Los escritores y el poder (El caso del PEN Internacional/Nicaragua)

30 de julio de 2019

El apoyo de Gioconda Belli, presidenta del PEN Internacional/Nicaragua, al vocero de la Alianza Cívica Mario Arana, es a la vez preocupante y aleccionador.  Su negativa a respaldar a miembros de la organización que preside ante la postura intolerante de uno de los más visibles personajes públicos de este momento fue prácticamente refleja: un NO rotundo, acompañado inmediatamente de descalificación de los quejosos; posteriormente, una carta producida y distribuida con celeridad inusitada.  Y para rematar—nunca falta la ironía en Nicaragua–una invitación al Sr. Arana para que diserte sobre la importancia de las libertades públicas en el desarrollo económico.  En ningún momento invitó la Sra. Belli a debatir cuál sería la posición adecuada de una institución que nació precisamente para preservar los espacios de debate.

Esto habla de vacío institucional y escasez de pensamiento democrático al interior del PEN Internacional/Nicaragua–males que la sociedad en su conjunto padece y paga con sangre en nuestros días.  Así como Ortega ve todo el territorio nacional como su feudo, existen, dispersos en el cuerpo de la nación, mil feudos.  “El PEN es de la Gioconda” me dice un escritor.  “Esa mujer descarada”, me dice otro, comentando la respuesta de la presidenta del grupo.  “Francisco Larios tiene sobrada razón” escribe un tercero en un mensaje, cuya copia me enviaron, dirigido a otro representante de la Alianza, el Dr. Carlos Tünnerman Bernheim.  La respuesta del Dr. Tünnerman es, en sí, digna de triste comentario.  Educada, pero autoritariamente, el buen señor pasa la página con un sencillo e inverosímil decreto: “Mario Arana no es vocero de la Alianza Cívica”.  Ajá.

Un detalle importante es que todas estas críticas se hacen generalmente en silencio.  Aún cuando los escritores expresan su inconformidad por escrito, lo hacen privadamente. Yo respeto absolutamente, por lealtad y por cariño, su voluntad, pero me interrogo angustiosamente acerca de qué motiva su aprensión.

Y es que pareciera ser este un caso estudio de la genética antiliberal del poder en Nicaragua.  Imagínense, en la filial de una organización mundial de escritores dedicados a la libertad de expresión, ¡que exista un mecanismo–misterioso para mí, lo confieso—que induzca a miembros a inhibir su propia libertad de expresión!  ¡Díganme ustedes si esto no da razón a la gente que desconfía del cambio en Nicaragua, “porque todos son iguales”!  Yo, cuando comenzó esta crisis, tenía la impresión de que muchos de mis compatriotas se habían vuelto paranoicos, porque en las sombras veían fantasmas de un MRS manipulador, de partidos zancudos, de pactos y políticos conspiradores por todos lados.  ¿Será que tenían razón? 

Lo cierto es que existe también la conciencia crítica, y existen quienes pueden darse el lujo que ejercerla pareciera ser en Nicaragua.  A ellos me dirijo: la democratización de la patria, si va a ocurrir, no consiste únicamente en arrancar el tumor del orteguismo; hay que erradicar de todo el cuerpo social el cáncer de la mentalidad autoritaria.  Por eso el caso del PEN Internacional/Nicaragua no es una disputa trivial, ni mucho menos personal.  ¡Por supuesto que el conflicto mayor en este momento es con Ortega! pero no es Ortega, como quieren hacernos pensar los políticos de las élites tradicionales, “el único enemigo”.  Eso es querer distraernos del verdadero objetivo, que es la democratización permanente y estructural del país. Por ese objetivo la lucha es en mil terrenos; no solo en la política nacional, sino en nuestras propias mentes, en nuestros hogares, nuestros barrios, nuestros gremios, etcétera.

En el camino hacia ese objetivo, organizaciones como el PEN tienen el rol que tiene la conciencia: luz de la ética deben ser en medio de tanta incertidumbre, de tanta corrupción, y de todo el estiércol que el pasado amontona como un tranque fétido entre nuestra voluntad y nuestros sueños.  Por eso es crucial que la asociación no se convierta, por las opiniones particulares, preferencias ideológicas o simpatías personales del actual liderazgo, en apéndice o agencia de propaganda de ninguna instancia de poder, llámese Gobierno de Nicaragua, Mario Arana, o Alianza Cívica; llámese como se llame. 

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