¿Mató a 600? “No importa, inscriba su candidatura”

23 de enero de 2020

Me llega, no se si de alguien o de un sueño, este mensaje de un ciudadano, un ciudadano X.

“A los que insisten en que hay que ir a elecciones con Ortega, a la Coalición electorera que dice que sí, que es para elecciones, pero que no, que no es electorera (¡¿sueñan ser el partido hegemónico del futuro?!), les pido por favor que nos saquen del enredo, que nos expliquen—porque en la calle no se entiende; los minúsculos no tenemos la sabiduría de ustedes, no entramos a sus reuniones; ¡si hasta nos las cambian de país para que no nos arrimemos a preguntar!: ¿Cómo funciona eso de que si vamos a elecciones con Ortega y el FSLN se acaba la dictadura de Ortega y el FSLN?  Por favor, me lo explican d e s m e n u z a d o, paso a paso; ya no sirven esos discursos bonitos que nos hacen sentir fuertes por un momento. Como el de la “unidad”.  ¡Expliquen, por favor!  Entiendan que el que hace una propuesta debe explicarla (a menos que lo que ustedes quieran sea obediencia y “Cayetano es buen muchacho”).

Pero antes, porque esta pregunta es antes, explíquenme por qué para ustedes es ACEPTABLE como candidato cualquier genocida. Esto–sobre todo esto–necesito entenderlo.  Porque a mí me parece que–ingenuo yo; según uno de ustedes pienso “que la mierda es soplar chimbombas”– que cualquier sociedad que acepte el genocidio, una sociedad que diga “¿cometió genocidio? No importa, inscriba su candidatura, NUNCA podrá tener un sistema decente, de libertad y democracia. Es como que me digan que van a hacer una casa con madera podrida.

Y no me vengan con que “hay que ser prácticos”, que “nuay diotra”.  Con ese cuento se nos ha hecho gorda toda la fauna oportunista que vive del cinismo de la sociedad: los arrastrados del orteguismo y los zancudos del PLC, CxL y el Partido Conservador; los desesperados de la Coalición que ya juran que el próximo ministerio es suyo; los vivianes de siempre, los grandes herederos-propietarios que hacen lo que sea y apoyan a quien sea para mantener sus privilegios… Y bueno, no quiero dejar fuera de nuestro cuadro de honor a los propagandistas que se burlan—como hizo recientemente Gioconda Belli, como hacen otros en sus gavillas y clanes—de la gente que exige un comportamiento ético.  La verdad es que, por más que les moleste, la mayoría de nosotros no somos tan corruptos como ellos.  O sea, no somos santos, claro; pero piénsenlo bien: sencillamente nos levantamos todos los días a ver cómo sobrevivimos honradamente, a como mejor podemos. Seguramente ellos creen que es porque no nos queda más remedio, porque los minúsculos no tenemos las oportunidades que tienen ellos de pegar un mordisco, y que es “pura envidia la de estos resentidos”.

Siento decepcionarlos, pero no es así. Lo que pasa es que para ellos la desigualdad de poder, la corrupción, y los privilegios con que el poder los premia, son tan “normales”, como la idea del “dame que te doy” recientemente defendida con orgullo por Arnoldo Alemán. Es lastimoso, pero han perdido la noción de que hay principios sagrados. De que hay cosas que no se venden ni se compran porque no tienen repuesto ni remedio, como la vida humana.

De ahí el principio de que asesinos y torturadores comprobados, gente que tiene en su haber crímenes de lesa humanidad, no puede bajo ninguna excusa ser candidato legal en una elección democrática.  No aceptar esto es despreciar la vida de la gente, es despreciar la vida. Y si la vida de otros se puede usar como moneda en una transacción política, entonces ya no hay ningún límite, ninguna moral, ninguna esperanza.

Si el genocidio que ocurrió en 2018 “no importa, inscriba su candidatura” el próximo genocidio será “parte de lo normal”. 

Además, para rematar, damos al mundo este mensaje: “Estos individuos a quienes ayer condenábamos por asesinar 600 ciudadanos desarmados, por decapitar campesinos, por quemar viva a una familia, por secuestrar y hostigar a cientos de personas, hoy para nosotros son candidatos legítimos y legales en nuestras elecciones”. 

¿Qué tal el mensajito?

¿Elecciones con el FSLN: farsa de mafias?

12 de enero de 2020

Hay una gran incongruencia (si inocente o intencional, no sé) en el discurso anti Ortega y anti FSLN en Nicaragua. Trato de describirla aquí, en pocas palabras.

Se dice –creo que correctamente– que el FSLN es una banda criminal, cuya motivación es el crimen, y cuyo método es el crimen.

¿De acuerdo?

Si se está de acuerdo, entonces no puede aceptarse la participación del FSLN en elecciones legítimas, y cualquier “elección” con el FSLN en la boleta se convierte en una farsa de mafias. No es que el FSLN no pueda, con la ayuda de cómplices zancudos, escenificar una “elección”. Es que tal “elección” se convierte en una farsa de mafias, es ilegítima.

Y no es tampoco que deba “prohibirse”, o “ilegalizarse” al FSLN. Prohibidas están todas las bandas criminales; todas las bandas criminales están fuera de la ley; todas las mafias son ilegales.

El asunto es más sencillo, se trata de un corolario que cae por su propio peso: una contienda electoral es para que los ciudadanos decidan entre partidos políticos, no entre bandas criminales, ni entre criminales.

A nadie se le ocurrió, que yo sepa, que cuando Pablo Escobar asolaba Colombia en sus guerras de carteles y contra el gobierno, había que hacer una elección para que la gente decidiera entre él, los capos del Cartel de Cali o el Cartel del Valle, y el gobierno.

Las elecciones son para que resolvamos de manera pacífica las desavenencias ciudadanas sobre programas políticos o ideológicos. No son para decidir qué criminal se queda con qué parte del botín.

¿Me van a decir ahora que para los ciudadanos el FSLN es “un partido político legítimo con el cual tenemos desavenencias de programa o ideológicas”?

¿Cuál de las dos versiones creen ustedes?

No pueden ser las dos.

La lógica es inescapable.

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