interior de la propiedad (privada, valga recordar); hay periodistas agredidos y algunas detenciones. En otras partes de la ciudad, la bota se muestra igualmente aplastante.

El trato diferenciado (tolerante con los políticos de salón, brutal con los ciudadanos que quieren ejercer su derecho y protestar en la calle) es revelador, en tanto que la represión obedece a cierta racionalidad costo-beneficio. ¿A cuál de los dos grupos teme la dictadura? Dígame usted si no lo tienta repetir la frase de Bob Dylan: “la respuesta, amigo mío, flota en el viento”.

¡¿Quién me dijiste que estaba?!

Mientras tanto, la ciudadanía, los cientos de miles de cuerpos y almas que antes ocuparon las calles de Nicaragua exigiendo la renuncia del dictador, se ve reducida—por el momento—al papel de espectadora.  Siente, en muchos casos, un deseo intenso de creer en la unidad que dicen construir los políticos de la Coalición. Pero hay un aire de amargo escepticismo en el ambiente. Hay, en algunos casos, decepción. En otros, la reacción es de estupor. La furia contra el régimen se acumula, como el vapor en una olla de presión, pero la gente ha perdido en gran medida la esperanza de una rápida salida de la dictadura, la meta por la que más de 500 personas fueron asesinadas en la Insurrección de Abril. 

¿A qué se debe el desánimo? Una simple revisión de la lista de participantes en la ceremonia de lanzamiento de la Coalición Nacional dice mucho al respecto. Se trata de un “Quién es quién” de lo peor de la clase política, individuos y grupos que han dejado un rastro de corrupción financiera y moral a través de las últimas décadas, y que han sido—en muchos casos—constructores y defensores de tiranías, e incluso responsables de que Ortega regresara al poder absoluto en 2007.  Es la basura que queda en la playa cuando se retira la marea con su limpia espuma. Es lo que queda después de que la dictadura, con la complicidad del gran capital y otros poderes fácticos, detuviera la ola del pueblo que intentaba derrumbarla.

Lo hizo, recordemos, a sangre y fuego, mientras los poderosos se negaban a apoyar la lucha democrática y más bien saboteaban los esfuerzos por obtener apoyo internacional efectivo. Lo hizo mientras María Fernanda Flores, esposa de Arnoldo Alemán, dueños ambos del Partido Liberal Constitucionalista, continuaba [continúa todavía] cobrando su jugoso salario en la Asamblea Nacional. Recordemos también que cuando los jóvenes se levantaron cívicamente en 2018 la Sra. Flores y sus compinches intentaron unirse a la foto, y fueron expulsados ignominiosamente; en público–lo vimos todos–los jóvenes gritaban “aquí no queremos políticos corruptos”.  Recordemos también que doña María Fernanda no es el único miembro del clan Alemán que sigue a sueldo de Ortega. Y recordemos que la dictadura es el hijo monstruoso de la corrupción de Alemán, y del pacto con que él compró a Ortega su libertad. Los 600 muertos y más de 80,000 exilados, y todo el indecible sufrimiento del país, son simple moneda de cambio para estos políticos. Todo para que hoy la Coalición presente orgullosa, como miembros destacados, a la Sra. Flores y a su pandilla.  Presentan también, como gran presea, al reverendo Saturnino Cerrato, sempiterno oportunista y pieza del tren de regreso de Ortega al poder absoluto. 

Pero el censo de esta fauna del horror no termina con Cerrato, Alemán y Flores. Estos son apenas los últimos “patriotas” que han visto la luz, y se juntan a figuras cuya presencia ya no sorprende, pero que son también responsables de la tragedia, como el eterno presidente del Cosep, Chano Aguerri y otros a quienes aparentemente los arquitectos de la Coalición esperan que aceptemos y sigamos, porque “en unidad somos más fuertes”. 

Entre ellos, por decirlo así, hay de todo. El grupo abarca, por ejemplo, a antiguos burócratas, militares y ministros del FSLN, participantes en la primera dictadura.  En la mayoría de los casos se trata de individuos que ni siquiera muestran contrición por los abusos cometidos bajo su anterior gestión. Muchos de ellos, según múltiples fuentes, pertenecen a la camada de nuevos ricos que dejó la piñata de 1990.  Y si algo peor puede achacárseles, es que nunca lograron abandonar el hábito autoritario, el reflejo leninista del Dirección Nacional Ordene, y conducen hoy campañas para silenciar a quienes disienten de la Coalición, como antes silenciaron a quienes disentían del FSLN.

Junto a estos antiguos estalinistas se sientan numerosos políticos conocidos ampliamente como corruptos y tránsfugas, unos cuantos jóvenes identificados más cercanamente a la insurrección (una presencia, por escasa, apenas simbólica), más uno que otro político “nuevo”, como Félix Maradiaga, y como Medardo Mairena, el líder campesino.

Estos dos aparentan apostar a un “estar ahí, para no quedar fuera” que reclaman como posicionamiento legítimo en vista de la correlación de fuerzas. De ninguno de ellos se conoce—al menos yo no conozco—antecedentes de corrupción o autoritarismo, pero su postura me parece, de todos modos, cuestionable: obedece a un cálculo táctico que es antidemocrático en esencia, porque privilegia la consecución de palancas de poder por encima de la aspiración a que sea el pueblo, los ciudadanos que no entran a los salones ni viajan por las capitales del mundo, quienes decidan el curso de la lucha y el destino del país. En otras palabras, Mairena y Maradiaga han aceptado jugar la política en la cancha y con las reglas de la élite nefasta del país. Variopinto no hace honor a esta mezcolanza insólita de caracteres, unidos en tenue coalición por el cordel del interés.

Insólito también es verlos gritar consignas de rebeldía revolucionaria.

Qué triste y surreal es mi Nicaragua.

¿Y la estrategia?

Repito aquí lo que dije al inicio: Si los políticos se estuvieran uniendo para no dividir al pueblo en lucha, o para coordinar a sus diferentes partidarios en la lucha contra la dictadura, hoy habría algo que celebrar. Si algún día, por esos avatares del destino, la Coalición sirviese para ese propósito, habría que apoyarla.

El problema, objetivamente—apartando las sospechas que merecen la gran mayoría de los líderes de la Coalición, apartando sus culpas sin reconocer, sus crímenes sin pagar, apartando (temerariamente) consideraciones éticas—es que la propuesta que estos políticos defienden, y la única que parece unirlos, es la de ir a elecciones con Ortega.  En días recientes, con sus abundantes recursos financieros y la política de captación y cooptación que dichos recursos facilitan, han intensificado el redoble propagandístico alrededor de dos ejes. 

Uno es que “no hay otra alternativa”.  Esto es, lo dice la historia, una enorme falsedad. Si cada dictadura que surge terminara solo si el tirano acepta elecciones democráticas, habría dinastías eternas en el planeta. Hay que añadir que tampoco es cierto que no haya alternativa que no implique guerra civil. De nuevo, la historia demuestra lo contrario.

El otro eje, una trampa un poco—pero no tanto—más sutil, es reescribir la historia de los últimos 40 años a conveniencia. Según la versión revisada de los hechos, los políticos nicaragüenses dejaron a un lado sus intereses, formaron un puño vigoroso en la UNO alrededor de doña Violeta Barrios de Chamorro, fueron a elecciones libres con Ortega, y acabaron con la dictadura del FSLN. 

Tanto hay de falso en esta fábula, que se hace difícil decidir por dónde empezar a rebatirla.  Permítanme comentar en esta nota apenas su final. No es, como quieren hacernos creer en versión Disney, un final feliz. Más bien es el origen de la actual tragedia: las elecciones del 25 de febrero de 1990 desplazaron a Ortega de la presidencia, a Sergio Ramírez de la vicepresidencia, y al FSLN del control de la Asamblea Nacional, pero nunca lograron despojarlos del poder real, del que se ufanó Ortega al lanzar su infame “vamos a gobernar desde abajo”.  Que lo haya logrado, y que a partir de ahí volviera al poder absoluto, debería ser para nosotros una advertencia tan dramática como los huesos cruzados y la calavera que se coloca sobre las sustancias venenosas.

Pero el nuestro es un caso terrible de repetición de la tragedia por olvido de la historia. Y hay que añadir dos agravantes.  Primero, que el Ortega que sería presuntamente “derrotado” en elecciones libres en el 2021 es inmensamente más rico y tiene mucho más poder represor—y mucha más experiencia—que el Ortega que fue sorprendido por la avalancha opositora hace 30 años. Penden además sobre él acusaciones de crímenes de lesa humanidad que lo exponen, junto a su familia y aliados cercanos, a persecución legal en caso de perder el poder.  Y lo exponen a peores consecuencias ante su mafia de apoyo, si intenta salvar a su familia traicionando a sus secuaces.

Hay que estar claros de esto: Ortega está atrapado en el poder; el carcelero es también prisionero; no puede darse el lujo de ceder; sería un acto suicida. ¿Tiene entonces sentido apostarlo todo, apostar el destino del país y la vida de la gente, a que el dictador vaya a aceptar los resultados de una votación democrática y ceda—no los ministerios y la presidencia—sino el poder real? ¿De verdad creen posible que Daniel Ortega y Rosario Murillo entreguen a sus paramilitares, se desprendan de sus canales de televisión, empresas comerciales, espías, jueces, sindicatos, etc.? ¿De verdad creen posible que los paramilitares, espías, jueces, miembros de CPCs, sindicalistas oficiales, etc., descubran súbitamente que deben su lealtad a “la patria”, a “la ley”, o a “la constitución”? ¿De verdad creen que confiarán en la sociedad democrática, que no sentirán necesidad de que el Padrino de su mafia los proteja?  Si no lo logró la elección de 1990, cuando Ortega aún era visto como legítimo, y no era presa del miedo (razonable, racional) a lo que puede sucederle a él y a los suyos fuera del poder, ¿cómo podemos esperar que lo logre la elección del 2021? 

Los políticos de la Coalición no dan respuesta a estas interrogantes cruciales, que son de vida o muerte. Explotan la angustia y la desesperación del pueblo para vender, sin explicar los términos del contrato, sin entrar en la letra fina, un producto que bien podría ser (yo me atrevo a llamarlo así) una quimera.

Hay muchísimo más que criticar, y muchísimo más que se niegan a explicar, en la propuesta de elecciones con Ortega de la Coalición. Tanto, que uno se pregunta cuál es el verdadero objetivo de la ruta que plantean. Porque no es insensato especular que su estrategia, tal y como está trazada prácticamente desde el inicio de la crisis, puede a lo sumo llevar a un reacomodo entre las élites y algunos rostros nuevos en el Estado, pero no a una auténtica democratización del país. De hecho, “elecciones con Ortega” muy probablemente implique “orteguismo sin (o incluso con) Ortega” y colocar al país en el camino a una posible sucesión dinástica. Para muchos políticos, eso no es un problema mayor mientras puedan acceder a puestos, ministerios, embajadas y resto de prebendas obtenibles en la hacienda-botín.  Para Nicaragua, décadas más de tragedia, de estancamiento, más la carga de la injusticia acumulada en el olvido de las víctimas de la dictadura orteguista.  Porque es difícil (¿imposible?) imaginarse una salida como “elecciones con Ortega”, que no legitime a quienes han perpetrado un genocidio.

¿No quiere esto, pero tampoco se atreve a rechazar la “unidad” que la Coalición dice ofrecer? Pues, entonces, exija desde ya que los políticos que se llaman a sí mismos democráticos (de vieja data o reciente conversión) expliquen el cómo, el detalle de su plan; exíjales que no impidan las sanciones internacionales, sino que empujen para que se amplíen; exíjales que pongan su cuota de esfuerzo los grandes empresarios que dicen ahora ser “aliados” del pueblo democrático. Póngalos a prueba. Exíjales que no abandonen a los presos políticos hasta “la próxima administración” para usar el lenguaje de uno de los más locuaces voceros de la élite política.

Y exíjales sin temor, sin timidez, sin contemplaciones, a ellos y a cualquiera que pretenda “representar” nuestros intereses.

De lo contrario, nunca habrá libertad en Nicaragua.

La campaña sucia de las gavillas del poder

Agradezco a los lectores de Ciudadano X y revista Abril por haber denunciado en suficiente número la página falsa que fuerzas antidemocráticas crearon en Facebook para desacreditar nuestro mensaje con la calumnia implícita en un video falsificado.

Les dejo aquí la grabación real, de donde los falsos opositores extrajeron frases y las combinaron en un montaje que tenía por objetivo hacer creer al espectador de que estaba ante un llamado a reconciliarse con la dictadura orteguista.

Por más que traten, la verdad al final triunfará. Mientras más tratan, más queda en evidencia que le temen.

El hocico del monstruo y la “campañita” de los falsos demócratas

24 de febrero de 2020

Ahora la “campañita” de las gavillas del poder ha inventado una página falsa, para hacer quedar a “Ciudadano X” (ciudadanoequis.org) como partidario de la “paz” que predica la dictadura. ¡Ellos, precisamente ellos, constructores y beneficiarios (de un lado y otro del sistema) de la “paz de los negocios” que produjo el “modelo de consenso” de Ortega, Pellas, Ortiz, Cruz, Aguerri, Arana, etcétera…! Ellos, que se niegan a perder sus privilegios, y preparan, por encima de los cadáveres de Abril, un nuevo pacto.

Página falsa, video falsificado (Ciudadano X no tiene página de Facebook):


Y porque son enemigos de la democracia son enemigos de la libertad de pensamiento y de crítica. Fíjense bien cómo sufren y sudan cuando una persona que no es de su gavilla se atreve a expresarse como ciudadano libre. Aunque sea un ciudadano sin poder y sin riquezas, pero sin necesidad de puesto, ni codicia de prebenda; un ciudadano X, como la inmensa mayoría de las personas que en un país se levantan cada mañana a vivir y trabajar decentemente. Para las varias facciones de la élite, que una vez más disputan el reparto de la hacienda-botín, es imperdonable que este ciudadano ose romper la puerta del redil, que se atreva a pensar libremente, a desafiar su dominio infame.

Pongan atención a este ejemplo, mis compatriotas: demuestra que el problema es mucho mayor y más profundo que una pareja psicótica y perversa a la cabeza del Estado. El problema es que hay un sistema que PRODUCE dictaduras, porque se basa en una concentración grotesca del poder económico y una cultura política semifeudal, que emplea quizás–y apenas en ocasiones–consignas o formalidades modernas, pero que no es muy diferente, en la práctica y en el espíritu de exclusión que los posee, de las noblezas europeas medievales.

Qué realidad terrible, ¿no es cierto? Cuesta mucho aceptar que así sea. Pero no queda más remedio que abrir los ojos y ver el monstruo completo, y no solo su hocico. Es el primer paso, doloroso pero imprescindible, en la larga lucha por la libertad y el respeto a los derechos humanos en Nicaragua.

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