Por la democracia, contra el diálogo.

7 de abril, 2019

No puede haber democracia en Nicaragua mientras el FSLN sea fuerza política, con o sin Ortega.

No hace falta ilegalizarlo. Basta con que se haga justicia y se investigue como es debido a los líderes acusados de corrupción, asesinato y secuestros.

Si se hiciera justicia, no solo caería el clan Ortega-Murillo. Pasarían a retiro muchísimos más, desde el mequetrefe de la cancillería hasta el alcalde tras el trono de Managua, pasando por rehabilitados, beneficiarios de piñatas y otros postres del poder, rehabilitandos al estilo del magistrado Payo Solís, y otros reformadores del Frente Sandinista a quienes los medios de comunicación de las élites ya permiten escupir en rueda.  Una rueda muy elástica, un chicle que abre insólito espacio a ciudadanos de cuantiosa valía y probidad, como Humberto Ortega. No se asusten cuando vean a otros, como Bayardo Arce, merodear por esos vecindarios de la circunferencia. La capacidad de perdón y olvido de las castas políticas nicas es admirable.  En eso han vivido, o de eso han vivido, doscientos años.

Si se hiciera justicia, los bienes mal habidos que financian a la pandilla de sicarios conocida como FSLN tendrían que ser recuperados para el erario, o regresados a sus legítimos dueños, cuando estos fueran identificables.

Si se hiciera justicia, tarde o temprano se sabría quién, y cómo, decidió en el Ejército de Nicaragua permitir que una fuerza irregular de matones circulara irrestricta por todo el territorio, secuestrando y asesinando.

Si se hiciera justicia, del FSLN quedaría muy poco, casi nada. Imagínense un Partido Conservador rojinegro. Otro club de panzones nostálgicos en casas despintadas denunciando el “engaño” que es la democracia.

Si se hiciera justicia, en el proceso saldrían nombres de “liberales” y “empresarios destacados”, y entenderíamos mejor la historia de amor entre estos y sus antiguos tormentos.

Por eso hay que oponerse al diálogo, porque el diálogo es el camino a la amnistía, y a través de la amnistía, a la continuidad del FSLN como fuerza subversora de cualquier democracia.

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