… Tenés que empezar por el principio, antes de pensar en estrategia.
Tenés que empezar por decidir si querés legitimar un genocidio y un sistema genocida, o no.
De cuánto te importe la diferencia depende el resto.
Si no te importa que haya habido un genocidio, entonces estás dispuesto a decirle a Ortega y su pandilla: «¿Cometió genocidio? No importa, puede inscribir su candidatura.»
Si te importa, y creés que es inaceptable, entonces empezás a pensar en todo lo que puede hacerse para construir un proceso de derrocamiento de la dictadura.
No digás «es difícil». Ya se sabe. De hecho, es horriblemente difícil, es la tragedia impuesta a los nicaragüenses por la ambición de unos pocos.
Pero no es imposible. Y es esencial.
Y la primera decisión que tenés que tomar es si para vos es ACEPTABLE que sea candidato legítimo quien ha matado a cientos a plena luz del día; quien ha torturado, destruido familias, enviado a cientos de miles al exilio.
La decisión es tuya.
Y es inevitable.
«Después desaforamos» [Mentiras perversas, ingenuidad peligrosa]
21 de enero de 2020
Un argumento de quienes proponen ir a elecciones con Ortega es que «después lo desaforamos» (a lo mejor entonces sea el «diputado Ortega») y «después hacemos justicia».
Un lector lo resume así: «Con la mayoría en la Nueva Asamblea se puede desaforar a los criminales y procesarlos.»
Me parece que eso NUNCA ocurriría, por 3 razones.
1. Si hay pacto para elecciones, habrá pacto para después; conociendo nuestra absoluta carencia de hábitos institucionales, no es paranoia asumir que los políticos establecerán acuerdos que les garanticen cuotas de poder. La «Nueva Asamblea» sería una «nueva repartición». ¿Lo duda? ¿Le parece imposible? Revise la historia de Nicaragua en los últimos 100 años.
2. La historia de Nicaragua también enseña–vean, si no creen, lo que pasó después de 1990; vean, de hecho, cómo fue construyendo su camino a la presidencia Daniel Ortega– que las coaliciones parlamentarias «reformadoras» no…
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«Después desaforamos» [Mentiras perversas, ingenuidad peligrosa]
21 de enero de 2020
Un argumento de quienes proponen ir a elecciones con Ortega es que «después lo desaforamos» (a lo mejor entonces sea el «diputado Ortega») y «después hacemos justicia».
Un lector lo resume así: «Con la mayoría en la Nueva Asamblea se puede desaforar a los criminales y procesarlos.»
Me parece que eso NUNCA ocurriría, por 3 razones.
1. Si hay pacto para elecciones, habrá pacto para después; conociendo nuestra absoluta carencia de hábitos institucionales, no es paranoia asumir que los políticos establecerán acuerdos que les garanticen cuotas de poder. La «Nueva Asamblea» sería una «nueva repartición». ¿Lo duda? ¿Le parece imposible? Revise la historia de Nicaragua en los últimos 100 años.
2. La historia de Nicaragua también enseña–vean, si no creen, lo que pasó después de 1990; vean, de hecho, cómo fue construyendo su camino a la presidencia Daniel Ortega– que las coaliciones parlamentarias «reformadoras» no sobreviven a los golpes de dinero e intimidación de los poderes fácticos: habrá algunos–o muchos– que entrarán a la «Nueva Asamblea» como antisandinistas, como reformadores democráticos, y terminarán abandonando la causa; la historia sugiere que su «unidad» se desintegrará tan pronto como empiecen las amenazas, y sobre todo, los «cañonazos» financieros.
3. El FSLN conservaría TODO, hasta los paramilitares; en la nueva «Nueva Era» sus sicarios se encargarían de asesinar a quienes «agarren la vara» y exijan que se profundicen los cambios y que se haga justicia. ¿Lo duda? ¿Le parece imposible? Revise la historia de Nicaragua en los últimos 30 años.
Nada de esto quita el sueño a los ambiciosos que se empecinan a ir a elecciones con Ortega. O son privilegiados, y quieren conservar sus privilegios, o quieren serlo: se sueñan en la vida de los burócratas y políticos que a partir de 1990 asumieron embajadas, ministerios, altos cargos, y con ellos las prebendas que desde pequeñas a grandes satisficieron su mediocridad material y moral.
¿Izquierda versus derecha? [Diagnóstico y tratamiento para la enfermedad de Nicaragua]
20 de enero de 2020
Yo alerto contra el peligro de identificar el problema de Nicaragua como de «izquierda versus derecha».
Primero, porque es un diagnóstico errado: el FSLN es una banda criminal que desde el poder estableció a partir del 2007 un arreglo de corte típicamente fascista con el gran capital. Es decir, un esquema de derecha con fuerzas de derecha.
Segundo–y esto es lo que verdaderamente importa–porque un diagnóstico errado puede llevar a un tratamiento ineficaz, y hasta dañino: corremos el riesgo de hacernos un mal a nosotros mismos, ya que si «la izquierda» fuera el problema, entonces «la derecha» sería la solución.
¡Pero hay tiranía en «la derecha» también… OJO!
El diagnóstico correcto es «dictadura versus democracia». Es un problema de poder, y por tanto, la medicina, el tratamiento, no es «darle el poder a la derecha», sino dispersar el poder, limitarlo, ponerlo bajo control ciudadano.
El candidato Pedrarias Dávila
19 de enero de 2020
Políticos: ¡pongan su nombre junto a sus propuestas!
Por ejemplo, que Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro asuman con su nombre y apellido la política de su partido, Coalición Nacional:
«COMETER UN GENOCIDIO NO DESCALIFICA A NINGÚN CANDIDATO».
¿Es mucho pedir?
Que no digan que no están de acuerdo con esa política, porque si no lo están tienen dos opciones: (1) abandonar el partido; (2) cambiar la política del partido.
Si dicen que no pueden cambiar la política del partido y se quedan, entonces, es una de dos: o no creen que sea tan importante el tema, lo cual quiere decir que, en efecto, están de acuerdo con que «COMETER UN GENOCIDIO NO DESCALIFICA A NINGÚN CANDIDATO»; o, ponen otros intereses políticos por encima de lo que creen, en cuyo caso habrá que preguntarse cuáles son esos intereses, y sobre todo cuáles son sus verdaderos principios.
Porque cometer un genocidio, ser un criminal de lesa humanidad, es un descalificador universal.
Aunque parece que nuestros políticos están dispuestos a convertir a Nicaragua en una excepción.
En Nicaragua, es «mate hoy, y pague nunca».
¿Ese es el cambio, «la nueva manera de hacer política» que prometen?
Dicen «no más Pedrarias Dávila«, pero si Pedrarias viviera, bajo la política de la Coalición Nacional, el padre atávico de nuestras tiranías podría ser candidato, y sus sicarios podrían esperar, si acaso algún día los juzgaran, «penas inferiores a las normales», como dice el prominente coalicionista José Pallais.
¿Van a decir ahora que este reclamo es «radical», «divisionista», «extremista»? ¿O, como les ha dado por insinuar, «sapo»?
¿Van a ignorarlo, a seguir su camino con la sordera que da la ilusión y el sueño de poder?
¿Van a ignorar a los «minúsculos» que exigen que el genocidio no sea recompensado en Nicaragua?
¿Van a aceptar a Pedrarias Dávila (o a un títere suyo, da igual) en sus soñadas «elecciones»?